POLÍTICA

Las cajas de resonancia de Febres Cordero

 

 

¿Mayoría gobiernista?, ¿concentración de poderes?, ¿dictadura?, ¿desinstitucionalización? Qué despistados están algunos representantes de la denominada “sociedad civil”, periodistas y vectores de opinión sobre lo que pasa en el país. Para ellos, según parece, no es posible la “democracia” sin la hegemonía socialcristiana.

Es como si la lógica del juego con el poder y contra el poder se hubiera removido por sus bases al ver a León Febres Cordero sin el control de los tribunales Constitucional y Supremo Electoral, de la Corte Suprema de Justicia y del Congreso Nacional, control que lo ha venido ejerciendo en las últimas dos décadas, con desastrosos resultados para el país.

Como si no existiesen otros segmentos de la oligarquía que también actúan y disputan el poder del Estado. Y como si el pueblo, y sus representantes en el Congreso, no tuviera que actuar en esos escenarios de disputas interoligárquicas para golpear al poder y su institucionalidad, buscando siempre obtener nuevos espacios para defender sus derechos y acumular fuerzas de cara a la conquista de una institucionalidad nueva, netamente popular y revolucionaria.

Apena ver que algunos que se reconocen como progresistas, democráticos e incluso de izquierda, le hacen el juego a la política de Febres Cordero, y permiten que se muestre como patriota, constitucionalista, líder popular, que convoca a la movilización de las masas. Mientras en Guayaquil el alcalde Nebot utiliza la preocupación de la población por la inseguridad en que vive, para convocar a una marcha que confronte al gobierno y exija la restitución de la anterior Corte, en Quito estos despistados sectores progresistas se dejan llevar en este propósito por personajes como César Montúfar, que lo que busca es convertirse en el representante de “la sociedad civil” para con ello continuar recibiendo altas sumas de dinero del exterior en su ONG. O de los llamados “Ruptura de los 25”, cuya inmaculada acción política se basa en la defensa irrestricta del sistema capitalista, con ciertos maquillajes y huecos llamados a la moral.

Con este respaldo a su política, Febres Cordero ahora dice incluso que podría considerar la idea de candidatizarse para la Presidencia de la República en el 2006. Seguramente ese sería el corolario de la defensa de la democracia en la que estos sectores están involucrados: hacer revivir a un golpeado “dueño del país”.

Quienes hablan de que vivimos en una dictadura, como para explicar el hecho de que en el Congreso, TSE, TC y CSJ los militantes del Partido Sociedad Patriótica no son la mayoría, de forma que puedan significar un control omnímodo del gobierno, dicen que en realidad quienes gobiernan son Abdalá Bucaram y Álvaro Noboa, a través de Lucio Gutiérrez.

Pero ¿por qué no hablar entonces de que en el país existe una nueva ‘aplanadora’, como calificaron y justificaron antes a la mayoría congresil de los socialcristianos con la Democracia Popular en el gobierno de Jamil Mahuad, que hizo y deshizo en la Constitución y en los tribunales y la justicia? En esa ocasión, cualquiera de los que hoy hablan de dictadura habrían dicho que son los “juegos normales de la democracia, que responde a las mayorías”.

Una mayoría no gobiernista,ni institucionalista, sino antifebrescorderista Hay que ser claros, no existe tal mayoría gobiernista; la mayoría transitoria que se conformó y reestructuró los organismos del Estado fue una mayoría “anti Febres Cordero, y nada más”, como lo reconoce Silka Sánchez, jefa de bloque del PRIAN, y por tanto una mayoría con una vida corta. Ninguno de los partidos que la conformaron son hegemónicos en los organismos del Estado quitados al PSC, existe una correlación de fuerzas más o menos equilibrada.

Mucho se ha dicho que Abdalá Bucaram tiene asegurado su regreso con la integración de las dos salas de lo penal de la Corte en las que caería la responsabilidad de sus juicios, y más ahora con la presidencia de la Corte en manos del subrogante, su íntimo amigo Guillermo Castro Dáger, pero la verdad es que el PRIAN, que tiene la mayoría en esas salas, no está interesado en el retorno de Bucaram, simplemente porque significa un riesgo para el crecimiento electoral que experimenta, precisamente por la ausencia de líderes populistas en el PRE de la talla de Bucaram. Incluso, al interior de la Corte ahora se habla de la posibilidad de elegir a otro presidente, luego de la renuncia del titular Ramón Rodríguez, por supuestas presiones de la Embajada de Estados Unidos.

La mayoría ya ha comenzado a mostrar desacuerdos y rupturas graves, como lo ocurrido en la integración de las comisiones legislativas y en la elección de los vicepresidentes del Congreso. El diputado del PRE, Marco Proaño Maya, por ejemplo, se declaró en rebeldía frente a esta mayoría porque, según denunció, el gobierno trató de hegemonizar el control de la Comisión de lo Constitucional, que es clave para que pase sin problemas su propuesta de reforma política.

