El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI.
Queda cada vez más claro que la era de las revoluciones no ha
terminado.
Se ve igualmente claro que el movimiento revolucionario global del
siglo veintiuno será uno que tenga sus orígenes no tanto en la
tradición del
marxismo, o incluso de un socialismo restringido, sino del anarquismo.
En todas partes, desde la Europa del Este hasta Argentina, desde
Seattle hasta Bombay, las ideas y principios anarquistas están generando
nuevas
visiones y sueños radicales. A menudo sus exponentes no se llaman a sí
mismos anarquistas. Hay toda una pléyade de otros nombres: autonomismo,
anti-autoritarismo, horizontalidad, Zapatismo, democracia directa...
Aún así, en todos los lugares uno encuentra los mismos principios
fundamentales: descentralización, asociación voluntaria, ayuda
mutua,
redes sociales, y sobre todo, el rechazo a cualquier idea de que el fin
justifica los medios, y mucho menos que el objetivo de la revolución
sea el de tomar el poder estatal para imponer una visión propia a punta
de
pistola. Sobre todo, el anarquismo, como la ética de la práctica
-la
idea de construir una nueva sociedad \"en un cascarón dentro de
la antigua
sociedad\"- se ha convertido en la inspiración básica del
\"movimiento
de movimientos\" (del cual los autores son parte), que tiene como objetivo
desde el principio, más que apoderarse del poder estatal, exponer,
deslegitimizar y desmantelar los mecanismos del poder mientras se ganan
espacios cada vez más amplios de autonomía y de gestión
participativa
dentro de él.
Hay algunas razones obvias que explican el atractivo de las ideas
anarquistas al comienzo del siglo 21: las más obvias, los errores y
catástrofes que resultaron de tantos esfuerzos por superar el
capitalismo mediante la toma de control del aparato de gobierno en el siglo
XX. Un
número cada vez mayor de revolucionarios reconocen que \"la
revolución\" no va a venir en un gran momento apocalíptico,
de algún equivalente
global del palacio de invierno, sino de un largo proceso que ha ido sucediendo
en la mayor parte de la historia humana (incluso si, como la mayoría
de
las cosas, se ha acelerado últimamente), lleno de estrategias de vuelo
y
evasión tanto como de confrontaciones dramáticas, y que nunca
de hecho
-así lo piensan la mayoría de los anarquistas- llegará
a una conclusión
definitiva. [1]
Es un poco desconcertante, pero ofrece un consuelo enorme: no tenemos
que esperar hasta \"después de la revolución\" para
empezar a tener una
idea de lo que sería la libertad genuina. Como el colectivo Crimethink,
los
mayores propagandistas del anarquismo contemporáneo estadounidense,
dice: \"la libertad sólo existe en el momento de la revolución.
Y esos
momentos no son tan excepcionales como piensas\". Para un anarquista, de
hecho,
el intentar crear experiencias de no alienación, de democracia verdadera,
es un imperativo ético; sólo haciendo la organización a
la manera de un@
en el presente --al menos para dar una aproximación gruesa de cómo
una
sociedad libre funcionaría en realidad, de cómo tod@s algún
día,
deberíamos de ser capaces de vivir- puede uno garantizar que no
caeremos de nuevo en el desastre. Los revolucionarios sin alegría, sombríos,
que
sacrifican todo placer por la causa, únicamente pueden producir
sociedades tristes, sombrías.
Estos cambios han sido difíciles de documentar porque hasta ahora las
ideas anarquistas apenas han recibido atención académica. Hay
todavía
miles de académicos marxistas, pero casi ningún académico
anarquista.
Esta diferencia es algo difícil de analizar. En parte, sin duda, es porque
el marxismo ha tenido siempre una cierta afinidad con el mundo académico
de la que el anarquismo obviamente carecía: el marxismo fue, después
de
todo, el único gran movimiento social inventado por un doctor. La mayoría
de
las referencias de la historia del anarquismo asumen que es básicamente
parecido al marxismo: el anarquismo se presenta como la invención de
ciertos pensadores del siglo 19 (Proudhon, Bakunin, Kropotkin...) que
sirvió entonces para inspirar a organizaciones de clase obrera, se vio
envuelta en luchas políticas, se dividió en corrientes...
