Alfredo Palacio le debe la vida
a Jaime Nebot y a León Febres Cordero; así
lo sostuvo en una entrevista de televisión
con el periodista Fernando Aguayo. Según
el Presidente, cuando estaba en Ciespal durante
los acontecimientos de abril, no fue su ex edecán,
Fausto Bravo, quien lo salvó de ser linchado
por la multitud, sino que además de la radio
La Luna y radio Democracia, que sacaron al aire
su desesperada llamada telefónica, fue la
Asamblea de Guayaquil, y especialmente Jaime Nebot
y León Febres Cordero, quienes tuvieron el
acierto de difundir al mundo lo que estaba sucediendo
en Ecuador y con ello salvaron la vida del presidente
de la república.
Según parece, la gratitud
hacia estos personajes de la derecha ecuatoriana
ha llevado a Palacio no solo a cumplir con algunas
de las exigencias del Alcalde de Guayaquil, sino
a entregar el futuro de su gobierno al PSC, y a
sus aliados, la ID y la cúpula de Pachakutik.
La crisis de gabinete reciente solo permitió
hacer más evidente el compromiso del Presidente
con estos partidos.
Lo que está haciendo
es mostrar su real esencia política, pues
él sabe que gobernar el país con ambiguos
discursos no es posible, o se está con los
pueblos o se está contra ellos. Y el Presidente
está en el segundo camino, es decir, con
el PSC, la ID y la Embajada norteamericana. Ahora
buscará aprovechar el tiempo que le queda
en el sillón presidencial para dar viabilidad
a los grandes negocios que les interesa a sus aliados,
así como lo quieren aprovechar algunos de
los asesores presidenciales y funcionarios del círculo
oscuro, aunque por montos más pequeños
(15 000 dólares por un puesto, falsificación
de firmas; arrogación de funciones por parte
de Gil Barragán Romero en el Fondo de Solidaridad;
negociados de Marcelo Arcos, ex Presidente del Fondo
de Solidaridad, entre otros casos).
En el horizonte está
la entrega de las empresas de distribución
eléctrica al capital privado, bajo la figura
de “concesión de la administración”,
jugada que se prepara desde hace tiempo y que pretende
abrir el paso para la privatización total
del sector. Si solo cumple con ese propósito,
el gobierno de Palacio habrá hecho en poco
tiempo lo que ningún otro gobierno títere
de estos partidos ha logrado; habrá contribuido
a “refundar la república” del
febresborjismo. Palacio pretende convocar a una
consulta popular en la que se aprueben reformas
a la Constitución orientadas a garantizar
el control del Estado por parte de estos partidos,
sobre todo de cara a las elecciones generales del
próximo año; a eso le llaman “vigencia
del estado de derecho”. Se trata de contrareformas
que vulneran las conquistas democráticas,
contra las que los pueblos deben trazar una estrategia
de lucha.
Esa reforma política
que antes enfrentaba un escenario adverso, hoy,
con la decisión de nombrar al subdirector
nacional de la ID, Oswaldo Molestina, como ministro
de Gobierno, tiene asegurado el camino.
Así como la política
interna se vuelve más nítidamente
derechista, también ocurre lo mismo con la
política exterior. En pocos días más
se dice que el canciller, Antonio Parra, será
depuesto, con lo cual se bajaría el tono
que se ha mantenido desde esa cartera de Estado
contra el Plan Colombia y las fumigaciones en la
frontera norte. Un primer paso para dar ese viraje
fue nombrar como nuevo ministro de defensa a Osvaldo
Jarrín, un personaje que en marzo del 2003,
en una reunión en Estados Unidos entre los
comandantes militares de Colombia y Ecuador con
el general James T. Hill, en ese tiempo jefe del
Comando Sur, participó en el diseño
de una política regional para el Plan Colombia,
y una de cuyas tesis era la conformación
de un ejército multinacional para combatir
a la guerrilla de Colombia.
Estos elementos permiten señalar
que el gobierno de Alfredo Palacio es neoliberal
y pro imperialista y está abiertamente opuesto
a las transformaciones por el que anhelan caminar
los pueblos del Ecuador.