Con estas afirmaciones se inicia
un apasionante diálogo con Luis Beltrán,
creador y Director del ballet folclórico
que nació con el nombre de “Comuneros”
y que siempre estuvo identificado con las comunidades
campesinas, participando de sus fiestas y acontecimientos
sociales, no solo para investigar, sino para compartir
sus vivencias espirituales y sus costumbres, las
que se expresan luego como un mensaje convertido
en danzas folklóricas, bailes tradicionales,
bailes montubios, bailes mestizos, es decir todo
lo que es la expresión cultural de nuestro
pueblo.
Sobre estas experiencias nos
habla entusiasmado Luis Beltrán: “Esta
es una experiencia hermosa porque, al revés
de lo que hacen los políticos y de toda la
gente que ha destruido al Ecuador y que nos tiene
en el marasmo en que vivimos, hablar con las comunidades,
con la gente sencilla, con la gente buena, con la
gente honesta, que sí hay mucha y de enorme
calidad, eso es lo más hermoso, porque ellos
no tienen un as bajo la manga, ni nos van a golpear
por la espalda, pues dicen las cosas de frente;
entonces comprendemos que el Ecuador es dulce, es
bueno y que hay gente muy sana; es cuando nosotros
nos sentimos orgullosos y ellos se sienten muy felices”.
¿En esa convivencia
ustedes rescatan la música, el vestuario,
la danza y luego la presentan como un espectáculo
de folclore?
“Sí, ese es el
sistema; quiero graficar lo que hicimos recién
con la comunidad de los Colorados del Búa,
uno de los ocho asentamientos de los Tsáchilas:
primero conversamos con ellos y descubrimos una
historia social, la historia que ellos viven, entonces
les enseñamos a bailar estéticamente
una danza que ejecuta el grupo ‘Shinopi’,
ellos tienen un baile que se llama ‘El Tumbelé’;
el tumbelé es una lagartija pequeñita,
muy agraciada y bonita y muy querida por la gente,
pero que cuando la molestan, le da una especie de
colerín y se muere, por eso los enamorados
se abstienen de molestar al tumbelé para
poder progresar en el amor; eso es lo que nosotros
contamos en el escenario, en esas experiencias se
basa nuestro trabajo”.
El Ballet Folklórico
del Ecuador cuenta actualmente con 32 bailarines,
4 técnicos, nadie les auspicia, sin embargo
tienen su propio sistema de iluminación y
de sonido. “El vestuario es muy costoso y
su mantenimiento requiere muchos esfuerzos económicos,
nos dice el Director, “pero nos vamos financiando
con las presentaciones retribuidas que logramos;
por lo regular el ballet nuestro se caracteriza
por la obra social, por la obra solidaria.
Por ejemplo el jueves próximo
estaremos en la cárcel de mujeres presentándonos
para esa gente que no tiene ninguna posibilidad
de entretenimiento; nosotros vamos a los asilos,
a las organizaciones sociales que requieren de cultura
y que no tienen para pagarse un espectáculo,
a ellos vamos con mucho gusto, ese es nuestro trabajo”.
¿Cuáles son los
logros más sobresalientes que han conseguido
en estos 30 años de actividad?
Primero el haber tenido el
aplauso y la aceptación del público
del Ecuador, luego el haber sido aceptados por las
comunidades indígenas y campesinas, eso para
nosotros es la experiencia más hermosa de
todas, hemos participado en eventos a nivel nacional
e internacional, pero mucho más allá
que expresar al mundo la identidad de nuestro país,
nosotros nos sentimos más gustosos cuando
ofrecemos nuestro espectáculo al pueblo,
a la gente sencilla, a la gente humilde; nosotros
trabajamos con el Municipio de Quito y nos presentamos
en la 24 de Mayo, en la Plaza de Santo Domingo o
en la Ciudad Mitad del Mundo, con el Consejo Provincial,
para la gente sencilla que pasa y se queda viendo
el espectáculo; para nosotros esa es la más
grande satisfacción que podemos experimentar,
al ver que los espectadores se sienten orgullosos
al decir: ‘esto somos los ecuatorianos’.
Luis Beltrán, que fue
por muchos años funcionario de la Universidad
Central es, desde hace un año, Presidente
de la Asociación de Artistas Profesionales
de Pichincha, que tiene 32 años de existencia.
Él considera que la agresión permanente
de la cultura importada, alentada por los medios
de comunicación, “es una carga extremadamente
pesada, pues no existe una política de Estado
con la cual se defienda la cultura nacional y se
proteja la identidad de nuestra patria; los trabajadores
de la cultura, desde nuestro sitio de trabajo, desde
nuestra trinchera que es el escenario, tratamos
de enfrentarla, porque si nos ponemos solamente
a lamentar no conseguiremos nada. Actualmente estamos
planificando estrategias de trabajo y hemos decidido
anclar nuestra esperanza fortaleciendo las asociaciones
de artistas profesionales del país alrededor
de la FENARPE, que es la Federación Nacional
de Artistas Profesionales del Ecuador, cuya matriz
nacional está en Quito y agrupa a los artistas
del espectáculo: cantantes, bailarines, actores,
animadores y músicos, para tratar de capear
la adversidad en la cual nos desenvolvemos, mediante
la Ley de Defensa Profesional del Artista, que es
una muy buena ley, pero que ni siquiera las autoridades
la cumplen”.
Con mucho entusiasmo afirma
finalmente: “Queremos fortalecernos para remover
la conciencia de los políticos y del gobierno,
que poco o nada han hecho por defender la cultura
nacional, para así valorar lo nuestro, porque
el Ecuador no es solamente un país de amargados
o de políticos corruptos, sino que tiene
gente buena y sencilla, alegre y trabajadora”.