
LA REPRODUCCIÓN HUMANA.¿UN DERECHO Y UN PLACER PARA QUIEN?
Mirta Videla
Psicóloga
Buenos Aires. Argentina
1.-La cara del fin de siglo, el miedo a esperar los hijos
Por las características de la profesión de psicólogos y las alternativas sociopolíticas de nuestro continente, constituye casi una hazaña mantenerse firme en un proyecto, sostenerse en una ideología, defender un marco teórico y no doblarse en la praxis cotidiana de un campo particular dentro de la disciplina elegida. Pertenecer en esas circunstancias al empecinamiento en seguir hablando y creyendo en el valor de la prevención , dentro de tiempos tan tecnificados, cuyas propuestas se circunscriben a un asistencialismo ya demostradamente fracasado. En la salud comunitaria, por ejemplo, se agotaron y saturaron los ojos y los oídos, de tanto recibir promesas teóricas de los organismos internacionales, como vacuos discursos de los políticos, recitando la famosa profecía de "salud para todos en el año 2000". No solamente esto es absolutamente falso, sino que nuevos males pandémicos como el SIDA, han revertido aquellos eslóganes, a tal punto que ahora podríamos llegar a decir que hay "enfermedades para todos en el 2000". El nuevo virus que agredió a la sexualidad mundial, no es sexista ni racista, sino absolutamente democrático, nos puede tocar a cualquiera. Por otro lado, aún seguiremos teniendo males "exclusivos", como el estrés y el hambre, para específicos sectores sociales. A principios del siglo, unos de nuestros genios favoritos (Albert Einstein), decía que estábamos en "una época de medios perfeccionados para fines confusos", refiriéndose a la utilización tanática de su descubrimiento del átomo, lo que en 1945 seria el acontecimiento destructivo más trascendente de la humanidad, la bomba atómica. Su afirmación puede ser hoy fácilmente extendida a otros avances recientes de la ciencia, como la técnicas de fertilización asistida. A este periodo pertenece también el auge de las estrategias metodológicas creadas por rusos e ingleses y perfeccionadas por los franceses, para la masiva aplicación en América Latina, destinadas a liberar a las mujeres de su condena bíblico-cultural, del "parir con dolor" u otro mandatos, que las confinaba a ser continuamente Marías, excluyéndolas del poder ser buenas Evas de sus Adanes. En el año 1858, con la llegada de Lamas al país, comenzaron a ingresar estos "productos obstétrico importados". Confieso que forme parte, sin reflexión alguna, de la inducción al consumo de estas ofertas del mercado médico, destinados a reprogramar el mundo femenino. Se trataba de que pudieran llegar a parir "sin temor", "sin dolor", "sin violencia","sentadas","en el agua","ecológicamente","con humanismo","a oscuras","con marido","con psicoprofilaxis" y algunos otros modelos más a gusto del consumidor, propuestos para regular lo singular, la sexual humana. Podríamos decir que este primer avance técnico sobre la sexualidad de las personas, sumando a los descubrimientos de las hormonas reguladoras de la fertilidad, constituyendo tímidos esbozos del acabado rostro del fin de siglo ,el BIOTECNOLÓGICO, en el cual nos encontramos inmersos. Si solamente las cosas hubiesen quedado allí, es seguro que hoy no escribiría acerca de ello. La asistencia del parto se logró humanizar más,, en virtud a una formación médica de connotación transdisciplinar, dejando de lado el mercado de los productos ofrecidos. Por otro lado, el uso adecuado de los anticonceptivos, hizo posible la regulación voluntaria de los embarazos, favoreciendo la calidad de vida de los niños y la disminución de la mortalidad materna por aborto. Las mujeres de las generaciones finales de este siglo, todavía han podido gozar de "la dulce espera" de los nueve meses gestacionales, del acunamiento uterino de sus nños gestados como producto del deseo mancomunado de dos que se aman. Esos hijos así concebidos, no supieron de ecografías innecesarias ni de monitoreo fetales, solamente fueron esperados con esperanzas tejidas en punto cruz y sueños hamacados a canciones de cuna. Es claro que no todas las mujeres tuvieron esa opción de elegir el tiempo mejor para sus maternidades. Aunque en los últimos tiempos con frecuencia invada la sensación de estar con el rostro tapado como las fundamentalistas, las mujeres que hemos pasado el medio siglo de vida, supimos del adecuado uso de los anticonceptivos en nuestro país , muy a pesar de los famosos decretos "lopezregistas" de los años sesenta y de sus diversas ratificaciones de los gobiernos militares. Es verdad que algunas debimos franquear barreras informativas, prohibiciones, silencios familiares y diversas versiones "zoobotánicas" acerca de sexo. En estos tiempos de transiciones, para algunas existió el privilegio de gestar los hijos que auténticamente eran deseados, superando a las pobres abuelas que se morían en sus partos o vivían poco por el desgaste de múltiples maternidades. Dentro de nuestra época cobraron relevancia dos fenómenos opuestos pero