del libro PROFETA DE BARES
publicado por ediciones Mosquito
Trapecio De Lo Infinito
Por sombrero tengo el trapecio de lo infinito
la dulzura oxidada de saberme viva,
en la antesala de la muerte.
Bendecida desde el nacimiento,
confieso que mi templo es este bar.
Por amigos tengo el azar de del momento
y una hoja donde trazo líneas sin sentido.
No procuro amigos, amantes ni eternidad
así vivo y soy feliz con mi estrella humedecida
en esta jarra de vino.
Pronto cerraré la puerta que abrí al nacer,
mientras la cierro existo entre victorias y derrotas
impuestas por el destino, por el tiempo insensible
que vuela sin confesar el misterio que nos sostiene.
Es aquí cuando entiendo que infierno y cielo
no están después de morir
existen como yo, a diario, en cada noche
por eso ya no sufro y tan sólo bebo.
No quiero sentirme culpable
de cómo vivo, siento y pienso,
sencillamente olvido la recompensa de ser triste
y reemplazo mi salvación por esta jarra de vino.
Vivo en este bar necesario para la locura
para la sabiduría que no conozco ni poseo,
pero soy feliz entre sus paredes
entre la distancia valedera, misteriosa que hay
entre esta copa de vino y mis labios.
Prohibida Estoy
Prohibida estoy de librar los tentáculos de mi
mente,
las alas de mi lengua arquitectónica,
abrir el paracaídas de mis ojos
y lanzar mis deseos nocturnos a medio día.
Las miradas cercenan el sentido de este grito,
me sancionan si toco el mentón de la muerte,
si atento contra la moral y buenas costumbres
de esta sociedad disfrazada de charol.
Prohibida estoy de amanecer
bajo rocas ensombrecidas de cielo,
pedirte el regreso de mi voz uterina,
la autopsia de mi piel disecada por tu adiós.
Olvido tus manos en mi puerta -te olvido-
reciclo tragedia, rituales y tiempo
en el café bar de mis sábanas
y camino sobre el amanecer que quiere
sobre la noche que quiere
despertar el pulso de mi sangre.
El insomnio me libera y existo en soledad.
En soledad existo sin prohibirme
y no quiero vivir, amar, existir
como ellos quieren que viva, ame y exista.
Aún así,
sé que moriré como todos mueren.
Fotografia Visceral
Tengo voz con gusto a sitio común
manos de pueblo con aroma a tilo
un brasero donde quemo ausencias
o algún trozo de cielo cansado.
Tengo sabor a vino
-lo siento por mis pretendientes-
pero huelo a vino, café, cigarro.
Además, soy de piel celulítica,
de cadera ancha y tetas caídas.
Tengo la costumbre
de caminar hacia el día
con pasos de toronjil,
y llevar en el ombligo
el remitente de quien soy:
una mujer común con sabor a mate
alguien que sin usar ni vender
máscaras rosadas,
es femenina y misteriosa
como la poesía.
En El Altar
Querido,
temblabas pálido,
enmudecías pálido,
te sonrojabas pálido
hasta desaparecer.
Fue tan sólo un segundo sin reloj
para tantas horas días pensados
calculados hasta el último paso.
Ese día me vestí maquillé peiné
sólo para ti,
sequé mis lágrimas,
tiré la nostalgia por la taza del baño
tomé aliento y caminé al destino
del "acepto"
y "los declaro marido y mujer".
Querido,
enmudeciste cuando en un beso
te dije sonriendo "púdrete Maricón"
y salí altiva, orgullosa, feliz
mientras te quedabas boquiabierto
esperando a tu novia
que venía del brazo de tu suegro.
Tendria Que ...
Tendría que haber estado más tiempo
chupando la bilis de tu boca,
no haber precipitado ese "me separo de ti"
y haber continuado mirando en tus cejas
la destrucción de mi vida.
Apenas logré quererte, pero te necesitaba.
No sé para qué, pero te necesitaba
como te necesito ahora que soy feliz
y extraño esa manera sarcástica
de arrancarme los sueños
para burlarte de mis triunfos y fracasos.
Tendría que haberte soportado más tiempo,
esperar que me destruyeras completamente
hasta alcoholizarme para no cobrar conciencia
de que existe otro mundo
donde se puede vivir en paz y sin ti.
Donde no tuviera tu reproche ni sarcasmo
metidos en el cuerpo.
Y ahora que estoy bien disfruto tanto
la felicidad de haberte perdido
aunque a veces extraño la penitencia
de sentirme destruida por tu boca.
Eternidad De Una Noche
Repito a diario el suicidio dejado en la mesa
el insomnio efervescente, la embriaguez necesaria
para no enloquecer en la madriguera de mis pupilas.
En esta noche él construye mi lamento,
su abandono y ausencia reparte angustias
a todo habitante de mi ser.
