ECONOMIA

El ‘no paquetazo’ del 2005 de Gutiérrez

 

 

Iniciar el año sin paquetazo parece una buena noticia, muestra de que la economía del país está bien, o por lo menos de que no tiene problemas serios, y el gobierno así lo quiere hacer creer. Nos muestra un país en crecimiento (se habla de un 4% de crecimiento del PIB en el 2004) y una inflación inferior al 2%.

Pero en realidad se trata de una campaña de mentiras, para ocultar la real crisis y descontento que viven los ecuatorianos. Se pretende, a través de la presentación de cifras macroeconómicas, ocultar el verdadero paquetazo que está en marcha: despidos masivos en el sector público (serían 5.000 trabajadores los que se quedarían en el desempleo en este año); incumplimientos con los jubilados, que reclaman un justo incremento de sus pensiones, ofrecido por el gobierno en la última lucha que dejó víctimas mortales; con los médicos rurales y trabajadores de la salud, que comenzaron el año con un paro; la imposición de gravamen a los pequeños comerciantes, a través de la facturación y la elevación de precios al consumidor que ello traerá consigo, por lo cual ya se han producido grandes manifestaciones en las principales ciudades del país; y la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) que significará una sentencia de muerte para los productores agrícolas y para la industria pequeña y mediana, lo que a su vez traerá más desempleo y pobreza.

Estas cosas son las que se ocultan al pueblo, en medio de abrumadoras cifras, irónicamente llamadas “microeconomía” por el Presidente de la República, en su último informe a la Nación. En realidad, más que conocer la cifra del crecimiento del PIB en el 2004, que es abismalmente menor que la de países como Venezuela (18%), que mantienen una economía mejor sin necesidad de firmar cartas de intención con el FMI o de someterse a la política de guerra de los Estados Unidos, lo que nos interesa es saber si en el Ecuador hay más pobres que antes; y para ello basta contar a los niños y jóvenes que se suben diariamente a los buses a vender caramelos, o a tratar de sacar una sonrisa a los pasajeros a cambio de unos pocos centavos.

Según algunos estudios, en 2004 el 20% de la población más pobre apenas pudo consumir el 6,7% de todo lo que se vendió en el país, lo cual muestra que existe un proceso de reducción de la capacidad de compra, lo que obviamente arroja resultados bajos de inflación. También se dice que en el área urbana el 8,5% de la población sobrevivió con menos de 1,3 dólares diarios, y constituye actualmente el sector de los indigentes. La franja catalogada como de pobreza no accede a más de 2,6 dólares diarios, y, según las estadísticas oficiales, representa el 41,5% de la población, aunque estudios sin sesgos políticos hablan de que el porcentaje de pobres en el Ecuador bordea el 80%.

Para darse cuenta de que el país está mal, basta ver las largas filas de los familiares de emigrantes en la Cancillería, en busca de legalizar la presencia de sus seres queridos en Europa, que no se fueron del país por un ataque de locura sino porque esa fue una opción desesperada de familias sin oportunidades. Se han vuelto recurrentes las noticias de la captura (llamada irónicamente rescate) de embarcaciones con cientos de compatriotas que intentan ir a los Estados Unidos, arriesgando sus vidas, porque las puertas de Europa se cierran cada vez más.

Y mientras nuestros familiares redoblan su esclavitud para hacer crecer los ingresos de dólares al Ecuador (constituyen la segunda fuente de ingreso de divisas al país, con más de 1.600 millones de dólares en el 2004), en casa, más del 57% de los ecuatorianos en edad de trabajar o no tienen empleo o lo tienen de forma esporádica e inestable, y muy mal remunerado.

Es común referirse a las cifras del INEC sobre el costo de la canasta básica en relación a los salarios para tener una idea de los problemas económicos que enfrentan las familias. Aunque siempre queda la sospecha de la realidad de esas cifras, sus resultados son alarmantes: mientras el ingreso familiar es de 265 dólares al mes, la canasta básica (que no cubre todas las necesidades fundamentales de la gente) está en 388 dólares.