íntimamente relacionados, convirtiéndose en preocupación de políticos, científicos, economistas y psicólogos. Se trata de la fecundidad humana, en su doble vertiente, por hiperpresencia y por ausencia, responsables de los males de la superpoblación por natalidad incontrolable de países pobres y de la disminución alarmante de la población en los países occidentales más desarrollados. Lo primero constituye parte de las causas de hambre, la violencia, promiscuidad y el abandono, abuso o maltrato de los menores. La segunda es razón de ser del empobrecimiento de los indices poblacionales en regiones ricas del continente, actualmente con muchos ancianos y pocos niños. Ellos buscan sobrevivir con las tecnologías recientes de fabricación de niños en laboratorio o con la importación (licita o ilícita) de niños traídos de los países menos desarrollados. El rostro del siglo agonizante, ha logrado convertir la aspiración al hijo procreado, en una espera tecnológica deshumanizada y muy costosa (para quienes puedan pagarlo), en tanto para otros aquello que originariamente constituía un acto de solidaridad social (la adopción), se ha transformado en un rentable negocio que compite con el de las armas, los órganos y las drogas.
Niños biotecnológicamente fabricados o internacionalmente traficados, se ofrecen como solución para sociedades de producción espermática en decadencia o de ovarios envejecidos, como fruto del sistema social alienado en el que viven. Mientras tanto, para los países sin desarrollo económico adecuado, pero con natalidad creciente, se propone como solucion para el hambre de la niñez abandonada, la exportación de la población infantil, hacia las regiones ricas del planeta, proceso denominado adopción internacional. Estas circunstancias de la maternidad y de la paternidad mundial, no son acontecimientos fortuitos no aislados, sino emergentes de las transformaciones sociales, económicas y sociales, económicas y políticas en el orden internacional, que se suceden vertiginosamente en este fin de milenio. La forma en que hombre y mujeres tratan de convertirse en padres de un niño , bien puede ser categorizada como portavoz de esta sociedad , caracterizada por su intolerancia a la espera, la frustración o la aceptación consciente de lo que no se puede. Se trata de una sociedad que asume un estado de vivir "haciendo zapping" , saltando de un punto a otro sin poder disfrutar ni profundizar nada. Es la cultura de la inmediatez. Una sociedad propuesta como forma organizada de producir cada día más, de correr en busca de un trabajo que permita sobrevivir o de más trabajos para vivir con mayor consumo aún, corresponden a modelos de alineación que podríamos resumir en a mayor producción, menor reproducción. Quienes menos tienen más procrean hijos y los que no logran procrearlos, son gran parte de aquellos que invierten la vida en producir, consumir, gastar y hacerse valer por lo que logran poseer. Las personas no tienen tiempo para esperar, porque están siempre apuradas en producir . Por eso, ante la frustración generada por su esterilidad sin causa aparente (ESCA), tratan con urgencia incorporarse a un programa de fertilización artificial. Los que no alcanzan al "biologro", se niegan al espacio temporal procesante para la adopción de un niño, buscando comprarlo o conseguirlo, como un objeto más del mercado de consumo. Ellos no están en condiciones de esperar un niño al no poder gestarlo naturalmente y por eso lo hacen fabricar en laboratorio, lo gestan en úteros alquilados y también algunos los roban o los adoptan "rápidamente" por intermediarios de profesionales o funcionarios judiciales sin escrúpulos ni moral. En la mente de estas personas o no entra el procesamiento, porque se trata de una carrera desenfrenada de acceso a un niño, donde la reflexión es enemiga y la mirada sobre si mismos algo que se evade por temor. Así estamos llegando a este fin de siglo biotecnológico, dentro del cual muchos soñaron, lucharon y hasta murieron, por la esperanza del hombre nuevo. En su lugar aparecieron el superhombre y la mujer maravilla, quienes no saben de espera ni de ausencias ni de consciencias de lo no tenido. Ellos son los que buscan tener un hijo a costa de cualquier precio, los que consideran que poseen derecho al niño y sobre el niño. Estos buscadores de hijos contra viento y marea, establecen un verdadero desafío de los dioses, demandando del hijo, sin importarles con cual costo, monetario, ético y moral. Nuestro refranero popular dice que "no por mucho madrugar...",y también "al que madruga...".Todos ellos implican manipulaciones culturales del tiempo necesario para acceder a fines deseados. Nuestro lenguaje está lleno de ellos. Quizá debiéramos crear otros nuevos, capaces de explicar a las generaciones venideras, el porqué de nuestros apresuramientos en este final de siglo, capaz de impedir nuestra posibilidad de disfrutar, la pérdida de la esperanza ensoñada y la acariciante ternura de lo anhelado junto a un otro que amamos.
