Al hablar acerca de la
docencia, su vocación de vida, la alegría
y la ternura danzan en los ojos inquietos de Kelly
Perea Ordóñez, oriunda del Recinto
Tambillo, Cantón Eloy Alfaro, provincia de
Esmeraldas. Y no es para menos: durante 27 años
ha trabajado como maestra de instrucción
primaria; durante ese suspiro laaargo de existencia,
una cascada de sensibilidades ha fortalecido su
carácter, con el temple de la decisión
y la dulzura de la bondad, para conseguir cada una
de sus metas: ser profesora, amar a sus niños
y educarlos para conquistar el futuro, y ayudar
a su Esmeraldas del alma para que siempre permanezca
sonriente, digna y libertaria.
Kelly, durante la entrevista,
siempre está alegre, y su felicidad contagia;
contagia su consolidación de ideales; contagia
su sendero trazado, la semilla sembrada y su mirada
hacia el horizonte, aún infinito de trabajo
y posibilidades.
Y empezó desde
muy pequeña a transitar el camino escogido:
apenas se graduó del Instituto Superior No.
8, en Esmeraldas (en aquel tiempo los bachilleres
de colegios normalistas salían con el título
de maestros de instrucción primaria), inició
el desafío de hacer realidad los sueños
y acunarlos en la vida.
Su bautizo como profesora
fue en el campo, en el sector del Río Cayapas,
Recinto Tenendí. Era muy joven, y la primera
vez que viajó en barco desde el Cantón
Esmeraldas hacia allá (antes no existían
carreteras que unan dichos puntos), lágrimas
de incertidumbre refrescaron sus mejillas.
Sin embargo, gracias
a su vocación, a su cariño por los
niños, juguetones y querendones a pesar de
la pobreza y el abandono de las autoridades competentes,
supo salir adelante; ganándose, además,
el afecto de la población, gracias a que
arrimó el hombro y contagió su optimismo
para ejecutar obras en beneficio del pueblo cayapa.
Allí, oyendo todos
los días el arrullo poderoso del Río
Cayapas, dando clases casi en la intemperie, con
mosquitos, zancudos y otros insectos como alumnos
no invitados, soportando calor, humedad o lluvia,
estuvo cerca de dos años. Después
fue trasladada a otro poblado llamado Bocana del
Lagarto, donde repitió la historia de dedicación
profesional y de sentimiento solidario hacia la
comunidad; donde se repitió, también,
la infraestructura paupérrima en la cual
los pequeños aprendían el abecedario
de la libertad.
En Bocana de Lagarto,
el encanto de la vida duró siete años,
hasta que decidió regresar al Cantón
Esmeraldas, al que llegó desde Tambillo a
los ocho años de edad, para continuar impartiendo
enseñanzas; enseñanzas de conocimientos
y de certezas de sueños convertidos en realidades;
realidades y certezas que dependen de mucha voluntad
y de una filosofía de trabajo en beneficio
de los más necesitados.
Kelly volvió y
fue asignada a la Escuela Julio Estupiñán
Tello, donde laboró cuatro años, cuatro
suspiros de alegría y tenacidad. Posteriormente
encontraría su hogar: la Escuela Concejo
Municipal, a la que asiste de lunes a viernes, hace
ya catorce años.
“Me enamoré
de esta escuela y, como me trataron bien, me quedé.
Fui profesora de segundo grado durante muuucho tiempo.
Cuando cumplí 25 años de docencia,
llegó mi regalo, como yo lo llamo: mi nombramiento
como directora del establecimiento. Creo que trabajé
duro para obtener esta distinción. Más
que todo, creo que el amor que yo tengo a esta profesión,
tan incomprendida, tan mal pagada, tan abandonada
por las autoridades de gobierno, y a la que a pesar
de todo eso se la quiere, porque va de la mano con
la sonrisa de los niños, es lo que me permitió
acceder a este cargo.Y sí, estoy contenta,
estoy feliz”, manifiesta, precisamente así,
contenta y feliz, Kelly Perea Ordóñez.
Kelly fue compañera
de trabajo de la actual prefecta de Esmeraldas,
Lucía Sosa: dicha funcionaria también
fue docente de la Escuela Concejo Municipal. “Lucía
siempre fue una mujer luchadora, combatiente, por
los derechos de los maestros y de los sectores populares
del país. Ahora que llegó a la prefectura,
sigue firme en sus convicciones...”, señala
nuestro personaje.
Al preguntarle si continúa
después de 27 años de docencia con
las mismas energías de antes, ella contesta,
feliz y algo ofendida: “Claro, si el camino
está enterito, hay que continuar educando
al pueblo, a nuestros niños, solo así
seremos libres, seremos dignos”, enfatiza
Kelly, mientras la ternura y la alegría danzan
en sus inquietos ojos.
(FOP)