RÍO FURIOSO

Victoria Aldunate

 

Acabo de terminar de reconstruir la historia de la Juanita.
Fue el último verano sin exilios ni retornos. Yo y mis primas estábamos a su cuidado.

La Juanita, esa mujer con olor a verduras y una mirada esquiva igual a la de las mujeres que ella ahora atiende en el Centro. Inmigrantes y nacionales. Todas con ira. Silenciosas y los deseos ocultos.

Se oía todo desde una pieza a la otra. La Juanita decidió mirar por una rendija y sintió vergüenza. Las niñas se habían vestido con beibidol para comparar sus cuerpos, sus pechos incipientes, sus pezones rosados, se contoneaban bailando a los Bee Gees.

A mí me gusta el Cristian, lo vi en Caleta Abarca y es rubio.
El Carlos se va a casar con la Gabriela.
No, si es con la Marisol. Esa niña usa la minifalda súper corta por eso a mi mamá no le gusta que yo vea "Música Libre".
Mi hermana mayor dice que es sexy usar la falda así, pero mi papá le dejó las piernas moradas de los correazos el sábado porque la encontró besándose con un chiquillo en la esquina. ¡Y con mini!
Mi mamá dice que pololear no es malo mientras no pase a mayores.
¿A mayores?
¡Claro! Besarse tanto que te quedas
embarazada.
¡Nada que ver! ¡Eso no pasa así! Para eso hay que acostarse, y si una no quiere hijos, toma píldoras.
¿Píldoras?
¡Las anticonceptivas, tonta!.
La Lily de la otra cuadra no las debe haber tomado porque a veces parecía luchar detrás de un árbol con un hipi crespo parecido al negro de "Patrulla Juvenil". El la tomaba por la cintura y subía la mano por el estómago y comenzaba a meterla por debajo de la blusa, y ella decía: ¡No! pero muy despacio. ¡Y ahora anda gorda!

La Moneda en llamas lo había truncado todo o casi todo. También la casa de veraneo que nunca terminó de construirse en Río Manso, un pueblo pequeño del Sur, donde nunca pasaba nada, o eso parecía hasta un día de inicios del 74, cuando no sólo lo remeció un terremoto, si no también la Juanita.

La casa quedó vacía, además de inconclusa y destrozada por los golpes de bayonetas en el allanamiento. Fue pocos días después de que tomáramos el avión. Irrumpió ese movimiento de tierra que era lo único que faltaba después de las patrullas nocturnas, los tanques en plena calle y los cuerpos que se llevaba el río (que seguía siendo manso a pesar de todo). Cuerpos de gente que nunca fue detenida, jamás torturada y menos asesinada, gente que simplemente no había existido porque Son puros cuentos de la izquierda. Calumnias que inventan para colocar mal al país en el exterior
¡De la que se había salvado Chile! Que a todos los niños inteligentes los iban a mandar a Rusia, Íbamos a comer puro chancho chino y nos convertiríamos en una colonia del Comunismo Internacional, trabajando para ellos en campos de concentración tipo Stalin, sin tierras ni casas. Cualquier propiedad que fuera más grande de cien metros cuadrados iban a expropiarla. Decía el tío Felipe que sabía de esas cosas porque era ingeniero. E iban a llegar unos cubanos fumadores de habanos Fidel Castro a instalarse en los ministerios.

¡Gorda no! Embarazada, querrás decir.
Sí, eso. Mi mamá dice que es por culpa de la televisión, que a una se le ocurren cosas.
A mí, mi papá me prohíbe la tele también, pero no por lo que se me pueda ocurrir, sino al revés. Dice que no me va a quedar ni una pizca de ocurrencia en la cabeza. Pero como es comunista nunca está, y mi mamá tampoco porque también es militante. Yo me quedo con la Juanita. Y ellos ni saben que la Juani, me deja ver de todo desde una vez que la pillé atracando con un paco en el antejardín. El trato fue: silencio por televisión.
Hay unas películas increíbles donde las mujeres se sacan la ropa. En una, un hombre le baja los tirantes del vestido y ella no tiene sostén, la acaricia poco a poco y después la besa, la toma por los hombros y la tira con rabia a la cama…
Camilo Sesto canta El amor de mi vida y es un retorcijón de estómago, no, un cosquilleo que las recorre, la respiración difícil y unas ganas desatadas de sentirse.

La Juanita no soportó más, roja de rabia tuvo un primer impulso de abofetearlas.

Del Golpe en adelante había sido un torbellino la vida, y la confusión había alcanzado también a la Juanita que había sido leal a sus patrones cuando tuvieron que esconderse en vez de veranear en su casa truncada.