El anarquismo, en la historia convencional, se presenta normalmente
como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco cojo pero
compensando ideológicamente, quizás, con pasión y sinceridad.
Realmente la analogía
es algo forzada. Los fundadores del anarquismo no pensaron que habían
inventado algo nuevo. Consideraban sus principios básicos -ayuda mutua,
asociación voluntaria, toma de decisiones igualitaria- tan viejos como
la humanidad. Lo mismo sucede con el rechazo del estado y toda forma de
violencia estructural, desigualdad, o dominación (anarquismo significa
literalmente \"sin dirigentes\") -incluso con la hipótesis
de que todas
estas ideas están de alguna forma relacionadas y se apoyan unas a
otras.
Nada de esto se vio como una doctrina sorprendentemente nueva, sino
como una tendencia persistente en la historia del pensamiento humano, y una
que no puede comprenderse bajo ninguna teoría ideológica general.
En parte es como una fe: la creencia de que la mayoría de las formas
de
irresponsabilidad que parecen hacer necesario el poder son de hecho los
efectos del poder mismo. En la práctica sin embargo hay un
cuestionamiento constante, un esfuerzo por identificar cada relación
obligatoria o
jerárquica en la vida humana, y desafiarlas para que se justifiquen
ellas mismas, y si no pueden -lo que normalmente es el caso- un esfuerzo por
limitar su poder y así aumentar el alcance de la libertad humana. Tal
como un sufí podría decir que el sufismo es el corazón
de verdad tras todas
las religiones, un anarquista podría argumentar que el anarquismo es
el
ansia de libertad tras toda ideología política.
Es fácil encontrar fundadores de escuelas de marxismo. Tal como el
marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos leninistas, maoístas,
althusserianos.... (notar que la lista empieza con cabezas de estado y
se diversifica en profesores franceses -que, a su vez, pueden generar sus
propias corrientes: lacanianos, foucaultdianos....)
Las escuelas de anarquismo, por el contrario, emergen casi
invariablemente de alguna clase de principio organizacional o forma de práctica:
anarco-sindicalistas y anarco-comunistas, insurreccionistas y
plataformistas, cooperativistas, individualistas, etc.
Los anarquistas se distinguen por lo que hacen, y cómo se organizan
ellos mismos para hacerlo. Y de hecho esto ha sido siempre en lo que los
anarquistas han pasado la mayoría de su tiempo pensando y discutiendo.
No han estado nunca demasiado interesados en las clases de cuestiones
generales filosóficas o de estrategia que preocupaban a los marxistas
como ¿son los campesinos una clase potencialmente revolucionaria? (los
anarquistas consideran que esto es algo que han de decidir los propios
campesinos) o, ¿cuál es la naturaleza del bien material? Más
bien, (los
anarquistas) tienden a discutir sobre cuál es la forma realmente
democrática de organizar una asamblea, y en qué punto la organización
deja de ser un instrumento de toda la gente y comienza a erosionar la
libertad individual. ¿Es el \"liderazgo\" algo necesariamente
malo?
Alternativamente, se preguntan sobre la ética de oponerse al poder:
¿qué es una acción directa? ¿debería alguien
condenar a otro por asesinar a
un cabeza de estado? ¿cuándo es correcto tirar un ladrillo?
El marxismo, de esta manera, ha tendido a ser un discurso analítico o
teórico de la estrategia revolucionaria. El anarquismo ha tendido a ser
un discurso ético de la práctica revolucionaria. Como resultado,
donde el
marxismo ha producido teorías brillantes sobre la praxis, han sido
mayoritariamente los anarquistas los que han estado trabajando en la
praxis en sí misma.
