MUNDO

EL G8
y los atentados en Londres

 

 
Por: Salvatore Salmeri

Fugaz fue la alegría de los británicos al ser elegida Londres, el día previo a la cumbre del G8 en Suecia y los atentados en la metropolitana, como sede de los Juegos Olímpicos de 2012. El G-8, anunció: “Los atentados son un ataque contra todas las naciones y la civilización occidental". George Bush declaró: “El contraste entre lo que estamos viviendo aquí y en las pantallas de televisión no puede ser más vívido.

Por un lado tenemos a unos hombres (el G- 8) que quieren poner fin a la pobreza, a enfermedades como el sida, que quieren un medio ambiente limpio, y por otro tenemos a hombres que matan a otros hombres”. El mundo asistía a la reedición del 11 Septiembre y el 11 de Marzo. Las cadenas de televisión no mostraban como en los sucesos anteriores las imágenes de muertos y heridos sino las imágenes de hierros retorcidos y a los sanitarios asistiendo a las víctimas, e iban anunciando en pequeñas dosis la cantidad de muertos y heridos, fieles a aquel viejo orgullo imperialista británico y su arraigada creencia que tienen de ser "civilizados" sobre los demás pueblos del mundo.

El saldo de este nuevo atentado es una contradicción a resolverse: por un lado, “Quienes se oponen a la invasión anglonorteamericana a Irak sostienen que los atentados de Londres se deben a que Blair envió tropas a Irak, y los que apoyan la invasión sostienen que este tipo de ataques justifican la guerra”.

La mayoría de los londinenses ven el papel de Blair en la invasión de Irak como la principal causa de los atentados, mas la posibilidad de que Blair decida a fuerza de atentados terroristas el retiro de sus tropas de Irak es imposible, porque significaría no sólo su derrota sino también la de Bush y de la "guerra contra el terrorismo” ¿Cómo entender que a pesar de que ellos mismos declararon que el motivo de la intervención en Irak, las armas de destrucción masiva, no existía, sus electores los premiaron con su reelección? En el atentado terrorista de Londres murieron personas inocentes que iban a sus sitios de trabajo.

No sería nada raro, se especula, que se trate de un autoantentado, a fin de que los temas que se iban a tratar en la Cumbre del G8 -como el recalentamiento global- pasen a un segundo plano. Con sólo un 13% de la población del planeta, los países del G-8 son responsables del 65% de las emisiones de dióxido de carbono en el mundo. EEUU es el mayor contaminante del planeta: con sólo un 4% de la población del mundo, emite una cuarta parte de esos gases que contribuyen al llamado ‘efecto invernadero’ hasta el punto de que esas emisiones han aumentado más de un 18% entre 1990 y 2004. EEUU es el único miembro del G-8 que no ha ratificado el Protocolo de Kioto contra el cambio climático. Para Bush, Kioto no es el instrumento adecuado para atajarlo y es necesario dejar atrás ese acuerdo.

En su lugar, propuso la colaboración de los distintos países para compartir tecnologías innovadoras que respeten el medio ambiente y que pongan fin a la dependencia de los combustibles fósiles. El objetivo de la presidencia británica es lograr el compromiso de los países para destinar el 0,7% de su producto interior bruto (PIB) a la ayuda al desarrollo. Esta ya histórica reivindicación está todavía lejos de verse satisfecha: Estados Unidos, el país más rico de todos, es el menos generoso, con menos de un 0,20%, mientras que la media del G7 (Rusia, excluida) era en 2004 de 0,21%.

Respecto de la condonación de la deuda externa, ha aumentado en esta ocasión a dieciocho el número de países pobres, en su mayoría africanos, a los que se concederá la cancelación inmediata de lo que deben al mundo rico, pero son una mínima proporción de los 68 que reclaman a gritos una medida de ese tipo. El resto de los países pobres de los que se ha anunciado que podrían acogerse a ese beneficio serán medidos no sólo por sus necesidades en materia de escolaridad o sanidad, en un continente azotado por el sida, el paludismo y otras enfermedades, sino por cómo cumplen las "recetas" del Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Tales directrices pasan a menudo por la privatización de muchos servicios públicos como el agua, la electricidad y ciertas infraestructuras, y la creación de condiciones favorables al mundo de los negocios y las multinacionales. Los británicos llamaron a que Europa y Estados Unidos pongan fin a sus subsidios agrícolas y permitan así un trato más justo a los productos de países pobres.

Por ejemplo, las multimillonarias subvenciones de Estados Unidos al algodón causan estragos en el sector algodonero, que es el monocultivo de muchos países del continente negro. A ello, el presidente de EEUU, George W. Bush, replicó que la mejor manera de eliminar esos subsidios es lograr que EEUU y la UE lo acuerden de manera conjunta dentro de la ronda de Doha en las conversaciones sobre libre comercio. Los terroristas que golpearon esta vez en Londres contribuyeron a la recuperación momentánea de las formas ideológicas más reaccionarias de nuestro tiempo, la llamada guerra de civilizaciones, y sobre todo, proporcionaron muertos inocentes como coartada para el recorte de libertades democráticas y la promoción del rearme y de la guerra. Ahora resulta que Bush quiere poner fin a la pobreza, acabar con el sida y asegurar un medio ambiente limpio, por supuesto sin firmar el tratado de Kioto. Si hay unos damnificados favorecidos de los atentados de Londres, ellos son Georges Bush y Tony Blair.

Los terroristas anuncian otros atentados, el próximo blanco será Roma, mientras en Londres ha caído la primera víctima de la paranoia imperialista: un electricista brasileño de origen humilde, sin papeles, a quien se abatió a tiros por su parecido con uno de los supuestos terroristas identificados. Como era de esperarse, el primer ministro se apresuró a ofrecer su ayuda humanitaria: una indemnización a sus familiares. Cuando matan por miles a niños y mujeres iraquíes y afganos los imperialistas lo llaman “daños colaterales”. ¿Cómo lo llamarán a este asesinato? ¿Quiénes son los verdaderos terroristas?