Actitud digna, que demuestra la razón por la que el MPD apoyaba su candidatura para la presidencia del Congreso; esto, sumado al pronunciamiento de otros diputados que, por ambiciones propias, ya están desarticulando la mayoría, como el ex socialcristiano Luis Almeida, hacen que la mayoría esté en sus últimos días. Evidentemente, el MPD y el socialismo, por su parte, darán tarde o temprano la estocada final a la mayoría, en cuanto ya no sirva más a sus propósitos políticos concretos.

Los partidos de la mayoría tienen intereses contrapuestos
Cada partido político de esta mayoría tiene sus propios intereses, que coincidieron en un momento en torno a quitarle poder al PSC. Evidentemente, parte de los intereses de estos partidos hay que verlos también en el escenario electoral del 2006. El PRE, según la visión de Omar Quintana, debe pensar en su sobrevivencia como una de las primeras fuerzas políticas del país, y esto depende de un nuevo apoyo a Álvaro Noboa para la Presidencia de la República, bajo un acuerdo de “gobernabilidad” similar al que un día pactaron el PSC con la DP (del cual surgió la nueva Constitución y sus problemas actuales), o similar al que más tarde hicieron el PSC con la ID. Acuerdos de gobernabilidad que les permita en un futuro repartirse o turnarse el control de las instituciones del Estado, sin dar cabida a otras fuerzas (como ocurrió hasta hace poco con el PSC, la ID y Pachakutik). Desde este enfoque, para el PRE son acuerdos necesarios hasta que se les cumpla el objetivo del retorno de Abdalá Bucaram, con quien se sentirían autosuficientes y capaces de confrontar a todos, incluyendo a Noboa.

El PRIAN sabe de estas intenciones, y actúa con la autoridad que le da ser dueño del candidato presidencial con más opción electoral del momento, pues es quien ha sostenido una campaña permanente por ya más de seis años y ha estado por dos ocasiones en la segunda vuelta. Bucaram siempre será un obstáculo para sus aspiraciones, por lo que el acuerdo con el PRE tiene un límite claro.

Noboa tiene interés de mantener su alianza con el gobierno por continuar evadiendo los impuestos, y dando prerrogativas a su exportadora bananera y el resto de sus empresas. No está pensando en aliarse electoralmente con un desprestigiado Gutiérrez para el 2006.
Asu vez, el gobierno tiene sus propios intereses: terminar el período sin peligro de derrocamiento, y utilizar esa mayoría parlamentaria actual para aprobar leyes orientadas por el FMI y el gobierno de Bush, principalmente el Tratado de Libre Comercio (TLC), así como la famosa reforma política, principalmente la que tiene que ver con la reelección presidencial.
Cuestiones en las que no le será fácil obtener los votos, como ya se demostró en el incidente con Marco Proaño Maya, además de la posición antineoliberal y por tanto contra el TLC que mantiene el MPD. Gutiérrez está empeñado en crecer su partido y sus opciones electorales, por ello la confrontación a Febres Cordero le significa una buena oportunidad para su campaña adelantada.

Parte de esa campaña es la difusión permanente de su figura en las festividades de navidad y año nuevo, así como de los supuestos logros económicos del gobierno (que los analizamos en otra página de esta edición). Hace un discurso antioligárquico, que sabe que cala en los sectores más empobrecidos, y trata de ocultar sus reales condiciones de traidor a los pueblos y a la patria, con su sumisa política a favor de los designios de los Estados Unidos. Gutiérrez ha escogido el camino del populismo como su identidad política, y se rodea de un entorno corrupto y neoliberal.

De los llamados diputados independientes, que se sumaron a esa mayoría, no cabe mayor comentario sino el de que buscan asegurar algunas prebendas mientras les dure su diputación, como en el caso de Vicente Olmedo. Algunos buscan consolidar su caudillismo local, no tienen más proyecto que ese.

Y finalmente están el MPD y el Partido Socialista (PSE), a quienes más se ha echado lodo en estos días, por, supuestamente, haber traicionado sus principios.

La lectura política del MPD es clara: se ha actuado en el escenario de las pugnas interburguesas para combatir a la oligarquía y hacer una auténtica oposición popular, recuperando los derechos que constitucionalmente le asisten. ¿ De qué forma? Primero, actuando en la coyuntura que se mostraba favorable al enjuiciamiento político de Lucio Gutiérrez, aunque para ello haya habido que estar momentáneamente junto al PSC y la ID.

Luego, el MPD integró una mayoría legislativa para liberar del secuestro socialcristiano a los tribunales ya mencionados, la Corte y el Congreso, y logrando sus justas representaciones en estos organismos.

