CULTURA

Yarina: un refugio para la utopia

 
Por: Alfonso Murriagui

"Como un reto a la amenaza de la identidad kichwa, Yarina dedica su música a la evocación del sueño de insistir en lo nuestro, así como el sol que dilata su luz a raudales, la música indígena se expande como un refugio para la utopía. Dedicamos esta lucha constante a los herederos de la cultura ancestral con quienes compartimos este mundo, y creemos en el derecho a la PAZ y la palabra en movimiento”. Esta hermosa dedicatoria está en la portada del CD, YARINA ÑAWI (Que significa Ojos del recuerdo).

Queremos conversar sobre YARINA, y para eso estamos con Nazim Flores, su percusionista y Relacionador público, quien nos cuenta que el grupo nació en la comunidad de Cashapamba que, con el crecimiento urbanístico de la ciudad de Otavalo, se convirtió en el barrio Monserrat; sus integrantes son 11 hermanos, 9 varones y 2 mujeres, de la familia Cachimuel - Amaguaña.

“Yo soy el único integrante del grupo que no es hermano, dice Nazim. (aunque no lo menciona Nazim también es hermano político de ellos, porque está casado con Anita Lucía, que es la Directora Musical y Coreógrafa del Grupo). Sus integrantes fluctúan entre los l9 y 35 años y vienen haciendo música desde hace 20 años, pues en 1984, mientras la música protesta y el rock se tomaba los escenarios del Mundo, en Monserrat, Otavalo, un grupo de niños y niñas nativos, liderados por sus padres José Manuel y Rosa Elena, asumían el compromiso de difundir y preservar el legado ancestral de la cultura indígena del norte del país, conformando el grupo de música y danza “Yaguar Wauki”, que significa “Hermanos de Sangre”, nombre que posteriormente se cambia a YARINA. (Recuerdos)”.

Residentes en los EE. UU. desde hace l5 años, se han propuesto rescatar y fortalecer la identidad kichwa del indígena otavaleño: “En nuestros conciertos, afirma Nazim, tratamos de borrar esa falsa imagen que se tiene en el extranjero, cuando se dice que somos indígenas sudamericanos dicen “incas”, es difícil hacerles entender que no somos incas, porque apenas fueron cincuenta años lo que duró el intento de colonización incásica. Los pueblos indígenas del sector de Imbabura son pueblos originarios de lo que es hoy el Ecuador y es por eso que cuando se da la colonización inca hubo una resistencia tenaz a la conquista, como el caso de los guerreros de Caranqui. En honor a todo eso hacemos música y danza, para rescatar lo que nos van dejando los abuelos”. No hacemos música y danza folclóricas, hacemos música contemporánea, con ritmos actuales; por ejemplo, si es un Sanjuanito, cuando incluimos un contratiempo, estamos hablando de un regae, pero por eso no deja de ser un Sanjuanito; además utilizamos como instrumentos básicos los de carrizo como la zampoña, la quena, los toyos, el bombo de cuero, pero también utilizamos batería, bajo, violín, saxo, elementos que se van adaptando a un proceso que está dentro de lo que en la música universal catalogada como “Nueva Era”, sin dejar de ser folklórico, sin dejar de ser andino y más concretamente otavaleño y kichwa. Nos sentimos frustrados porque en muchos lugares nos catalogan como “Inca Jazz”, y otra vez volvemos a la misma discusión: “no somos incas”, “no es solamente jazz”, es una fusión, creo que la definición precisa sería; “Grupo de Música y Danza contemporánea de los indígenas kichwas de Otavalo” En cuanto a la danza, Yarina es parte de un proceso que viene de dos fuentes, una la danza tradicional que le pertenece al indígena otavaleño y que no tiene nada que ver con los shows ni con los espectáculos y la otra, como parte del proceso que inició Paco Salvador hace muchos años con Muyacán y del cual Yarina estuvo ligado indirectamente, pues Anita Lucía Cachimuel, Directora de danza del grupo, fue alumna de Alberto Lima, que a su vez fue uno de los alumnos ilustres de Paco Salvador. “Como indígenas, afirma Nazim, vivimos las fiestas tradicionales, bailamos en ellas, pues somos un pueblo muy alegre y si no hay baile no hay fiesta, igual que si no hay comida tampoco hay fiesta.