En este momento, hay una cierta ruptura entre las generaciones del
anarquismo: entre aquellos cuya formación política tuvo lugar
en los 60
y 70 -y que a menudo no se han sacudido los hábitos sectarios del siglo
pasado- o que simplemente funcionan en esos términos, y los activistas
más jóvenes mucho más informados, entre otras por ideas
indígenas,
feministas, ecologistas y cultural-revisionistas. Los primeros se organizan
principalmente a través de las Federaciones Anarquistas altamente
visibles como la IWA, NEFAC o IWW. Los segundos trabajan predominantemente en
las redes del movimiento social global, redes como la de la Acción Global
de los Pueblos, que unifica colectivos anarquistas en Europa y otros
lugares, integrado por grupos que van desde activistas maoríes de Nueva
Zelanda,
pescadores de Indonesia, o el sindicato de trabajadores de correos de
Canadá [2]. Este segundo grupo -a los que podríamos referirnos
ambiguamente como \"anarquistas con a minúscula\", son ahora
ya con
mucho la mayoría. Pero a veces esto es difícil de decir, ya que
muchos de
ellos no vocean sus afinidades muy alto. De hecho, hay muchos que se toman
los principios anarquistas de anti-sectarismo y apertura tan en serio que
se niegan a referirse a ellos mismos como \"anarquistas\" por ese
mismo
motivo [3]
Pero las tres ideas fundamentales presentes en todas las
manifestaciones de ideología anarquista son definitivamente la del anti-estado,
el
anti-capitalismo y la política prefigurativa (es decir, modos de
organización que conscientemente se asemejan al mundo que queremos
crear.
O, como dijo un historiador anarquista de la guerra civil española \"el
esfuerzo de pensar no sólo en las ideas sino en los hechos del futuro
mismo\") [4]. Esto está presente en cualquier colectivo, desde los
\"jamming collectives\" hasta Indymedia, todos ellos pueden llamarse
anarquistas en este sentido más nuevo [5]. En algunos países,
hay sólo
un grado muy limitado de confluencia entre las dos generaciones
coexistentes, mayormente en la forma de seguimiento de lo que cada uno está
haciendo
-pero no mucho más.
Una razón para ello es que la nueva generación está mucho
más
interesada en desarrollar nuevas formas de funcionamiento que argumentar sobre
los
puntos más finos de la ideología. El más importante de
estos ha sido el
desarrollo de nuevas formas del proceso de toma de decisión, los
comienzos, al menos, de una cultura alternativa de democracia. Las
famosos \"reuniones populares\" de América del Norte, donde
miles de activistas
coordinan eventos a gran escala mediante consenso, sin una estructura
directiva formal, son los más espectaculares.
Realmente, incluso llamar a estas formas \"nuevas\" es un poco
engañoso.
Una de las principales inspiraciones de la nueva generación de
anarquistas son los municipios autónomos Zapatistas de Chiapas, basados
en las
comunidades de lengua Tzeltal y Tojolobal que han estado utilizando el
proceso de consenso durante miles de años -solo que ahora ha sido
adaptado por los revolucionarios para asegurar que las mujeres y la gente más
joven tienen voz. En América del Norte, \"el proceso de consenso\"
emergió
más que nada del movimiento feminista de los 70, como parte de una reacción
más amplia en contra del estilo macho de liderazgo típico de la
Nueva
Izquierda de los 60. La idea del consenso en sí misma fue tomada de los
cuáqueros, quienes también dicen haber sido inspirados por las
Seis
Naciones y otras prácticas de los norteamericanos nativos.
El consenso es a menudo malinterpretado. Se oyen muchas veces críticas
que afirman que (el consenso) causaría una conformidad sofocante, pero
casi
nunca son críticas formuladas por alguien que haya observado realmente
un proceso de consenso en acción, al menos uno guiado por moderadores
cualificados, con experiencia (algunos experimentos recientes en
Europa, donde hay poca tradición en estas cosas, han resultado un poco
\"crudos\"). De hecho, la hipótesis operante es que nadie puede
realmente convertir a otro completamente a su punto de vista, y probablemente
no
deba. En lugar de eso, el objetivo del proceso de consenso es permitir
a un grupo decidir un curso de acción común. En lugar de votar
propuestas
de arriba abajo, se trabajan las propuestas y se vuelven a revisar o
reinventar, hay un proceso de compromiso y de síntesis, hasta que se
llega a algo que todo el mundo puede aceptar. Cuando se llega a la etapa
final, cuando llegamos al momento de \"encontrar el consenso\", hay
dos
niveles de objeción posible: uno puede \"apartarse a un lado\",
que viene a
decir \"no me gusta esto y no voy a participar en ello aunque no voy a
impedir que nadie lo haga\" o \"bloquearlo\", lo que tiene el
efecto de un
veto.
