Esta sensible y justa esperanza
de cambio entintó el editorial de ‘Noche
y Día’, publicación trimestral
de la Asociación Pro Defensa de la Mujer
ASOPRODEMU, correspondiente al mes de diciembre
de 2004.
En aquella historia de inequidades
y abuso de poder se sintetizan los objetivos fundamentales
de ASOPRODEMU, organización creada hace 11
años y que agrupa a cerca de 5 000 mujeres
del cantón Quito: luchar porque se respeten
los derechos humanos y constitucionales de las trabajadoras
sexuales y lograr, mediante la visibilización
de su realidad y problemática, un máximo
de tolerancia social.
La idea central de la Asociación
y de otras organizaciones similares que existen
en el país, es dejar en claro que ellas realizan
un TRABAJO remunerado (como cualquier otro) y que,
por tanto, deben gozar de todos los derechos (y
cumplir, también, todos los deberes) que
la Constitución otorga a los trabajadores
ecuatorianos.
Para ello, desde hace cuatro
años están impulsando la ‘Ley
de Protección de los Derechos Humanos de
las Personas que ejercen Trabajo Sexual Remunerado;
su control y regulación’, la misma
que se encuentra en primer debate en el Congreso
Nacional: “Lo que deseamos es ser reconocidas
y tratadas como trabajadoras legales”, afirma
Elizabeth Molina, presidente de ASOPRODEMU. “Nosotras
somos iguales que todas las mujeres, somos iguales
que todas las mujeres trabajadoras; somos mujeres
trabajadoras sexuales”, manifiesta Lourdes
Torres, directiva de la Asociación.
Las trabajadoras sexuales desean
que su trabajo sea regulado y controlado por las
autoridades competentes, y así evitarse un
sin número de problemas que en la actualidad
soportan:
• La reubicación:
desde hace tres años, las trabajadoras sexuales
fueron desalojadas de las casas de tolerancia del
centro y sur de Quito por el Municipio capitalino;
el cual quiso reubicarlas en la zona de las Canteras
(sector del Penal García Moreno). Por ser
la zona demasiado peligrosa y no contar con los
servicios básicos necesarios, las trabajadoras
se opusieron: “Nosotras no nos oponemos a
que nos reubiquen, pero que lo hagan en una zona
diga, que preste las seguridades del caso y que
cuente con todos los servicios indispensables”,
señala Lourdes Torres. “Estamos conscientes
de que estar en las calles nos afecta gravemente;
nuestra salud se deteriora, pues nos ha tocado enfrentar
las inclemencias del clima y las condiciones inhumanas
en que nos han obligado a vivir; ya que no somos
nosotras quienes decidimos trabajar en las calles”,
asevera Elizabeth Molina.
• Guardería infantil:
decenas de trabajadoras sexuales, al momento de
ejercer su actividad, no tienen dónde dejar
a sus hijos; ante esta problemática, muchas
mujeres optan por dejarlos encerados en sus casas
o al cuidado de otras compañeras que no están
de turno (lo cual siempre trae dificultades).
“Lo primero que preguntan
en una guardería es a qué actividad
se dedica una... Y casi nunca reciben a nuestros
hijos.
Por eso estamos gestionando
con las autoridades pertinentes, la creación
de una guardería para los hijos de las trabajadoras
sexuales”, manifiesta Lourdes.
• Persecución
y maltrato policial: como hace varios años
atrás, la Policía Nacional -y ahora
la Policía Metropolitanacontinúa persiguiendo,
maltratando y abusando de las trabajadoras sexuales.
“Somos violentadas a diario por la Policía,
que nos agrede físicamente, nos insulta,
nos pide dinero y servicios sexuales gratuitos...
Todo ello por no llevarnos presas,
porque según la policía estamos violentando
la ley”, afirma Carmen, una trabajadora sexual
de 26 años. Al respecto, el Art. 35 de la
Constitución dice: “El trabajo es un
derecho y un deber social. Gozará de la protección
del Estado, quien asegurará al trabajador
el respeto y su dignidad...”; y el Art. 23,
numeral 4, dice: “...nadie podrá ser
obligado a dejar de hacer algo que no está
prohibido por la Ley” -ninguna ley de la república
prohibe el trabajo sexual.