2.-Una patología de nuestro tiempo: el "desencanto reproductivo"
Hace más de una década, nos planteábamos el dilema entre "adopción e inseminación". Hoy esto parece un cuentito para niños, comparado con la s opciones problematizantes que padecen quienes buscan hijos, por no poder gestarlos naturalmente, frente a las variadas ofertas de la nuevas técnicas de reproducción. La comunidad argentina asiste asombrada a un enfrentamiento entre el liberalismo reproductor y el fundamentalismo anticientífico, que ha legado a ofrecer una visión exaltada, como aquella que se produce frente a la selección nacional de fútbol. Desde la perspectiva psicológica , se requiere de reflexiones y de intercambios disciplinarios, como también de algunas advertencias, sobretodo relacionadas con los riesgos del "deslizamiento" en sus objetivos, Con mayor razón aun, porque nuestro país carece totalmente de leyes reguladoras al respecto. Este vacío legislativo impide establecer los limites, de aquello que resulta atractivo y fascinante para los científicos, convertidos hoy en "los creadores" de la vida humana. Al no existir coto a lo que puede, se corre peligro del desborde en el poder, pasando a ser generalización, aquello que es bueno, preciso e indicado para un fin determinado. Si se carece de ley que normatice, se corren riesgos de una autentica enajenación científica. Mucho peor por tratarse de la sexualidad de las personas, de su intimidad, de su fertilidad. Los avances bioreproductivos permitieron al promediar el siglo, arribar a la denominada "revolución sexual", que alejó el peligro de las gestaciones indeseadas, gracias al perfeccionamiento de loa anticonceptivos y de la claridad sobre el sexo brindada desde la teoría psicoanalítica. Hacia finales de los setenta, el nacimiento del primer bebé de probeta en Inglaterra, inició una etapa de esperanza para los irremediablemente estériles, pero también de profunda crisis, para los que ejercen las técnicas, sin advertir que se trata de una reproducción sin sexualidad y una sexualidad sin inconsciente. Quienes levantan sus voces de alarma, son los que temen que desde esta beneficiosa técnica para solucionar el síntoma de la esterilidad, se pueden llegar a convalidar todos los experimentos escalofriantes de la ingeniería genética, tal como se hace en los animales y vegetales. Huxley ha sido continuamente citado en los últimos tiempos, por su visionaria obra "un mundo feliz". De la misma forma como sucediera con Julio Verne, hemos podido comprobar, que las más alocadas aventuras del pensamiento, pueden llegar a realizarse. Por eso, algunas propuestas científicas actuales, otorgan hegemonía a las fantasías espeluznantes del doctor Frankestein y también a los delirios megalómanos de Adolfo Hitler. En estas particulares concepciones, se considera a las personas como maquinarias orgánicas a recomponer, mutantes provenientes de los laboratorios, producto acabado de mente invadidas por el virus de la fascinación científica. Esta lectura, obvia para algunos, no quiere ser escuchada por la mayoría de los equipos biofabricadores de niños, cuyo saber se centraliza en la búsqueda de causas posibles a su reducido porcentaje de éxitos (15 al 17%); en tanto continua la carrera de experimentación "in vivo", intentando incrementarlo. Junto al desarrollo de las tecnologías reproductoras, también se transformó la índole de las demandas en consulta a los psicólogos que trabajan en este tema. Seguramente se deba a que no son agentes de la inmediatez, sino de la espera reflexiva y procesante, en la búsqueda de los obstáculos subjetivos y vinculares, que desde el cuerpo dan cuenta de la esterilidad. Hasta promedia los setenta, los equipos médicos y psicológicos, con orientación psicoanalítica, abordaban de forma conjunta los temas de la fertilidad, cuyos resultados se veían enriquecidos por el efecto de un trabajo de profundidad, opuesto a la ginecología tradicional, obrante "a campo ciego" de los significantes inconscientes. Las sugerencias del biologismo reproductivo, se introdujeron en nuestro país, antes que otro de Sudamérica. Muchos no encontraron razón de ser, para esta importación forzada, de una técnica creada para los agonizantes índices de la