Eso les estaba pasando. Todo. Sencillamente, porque habían tomado el camino infantil de defender al gobierno de la UP. Leseras de muchachos que lo han tenido todo. Arranques inmaduros de pijes. Decía el abuelo. ¡No como él! El sí que se había roto el lomo para hacer producir las tierras del Sur que sus padres se habían ganado de puro trabajadores y habilosos desde el mismo momento en que habían llegado de Alemania con una mano adelante y otra atrás. ¡No como los indios flojos y sucios de acá que se llenan de perros y guaguas con el poto cocido, y lo único que esperan de la vida es comer cada día! Esa parte la decía en voz baja para que la Juanita no oyera porque su hija se lo pedía susurrando. ¡Hasta de eso se preocupan con su estupidez del comunismo, de lo que piense una empleada analfabeta a la que hemos alimentado desde que la botaron ! ¡No se las habría pasado si hubiera sabido que iban a tratarla como una reina en vez de cómo a una huacha! En fin, él había venido a verlos: ¡Sólo porque tu madre me lo pidió, si fuera por mí, no vengo! ¡Que lo que les está pasando bien merecido se lo tienen! De todas maneras les voy a pagar el viaje en primera clase para que no se vayan con puros negros.

Pero no podía golpear niñas ajenas y además hijas de patrones. Menos a la que había criado como a una hija y ahora la traicionaba portándose como una bataclana.
Corrió a su pieza prefabricada en el fondo del patio, con escalofríos se tiró a la cama a llorar, todo su cuerpo se sacudió. Sus ansias deseantes las había ido moldeando con tesón desde la última decepción con el último amor que la engañó, con el último hombre que la había penetrado diciéndole mentiras al oído. Mentiras porque nunca volvió de la Argentina. Puede que se hubiera muerto ¡Pero y los otros por la mierda! ¡Los demás hombres que ella había amado antes! ¿Dónde estaban? ¿Todos muertos?
Quedó sola al final donde mismo la había dejado regalada su madre a los ocho años. Ninguno le cumplió la promesa aquella de llevársela por fin a tener una vida propia y protegerla hasta la muerte. No había podido parir sólo criar hija ajena. A los hombres, les había entregado su cuerpo, su himen, su pureza, la virginidad de ese cuerpo siempre ofrenda para otros y no había tenido a cambio ni siquiera maternidad propia.

Vio pasar desde sus once años el cielo debajo de ella. Las nubes como algodones solitarios la envolvieron trazándole un camino distinto. Las lágrimas se iban secando. La abuela y el abuelo, severos pero tristes y las primas batiendo los brazos hasta que desaparecieron.
Ella había avanzado al avión sabiendo que le faltaban la Silvestre y el Rin tintín, que jamás han tenido un espacio en los monolitos recordatorios de los ejecutados, pero que murieron envenenados por las rondas militares como parte del plan de amedrentamiento a la población civil, y que ella lloró como si hubieran sido de su sangre. Pero escondida. No se puede amar más a los animales que a los Hombres. Su padre, militante entregado, sociólogo racional, su madre, dirigenta inconclusa, sus abuelos fascistas, sus tíos tecnócratas, todos compartían esa misma impresión: La moralina que dice que los animales como no piensan, no importan. Como no son humanos, están para que los humanos dominen sobre ellos. ¡Y nada de amarlos como a humanos!...
La Juanita también era como un animal y también ella faltaba. Entre sollozos le asaltó la culpa que le había quedado incrustada en el estómago desde ese día en que arrancó por el patio oyéndola gritar con la voz temblorosa: ¡Cabras de mierda!

¡El puto abandono era todo lo que había recibido a cambio! El mal camino, decía su pastor, el pecado es castigado. Ella había dormido con hombres sin hacer caso de la ley de Dios, había matado hijos en el vientre y debía lavar las ofensas al señor con sacrificio. Es lo que había estado haciendo durante años, pero no los suficientes para olvidar que tenía cuerpo. Cada vez que resurgía el deseo de las caricias se odiaba a sí misma, cada vez que percibía el deseo de las otras, las maldecía por recordarle su propia necesidad.

Mozambique. Vocablo extraño que nunca antes había oído pronunciar. Lo que no era nuevo fueron frases como Apoyar el proceso democrático naciente.
Pudiendo ir a París, Ámsterdam o Estocolmo, el nuevo capricho de sus padres, decían los abuelos cuando hablaban por teléfono, era irse a un país de negros más negros que los de las poblaciones.
Para ella no fue un capricho ni tampoco un proceso democrático naciente. Más bien una mezcla de colores, sonidos, olores, sabores y más deseos. En su colegio para blancos, una tarde después de la vivisección frustrada de un sapo a la que ella y su compañero de mesa se opusieron, el profesor los mandó a la consulta del psicólogo escolar. Pero en vez de eso, se quedaron escondidos y más tarde volvieron al laboratorio para liberar a cuanto sapo y rata pudieron.
En algún momento silencioso sin preámbulos comenzaron a besarse. Ni mandatos católicos de virginidad, ni teorías racionales para la prevención informada, surtieron ningún efecto. Lo único que detuvo la consumación de los hechos fue el recuerdo de la imagen de la Juanita furiosa corriendo detrás de ella.