El PSE siempre ha tratado de moverse en sus propias lógicas oportunistas. Primero se dice que evitó el juicio a Gutiérrez a cambio de algunos puestos en organismos del Estado, y luego negoció con la nueva mayoría legislativa tratando de lograr varios puestos más. Hay que recordar que en la elección del Presidente del Congreso, el MPD votó en contra del candidato de Abdalá Bucaram, mientras que el PSE votó a favor.

Podría argumentarse que los emepedistas votando en contra permitieron la elección de Quintana porque dieron el quórum, pero eso ya entra en la interpretación antojadiza de la Constitución y la Ley (ver nota al respecto).

Es evidente que en temas que convengan a intereses comunes de la oligarquía, no será la actual mayoría la que actúe, porque, por ejemplo, para aprobar el TLC votarían incluso el PSC y la ID, junto al PRE, al PRIAN y al gobierno.

Las cosas, entonces, no pueden ser vistas de manera plana, y pensar que esta mayoría se mantendrá, por sobre cualquier cosa, sometida a la voluntad de Gutiérrez.

La lucha de los pueblos busca más que simplemente destituir a la Corte
Los ecuatorianos no podemos dejarnos conducir por despistados o vivillos politiqueros como César Montúfar, o como José Ayala Lasso, siniestro personaje que fue el principal responsable de la humillación diplomática en las negociaciones de paz con el Perú, que nos costó pérdida territorial sin beneficio de inventario, mientras nuestros soldados ganaron con dignidad, con sangre y sacrificio de vidas en el campo de batalla.

Hoy ellos, junto a otros “notables” representantes del conservadurismo más atrasado como Fausto Cordovez, se han unido en la denominada “Convergencia Cívica por la Democracia” y buscan movilizar a las masas (en realidad, lo han logrado solo con pocos estudiantes de universidades privadas), y andan por ahí embanderando estatuas.

Hablan de que obligarán al gobierno a rectificar y que lo harán con movilizaciones pacíficas y constitucionales (esta vez sí constitucionales, porque las que han hecho siempre los maestros, trabajadores de la salud, jubilados, estudiantes, etc., en defensa de sus derechos conculcados por la oligarquía socialcristiana, siempre fueron, según ellos, ilegales e inconstitucionales).

La única forma de que en el país se generen cambios radicales, que pasarían por derrocar del poder no solo al Presidente de la República sino también a todas las funciones del Estado, e instaurar un poder auténticamente popular, que nazca de las organizaciones populares, de las iglesias de los pobres, de los militares democráticos y progresistas, de los sectores de intelectuales honestos, de los sectores productivos nacionalistas y patriotas, se dará con una lucha generalizada, unitaria y radical, no con pintorescas manifestaciones de 100 perfumados creyéndose libertadores.

 


Congreso: distintas visiones acerca de Omar Quintana

 

 

La mayoría legislativa que reestructuró el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el Tribunal Constitucional (TC) y la Corte

Suprema de Justicia (CSJ) se preparó para elegir presidente del Congreso Nacional, 2 vicepresidentes, Secretario, Pro secretario y las 18 Comisiones Legislativas Permanentes.

El inicio de la sesión fue normal y se comenzó a quemar tiempo; el diputado Luis Villacís planteó que se reconozca al PRE como segunda mayoría y que el Congreso se declare en sesión permanente, porque el caso lo ameritaba, pero el ex presidente Guillermo Landázuri no dio paso a esa moción, como tampoco a la apelación de la presidencia que le hiciera el diputado del PRE, Iván López.

Con una jugada que más parecía de desesperación, el diputado Jorge Sánchez de la ID mocionó a Wilfrido Lucero para la presidencia del parlamento e inmediatamente, y ante la sorpresa de los diputados presentes, se tomó votación, sin tomar en cuenta lo que dice la Ley: nombrar dos escrutadores, uno designado por la sala y otro por la Presidencia.

Los resultados fueron 44 votos a favor de la candidatura planteada y 53 abstenciones de la mayoría coyuntural; ante esta derrota, el ex presidente Landázuri clausuró la sesión, aunque de manera ilegal, puesto que su potestad como Presidente del Congreso para convocar y clausurar las sesiones concluyó ese día, ya que el Pleno del Congreso se autoconvocaba, constitucionalmente, para la elección de las nuevas autoridades.

Mayoría toma el control
Ante el abandono de la dirección de la sesión por parte de Landázuri, la Izquierda Democrática, el Partido Social Cristiano y Pachakutik abandonaron la sala de sesiones, quedando aún una mayoría de legisladores en el Pleno. Jorge Montero, quien hasta entonces seguía siendo el segundo vicepresidente, asumió la dirección de la sesión.

Se aprobó la propuesta de reconocer al PRE como segunda fuerza política y se dio la votación que culminó con la elección de Omar Quintana. Los hechos se consumaron cuando con una mayoría de 52 votos se eligió a Quintana, a pesar de los 3 votos del MPD en contra de esta moción y los 2 votos a favor del socialdemócrata Wilfrido Lucero, que sumaron 57 diputados presentes. (APP)