natalidad europea. Por eso entonces lo ginecólogos integrantes de los grupos de fertilización, comenzaron su organización empresarial. Los pacientes de esterilidad recibían "gentiles" llamadas telefónicas, de algunos profesionales, ofertándoles la nueva técnica, cuyos resultados le eran vendidos como infalibles, ellos tenían la sensación de estar a punto de zarpar en el crucero del amor hacia la isla de la fantasía. Resultó ingenua e inútil nuestra intención de entonces, de aportar ideas e investigar conjuntamente. Los equipos se conformaron como microempresas herméticamente cerradas, verdaderos ghetos, custodiando sus conclusiones y también sus importancias ganancias. Lo cual no puede ser ingerido como una calificación de "negociante", que motivara la solidaridad y elegante protesta de un ginecólogo en Plaza de Mayo, hace unos días. Muchas parejas corrieron en respuesta a sus ofertas, pero otras huyeron despavoridas cuando se enteraron de los costos de esta tecnología, con tan pocas promesas de éxito. Es verdad que el 25% de la población en edad fértil padece de trastornos de su fertilidad, pero cabe preguntarse cuantas están en condiciones de pagar los costos, como ademas cuantas deciden adoptar de entrada, negandose a tratamiento médico. Me produce una cierta tristeza, cuando cuentan como vendieron hasta su alma, para conseguir el dinero que les posibilitar costearse las técnicas. También cuando sus protestas por los precios, produjeron "la generosa oferta" en uno de los centros pioneros, decidieron venderles un sistema de financiación por circulo cerrado, como por entonces tenia una conocida marca de automóviles: si se podría adquirir un coche )Porqué no habría de conseguirse un niño con igual sistema?. Mientras tanto lo profesionales "psi", que en ese momento no supieron adentrarse en el conocimiento de las nuevas metodologías médicas, se quedaron en el limbo, tal como los escritores que no supieron despegar de la máquina de escribir hacia la computadora. Pese a todo, algunos seguimos investigando y pensando acerca de tema. Irritan profundamente a los ginecotecnólogos, algunos resultados de las estadísticas, que jamás coinciden con los números presentados en los congresos médicos. El mayor porcentaje de éxitos en los tratamientos de esterilidad, continúan prodúciendose en parejas tratadas interdisciplinariamente. Luego le siguen los realizados con abordajes médicos tradicionales, pero con respeto a los tiempos de los pacientes y a la significación que posee el vinculo con el profesional tratante ("factor tiempo y factor persona-médico").El mejor porcentaje su ubica dentro de los resultados de las técnicas de reproducción artificial. Esto nunca logra ser debidamente documentado, porque que los pacientes que siguen una forma de tratamiento, deambulan por varios especialistas, equipos y sistemas. Cada grupo hace su estadística particular, para demostrar su triunfo sobre los otros, desclificándose entre ellos constantemente. Los eventos científicos son espacios de mostración narcisista, sin escucha ni intercambios, organizados por los laboratorios fabricantes de los insumos médicos para esta metodologías. Siempre queda el desagradable sabor de la incomunicación y de la hipocresía. Cada día que transcurre, se reduce más el espectro de médicos que envían pacientes en interconsulta a los psicólogos. También aquellos a quienes se les puede enviar pacientes que nos demandan directamente. Sobran los dedos de una mano, para contar profesionales con los que se pueda conformar un equipo o al menos compartir tareas transdisciplinariamente. Recibo a parejas que ya han pasado varios años "via crucis" tecnológicas. Con el alma por el piso, sin ningún resultado, decide adoptar como instancia "de descarte", o buscan una palabra autorizada desde lo psicológico, para tomar decisiones en su vida matrimonial, fisurada por estos desgastes. Padecen de las secuelas de sus fracasos reproductivo, con debilitamiento en sus vínculos y también alta incidencia de lo padecido en el área laboral. Estas personas presentan cuadros depresivos, reactivos o reactivados a partir de encontrarse sumidos en desencantos profundos, por la ausencia de respuesta a su deseo de hijos. Muchos de ellos