Esa alegría, esa fuerza, nos ha permitido abrirnos espacios en el mundo competitivo de la danza que hay en los EE.UU.; en Boston, en donde estamos establecidos, tenemos que competir, por ejemplo, con uno de los grupos de danza tradicional más importantes del mundo: el Ballet Nacional de Danza de México, ahí tenemos que demostrar lo que es el Ecuador y ahí estamos presentes en importantes escenarios que están a la vista de todo el mundo”.

YARINA se desarrolló en Otavalo, tocando en festivales, en peñas, en reuniones políticas, pues el padre de los Cachimuel, José Manuel, fue uno de los impulsores de la organización de la Federación de Indígenas y Campesinos de Imbabura (FICI) y siempre estuvo en la lucha para hacer respetar los derechos del pueblo indígena; por eso formó a sus hijos para la música, para que reclamen y sean los portadores de la cultura indígena, como una manifestación de rechazo a lo que ahora se llama la globalización y que, hace muchos años, se le llamaba Imperialismo.

José Manuel fue un visionario, con una formación política muy clara en la intención de fortalecer la identidad indígena, era tan radical que, entonces, en su casa prohibía que se pronunciara una sola palabra en inglés. “Los tiempos cambian, dice Nazim, y ahora nos damos cuenta de que el mundo es amplio y las fronteras no existen, que están simplemente divididas por la mente y por la política y que no tienen nada que ver con la cultura, pues para ella no existen fronteras; cuando vemos que el pueblo indígena de Norteamérica tiene exactamente los mismos problemas de rechazo, de racismo, los mismos problemas de enajenación, incluso de su propia identidad, como sucede aquí en muchos sectores indígenas, nos damos cuenta de que en realidad el pueblo nativo de las Américas ha sido un pueblo golpeado, explotado, amenazado constantemente en su identidad y nada tiene que ver que seas un indio tahino, mapuche, un kichwa de Ecuador, un Inca del Perú o un Micmac norteamericano, no hay diferencia con respecto al golpe devastador que la sociedad asesta contra el pueblo indígena, pues en Estados Unidos hay una total y constante discriminación, no solamente contra el pueblo indígena sino contra el pueblo negro, contra el pueblo latino inmigrante; sin embargo no nos sometemos, por ejemplo el pueblo mexicano ha impuesto su comida, si tu vas a cualquier parte de los EE.UU., encuentras un taquito mexicano, y lo mismo es con la música: en cualquier parte de los EE. UU. y del mundo vas a encontrar un indígena con su trenza y su zampoña tocando música que representa a los Andes”.

Yarina ha tenido mucho éxito en los Estados Unidos y este año tiene el orgullo de representar no solamente a Ecuador, a Otavalo y al pueblo kichwa, sino a toda América Latina, al ser el único grupo latinoamericano nominado en tres categorías en la premiación más importante de la NAMA (Native American MusicAssociation), que abarca desde México y Canadá hasta Alaska, las categorías son: al Mejor Grupo y al dúo del año; a la mejor música indígena, y a la mejor canción: “ O - Ja - Ja”, que es una música ceremonial del Inty Raymi, que se baila zapateando, Esta canción la van a tocar el l0 de febrero en la entrega de premios del Séptimo Festival Anual de los NAMMYS, en el Hotel Casino Seminola Hard Rock, de Hollygood, Florida, una especie de premios MTV o GRAMMY.

