LA LOCA
Victoria Aldunate
No me porto así porque esté loca, sino porque tengo que cuidarte
todo el tiempo. Por eso te sigo y por eso me quedo mirándote desde la
esquina mientras estás con tus amigas. A veces trato de esconderme para
no molestarte, pero ellas igual me ven y yo sé que se ríen de
mí y que a ti eso no te gusta
Pero tengo que hacerlo porque te
quiero, no porque esté loca, todos creen eso, pero no es así.
La señorita me dijo bien claro que estoy enferma, pero no de psiquiátrico.
Es que me duele la mente a mí, sobre todo cuando me recuerdo de cosas.
Y cuando les hacen algo malo a ustedes. Yo se lo expliqué a la señorita
y ella me entendió.
Que me tomara las pastillas no más y que si quiero, recuerdo, y si no
quiero, no. Que todo lo que haga ahora, dice ella, lo tengo que hacer porque
quiero y no porque alguien me obliga, que está bien que las quiera, pero
que está mal que le pegue a la gente que las trata mal. Y que no haga
locuras.
Pero a veces me da por hacer cosas raras como esa vez que me fui a la rueda y quería subirme entremedio de los carros ¿te acuerdas? y tú tuviste que pedirle disculpas al guardia porque se enojó y dijo que iba a llamar a los pacos y me iba a denunciar porque él no quería viejas suicidas ahí. Pero yo no quería matarme, todos creyeron eso, pero no, yo quería mirar las estrellas sola, sin nadie al lado. Porque si una se sube en los carritos pagando como todos, te ponen una señora al lado, o peor, a un tipo, que entre vuelta y vuelta te puede entrar a manosear y yo no quiero manoseo, no me gustan esas cosas a mí. No quiero que ningún hombre me ande manoseando, ni siquiera el Raúl. Ya no. Soy una mujer honrada yo.
¿Porque la gente siempre cree
que una es puta? Si ando sucia a veces es porque no tenemos baño y se
me olvida lavarme la cara, no es porque ande putiando por ahí. Porque
al contrario, la que anda putiando se emperifolla, se perfuma, se pinta y yo
no, ¿para qué? Yo ya tuve mi hombre y no quiero más hombre.
Yo las quiero a ustedes y nada más me importa. Por eso me vine del Puerto,
para estar con ustedes, no me importó nada que Raúl me pidiera
que me quedara con él, que en el Hospital me suplicara, ¡Quédate
Cindy, quédate, si yo voy a cambiar, si ya dejé a la rucia, si
te quiero a ti no más! No, le dije, no vuelvo con vos, pura vergüenza
me da volver con vos. ¡Con qué cara queris que mire a la señorita
después! (la otra señorita, la del Puerto, digo, no ésta.
Esta no conoce al Raúl ¡y mejor que no lo conozca porque quizás
qué diría!). ¡Si ella me había dado todos los certificados
para los comparendos! Si hasta me llevó en su propio auto (un auto rojo,
bien bonito) a constatar lesiones y a cada rato se volvía para atrás
y me miraba asustada. Después me contó que ella creía que
me iba a morir porque estaba pálida, y más pálida me veía
porque me corría la sangre, rojita, por la cara... pero yo ni me quejaba,
iba calladita, asustada porque le estaba ensuciando el auto a la señorita
y ella me decía, ¡No importa Cindy, sólo no te muevas que
te puede venir un ataque! Iba como histérica la señorita y yo
ya veía que chocábamos y nos moríamos las dos. Yo por culpa
del Raúl y ella por culpa mía... Pero no quería morirme
yo, porque estaban ustedes en el mundo, ¿me entendis? Yo me podría
haber muerto, pero no quise, estuve cerca, eso sí, porque fue la primera
vez que el Raúl me pegaba con objetos. Así le dicen cuando te
preguntan las señoritas: ¿Le pega con la mano o con objetos? y
esa vez me pegó con un objeto.
¡Qué vai a hacer con eso Raúl!, alcancé a gritarle
y él con la tranca de la puerta en la mano me miraba, rojo de rabia
Ahí se me nubló todo, y lo último que vi fue a la Carlita
y a la Jenny, abrazadas debajo de la mesa.
Yo en todo caso cuando desperté supe que no me iba a morir, porque si
el Raúl no me había matado a palos y la señorita no había
chocado, entonces era que yo ya no me moría más. Le dije eso a
la señorita y ella se río y a mí me gustó que se
riera. Las pasó conmigo ella, fue en persona a hospitalizarme y fue en
persona a buscarme cuando me dieron de alta.