consultan porque han quedado con la cuna vacía y también con sus cuentas bancarias vacías. Allí comienza la tarea da ayudar a enfrentar sus vacíos, los que debieran haber llegado a comprender, antes de su inclusión en la maquinaria biofabricadora de niños, que de esta forma resultó una buena estrategia para "taparles la boca" a quienes requieren de palabra por lo no tenido. Aquello que desde el psicoanálisis se denomina la castración. Cada vez que se asiste a una reunión sobre estas técnicas, queda la sensación de estafa moral, ante la exaltada lectura tendenciosa de los resultados que realizan los equipos. Su discurso es cada vez más sectorizado, donde ya ni siquiera se habla de personas, hombre o mujeres, ni de órgano o sistema, sino de ovocitos, preembriones y otras formas acabadas de un nuevo lenguaje científico. Junto al proyecto del genoma humano que evitaría la continuidad genética de graves enfermedades, se aproxima la posibilidad una de construcción del "niño a la carta", a gusto del demandante. Esta mezcla genética, daría como resultado seres cuyas raíces serían un tanque de nitrógeno líquido. Es lógica de entender la conducta de los científicos, huyendo despavoridos del Psicoanálisis o de toda otra teoría que jerarquice la historicidad del sujeto, como base de su identidad de un saber que aporte conciencia y acerca de la residencia del verdadero deseo, aquel que se da cuenta el cuerpo estéril. Nos interrogamos con preocupación, acerca de esta sordera-ceguera de los científicos que siguen invirtiendo millones, para resolver su dilema de los escasos porcentajes de éxito que logran. Cada día circunscriben un microfactor más, intentando negar una realidad evidente: que trabajan sobre la sexualidad de personas, las cuales no son solamente organismos sino cuerpos psíquicamente significados. Del abordar a las personas solamente como organismos ("organicistas"), resulta una medicina que medicaliza la demanda verbal del hijo y deja de lado la resistencia expresada por los síntomas que el médico no sabe descifrar. Por más estrepitoso ruido que haga la demanda en palabras por conseguir un hijo, sino se aborda el deseo inconsciente, las tecnologías reproductivas seguirán siendo mecanismos de forzamiento, a punto se llegar hasta las superstimulaciones ováricas, cuyas consecuencias pueden llevar hasta la muerte, como también generar siete niños iguales, cuando se buscaba solamente uno. Necesitar un niño para diversos fines, no es lo mismo que desear un niño. Lo que dice el cuerpo de las personas estériles, no puede ser obturado con bombardeos hormonales, transferencia de embriones crioconservados o alquiler de mujeres para gestaciones mercenarias. Los magníficos descubrimientos científicos para solucionar mutilación tubárica de las mujeres y ausencia espermática en los varones, al ser aplicadas indiscriminadamente a cualquier problemática esterilizante, pasan a constituirse en verdaderas infamias biológicas. Precisamente porque lo no aparente para la medicina, es el orden inconsciente. Si este fuese tomado en cuenta, de seguro descenderían vertiginosamente lo indices del fracaso tecnológico. Para ello es necesario que la ambición de los tecnólogos, se mute hacia una reflexión en conjunción con otras disciplinas. También que el denominado "factor mesiánico" (o "factor apostólico según Michel Balint") de lugar a una posición más humildemente "humana" de los investigadores de la fertilidad. Las parejas que nos consultan actualmente, se encuentran con sus defensas por el piso, invadidas de angustia paralizantes que ejercen efectos nefastos sobre sus vidas. Si las investigaciones guardaran un orden lógico, las parejas estériles debieran ser estudiadas integralmente, tanto en lo relacionado a sus demandas verbales de hijos como a sus deseos inconscientes. Ante esto, muchos profesionales responden que ellos "poseen psicólogos y psicoanalistas" en su equipo. Pero lo que no aclaran, es con que objetivo los tienen. Esos detalles los transcriben los mismos pacientes, deambulantes de un equipo hacia otro, anclando finalmente en un psicólogo para afrontar sus definitivos desencantos. Por ellos sabemos quienes son y cómo trabajan estos colegas incluidos en los equipos de fecundación