CULTURA

Perfiles en el Arte y la Literatura:

"Una historia escrita en partitura"

Terry Pazmiño es un concertista clásico nacido en Quito, en 1949; pertenece a una generación de virtuosos compositores que desmitificaron las influencias europeas para redescubrir la música popular de América Latina. Su trabajo es el resultado de la constante búsqueda de nuestras raíces y ha sido enriquecido con las frecuentes giras alrededor del mundo.

 
Por: Alfonso Murriagui

“Una historia escrita en partitura”, así se llamó el concierto que ofreció Terry Pazmiño en el Teatro Sucre, el vienes 6 de octubre, en el que demostró su virtuosismo como solista, en el dúo con la flauta, como Primera Guitarra junto al Ensamble de Guitarras de Quito y al Quinteto de Maderas de la Banda Sinfónica del Municipio de Quito.

El Concierto tuvo dos partes: la primera destinada a “Armonizaciones para guitarra sola”, que fue un recorrido por lo mejor de la música ecuatoriana: pasillos, albazos, sanjuanitos, pasacalles, de autores destacados como Marco Tulio Hidrovo, Tomás García, Inocencio Granda, Víctor A. Paredes, Gerardo Arias, Cristóbal Ojeda Dávila, César Baquero y Rodrigo Barreno.

La segunda parte comenzó con un dúo de guitarra y flauta, con Julián Pontón interpretaron: “El arpa que no cesa”, pasillo; “Los ríos de la música”, capishca; “El Eco Interminable”, danzante, y el “Yumbo Festivo”. Luego, con el Ensamble de Guitarras Quito, tocó “Poema de la Esperanza ”, “Sanjuanito de San Juan”, “Yumbazo Amazónico” y “Verano Andino”. Y con el Quinteto de Maderas de la Banda Sinfónica del Municipio de Quito interpretó el “Concierto de los Andes”, conformado por tres movimientos. Toda la música interpretada en esta parte del concierto es de su autoría.

 

Terry Pazmiño es un concertista clásico nacido en Quito, en 1949; pertenece a una generación de virtuosos compositores, que desmitificaron las influencias europeas para redescubrir la música popular de Latino- américa. Su trabajo es el resultado de la constante búsqueda de nuestras raíces y ha sido enriquecido con las frecuentes giras alrededor del mundo y de su acercamiento constante a las influencias indígenas, por eso muchas de sus composiciones derivan de la música kichwa, andina y latinoamericana. Ha ofrecido conciertos en escenarios de 42 países del mundo, entre los que se incluyen el “Sydney Opera House”, en Australia y el “Carnegie Hall” de Nueva York.

Terry afirma que en su juventud dominó las diversas formas de la música popular ecuatoriana: pasillo, sanjuanito, capishca y yumbo; después viajó a Venezuela y a Francia para formarse con tres maestros de la guitarra: Antonio Lauro, Alirio Díaz y Alberto Ponce. Durante 9 años residió y estudió en Sydney, Australia, en donde recibió el título de “Master Honours”, en la Universidad de Western Sydney.

De su extensa producción musical hay que destacar especialmente la “Cantata al l5 de Noviembre de l922”, que la compuso conjuntamente con músicos y compositores de la Unión de Artistas Populares (UNAP), entre otros Rafael Larrea y Agustín Ramón San Martín; en esta gran obra cantó y recitó algunas de las canciones Pepe Jaramillo, el gran cantante ecuatoriano desaparecido hace pocos días. Del trabajo creativo de Terry Pazmiño merecen relievarse: el “Cuaderno de 20 armonizaciones para guitarra”, l7 fascículos de “música ecuatoriana para dúos, tríos y solos de guitarra”, la colección “Tesoros de la Música ”; “Cantos para un mundo nuevo” y el “Concierto de los Andes”. Además tiene editados 10 casetes y 4 discos compactos con arreglos y composiciones que son el testimonio de su trabajo musical.

Refiriéndose a este gran espectáculo, presentado en el Teatro Sucre, Terry afirma: “El concierto cubrió las expectativas de calidad, de expresión, de fuerza, de dinámica y de musicalidad. Creo que se presentó un programa innovador, ecuatoriano al ciento por ciento, digno de exportarlo y que el Ecuador debe conocerlo más. El problema es el público, que no da valor a lo nuestro; me parece que todavía no está preparado para este tipo de eventos, no responde con el debido entusiasmo, por lo que estamos pensando en la posibilidad de hacer conciertos en los barrios populares de Quito, esto está dentro de los proyectos para el año 2007, inclusive se está proyectando presentar la Cantata al Quince de Noviembre”.