En esta noche él acaricia y se entrega
a cristales ajenos a mi piel.
Duermen y mientras duermen,
aúllo sobre las paredes
que sostienen mi rostro enlagrimado,
el insomnio rompe las vísceras del sentir,
descuartiza el poco sentido que tengo
en esta hora sin remitente.
Trasnochada con mi espalda de bronce
recojo las quemadas cruces,
el caudal de mis ojeras,
las súplicas elevadas al cielo.
Y fumo y mientras fumo
veo como la angustia se baña en el café
y lloro,
al saber que en esta noche es otra quien
se evapora junto al hombre que amo.
El Que No Tuvo Infancia
En una noche de abril cuando las hojas
caminaban tras el aroma de las golondrinas
un trozo de nostalgia maduró en mis pupilas.
Era la uva de mis antiguos sueños,
eran los juegos que tuve con mi hermano,
vi la inocencia que el tiempo ha venido matando
y contemplo la gestación de mis fantasmas.
Pienso que al menos tuve un hermano
pero ese niño no tuvo con quien jugar,
no ensució con lodo sus ropas,
no robó frutas, ni tiró piedras al agua,
se perdió la emoción del primer beso
y aún así no fue
la Primera Persona de la Trinidad.
Desde entonces su mirada le duele
y comprendo que el dolor de sus ojos
no es por el pecado del hombre
es por el duelo de la infancia.
Ese huérfano me entristece.
Hubo de llamar Padre a un Carpintero,
llamar Madre a una mujer clonada
por el espíritu santo
Espíritu personificado en una paloma
que tan sólo quería volar.
Me confiesa que le cansa ser modelo
se fatiga de tanto exhibirse en la cruz
para cumplir la palabra de su padre
quien nunca le preguntó
cual era su verdadera voluntad.
Le cuento lo divertido que fue
jugar a las visitas o al doctor,
entristece y me dice que a esa edad
él estaba en el templo
enseñando a los fariseos.
Está agotado, apoya su cabeza en mi falda,
le hago dormir como hice con mi hermano,
le recito poemas de héroes
que no llevan una corona de espinas.
Me dormí junto al pequeño
al despertar ya no estaba,
en su reemplazo me dejó en la pared
a un hombre crucificado.
Desde entonces cuando veo un Cristo
lloro por el niño suicida.
A veces llega sin aviso y me despierta,
juega con mis peluches y salta en la cama,
también hablamos de la existencia.
Cuando lo hacemos
Él me habla desde su calvario
Yo desde el silencio anónimo del poeta.
Somos buenos amigos y jugamos
a que Él atrapa almas para su padre
mientras Yo
invento abecedarios para la poesía.
Del libro Versóvulos
Registro Prop. Intelectual Inscripción Nº 104.396
Impreso en Chile - Junio, 1998
Ediciones Safo
Salomé
Llevo en la sangre la venganza de Salomé
el deseo inclaudicable de intercambiar
el huésped lujurioso de tu cuerpo
con las cenizas sacrílegas de mi piel.
Todo arde en el éter de estas paredes
en las sandalias de este momento, y es que
estamos tú y yo unidos en esta hora incierta
que me recuerda y eterniza
como la necesidad impostergable
de toda carne.
Aún con los ocasos quebrados y arañados
por la bebida de tu vientre,
te cedo el privilegio de saciar el hambre de tus placeres
sobre el envoltorio de mi esqueleto lleno de laberintos.
Como tú otros han traído fiebres acumuladas,
demonios escondidos,
como tú otros han querido la mordida de mi beso
el castigo, un perdón para entrar en la morada
de mi insaciable lujuria.
Te vistes de ofrendas olvidando las deudas
que tienes con dios,
y me ofreces la humedad de tu piel,
y yo compasiva, lucho contra tu cuerpo
sin ser tu enemiga.
Vienes a mi como yo voy a los sueños
a ese soñar de la desteñida infancia
por un momento con el escapulario escondido
anhelo ser una mujer pura y casta
pero la imagen del cerebro me abraza
y me lleva al gólgota de mi cautiverio.
Soy la venganza de Salomé
los pecados de Magdala,
soy mujer, una Venus múltiple, una virgen, una Eva
mil mujeres soy, mil hembras, mil demonios,
mil seres encadenados a un solo cuerpo.
Cansancio Mujeril
Habitan en la religión de mi piel ateísmos
angustiados
de tanto ceremonial impuesto, necesario, superfluo,
mientras la ciudad ofrece ofertas y me tienta con su
consumismo innecesario.
Camino amortajada, oscura, asfixiada, buscando
identidad en este nido lleno de perfumes, panties,
sin saber que toalla higiénica es más absorbente.