¡Cindy, yo no tengo derecho a decirte esto, pero te lo voy a decir igual,
no vuelvas con él!, ¡No hagas caso cuando el juez te diga que concilies
y los mande a terapia familiar. Te va a matar! A lo mejor tú sientes
que él no lo haría, pero créeme, lo hacen!...
Así me hablaba la señorita mientras salíamos del hospital.
Ella pensaba que tenía la papa, que me estaba diciendo la gran cosa,
que yo no me daba cuenta de nada. Pero me daba. Si no soy tan loca tampoco.
El Raúl me estaba pegando con objetos ya, y yo estaré enferma,
pero no soy huevona, no iba a volver con él, mucho lo querré,
pero más las quiero a ustedes y no las iba a dejar solas. Cuando me dijeron
que se las habían llevado, me puse como loca, le rompí la tele
a la rucia y le tiré lejos las fonolas (porque era mentira que la había
dejado, lo encontré con ella), le pegué al Raúl también.
Tan loca estaba que me internaron en una cuestión parecida a la de ustedes,
pero diferente. A donde me llevaron a mí había puros mentalistas
(que te ven la mente) y me obligaron a tragarme un montón de pastillas
de todos colores, y la señorita ya no podía ayudarme porque ahora
yo ya no era mujer golpeada, porque no vivía con el Raúl y él
vivía con otra. Además decían que me había vuelto
loca por otras cosas, no por los golpes, y entonces no entraba en VIF y cuando
una entra en VIF, a una la ayudan, pero cuando no entra, no. Igual me consiguió
una plata para el pasaje cuando me dejaron salir. Y yo me vine altiro, ni pensé
en ir donde el Raúl. Yo las quería a ustedes no más. Pensaba
en cómo estarían sufriendo, sin mí, todas separadas, en
distintos Hogares, y le lloré a mi mamá para que las sacara de
ahí.
¡Por ellas lo voy a hacer!, me dijo. ¡No por vos! Porque yo quiero
a las cabras chicas y me dan pena
Ahora le dan pena las cabras chicas. Cuando yo era cabra chica, yo no le daba
pena. No le daba pena pegarme con la manguera (porque a mí desde chica
me han pegado con objetos), y no le daba pena cuando me gritaba ¡Cabra
culiá, pa' qué habris nacido! Ahí no le daba pena yo
pero sabis Estrellita, ese día no le respondí lo que hubiera podido
responderle. ¿Sabis por qué no le respondí?, porque es
una vieja cabrona y si le hubiera dado la indiá no las saca nunca de
ahí.
Sí, ya sé que tú la queris. Bueno, es una vieja cabrona
conmigo entonces. Conmigo no más. Porque soy medio loca.
No le respondí nada a la vieja cabrona porque nadie más podía
sacarlas, porque a ella no más le dieron la custodia y a mí en
cambio me la quitaron, porque a mí no me cuentan como responsable. O
sea, creen que soy irresponsable. Y yo soy responsable. Pero la gente no cree
Asíque la dejé que hablara no más. No importa lo que ella
crea, yo te cuido, yo sí te cuido, por eso no me gusta cuando vai' pa'
donde el Pepe y te quedai tanto rato adentro con él. No es que me moleste
el Pepe. El Pepe, yo sé que es bueno, pero el papá de él
es un viejo curado y te mira con malos ojos. Yo sé. Y tú, tan
pará en la hilacha con otra gente, que hasta me has defendido cuando
mi mamá me quiere pegar, a él no le decis ninguna cosa
Y
es para no perder al Pepe ¿cierto? Sí yo sé. No, no te
enojes conmigo. Sé que siempre me decis que hay muchos hombres en el
mundo, pero yo no te creo, porque yo también tuve quince años
y quise al Raúl y le aguanté todo con tal de que se quedara. Habían
muchos hombres el mundo, pero yo lo veía a él no más. No
quiero que te pase lo mismo que a mí. Por eso le pegué al viejo
curado. Tú te enojaste, hasta me insultaste, pero no importa Estrellita,
él no tiene ningún derecho a decir que tú estai rica. No
tiene ningún derecho porque tú eres una niñita no más.
Mi niñita. Y él es un viejo curado, y no voy a dejar que sintai
a un viejo hediondo sobajeándote...
Pensé en el lacho de mi mami tirándoseme encima y en el viejo
Rodolfo, ese mismo que tú me dijiste que le estaba pagando a las cabritas
chicas del barrio pa que se lo chupen. Ese mismo me violó a mí.