Para Terry Pazmiño este concierto es un hito histórico en su vida. “Creo que al fin contamos con un concierto de factura ecuatoriana, nos dice, con una estructura musical grande, completamente elaborada, elevada y con un profundo contenido armónico y de contrapunto musical, digno de presentarse en cualquier lugar del mundo. Es una retrospectiva musical que recoge la mayoría de la producción de mi carrera artística, como arreglista y compositor, pues siempre me he preocupado de hacer arreglos de la música ecuatoriana, que es una mina, una fuente de inagotable riqueza, de la que me he valido para recrear los temas y transformarlos en obras para ser interpretadas en solos de guitarra, creo que ese es uno de los méritos de mi trabajo musical y como investigador el mérito ha sido el de recuperar muchos temas que podían haberse perdido, para transformarlos en obras de concierto que servirán para el deleite de las futuras generaciones y quedarán también para que los guitarristas del mundo puedan interpretar la música del Ecuador”.

Por lo mismo, Terry Pazmiño cree que su obra está vigente y que necesita el apoyo, especialmente de las empresas que se encargan de organizar los espectáculos masivos, “Lamentablemente, en el Ecuador estas empresas son parte de la globalización y del sistema neoliberal, por lo que solamente dan importancia a todo lo que viene de afuera, pero no tienen ningún contacto con nuestra identidad, parecería que ellos estimulan lo que no es ecuatoriano, son empresas ecuagringas, extranjerizantes, que no dan valor a lo que tiene esencia nacional y peor si tiene algún mensaje social. Con sus tentáculos controlan la actividad cultural en el Ecuador, es una red que influye,lamentablemente, hasta en los medios de comunicación, que están subordinados a estas mafias, a estas redes, que no permiten la apertura a los artistas nacionales, aunque tengan prestigio, pero si viene un artista extranjero, entonces le abren los espacios de prensa, radio y televisión”.

Para Terry lo mejor del Concierto fue el Ensamble de Guitarras, “porque ofrece una variedad de timbres sonoros, pues la guitarra, sola, en dúo o trío, tiene una expresión tenue y débil, pero se agranda cuando se hace un ensamble como el de Quito, que fue la parte esencial del concierto, justamente para demostrar al público que se pueden interpretar ocho guitarras, exactamente, como si fueran una sola, causando ese efecto grandioso de las cuerdas; he recibido muchas felicitaciones por el efecto que produjo el Ensamble de Guitarras de Quito, compuesto por maestros de gran calidad, este concierto es digno de presentarse en Nueva York, París, Londres o en el Colón de Buenos Aires. Ojalá tenga la oportunidad de presentar el Ensamble el próximo año en salas de concierto y en otros lugares de la ciudad de Quito, ya que es un espectáculo cultural que debería llevarse como un emblema, como un símbolo de la ecuatorianidad”.

 

Desde las huellas:

Recordando a Pepe Jaramillo


 
Por: Alfonso Murriagui

 

Conocí a Pepe Jaramillo en 1953, en una cantina que había en la esquina de las calles Ambato y Borrero, una calle empedrada y muy inclinada, que termina en donde hoy comienza la Avenida 5 de Junio. En esa cantina vendían los clásicos hervidos de mora o naranjilla, con una copa doble de aguardiente de caña, traído en zurrón de caucho, a lomo de mula, desde Nanegal. Cuando entré al local, vistiendo el uniforme de soldado del Instituto Geográfico Militar, situado a dos cuadras, en la calle Ambato, él estaba cantando ese hermoso y entonces ya viejo pasillo “Filosofía”, que comienza con esta romántica afirmación:“Del pecado de amarte no estoy arrepentido / aunque un oscuro abismo nos separe a los dos…”

Casi sin sentir me había tomado mi primer canelazo y, para pedir el segundo, coloqué los 20 centavos en la rockola y marqué dos canciones: “Filosofía”, para repetírmelo, y el “Romance criollo de la Niña Guayaquileña ”, que tan bien cantaba el Pepe.

Entonces, las pocas rockolas que había en Quito repetían permanentemente las canciones de moda interpretadas por Olimpo Cárdenas, Pepe Jaramillo, Carlos Rubira Infante, las hermanas Mendoza Sangurima, guayaquileños todos, y también de los quiteños Benítez y Valencia, Carlota Jaramillo y las Hermanas Mendoza Suasti que, junto a Leo Marini, Jorge Negrete y Pedro Infante, sonaban permanentemente para alimentar la bohemia, popular y tranquila, del Quito “municipal y espeso” de esos años. En ese tiempo Julio Jaramillo todavía no “sonaba”.

