MUNDO

Un punto de partida

Todos coinciden en que en Bolivia nace una nueva etapa; hay expectativa y esperanza en un pueblo que se siente, por vez primera, redimido.

 
Por: Guido Proaño A.
Especial para OPCIÓN,
desde La Paz, Bolivia.

El sonido de los sikus acompañó, desde Plaza Murillo, la posesión de Evo Morales. Centenares de indígenas, campesinos, mineros (algunos de ellos de la histórica mina Siglo XXI) y pobladores de La Paz avivaron la posesión de su Presidente, y rechazaron, cuando se dirigían hasta el edificio del Congreso, a los antiguos gobernantes, responsables de la pobreza que atrapa a la mayoría de la población boliviana.

La prensa internacional le dio una particular importancia a este evento; decenas de cámaras de televisión y fotográficas se apostaron frente al Congreso y luego frente al Palacio Quemado, que se hallan contiguos en línea diagonal.

Pero no solo periodistas vinieron del extranjero, la lista de delegados internacionales –oficiales y no oficiales- es larga; no únicamente de América, sino también de Europa y aún de Irán y Filipinas.

Las alpargatas, los sombreros, los ponchos, se mezclaron con los ternos y corbatas en las salas de sesiones del Congreso, en sus pasillos, y en la noche en los salones del Palacio Presidencial, donde Evo Morales brindó su primera recepción oficial en condición de Presidente. Diplomáticos, personalidades políticas y sociales de Bolivia, compartieron largas y apretadas colas para apretar la mano a Morales y saludarlo. Un olor a pueblo recorrió la posesión del primer presidente indígena de América.

Tras la instalación de la sesión del Congreso, Eduardo Rodríguez, presidente saliente presentó su informe al país. Una corta intervención de no más de veinte minutos, en la que resaltó la masiva participación de los bolivianos en las elecciones del pasado 18 de diciembre. El sistema de partidos tradiciones colapsó –dijo el ex Presidenteinvocando la necesidad de entrar a un período “más orgánico”, tema en el que coincidió el nuevo vicepresidente, Álvaro García.

García fue el primero en ser posesionado como nuevo mandatario, y tendrá la responsabilidad de presidir el Congreso.

“En Bolivia se ha producido un debilitamiento de las estructuras de dominación y discriminación a los pueblos aborígenes -dijo García-, a la par de la profundización de la crisis del centralismo”.

Para el nuevo vicepresidente, el cambio es unir a Bolivia sobre las bases que defina el pueblo; para ello se requiere de un Estado fuerte, que proteja a los más vulnerables. Sobre ello –un estado protector y fuerte- insistió en la masiva concentración que se realizó en la tarde, en la Plaza San Francisco. La búsqueda de la igualdad social la graficó señalando que en adelante vale lo mismo un poncho que una corbata y no importará en adelante si se llaman García o...

Evo Morales fue el segundo en jurar ante la Constitución, y lo hizo con el puño en alto. Recordó a los antepasados que han entregado la vida por la causa del pueblo; nombrando a Tupac Katari, Simón Bolívar, Murillo, el Che, y todos los combatientes y luchadores populares del mundo.

“Hace 40 años –dijo- los indios no tenían derecho a pasar por la Plaza San Francisco o por Plaza Murillo (en donde se encuentra la Casa de Gobierno y el local del Congreso); y ahora está en el Palacio, en el Gobierno. Hemos vivido 500 años de resistencia y ahora permaneceremos 500 años en el poder”, sentenció.

El discurso fue directo, duro con los ex presidentes que se encontraban en el recinto, con los diputados de la oposición que cuatro años atrás lo expulsaron del Congreso. Las críticas se dirigieron también al Ejército, del que dijo ser expresión del Estado colonial. El protocolo que rige a este tipo de eventos fue dejado a un lado, empezando por su vestimenta.

Pero a sí mismo en varios momentos se mostró algo conciliador. “El movimiento indígena no es excluyente; somos incluyentes, y hasta llamamos a los empresarios que se incorporen al MAS”, manifestó. Invocó al diálogo sin resentimientos.

Prometió un cambio en democracia, sin balas sino con votos. No habló en forma directa de iniciar un proceso de reforma agraria, pero calificó de “inconstitucional el latifundio”, lo que hace necesario encontrar mecanismos para redistribuir las tierras que se encuentran ociosas.

“El neoliberalismo no va más”, fue la frase contundente que provocó aplausos en quienes seguían la transmisión en Plaza Murillo. Por su puesto no fue la única ocasión; cada vez que puyaba a la oposición, a los ex mandatarios, a los grandes medios de comunicación a quienes acusó de aplicar un terrorismo mediático, o precisaba acciones que reivindicarán a los pueblos de Bolivia, la ovación estuvo presente.

Recordó la experiencia de su lucha. “Como no fue posible resolver los problemas con el sindicalismo campesino, lo hicimos políticamente, para lo cual se procedió a la construcción del instrumento político”.

El nuevo gobierno boliviano apuesta a dos medidas que las considera vitales para los cambios planteados: la realización de una Asamblea Constituyente (en junio de este año) “para refundar” el país y no para realizar una simple reforma constitucional. Junto al proceso electoral de la Constituyente se realizará un referéndum autonómico. Sobre este último aspecto, Evo Morales reivindica el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas.

Evo tiene a su favor el control que el MAS ejerce en el Congreso, al que lo calificó como el “ejército para llevar adelante la segunda independencia de Bolivia”.

Las propuestas de campaña, que lo diferenciaron de los partidos oligárquicos, fueron ratificadas: La nacionalización de los recursos naturales y su paso a manos del pueblo; junto a ello insistió en la necesidad de iniciar un proceso de industrialización del país, particularmente de la producción gasífera.

Destacó también el inicio de una política de austeridad, no la aplicada por los planes de ajuste neoliberal, sino una que implica disminuir un 50% el sueldo del Presidente, Vicepresidente y diputados. Estos últimos tienen ingresos superiores a los 20 000 bolivianos (unos 2 530 dólares), mientras el salario básico es de 450 bolivianos (57 dólares). Los gastos reservados serán eliminados, porque la gestión económica del Gobierno debe ser conocida por todos.

El comportamiento ético de los nuevos ministros y altos funcionarios del Gobierno se regirá bajo el siguiente criterio: cero nepotismo; cero corrupción.

Otros puntos planteados fueron los siguientes: fortalecer a los micro y pequeños empresarios; creación del Banco de Fomento para el desarrollo del pueblo; combate al narcotráfico (para ello sugirió una alianza con Estados Unidos); pidió que los países acreedores declaren la condonación de la deuda externa boliviana. Economía con soberanía; política energética común con Venezuela, Brasil, Argentina; Búsqueda de socios, pero no dueños de los recursos naturales; inversión privada en condición de socios del Estado, “con el derecho a la ganancia con el principio de equilibrio”; discutir las políticas de comercio internacional (MERCOSUR, y pueden ser TLC).

Todos coinciden en que en Bolivia nace una nueva etapa; hay expectativa y esperanza en un pueblo que se siente, por vez primera, redimido.

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