La tiranía del espejo acusa mi gordura
el vello de piernas, axilas, cejas, bigote,
como esclava venero esa cera caliente
que se extiende sobre mi piel y masoquista
amo ese tirón que exilia los pelos traídos
desde el nacimiento.
Lamida por lenguas emancipadoras
contemplo en los vidrios el útero de la noche,
me bautizo en la religión de ser algún día
una excomulgada de la depilación,
del maquillaje y de la maternidad.
A pesar de tanto dolor y sometimiento social
amo los dolores que día a día amanecen en mi piel
los cultivo en el almanaque de mis arrugas
y los leo cuando de mis continentes emergen
sentimientos puros y odios inconfesables.
En medio de la ciudad enfundo la espada y camino
buscando la otra mitad que me silenciaron
y en ese silencio aún no comprendo
porqué Neruda se casa de ser hombre.
Psicosis
Quisiera arañarlo hasta verlo sangrar
pasearme por sus poros ensangrentados
bebiendo la rojez de sus venas abiertas,
cicatrizando con mis labios la herida
que provocaron mis manos.
Quisiera atarlo, subyugarlo a mis instintos
aleonar la quietud de su gozo
en la lujuria psicótica de los placeres
imaginados por mi memoria.
Le arrancaría con los dientes cada misterio
apuñalaría las raíces de su pasión,
hasta hacerlo gritar, clamar piedad
y un resto de perdón.
Quisiera verlo crucificado en el gólgota
de esta lujuria excomulgada y sin vida eterna
succionar cada trozo de su cuerpo
hasta que anhele la muerte de su violado cuerpo.
Estoy atando sus manos a la marquesa
no sabe que el nudo es ciego y será sometido
a un psicótico deseo.
Fantasía
Desnuda, débil, ansiosa
arrimo el cuerpo al bosquejo
de tu imagen.
Con la fantasía diluida en la piel
contemplas silencioso la cercanía
el calor sudado que expelen mis poros.
Lento, abro mi boca, un volcán consume
seca esta ansiedad y suplico más.
Más de esta angustia derrochadora,
más de este puñado apocalíptico
más de este misterio.
Una fugaz eternidad humedece
el racimo de mis entrepiernas
y condensada busco en la aurora
un apellido para este sueño.
Sutil, desnuda, débil, semi plena,
semi complacida, masturbada contemplo
mis dilatadas pupilas frente al espejo
que silencioso no dice nada.
POEMAS DEL LIBRO: CARA Y SELLO DEL ESPEJO
Esta plenitud, este vacío que nos llena el estómago
y despierta,
con un dios diferente en los labios, que mirándolo bien
se parece a la rutina de buscar el trasnochado pan de cada día.
Aún así somos felices cuando hacemos el amor
sobre una página en blanco.
Esta feliz maldición ¿Tiene sentido?.
Buscar, apoderarse de lugares que no son nuestros.
Escarbar en el pensamiento, en la noche testigo de nada.
Llevar en la boca esta salvación que nos condena a ser
libremente solos.
Solos como la soledad en una copa de vino fumada,
como Júpiter sentado en la mesa del universo
lleno de vida y solitario como un dios dañado por la ciencia.
Solos caminando, oliendo a sepultura,
a vida al son de un violín esculpido en silencio
y sobre ese silencio,
nuestro silencio esculpido en soledad.
Solos en este masturbatorio,
escribiendo por instinto,
viviendo en minúscula y con faltas de ortografía.
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Vestida con una de mis blusas camina una mujer perdida entre el asfalto y esta pequeña gota de rocío que no baja del cielo.
Su rostro ya quisiera ser el mío pero se le olvida la risa, los trapecios donde juego por horas hasta alcanzar un pequeño equilibrio que pronto se rompe por alguna locura perfecta.
La blusa cae bien sobre sus senos, se ajusta en la cintura
y ella envejecida piensa lo que siento cuando me mira desde el otro lado del
espejo.
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Mirarse al espejo
sostener arrugas, canas, flacidez
el tiempo cayendo a goterones
sobre el minutero de la carne
ver la piel quebrándose
con exactitud irreversible
jugando a vivir
como si nada pasara
en el espejo del baño.
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Vida,
suelta tu belleza
abre las manos
muestra el lenguaje
de tus alas abiertas
el cáliz de tu sonrisa
derramado en el trigal
de una quimera
y luego
déjate caer
antes que el dolor
vuelva.
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Sólo pasear, mirar, perderse
sentarse en el pasto sin conciencia
olvidar la soberanía del tiempo
no sentir libertad,
esclavitud
ni sosiego
sólo hacer nada
y hacerlo
hasta que tenga sentido.
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Hay días con sabor a néctar
delgados, sonrientes, delicados
suaves, eternos
como dos silencios
en una sola mirada.
Y existen otros días
que nacen amordazados
sin sentido
tristes como soledad alcohólica
mirando el vacío
de una copa llena.
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