Mi ilusión de conocer a Pepe Jaramillo, en persona, se hizo realidad tres o cuatro años después de haberlo oído en la cantina de la calle Ambato, y fue una noche que andaba de serenatas y que, por lo mismo, concurrí con mi jorga de La Loma , al Salón Casa Blanca, situado en la “24 de Mayo”, el lugar de la bohemia quiteña, en busca de algún artista que quisiera ir a cantar al pie del balcón de nuestras “pollas”. Cuando entramos, en una mesa situada casi en el centro del salón, estaban cinco personas y una de ellas cantaba acompañándose él mismo con su guitarra. Mi sorpresa fue inmensa, era Pepe Jaramillo, cantando “El Montubio”, ese hermoso pasillo que evoca al “hijo de las campiñas del litoral”.

Desde entonces he sido admirador de Pepe Jaramillo que, para mí, junto con Olimpo Cárdenas, son los mejores intérpretes de la música nacional que ha tenido el Ecuador. Claro que “despuecito” vino el Julio, una mezcla de los dos y que, por su simpatía y popularidad, se convirtió en el ídolo de la canción nacional.

Pepe Jaramillo fue el cantor del litoral y específicamente de su “Guayaquil amada”. Testigo de esa afirmación es el disco LP “Serenata Huancavilca”, grabado a comienzos de la década de los sesenta, en el que constan las canciones emblemáticas de los guayaquileños: “Guayaquil de mis amores”, “Pequeñita”, “Romance Criollo de la Niña Guayaquileña ”, “El dolor de la ausencia”, “El Montubio”, “Y ya no he de volver”, “Guayaquileña”, “Filosofía”, “Solo y Triste”, “Se va mi amor”. Este disco es una síntesis sentimental de la música costeña, en donde están claramente diferenciados los rasgos del hombre del litoral, fuerte, decidido, que lucha, sueña y muere, abrazado al ardiente paisaje tropical.

Pepe Jaramillo nació en Guayaquil, en l933 y se inició en la música cuando tenía quince años, en un programa radial que salía al aire en el puerto en los años 40, denominado “Tribuna Libre del Arte”, emitido por la Radio Ortiz. Su voz lozana, de timbre varonil y cálido acento, fue educada por Carlos Rubira Infante, de quien, tanto Pepe como Julio, aprendieron a tocar la guitarra, a cantar y, sobre todo, a amar la música nacional.

Pepe Jaramillo tuvo la virtud de abrir su pecho y sus canciones a la fraternal iniciativa de compartir sus éxitos personales con otros artistas contemporáneos, por ello hizo dúo con los más destacados intérpretes de la época: además de cantar con su hermano Julio, lo hizo con Carlos Rubira Infante, con Olimpo Cárdenas, con Daniel Santos, con Hilda Murillo y son especialmente hermosas las interpretaciones que hizo junto a Fresia Saavedra de los pasillos “Voces del Corazón” y “Amanecer Cordial”, este último con letra de Medardo Ángel Silva y la música de Carlos Silva Pareja.

Tenía que ser un viernes l3, mal día según los entendidos, día en el que no se “debe ni casarse ni embarcarse”, día fatal en que Pepe Jaramillo sufrió, a las nueve de la mañana, un derrame cerebral que le llevó a la tumba cinco días después, poniendo punto final a la dinastía de los Jaramillo, dos hermanos que se consagraron por sus maravillosas voces y estilos personales, y que encumbraron a los sitiales más altos del arte popular a la Música Ecuatoriana.

La noticia de la muerte de este gran artista ecuatoriano se propagó, con asombro y dolor, en la ciudad de Quito, en la que el cantante vivió los últimos veinte años. Músicos, teatreros, cantantes, poetas, pintores, amas de casa, jubilados, lustrabotas, desfilaron ante su féretro y entonaron, entre sollozos, las mejores canciones del repertorio del querido artista, desaparecido ya definitivamente.

 

Identidades :

El complejo de patron

 
 
Por. José Villarroel Yanchapaxi

 

“Hay que aprovechar siquiera en tiempo de elecciones cuando los de billete vienen a visitarnos”. “Él es millonario, no tiene para qué robar”. “Que robe pero que haga obra”, declaraba en un canal de televisión un habitante del suburbio de Guayaquil que lucía una camiseta de Álvaro Noboa, candidato del PRIAN.

Recordé a Jorge Icaza y su libro Huasipungo, en el que el gran escritor ecuatoriano describe cómo el hacendado Alfonso Pereira, dueño de la hacienda de Cuchitambo, repartía los socorritos: “Los socorros era una ayuda anual (una fanega de maíz o de cebada) que, con el huasipungo prestado, los diez centavos de la raya (diario nominal en dinero) -dinero que nunca olieron los indios, porque servía para abonar, sin amortización posible, la deuda heredada por los “suplidos” para las fiestas de los Santos y las Vírgenes de taita curita que llevaron los huasipungueros muertos- constituían la paga que el patrón daba al indio por su trabajo”, y me pregunté: ¿Será que los ecuatorianos somos ingenuos electores con buenas intenciones condenados por siempre a elegir entre la civilización y la barbarie, entre la ignorancia y la mediocridad, entre lo pésimo y lo menos malo?

