Sobre TV y política patriarcal
¿CUERPOS CON CICATRICES O DUEÑAS DE UN CUERPO POLÍTICO?
Heridas abiertas, rostros quemados, cuerpos doloridos, mujeres sufrientes como
santas católicas, víctimas, y luego: la explicación de las
expertas...
¿Las propias agredidas no pueden explicarse? ¿Una sobreviviente
de violencia no puede reflexionar sobre ética o política? ¿Una
sobreviviente de violencia es ignorante de sí misma? Entonces
¿por eso aguantó y se sometió al agresor? Entonces,
¿el agresor es enfermo y loco, producto de la dictadura
y la sociedad capitalista?
Las víctimas siempre son vistas con benevolencia, perdonadas al fin y al
cabo porque están muertas o medio muertas. Pasan a ser inofensivas. Y resulta
que las mujeres menstruantes, copulantes, orgásmicas (multiorgásmicas
según los expertos en sexualidad femenina) y sobre todo, pensantes, lucimos
como amenazas (eso dicen, aunque yo no lo veo). Entonces pareciera que los comunicadores
-como las emergentes comisiones de género de los partidos políticos
de izquierda- vienen hoy a implorar el perdón para nosotras.
¿Perdón por qué?
Por el pecado original que nos envuelve como las inmundas, las pécoras,
las brujas, las maracas, las locas, las lesbianas y las satánicas
que somos -y que juran que somos-. ¿O perdonarnos por nuestro pecado pequeñoburgués
de ser feministas? Ahí vea usted la opción que calza según
la ideología.
La cosa es que para perdonarnos, nos victimizan. Somos en la imagen televisiva
pobres mujeres maltratadas.
Y es que como amantes abandonadores, no pueden querernos ni un poco sino nos ven
sufrir. Sólo desean la sangre, sudor y lágrimas nuestras, jamás
el placer, la organización, la rebeldía o la propuesta política.
La TV no es tan distinta a los malos amores, ni a los varones de las izquierdas
que no quieren que hablemos de Feminismo, pero nos palmean la espalda si escribimos
femeninamente de dolor y sufrimiento.
El concepto Femicidio vende como los implantes de alguna bella, como los precarios
escandalillos de un futbolista, como alguna batalla legal entre una joven diva
y su ex marido anciano político y turbio.
El concepto Femicidio, unido al último aliento de vida de una
mujer que tuvo un cuerpo, sueños y una vida para vivirla, se adhiere a
los productos de consumo social. Se incrusta en las horas televisivas que llenan
el vacío de las mujeres regalando su trabajo doméstico, acompañadas
por los matinales. Se revela reaccionario y chato en los programas nocturnos de
reportajes que tantas mujeres ven, tal vez, para postergar el lecho violento,
por simple aburrimiento o porque no pueden pagar cable.
¿El Neoliberalismo no es Violencia contra las Mujeres?
Lo elevamos de crimen pasional a Femicidio y lo hurtaron junto con
otras producciones feministas, para la reciclarlo como el rostro del Che Guevara
en una sudadera comprada en grandes almacenes y con tarjeta de crédito.
De la Violencia Estructural Contra Las Mujeres, lo recortaron, lo editaron como
el cuento de aquellas que nada entienden ni pueden decir sobre lo que les pasa
sino es para relatar detalles dolorosos y exudar el miedo.
La Violencia contra las Mujeres entonces, en esa media hora, en las conciencias
de las televidentes, deja de ser un problema político, de política
cultural de una sociedad patriarcal que se ensaña con las mujeres -como
con otros grupos humanos esclavizados- y se vacía de contenido.
La Violencia de Género deja de ser una herramienta ideológica de
dominio y control que desde la economía hasta el matrimonio busca someternos.
Ya no es ideología que penetra en nuestras venas desde los cuentos de hadas
hasta la publicidad de cerveza. Y sobre todo, en ese reflejo deformado y traicionero
de un espejo que últimamente usa pantalla plana, no es un flagelo que enfrenten
las activistas feministas, ni una problemática que mujeres sobrevivientes
de violencia reflexionan en grupos de autoconciencia, desde sus propios discursos.
Así las cosas, en tv como en la psiquis hegeliana de las izquierdas, el
Patriarcado se diluye, desaparece y ya no le da los peores trabajos a las mujeres
pagándoles sólo el 70 por ciento del salario masculino (en $hile).
Tampoco usurpa los tiempos de las mujeres que subvencionan con trabajo doméstico
hasta el 40 por ciento del producto nacional bruto (PNB) en países desarrollados,
mientras que del total del tiempo de trabajo femenino, sólo un tercio obtiene
remuneración -en contraste con las tres cuartas partes remuneradas del
trabajo masculino-. También se niega que de los 815 millones de personas
que pasan hambre en el mundo, el 56 por ciento son mujeres y el 36 por ciento,
sus hijos e hijas (FAO).
En definitiva, si la Violencia contra las Mujeres no es un problema político,
entonces ¿qué andan haciendo unas cuantas mujeres en las calles,
interviniendo el espacio público con sus megáfonos, con sus brigadas
muralistas, con sus absurdas instalaciones, con sus poemas resentidos, con sus
discursos de duros lenguajes, con sus pancartas moradas, con sus panfletos descarados?
¿Qué creen que hacen en sus grupos de autoconciencia bailando para
sanar sus heridas, reconociendo su cuerpo para apropiárselo y hablando
de feminismo para llevarle la contra al mundo? ¿Para qué escriben
ensayos, artículos, libros, para qué producen saber desde sus cuerpos
sexuados y políticos? Nada que ver con nada, el Feminismo es un vicio pequeño
burgués, la política no vende, el discurso radical asusta y baja
el rating
¡Hay mujer, si te han crecido las ideas, de ti van a decir cosas muy feas!
O en realidad, no van a decir nada, ¡nada de nada!
Victoria Aldunate Morales
Memoria Feminista
Feministas Autónomas
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feministautonoma.blogspot.com