Nazim lleva la música en la sangre: es hijo de Juanito Ruales (Juan Flores Ruales), músico, compositor y poeta otavaleño. Cuando le pregunto desde cuando está haciendo música, responde: “Yo creo que nací haciendo música, habría que preguntarle a mi mamá si en el vientre ya estaba golpeando el tambor, cuando pateaba; tengo 3l años y creo que 3l años estoy haciendo música; sigo tocando el bombo, me he especializado en la percusión, además toco ocarinas, quena, guitarra y charango y hago los efectos especiales: el viento de los Andes, el ruido de nuestros ríos, el canto de los pajaritos.

Lo que más extraño es estar rodeado de montañas, de árboles, estar entre lo verde, eso es parte de nuestra identidad y es parte de la música y la danza que queremos trasmitir en el exterior. Queremos que las cosas cambien en el Ecuador, somos unos obreros más en la construcción de este gran movimiento que se llama, desde hace mucho tiempo, la revolución cultural para rescatar nuestra identidad.


Jochas y jocheros

Taita Manuel ha jochado Yo tan, ¿por qué no he de jochar? Maicito, cuicito, lo que haya, para fiesta de mama virgen nosotros mismo hemos de dar.

 
Por: José Villarroel Yanchapaxi

Antiguamente, la Iglesia Católica obligaba anualmente a uno de sus fieles a ser prioste de las diversas fiestas religiosas del calendario católico que se celebraban en casi todas las comunidades indígenas de la sierra ecuatoriana.

La institución del priostazgo hacía que el indígena quede endeudado de por vida con el dueño de la hacienda y a veces con el mismo clero. Un elemento de resistencia e identidad cultural andina es lo que se llama “la Jocha”, costumbre ancestral que consiste en que familiares, parientes, amigos, compadres y vecinos “prestan” al prioste gallinas, cuyes, papas, mote, chicha, dinero, guarapo, fuegos artificiales, colchas para la corrida de toros, disfrazados, etc, para que realice la fiesta, con el compromiso de que serán retribuidos exactamente en la misma cantidad y calidad cuando a uno de los jocheros les toque ser priostes.

En su artículo: “Las reglas de la reciprocidad andina”, Enrique Mayer define a la reciprocidad como: “El intercambio normal y continuo de bienes y servicios entre personas conocidas entre sí, y que entre una prestación y su devolución debe transcurrir un cierto tiempo. El proceso de negociación de las partes, en lugar de ser un abierto regateo es más bien encubierto por formas de comportamiento ceremonial”.

La jocha, en sentido estricto, no es una deuda, no es un crédito, ni un contrato celebrado entre acreedor y deudor, sino más bien una transacción socioeconómica que tiene relación con los valores simbólicos de la comunidad, a la vez que rememora el trueque como una forma de intercambio comercial tan usual entre los Incas.

Quien recibe una jocha, lo hace con el compromiso de devolverla en un futuro. Durante el tiempo que transcurre entre el préstamo y la devolución no corre ningún interés comercial, por lo que no tiene mayor importancia para los fines de cumplir este contrato simbólico para el que vale sobremanera la palabra empeñada. En este tipo de transacción, no se “cobra” económicamente hablando, se devuelve, ya que la revalorización del bien o servicio no está contemplada en este contrato de reciprocidad. El jochero no hace una donación ni alquila ese servicio: lo presta, a fin de que el prioste pueda cumplir con el compromiso adquirido, atendiendo a una forma de redistribución de los bienes.

El jochero es parte fundamental de la fiesta, sin él muchas de las fiestas no podrían realizarse, puesto que este acto de solidaridad contribuye para que los ritos y los ceremoniales se realicen y no se pierda la tradición. Con la entrega de su jocha, el jochero, automáticamente se convierte en un actor principal de la festividad por lo que adquiere junto con sus familiares tanto o igual privilegio que el prioste.

La institución de la jocha sigue un ciclo circular que termina y empieza cuando un prioste ha cumplido con el encargo de la comunidad y es nombrado el próximo prioste. El nuevo organizador de la próxima fiesta, al calor del baile y las copas de aguardiente, volverá a jochar a sus conocidos y a su parentela.