asisitida. Precisamente cómo psicólogos de empresa, tal como lo hacían hace un tiempo atrás, los de las industrias y fábricas. Ellos buscan vencer las resistencias a la metodologías. Al respecto voy a transcribir textualmente las palabras del jefe médico de uno de estos equipos, el cual decía en una conferencia en una institución psicoanalítica de esta ciudad durante el mes de mayo:-"...el psicólogo marca el porque del abandono o las complicaciones. EL apoyo de los psicólogos es para "sujetar" el equipo médico cuando no se embarazan, para los "bajones" del equipo médico ante los fracasos". Lamentablemente, lo que pudo ser camino de esperanza para muchos matrimonios estériles, se ha convertido en tema conflictivo, que constituye fuente de gratificación narcisista para muchos profesionales, restituyente de la hegemonía médica, tan cuestionada por los escritores de Balint, Foucault, Menedez y Clavruel. A pesar de todo, son los mismos pacientes quienes actualmente se encuentran en "estado de alerta roja", ante ciertos resultados de los últimos tiempos. Hoy por hoy, muchos están plagados de sospechas e incertidumbre y han comenzado a poner en duda a quienes intentaban conducirlos hacia la isla de la fantasía y el crucero del amor. En nuestro medio "las familias múltiples", víctimas testimoniales de lo impredecible de la ciencia, han comenzado ha organizarse ante la cantidad de problemas que debieron afrontar solos. En nuestro país, cerca de 400 personas en esas circunstancia, están agremiadas en "Multiplus", filial de una organización americana. Otros padres no agremiados, comenzaron a llevar el registro negro de los nacimientos múltiples que son abortados mensualmente y la mortalidad postnatal de ellos. También incluyen las secuelas con que han quedado los niños, luego de prolongadas permanencias dentro de las incubadoras. Ellos calculan más de 200 embarazos múltiples en curso en este momento en el país, cuyos resultados son celosamente guardados a la información periodística. El conocido papa múltiple Claudio Riganti, hace poco en el diario El Clarín, manifestaba su alarma por la cantidad de denuncias e informaciones que recibe, por lo que resolvió "prender el ventilador", con el objeto de alertar a las parejas que confían ciegamente en el poder de la técnicas. Riganti formula este dramático interrogante:"Cuántos cadáveres más, vamos a tener que retirar de las incubadoras, para que los médicos se den cuenta que esto le pasa a la gente de carne y hueso...?. Nosotros reconocemos a los que nos ayudaron a ser padres, pero no queríamos llegar a serlo a cualquier precio...buscábamos ser solamente padres, no buscábamos ser héroes!". Estas afirmaciones resumen lo que tantas personas sienten en estos tiempos y no se animan a decirlo, por el riesgo de ser visto como anacrónicos o enemigos de la ciencia. Por otro lado, como hay posturas religiosas extremas, que están enfáticamente en contra, mucha gente teme "quedar pegado" con estas formulaciones. Pasan entonces a callar cuando debieran hablar, acatan indicaciones médicas aberrantes y hasta se venden, para poder pagar los costos de los métodos de los "encantadores de almas". Se convierten así en cómplices de una ciencia desbordada, que cuado se desliza de sus objetivos precisos, cae en el abismo de algo muy parecido a lo pornografía biológica. Últimamente me encuentro trabajando con parejas que retornan del fracaso de las tecnologías médicas, impregnados de sentimientos desmoralizadores, conformando algunos cuadros de fobia a todo tipo de terapéutica en sus cuerpos. Se hace necesario ayudarles a elaborar pérdidas, desilusiones, también dolorosas consciencias de sus vacíos no "rellenados". Todos ellos buscan sencillamente curar sus heridas del alma, dentro de un cuerpo que la biociencia logró amordazar, en tanto daba cuenta de lo inconsciente. Reitero conceptos que formulara hace más de dos décadas: la maternidad (y la paternidad) deben ser abordadas desde al mito y la realidad, como también la esterilidad de la pareja constituye un campo problematización del saber, en relación al cual los psicólogos y psicoanalistas, aun tienen mucho por decir. Para ello es necesario que nos quitemos la mordaza del silencio cómplice.