Y entonces me le tiré encima al papá del Pepe mientras él
trataba de convencerme que no había hablado de ti.
¡Si no lo dije por la Estrellita, usted no escuchó bien!, me lloraba
el muy maricón. Que yo como estaba enferma no entendía bien las
cosas.
Yo lo había escuchado clarito recién diciendo que a la minita
del Pepe me la voy a pasar por armas porque está terrible de rica y pa
eso el Pepe es mi hijo.
Recién lo había dicho el viejo borracho y cuando me negó,
más rabia me dio. Agarré una silla y se la quebré en la
cabeza porque a ti ningún viejo cabrón te va a hacer ninguna cosa
mientras yo esté viva.
Porque yo seré loca, pero no huevona y lo escuché clarito y hasta
el Pepe mismo cuando cachó que estaban llamando a los pacos, me dijo:
¡Señora Cindy arranque mejor, que vienen los pacos!
Por eso yo quiero al Pepe, pero no quiero que te quedis en la pieza con él
tanto rato. Por eso te voy a buscar y te grito de afuera, aunque a ti te de
vergüenza, por eso me quedo despierta todas las noches pa vigilar tu sueño,
pero sobre todo pa vigilar al Jonh y al Marcos que el otro día se pasearon
desnudos delante de ti en la pieza.
¡Si no te gusta te vai no más, agarrai a tus cabras y te vai!,
me dijo mi mami, ¡que ustedes cuatro están demás en esta
pieza, sin ustedes seríamos diez y sería más fácil
armar los colchones en la noche!
Pero a dónde me voy a ir, si no tengo a donde, ¡No ve que la señorita
me está consiguiendo un terreno para poner una mediaguas!, le dije.
¡La señorita, la señorita! ¡La señorita esto,
la señorita lo otro!, me remedaba.
Y yo lo único que quiero es que mis hermanos las respeten a ustedes,
nada más porque ustedes son niñitas no más.
¡Niñitas, van a ser!, mi mamá se río de mí,
¡Niñita la Estrella! ¡Seguro! ¡Ya está buena
pa casarse y ya le anda moviendo el culo a los hombres! ¡Loca de mierda,
no entendis nada tú! ¡Si tener mujeres es para puros problemas!...
¡Que yo no entiendo! No es cierto, yo entiendo, yo entiendo las miradas
que te pegan mis hermanos por eso me quedo despierta en la noche, yo entiendo
que tú no tenis la culpa y que tú no le movis el culo a ningún
hombre (bueno, al Pepe no más, pero el Pepe es bueno), yo entiendo que
tú estai enamorá y por eso te arreglai pa él, yo entiendo
que eso no tiene nada que ver con las miradas que te dan el John y el Marcos
y el viejo borracho, yo entiendo que tu no tenis ninguna culpa.
¡Y a mí me gusta tener niñitas porque una puede hacerle
trenzas y coserle vestidos y porque son cariñosas como tú! ¡Tú
no tenis culpa de nada Estrellita, no creas eso! Yo vi tu carita triste cuando
mi mami lo gritó, pero yo no creo lo mismo
Lo que sí creo Estrellita, es que tú eres muy re pilla. Demasiado.
Y sé que me escondis el sostén para que me demore en buscarlo
y así poder irte adelante y encontrarte con el Pepe, los dos solos. Sí,
me doy cuenta, si yo soy loca, pero no
Sí, sí, sí,
ya sé que te lo he repetido varias veces, pero es que entiéndeme
tú a mí Estrellita, necesito que comprendas por qué te
cuido tanto. Es porque te quiero.
Sí, Estrellita, yo sé que tú también me queris,
si lo veo en tus ojos y me gusta cuando lo veo, porque veo que tú sí
creis en mí aunque nadie crea, creo que tú sí entendis
que yo no estoy tan loca, y siento que a veces tengai que recordarme donde guardé
los calzones y qué hice con la mamadera de la Jenny, pero así
son las cosas, yo me olvido de todo y tú eres la más grande y
tenis que ayudarme. De lo que no me olvido Estrellita es de que soy tu mamá,
de eso no me olvido nunca y por eso te cuido
¡Y estai tan linda
y grande! ¿Pa qué crecis tanto? ¡Ahora ni te alcanzo, caminas
más rápido que yo! ¡Ya, dame un abrazo y no peleemos más!
¡Acompáñame donde la señorita que quiero preguntarle
por la mediaguas!
( La Loca , III Concurso Latinoamericano Mujer: Imágenes y Testimonios-Edición Perú y del Movimiento Manuela Ramos, 2005)