... Comenzó a darse vuelta lentamente hacia la pared olorosa a pinos. Los ojos cerrados, pareció lamer sus lágrimas, se rozó el rostro mojado con las manos, luego el cuello, el pecho. Sus pezones eran grandes, de un marrón oscuro. Restregaba sus pechos con esas manos ásperas de escobas y cortar leña. Ásperas como las de un hombre. Cosquillas en el estómago el calor abrazaba.

Adivinamos las manos en el vientre y hacia los muslos. Las metió entre las piernas y comenzó a moverse.

Los padres decidieron que África no era lugar para criar a una hija occidental.
Se fueron a Alemania democrática A Trabajar por la vuelta a la democracia desde el exilio.
En los noventa fue El Retorno, la consigna. Abrazos en el nuevo aeropuerto, asados familiares y En realidad se habían cometido errores. Los abuelos se congraciaron, los padres se colocaron tolerantes y decidieron olvidar sus declaraciones de los setenta sobre la justicia y la falta de respeto hacia un país que muy de negros flojos con guaguas y perros sería, pero era la misma tierra que les daba de comer desde hacía varias generaciones.
Ahora la Reconciliación. Nunca más volver a protestar con ese lamento victimizado. Sólo mirar al futuro como decía el nuevo presidente de la República que había sido parte del Golpe y luego de la oposición a la Dictadura. Mirar al futuro, construir el presente. Olvidar el pasado, evadir el Ahora de un país envuelto en una nube de humo, sumido en una interioridad patética: La corte de los milagros que se iniciaba cada atardecer con las marigüanzas de hombres deformes, enanos, jorobados, payasos, madres indigentes, ciegos miserables, cuenteros, niños avejentados y otros seres fantasmagóricos.

Soy sordomudo necesito comer.
Cómpreme rosas que así ayuda a mi familia.
Tengo hambre una moneda por piedad.

Llagas expuestas al sol, perros vagando con ojos repletos de humanidad y la devastadora apología de los, antaño luchadores sociales: Múltiples oportunidades empresariales. Magníficas cifras macroeconómicas. Reconciliación y perdón.

La Juanita había dejado de llorar hacía rato, un espasmo la dejó inmóvil. No sé si un millón de santas razones la atacarían en ese momento, pero abrió los ojos repentina, se dio vuelta hacia la puerta y se cubrió mecánica con la colcha de flores coloridas.
La semisonrisa en su rostro desapareció de un viaje cuando nos vio.

Oriunda solamente de la casa de veraneo, ahora escribe mails a sus padres desde la Alemania que ya no es democrática y a la que no sabe si volvió o emigró.
Les habla acerca de mujeres que sufren moretones y abandonos porque no tiene más qué hablar con ellos, sino de su trabajo. Eso sí, nunca habla de emociones directamente, ya que cualquier dolor explícito les da la sensación aterradora de que un nuevo drama los acecha y el suyo ya debería estar pasado y pisado hace treinta años.

De hecho, pocas veces han recordado lo sucedido días después de que volaran a Mozambique y sólo por aquellas raras excepciones, es que ella ha reconstruido la historia de la Juanita que culmina con la imagen de su cuerpo masacrado por desobediencia civil en medio de la Plaza de Armas donde todo el pueblo pudo verla.

Ahí estábamos nosotras, con los ojos desorbitados del susto, como clavadas a la tierra mirando el espectáculo de la Juanita. Su gesto de furia nos aterró y logramos la movilidad. Salimos corriendo y ella persiguiéndonos. Se le había quedado la puerta abierta y nosotras, fisgonas, habíamos asistido a su erotismo como ella al nuestro.

Sólo unos meses después de eso, habían llegado a la casa de veraneo los soldados. La Juanita estaba sola. Nosotros ya habíamos volado. Y a ella, que no era comunista ni revoltosa. Que ni siquiera hablaba mucho. Que parecía un ratoncito asustado cuando su madre la entregó para que ayudara en la casa a cambio de comida. Que se había enfurecido conmigo desde que se había dado cuenta que yo crecía. Que era rabiosa como gata cuando la toreaban. Que se había convertido de la criada de unos colonos en la empleada de unos comunistas. A ella… le preguntaron dónde estaban las armas mientras la apuntaban con los fusiles y ella los miró con sus ojos fieros de animal acorralado, pero no supo qué contestar.

A la Juanita la ejecutaron. Ella no tuvo hijos (mujer de vientre seco) que ahora se acojan a la Ley de Reparación. Haber reconstruido su Historia, sólo me sirve a mí, para jamás olvidar a quien me amó.


( “Mujeres Tomando la Palabra ”Católicas por el Derecho a Decidir, Argentina, 2007)