Uno sólo puede bloquear una propuesta si siente que viola los
principios fundamentales o las razones de ser del grupo. Podría decirse
que la
función que en la constitución de los EE.UU. se relega al Tribunal
Supremo, la de rechazar decisiones legislativas que violan los
principios constitucionales, se relega aquí a cualquiera que tenga el
suficiente
coraje para realmente ponerse en contra de la voluntad del grupo
(aunque por supuesto hay también maneras de luchar contra bloqueos
injustificados).
Podríamos seguir hablando mucho más de los métodos elaborados
y
sorprendentemente sofisticados que se han desarrollado para asegurar
que esto funcione; de formas de consenso modificadas para grupos muy
grandes; de la manera en la que el consenso en sí refuerza el principio
de
descentralización al asegurar que uno no quiera presentar propuestas
ante grupos grandes a menos que sea necesario, de los medios para asegurar
la igualdad de género y resolver conflictos... La clave es que ésta
es una
forma de democracia directa distinta de la clase que normalmente
asociamos con el término -o, igualmente, con el sistema de voto por mayoría
normalmente utilizado por los anarquistas europeos o norteamericanos de
generaciones anteriores, o que es todavía empleado, digamos, en las
asambleas argentinas urbanas de clase media (aunque no, curiosamente,
entre los piqueteros más radicales, los parados organizados, que
tienden a operar por consenso). Con contactos cada vez más internacionales
entre
los distintos movimientos, la inclusión de grupos indígenas y
de África,
Asia y Oceanía de tradiciones radicalmente diferentes, estamos presenciando
los comienzos de una reconcepción global nueva de lo que la \"democracia\"
debería significar, una lo más lejos posible del parlamentarismo
neoliberal promovido actualmente por los poderes que existen en el
mundo.
De nuevo, es difícil seguir este nuevo espíritu de síntesis
leyendo la
mayoría de la literatura anarquista existente, porque aquellos que
gastan la mayor parte de sus energías en cuestiones teóricas,
más que en las
formas emergentes de práctica, son los que probablemente más mantienen
la vieja lógica dicotómica sectaria. El anarquismo moderno está
imbuido de
incontables contradicciones. Mientras los anarquistas con a minúscula
están incorporando lentamente las ideas y prácticas aprendidas
de los
aliados indígenas a sus modos de organización o comunidades
alternativas, el rastro principal en la literatura escrita ha sido el del nacimiento
de una secta de Primitivistas, un grupo notoriamente controvertido que
aboga por la abolición completa de la civilización industrial
y, en algunos
casos, incluso de la agricultura [6]. A pesar de esto, es sólo una
cuestión de tiempo que la vieja lógica comience a dejar paso a
algo más
parecido a la práctica de los grupos basados en el consenso.
¿En qué consistiría esta nueva síntesis? Algunas
de las líneas que la
vertebrarían pueden discernirse ya dentro del movimiento. Insistiría
constantemente en la expansión de la atención al anti-autoritarismo,
alejándose del reduccionismo de clase intentando abarcar \"la totalidad
de las áreas en las que la dominación se manifiesta\", esto
es, señalando
no sólo al estado sino también las relaciones de género;
no sólo las
relaciones económicas, sino también las culturales, la ecología,
la
sexualidad, y la libertad en cada una de las formas en las que puede
buscarse, y cada una no sólo a través del prisma de las relaciones
de
autoridad, sino también mediante conceptos más ricos y diversos.
Esta aproximación no aboga por una expansión sin fin de la
productividad, ni sostiene la idea de que las tecnologías son neutrales,
aunque
tampoco reniega de la tecnología per se. Al contrario, se familiariza
con ella
y la emplea cuando sea apropiado. No sólo reniega de las instituciones
per se, o de las formas políticas per se, sino que intenta concebir nuevas
instituciones y formas políticas para el activismo y una nueva
sociedad, incluyendo nuevas formas de reunirse, de tomar decisiones, nuevas
formas de coordinación, en las mismas líneas en las que ya funciona
con grupos
de afinidad y estructuras de diálogo. Y no sólo no reniega de
las reformas
en sí, sino que lucha por definir y conseguir reformas no reformistas,
prestando atención a las necesidades inmediatas de la gente y a mejorar
sus vidas aquí y ahora, al mismo tiempo que a avanzar hacia logros
mayores, y finalmente, la transformación total. [7]
Y por supuesto, la teoría tendrá que adaptarse a la práctica.