Quienes tienen trabajo estable, en la decaída industria pequeña y mediana, saben que tarde o temprano pueden quedarse en la calle, puesto que la tendencia de quiebra y fuga de las empresas del país no se ha revertido.

En el último año las cifras de crecimiento de la industria nacional no sobrepasan el 3,1 y 2%, porcentajes dramáticos si hablamos de estar a las puertas de una apertura comercial con los Estados Unidos, que invadirá con sus productos de más bajo costo.

La pequeña industria, en donde se ubica el mayor porcentaje de trabajadores del sector privado del país, cae en picada. Según la Cámara de Microempresarios, solo en el 2004 se han perdido más de 100 000 empresas, que se cerraron por el ingreso de mercadería procedente de China y de los países vecinos, sobre todo Colombia, que tienen costos más bajos, debido a la diferencia cambiaria que existe con ellos, y más bajos costos de producción frente a los ecuatorianos. Imaginémonos qué podría pasarles a estos empresarios y a sus trabajadores con el TLC en funcionamiento.

Y el sector agrícola, que es la base productiva interna del país y nos da de comer a diario, cayó un 0,1% en el 2004; pues no cuenta con apoyo en créditos ni del Estado y peor del sector privado.

Los banqueros son los grandes beneficiados
Pero si las cifras macroeconómicas del Presidente muestran crecimiento, cabe preguntarse quiénes son los beneficiados con ese crecimiento, porque ya hemos visto que el pueblo no. Indudablemente los más felices ganadores son los banqueros, que en los 11 meses del 2004 registraron 138 millones de dólares de utilidades.

Ellos no aportan con esas ganancias al desarrollo del aparato productivo del país, pues sus créditos están orientados principalmente al consumo, lo que les produce retornos seguros e inmediatos, y no a créditos para la producción con tasas de interés preferenciales. El gobierno ha hecho la pantomima de reunirse con ellos para pedirles que contribuyan en la baja de las tasas de interés, pero es evidente que a ellos les interesa únicamente su negocio, y llevarse su dinero a inversiones en el exterior.

Se dice que tienen más de 1.600 millones de dólares en negocios afuera.

Otros de los grandes beneficiados son los dueños de las empresas que venden teléfonos celulares; pues hoy los ecuatorianos con este servicio ya superan los 3,1 millones. Empresarios que se rehusan a mejorar su servicio y que se oponían a normas emitidas por el Estado, como la interconexión, que aún tiene problemas de funcionamiento.

La venta de autos también mejoró en un 3%. No sería malicioso suponer que los principales compradores sean los banqueros y los dueños de las compañías celulares.

Evidentemente, los exportadores también son beneficiarios de este crecimiento, principalmente en el sector de las flores y la palma africana. Si bien las ventas totales subieron un 27%, básicamente por el precio elevado del petróleo, las exportaciones no tradicionales cayeron un 13%; pese a que hasta el año 2003 eran la esperanza de los economistas burgueses para incrementar el empleo y dinamizar la economía.

Para sectores como el bananero, dominado por Álvaro Noboa, el 2005 se le vuelve complejo si en la Unión Europea se resuelve terminar con el sistema de cuotas (que establece que cada país tiene un número de cajas límite para exportar) y dar paso a la libre entrada de la fruta de distintos países y en volúmenes sin ningún control.

Planteado así el escenario macroeconómico, los ecuatorianos podemos tener la certeza de que las cifras que promueve Gutiérrez solo son manoseos tramposos para continuar con sus aspiraciones de reelección, a través de una política populista en la que ofrece entregar casas de 2.000 dólares de costo; aseguramiento en salud a tres millones de ecuatorianos, mientras los hospitales públicos se mueren; construcción de pequeñas obras en cantones alejados, etc. Diga usted, amigo lector, si en realidad no existe paquetazo al iniciar el 2005... (FF)