En mi apreciación, la raíz de este comportamiento social estaría en nuestra incultura política, en nuestra frágil memoria colectiva que con nuestra apatía deja vía libre al clientelismo electoral y a la corrupción, y en lo que he dado en llamar: el complejo de patrón.

El patrón, según el diccionario académico de la lengua española, es el patrono, el dueño de casa donde uno se aloja, es el amo, el señor. Psicoanalíticamente hablando, el complejo de patrón es un retorno a lo reprimido de un Yo fracturado carente de identidad que se debate entre la negación, la resignación, el conformismo y el arribismo. Basta detenerse a observar en cómo nos comportamos a la hora de tomar decisiones trascendentales como es votar para los cargos de elección popular, y en las formas de relación entre la autoridad, la institucionalidad, el servicio público, etc, con el ciudadano de a pie.

En el Ecuador, este complejo está presente en todas las clases sociales, pues todos, (fieles a la ley del menor esfuerzo) aspiran algún día a ser parte del poder y convertirse en mandamás, aunque solo sea como comisario municipal, teniente político o chapa de esquina.

“Para ser político hay que ser sabido, hay que ser sapo”, es una expresión ecuatoriana muy común. En el imaginario social se presupone que la ecuación entre política y corrupción es la mejor forma y la más fácil de salir de la pobreza, cuyo resultado será ser reconocido y ascender en la escala social.

En las altas esferas del poder político, el complejo de patrón sale a flote, por eso de que en la guerra como en la política todo es válido, y más si se trata de repartirse la troncha, según afirman la mayoría de políticos ecuatorianos. Todo vale: el camisetazo, la trinca, la componenda, el pacto de la regalada gana para negociar golpes de estado democráticos, las aplanadoras congresiles, las mayorías móviles y los diputados de alquiler para aprobar leyes que beneficien a políticos, banqueros y empresarios del círculo íntimo, y controlar los poderes del estado y los organismos de control. Para ello, ciertos partidos políticos en el Ecuador han gestado maquinarias electorales, encuestadoras y empresas de sondeos de opinión que, orquestados por los grandes medios de comunicación, crean en el imaginario social: Mesías benefactores, salvadores asistencialistas y pseudopopulistas de extrema derecha.

uestra respuesta frente al complejo de patrón y a la incultura política es involucrarnos activamente en la vida política nacional. Considerar a la política como la ética revolucionaria de servir al Otro y no de servirse de ella para fines individuales. Quizá solo así dejaremos de pedir socorritos y de tener que elegir siempre al mal menor.

"VUELVO":

El pasado de un pueblo revive en la danza

Terry Pazmiño es un concertista clásico nacido en Quito, en 1949; pertenece a una generación de virtuosos compositores que desmitificaron las influencias europeas para redescubrir la música popular de América Latina. Su trabajo es el resultado de la constante búsqueda de nuestras raíces y ha sido enriquecido con las frecuentes giras alrededor del mundo.

 
Por: Alfonso Murriagui

Para los socialistas de América Latina la muerte del presidente Chileno Salvador Allende fue un golpe fatal, pero aún más catastrófica fue la dictadura que sobrevino el 11 de septiembre de 1973, con Augusto Pinochet al mando de las fuerzas militares y gubernamentales.

Muchos fueron los torturados, asesinados, exiliados y desaparecidos en las décadas de los años 70, 80 y 90, sin embargo, la llama revolucionaria sigue latente en los pueblos andinos, que ven una luz de esperanza en la doctrina marxista.

El Ballet Metropolitano de Quito presentó la obra de danza contemporánea “Vuelvo”, con la música folclórica chilena y la coreografía de Georgia Araneda y Jaime Jay. Este evento certifica que el arte escénico se convierte en uno de los espacios de mayor expresión social y cultural.

A través de la danza se brindó un homenaje a los artistas, pintores, cantantes exiliados de Chile, que partieron del horror de un dictador que reprimía con su poder la anhelada igualdad e integridad del pueblo chileno, así como a la memoria histórica de todos los que se fueron y regresaron a su patria.

El gigante dormido del Teatro Bolívar comenzó a despertar con los sonidos y los cuerpos de 20 bailarines en escena, rememorando al pueblo Mapuche muerto por el yugo colonizador, resucitando a través del baile a los dioses, creencias y ritos de un país, dando así un espectáculo no sólo artístico, poético o musical, sino también el despertar de una conciencia social latinoamericana.

 

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