 

Separatistas Guacharnacos

 
Por. José Villarroel Yanchapaxi

- ¡Qué tal monito Rubén! ¿Cómo te va por la naciente República Separatista Guacharnaca?

-Ahí no más mi parce. Sin billete ni para un ceviches, peor para unas bielas.

-Cuente, cuente con cual de las dos marchas estuvo el 26 de Enero.

-Con ninguna de las dos pues man. ¿Usted cree que todos los guayacos somos giles? Es tenaz que los mismos que atracaron el país, los delincuentes de cuello blanco criminales, socialcristianos y roldocistas ahora nos quieran lavar el mate con el cuento de que defienden la paz y la democracia. Si hay tanta delincuencia en Guayaquil es porque no hay fuentes de trabajo, porque el Nebot barrió de la Bahía a un poco de personal informal pues.

-¿Y estás de acuerdo con lo que hicieron con las Cortes de Justicia?

-¡Esa nota con lo que me sale el paisano! Estoy feliz con que al León Febres Cordero le hayan dado su estate quieto para que no siga haciendo de las suyas. ¡Todo lo que se haga en contra de la oligarquía serrana y costeña es constitucional! Vea ñañón, dejándose de pendejadas, yo nunca he creído en esta democracia de papel, ni en esta institucionalidad que ahora estos aniñados dicen defender, o no se acuerda que fueron estos mismos, junto con los de la Izquierda Democrática, la Democracia Popular y los Conservadores que como Asambleístas hicieron esta Constitución en Sangolquí y que diseñaron premeditadamente esos “vacíos legales” para poder violarla.

Claro, cuando ellos lo hacen es constitucional, cuando el pueblo reclama sus derechos, chillan, patalean y disfrazan sus intereses económicos apelando al civismo. Lo que ha hecho Nebot y sus compinches orquestados de alguna manera por Jimmy Jairala, y Paco Moncayo en Quito, es acrecentar el regionalismo. Ahora disque vamos a ser autónomos, que vamos ser como Quebec o como Hong Kong, pero con toda la arquitectura a lo Miami Beach.

-Bueno juera digo yo, así nos libramos de la plaga que son esa caterva de socialcristianos, roldocistas y prianistas, y que cada domingo juegen el clásico del astillero Barcelona-Emelec. Ji- .ji, ya verá que entre mañosos corruptos siempre han de salir empates.

-¡En lo que ha estado pensando este serrano come papa con gusano! De lo que habría que preocuparse es que estos separatistas guacharnacos paguen su porcentaje de la deuda externa, al fin y al cabo ellos son los que han defenestrado el país con lo de la sucretización de la deuda y el feriado bancario o ya se olvidó que Sixto Durán Ballen y Gustavo Noboa fueron socialcristianos , que apoyaron a Jamil Mahuad y que Agustín Febres Cordero, Patricio Dávila y otros angelitos son deudores de la AGD y que son los mismos que organizaron la marcha de los crespones negros defendiendo al Aspiazu, el dueño del Banco del Progreso.

-Vea monito, ¿por que mismo es que quieren la autonomía?

- Porque la Barbie de Vilcabamba, el Walter Spurrier y los de las Cámaras de la producción afirman que de un momento a otro se cae la dolarización, entonces antes que pase nada ellos quieren declarar la independencia de Guayaquil y asegurar sus inversiones con los bonos de la deuda que tienen en el exterior. Ahora quieren la autonomía para hacer un gobierno local con pactos de la regalada gana entre el perro con hambre, el loco que ama y el avarito Noboa porque se han dado cuenta que así peleándose como perros y gatos nunca han de llegar a Carondelet.

-¿Para eso es entonces que están exigiendo su ejército parapolicial?

-¡Qué come que adivina paisano! Así mismo es. La bronca del pueblo va por otro lado, por una verdadera revolución, ¿diga? Y ya, parémosle de mover la sin hueso y vámonos a ver unas hembras allá por la Avenida Amazonas, ñaño.