Para ser
totalmente efectivo, el anarquismo moderno tendrá que incluir al menos
tres niveles: activistas, organizaciones populares, e investigadores.
El problema ahora mismo es que los intelectuales anarquistas que quieren
superar viejos hábitos -de la borrachera marxista que todavía
acecha a
mucho del mundo intelectual- no están seguros de cuál debe de
ser su
papel. El anarquismo necesita ser reflexivo. ¿Pero cómo?. Hasta
cierto
punto la respuesta parece obvia. No se debería dar lecciones, ni sentar
cátedra, ni siquiera pensar en uno mismo en términos de profesor,
sino
que se debe escuchar, explorar y descubrir. Extraer y hacer explícita
la
lógica tácita subyacente a las nuevas formas de práctica
radical.
Ponerse al servicio de los activistas proveyendo información, y exponiendo
los
intereses de la elite dominante escondidos cuidadosamente tras los
discursos autoritarios, supuestamente objetivos, más que tratar de
imponer una nueva versión de lo mismo. Pero al mismo tiempo, muchos reconocen
que la lucha intelectual necesita reafirmar su papel. Muchos están
empezando a señalar que una de las debilidades básicas del movimiento
anarquista de
hoy, con respecto a los tiempos de, digamos, Kropotkin o Reclus, o
Herbert Read, es exactamente el descuido de lo simbólico, lo visionario,
y el
pasar por alto la efectividad de la teoría. ¿Cómo pasar
de la
etnografía a las visiones utópicas -idealmente, con tantas visiones
utópicas como
sea posible? No es coincidencia que algunos de los grandes reclutadores al
anarquismo en países como los EE.UU. hayan sido escritoras feministas
como Starhawk o Ursula K. Le Guin [8]
Una manera en la que esto está empezando a ocurrir es a medida que los
anarquistas empiezan a recuperar la experiencia de otros movimientos
sociales con un cuerpo más desarrollado de teoría, ideas que vienen
de
círculos cercanos a, y de hecho inspirados por, el anarquismo. Tomemos
por ejemplo la idea de la economía participativa, que representa una
visión
anarquista por excelencia y que suplementa y rectifica la economía
anarquista tradicional. Los teóricos de Parecon proponen la existencia
de no sólo dos, sino de tres clases sociales distintas del capitalismo
avanzado: no sólo el proletariado y la burguesía, sino una \"clase
coordinadora\", cuya labor es la de gestionar y controlar la producción
de la clase trabajadora. Esta es la clase que incluye la jerarquía
directiva y los consultores y consejeros profesionales básicos para su
sistema de
control -como abogados, ingenieros y contables importantes, etc.
Mantienen su posición de clase por su monopolio relativo del conocimiento,
cualificaciones, y conexiones. Como resultado, los economistas y otros
que trabajan en este ámbito han estado tratando de crear modelos de una
economía que eliminara de forma estructural las divisiones entre
trabajadores intelectuales y físicos. Ahora que el anarquismo se ha
vuelto claramente el centro de la creatividad revolucionaria, los proponentes
de tales modelos han estado cada vez más, si no intentando usar la bandera
anarquista exactamente, entonces por lo menos enfatizando el grado en
que sus ideas son compatibles con una visión anarquista [9]
Cosas similares están empezando a suceder con el desarrollo de las
visiones políticas anarquistas. Bien, ésta es un área donde
el
anarquismo clásico tenía ya ventaja sobre el marxismo, que nunca
desarrolló una
teoría de organización política. Escuelas distintas de
anarquistas han
abogado a menudo por organizaciones sociales muy específicas, aunque
a
menudo claramente en desacuerdo las unas con las otras. Aún así,
el
anarquismo en su conjunto ha tendido a promover lo que a los liberales
les gusta llamar \"libertades negativas\", \"libertades de\",
más que
libertades sustantivas, \"libertades para\". A menudo ha celebrado
este
compromiso como evidencia del pluralismo del anarquismo, de su
tolerancia ideológica, o su creatividad . Pero como resultado, ha habido
una
renuencia a ir más allá del desarrollo de formas de organización
a
pequeña escala, y una creencia en que estructuras más grandes,
más complicadas,
pueden improvisarse después en el mismo espíritu.
