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Manifiesto
de la Confraternidad de Abogados “Jaime Hurtado”
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Por: Augusto
Ramírez Vidal
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La conformación de la
actual Corte Suprema de Justicia es de exclusiva
responsabilidad del H. Congreso Nacional. La Constitución
Política de la República del Ecuador
contiene mecanismos y procedimientos que se deben
aplicar y los organismos ante quienes se debe acudir
por cualquier afectación a normas legales
o garantías constitucionales que se alegue
por parte de cualquier persona o grupo.
Por ello resulta totalmente
absurdo que los grupos de poder económico
y político que se han sentido afectados por
la remoción de quienes conformaban la antigua
Corte Suprema, hoy, bajo el pretexto de la inconstitucionalidad
de la designación de sus actuales miembros,
no solo se atrevan a declarar públicamente
desconocer a la misma, sino a los actos que emanen
de tal institución.
Tal hecho no solamente es absurdo
o paradójico, constituye además una
negación del estado de derecho que tales
sectores pregonan defender. La actitud referida
implica un desenmascaramiento del “sistema
democrático” que proclaman, desnudándolo
tal cual es y cómo lo conciben, esto es:
la imposición de su única voluntad,
métodos y procedimientos, y el desconocimiento
y desacato a todo cuanto se les oponga o les signifique
mengua de su poder tradicional.
Mantuvieron una paz sepulcral
tales grupos cuando un ex presidente rodeó
con tanques de guerra los edificios de las cortes,
cuando su hegemonía en tal sector se vio
amenazada; cuando magistrados de la antigua Corte
beneficiaron con sospechosos fallos o se abstuvieron
de dictarlos oportunamente a implicados en delitos
que afectaron gravemente el patrimonio nacional;
y ni qué decir de los responsables de la
quiebra bancaria; cuando la inoperancia de la antigua
Corte Suprema se reflejó en no poder designar
a ministros y jueces cuyos cargos estaban vacantes
o habían fenecido ya los períodos
para los que fueron designados, lo que, obviamente,
implicaba un atentado para la ágil administración
de justicia.
Más aberrante resulta
que tales sectores se atrevan a paralizar la administración
de justicia, no para defender la estabilidad de
los empleados y funcionarios judiciales de carrera,
no para exigir una mejor asignación presupuestaria,
no para exigir una aplicación de justicia
ágil y transparente, con unos administradores
honestos y probos; no, para y por ello no paralizan,
paralizan para rescatar y mantener las cuotas y
prebendas que a título personal o de partido
tenían y aún poseen, y vorazmente
desean incrementar; paralizan porque ven peligrar
la impunidad de que gozaban, paralizan porque ven
disminuida –no desaparecida- su capacidad
de chantaje y persecución a sus opositores,
paralizan porque ya no pueden garantizar, en el
mismo grado, el éxito y millonarias ganancias
en cada contienda judicial, independientemente de
que les asista o no la razón.
Aberrante es también
que algunos de quienes impulsan tan injusta paralización,
hace no mucho tiempo enjuiciaron y encarcelaron
a médicos y profesores por una huelga justa
que hicieron para reclamar el pago de sus sueldos.
Repugna también que sea
el pueblo, que sean los usuarios de la Función
Judicial, que sean los abogados en libre ejercicio
las víctimas concretas de estas paralizaciones
sin causa ni motivo justo, que las víctimas
resulten quienes no pueden recobrar su libertad,
o que la misma sea retardada por horas, días
o semanas, cuando ésta constituye el bien
más preciado después de la vida. Repugna
que las víctimas sean los niños y
niñas que no pueden alimentarse en razón
de que sus padres están obstruidos para depositar
las pensiones, o sus madres estén impedidas
de cobrar las pensiones alimenticias, o que quienes
hayan sido víctimas de asesinatos o violaciones
estén condenados a que los victimarios queden
impunes, puesto que no se emiten las boletas de
encarcelación correspondiente. Repugna aún
más que quien lidere esta paralización
sea el tradicional dirigente nacional de los judiciales,
Luis Muñoz.
¿Qué hubiera
sucedido si al pueblo se le preguntaba sobre si
estaba o no de acuerdo con las antiguas cortes y
su forma de administrar justicia? Es indudable que
en la actual corte existe representación
política. La diferencia con la antigua es
que ésta es multisectorial. No existe el
monopolio de una o dos fuerzas políticas
y económicas que manejaron la justicia a
su gusto y antojo en la Corte antigua.
El cuento de los colegios electorales
y de las juntas de notables, no es más que
eso, un cuento con el que se pretende engañar,
confundir o vender falsos sueños o esperanzas,
una publicidad engañosa y abusiva, que perjudica
realmente al consumidor y usuario de la función
judicial.
¿Desde cuándo
los colegios electorales o los notables están
exentos del predominio o influencia política?
Es más, en la actualidad los partidos y grupos
de poder tradicionales se atreven a plantear esto
ya que seguros están que los dirigentes de
tales colegios en gran parte son sus obsecuentes
servidores, baste mencionar a las Cámaras.
De lo contrario ni los mencionarían.
Indignante también resulta
que no se pronuncien para que quienes elijan a los
ministros de la Corte Suprema sean los campesinos,
los trabajadores, los moradores de los barrios marginales,
los maestros, los estudiantes, es decir el pueblo,
¿quién más que él para
que designe a los administradores de justicia? Que
sea el propio pueblo que elija, mediante voto universal
y secreto, bajo su propia responsabilidad.