Además, el mismo artículo
23, numeral 25 dice: “se tiene el derecho
a tomar decisiones libres y responsables sobre la
vida sexual”.
Estas problemáticas podrían
cambiar radicalmente si se aprueba la ‘Ley
de Protección de los Derechos Humanos de
las Personas que ejercen Trabajo Sexual Remunerado;
su control y regulación’. Mientras
tanto, la Asociación continúa impulsando
la Ley y luchando porque esta realidad de violencia
y discriminación cambie.
Para ello, la ASOPRODEMU trabaja
en acciones específicos y generales. Entre
las acciones específicas destacan las siguientes:
asistencia física y psicológica de
las trabajadoras sexuales que han sido víctimas
de ultrajes; auxilio inmediato cuando las compañeras
son encarceladas por cualquier motivo; capacitación
integral de las mujeres en el ámbito la educación
sexual y de la autoestima; facilidades para que
los chequeos médicos a que son sometidas
cada quince días se realicen con absoluta
normalidad en todos los Centros de Salud.
Las acciones generales tienen
que ver con el fortalecimiento de la institución
y la visibilización de la realidad de las
trabajadoras sexuales hacia la sociedad, con el
fin de que las personas conozcan su problemática
social.
En el primer aspecto, la ASOPRODEMU
ha conseguido una oficina en comodato, entregada
por el Ministerio de Bienestar Social, desde donde
realiza todo el trabajo administrativo (esta pequeña
oficina está ubicada en el centro histórico
de la capital, en las calles Espejo y Montúfar,
sirve también como guardería improvisada
de los hijos de las trabajadoras sexuales).
La Asociación edita un
informativo ‘Noche y Día’, cada
tres meses. Tiene alrededor de 1 500 socias y 3
500 socias itinerantes, que realizan su actividad
en el Distrito Metropolitano de Quito. La ASOPRODEMU
ha participado en eventos de trascendencia continental,
como lo fue el Primer Foro Social de las Américas
(Quito, 25 - 30 julio de 2004); también ha
sido responsable de la organización del Primer
Foro Distrital por los Derechos Humanos de las Trabajadoras
Sexuales (Quito, 30 de noviembre de 2004) y del
II Encuentro Nacional de Trabajadoras Sexuales (Quito,
16 de marzo de 2005). En estos espacios de reflexión
y discusión, la Asociación ha evidenciado
la realidad nacional del país, su crisis
política y económica, y la necesidad
de luchar por una sociedad justa y equitativa; en
la cual se respeten los derechos de todas las personas
y, por supuesto, también de las trabajadoras
sexuales. La ASOPRODEMU está inscrita en
al Red latinoamericana de Trabajo Sexual.
En el segundo aspecto, la Asociación
ha mantenido innumerables relaciones institucionales
con entidades del Estado, organizaciones de derechos
humanos, movimientos sociales, universidades, organizaciones
no gubernamentales, medios de comunicación,
entre otros sectores, para dialogar, buscar apoyo
y encontrar soluciones en su lucha por hacer respetar
sus derechos: “Hemos protestado en las calles,
hemos dialogado con diversos organismos... para
decirles que nosotras no somos las ‘malas’
o las ‘perdidas’, sino un colectivo
social que es producto de una realidad económica,
social y cultural que tiene que mirarse y afrontarse,
y no ser abordado desde críticas ‘moralistas’,
que en realidad esconden una doble moral, que fomente
intolerancia, discriminación y violencia
en contra de todas las trabajadoras sexuales”,
expresa Elizabeth Molina. (FOP)
En la
próxima entrega, analizaremos cómo
jóvenes universitarios se interesan en esta
problemática social y tratan de sensibilizar
a una sociedad cada día más intolerante...