¿Por qué le temen
a esta propuesta? Quizás porque los grupos
de poder, los Luises Muñoz, los Borja, los
Febres, los presidentes de cámaras, los dirigentes
burócratas se sienten desenmascarados, y
saben que el pueblo aborreció y aborrece
la forma en que administraron justicia, y ahora
tendrá la oportunidad de elegir a quienes
harán justicia, también para los de
abajo, y no solo para los de cuello blanco y sobacos
perfumados
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II
parte
El neoliberalismo genera la corrupción |
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Por: Gonzalo
Sono
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Los actores de la corrupción
en América latina pertenecen a los círculos
reaccionarios tradicionales, conservadores y neoliberales,
hoy convertidos en privatizadores furibundos que
auspician el atraco de los bienes y servicios públicos,
del patrimonio nacional de los pueblos.
De esta andanada, el Ecuador
no podía quedar rezagado. Todo lo contrario,
está entre los más corruptos del mundo
y es muy probable que llegue a ocupar el primer
puesto en esta competencia. Su historial es muy
largo y abultado, abarca los más variados
niveles, comienza por la evasión de impuestos
se afinca en la administración de los fondos
públicos, en los mecanismos de sobrefacturación
en el contrabando, en la legislación y en
medidas económicas con dedicatorias que tienen
por objeto favorecer, enriquecer y proteger los
intereses de los grupos oligárquicos: se
afianza en los órganos de seguridad, en el
manejo de la justicia, en el reparto de la obra
social, en las aduanas y en los controles de tránsito,
en la construcción pública, en el
funcionamiento de la banca y de las sociedades inancieras,
en las negociaciones de la deuda externa, en los
procesos de fiscalización, en el comercio
exterior, en la supuesta lucha contra el narcotráfico.
Por otra parte, en el Ecuador se trafica con las
influencias, la salud, las medicinas, los insumos;
se especula con los artículos de primera
necesidad, se juega con la vida y el bienestar de
los ecuatorianos.
La historia última registra
casos como la sucretización, el atraco que
involucra a las empresas financieras FINASA y FINASA
en cuya estructura orgánica constan los nombres
de caballeros dados de inmaculados como Diego Paredes,
Manuel Laniado de Wind, Rodrigo Paz delgado, Fernando
Aspiazu Seminario, Andrés Vallejo Arcos,
Alvaro Pérez Intriago, Mario Ribadeneira.
Durante el período presidencial de Rodrigo
Borja se cometieron muchos ilícitos como
el de FODUR, calificada como la cueva de Alí
Babá, que fue perjudicada en un monto de
más de 1 000 millones de sucres, siendo los
principales involucrados Adolfo Bucaram, Oswaldo
Lucero, Carlos Ortiz, Fernando Rosero, Modesto Torres,
del PRE; Efraín Álvarez Fiallos y
René Maugé, del FADI; Raúl
Patiño, del socialismo, Luis Piana Bruno,
del FRA y Antonio Gallardo, de la ID.
Otros grandes atracos se han
cometido en Guayaquil, bajo los gobiernos municipales
populistas y sus adláteres. El caso EMELEC
debería ser considerado como uno de los grandes
atracos del siglo, lo mismo que el caso Dahik, ex
vicepresidente del gobierno derechista de Durán
Ballén, prófugo y exiliado en Costa
rica, y el de la contratación del "seguro
petrolero” que se lo hizo sin contar con el
concurso de precios y el de “los reyes magos”
en el que aparecen complicados militares y policías
de alto rango, “peces gordos” como el
gerente del banco Rumiñahui de propiedad
de las Fuerzas Armadas; los casos, también
en los que aparecen Joffre Torbay Dasum, secretario
General del régimen febrescorderista, Miguel
Orellana junto a Carlos Pareja Cordero, configurando
una banda que realizaba “negocios” por
demás oscuros.
El caso más espectacular,
sin embargo, es el que se comete a propósito
de un alicuota impuesta al transporte del crudo
por la TEXACO, que hizo pagar al Estado un exceso
de 6 años de amortización que representa
el equivalente a 100 millones de dólares,
en 1986.
Y si en algún momento
se llegara a realizar un inventario de los contratos
petroleros dolosos y se pudiera contabilizar los
perjuicios económicos y los atracos de las
empresas petroleras, se descubriría que el
monto asciende a 1 5000’000 000 millones de
dólares, que viene a ser el atraco de mayor
volumen en la historia del Ecuador...
A todo este tenebroso historial
agréguese el “feriado bancario”
en el que Yamil Mahuad fue el artífice, en
su calidad de Presidente Constitucional de la República,
que significó un perjuicio por más
de 6 mil millones de dólares. Y así
por el estilo, la corrupción camina, no se
detiene ni para tomar impulso. Se producen robos,
atracos, raterías, en plena luz del día,
a vista y paciencia de la ciudadanía, delitos
que sumados, arrojan resultados considerables, tales
como el que tiene que ver con la elección
de Miss Universo, con los entuertos de la dación
en pago con bienes sobrevalorados por deudas con
la AGD, con las cifras alteradas del Banco Popular
en saneamiento, con los impuestos que pagan los
bancos, con los intereses y amortizaciones de la
deuda externa, con el monto de los gastos que hacen
la AGD y Filanbanco, con las licencias de manejo
que s otorgan sin haber cumplido con los requisitos
legales, con las deudas de los jueces y magistrados
como Sicouret y Guillermo Castro Dáger, con
la silenciosa destrucción de los bosques
de mangle, con la contratación de fluido
eléctrico, la tala de árboles primarios
protegidos, con las coimas y emolumentos, honorarios
y otras figuras que se han inventado para la consumación
de toda clase de actos de corrupción que
se cometen a diario, a lo largo y ancho del territorio
nacional, muy a pesar del actual mandatario que
juró y se comprometió a eliminar la
corrupción aun a costa de su vida.
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