Ha habido excepciones. Pierre Joseph Proudhon intentó dar con una
visión total de cómo una sociedad libertaria debiera operar [10].
Se considera
generalmente como un intento fallido, pero señalaba el camino hacia
visiones más desarrolladas, como el \"municipalismo libertario\"
de los
Ecologistas Sociales de Norteamérica. Hay un desarrollo vivaz, por
ejemplo, de cómo equilibrar los principios del control de los
trabajadores -enfatizado por el grupo de Parecon- y la democracia directa,
enfatizado por los Ecologistas Sociales [11]
Sin embargo, hay muchos detalles por definir: ¿cuál es el conjunto
total de alternativas institucionales positivas del anarquista a las
legislaturas contemporáneas, a los tribunales, a la policía, y
a
diversas agencias ejecutivas? ¿Cómo ofrecer una visión
política que englobe la
legislación, su implementación, adjudicación y cumplimiento
y que
muestre cómo realizar efectivamente cada uno de estos apartados de forma
no
autoritaria -no sólo para proporcionar una esperanza a largo plazo,
sino para dar respuesta inmediata al sistema electoral, legislativo y
judicial actuales, y por tanto, a muchas opciones estratégicas--? Obviamente,
nunca podría haber una línea de partido anarquista sobre esto,
el sentimiento
general entre los anarquistas con letra minúscula es que por lo menos
necesitaríamos muchas visiones concretas. Sin embargo, entre los
experimentos sociales reales en las crecientes comunidades
autogestionadas en lugares como Chiapas y Argentina, y los esfuerzos por parte
de
activistas/ \"académicos\" anarquistas como la recientemente
formada
Red de Alternativas Planetarias o los foros como La Vida Después del
Capitalismo es Posible para empezar a localizar y compilar ejemplos
exitosos de formas económicas y políticas, se está empezando
a trabajar
[12]. Es claramente un proceso a largo plazo. Pero, bueno, el siglo
anarquista tan sólo acaba de comenzar.
David Graeber es profesor ayudante en la universidad de Yale (EE.UU.) y
activista político. Andrej Grubacic es historiador y sociólogo
de la
antigua Yugoslavia. Ambos están involucrados en la Red de Alternativas
Planetarias (Planetary Alternatives Network, PAN).
1. Esto no quiere decir que los anarquistas estén en contra de la
teoría.
Podría no ser necesario un Gran Ideario, en el sentido que nos es
familiar hoy. Ciertamente el anarquismo no utilizará una única
teoría, el Gran
Ideario Anarquista. Eso sería completamente contrario a su espíritu.
Mucho mejor, pensamos, algo más en el espíritu de los procesos
anarquistas de
toma de decisiones: aplicado a la teoría, esto significaría aceptar
la
necesidad de una diversidad de grandes perspectivas teóricas, unidas
solamente por ciertos compromisos y premisas compartidas. Más que
basarse en la necesidad de probar que las suposiciones fundamentales de los
demás están equivocadas, busca encontrar proyectos particulares
sobre los
cuales reforzarse unos a otros. Sólo porque las teorías son inconmensurables
en ciertos aspectos, no significa que no puedan existir o incluso
reforzarse las unas a las otras, de la misma manera que individuos que tienen
únicas e inconmensurables opiniones sobre el mundo no quiere decir que
no
puedan ser amigos, o amantes o trabajar en proyectos comunes. Más aún
que el
Gran Ideario, lo que el anarquismo necesita es lo que podría llamarse
un
glosario de ideas: una forma de resolver las cuestiones inmediatas que
surgen de un proyecto transformador. [regresar]
2. Para más información sobre la excitante historia de Acción
Global de
los Pueblos, sugerimos el libro \"We are Everywhere: The irresistible
Rise of Global Anti-capitalism\" (Estamos en todos los lugares: el
levantamiento irremediable del anti-capitalismo global), editado por
Notes from Nowhere, London: Verso 2003. Ver también la página
web PGA:
www.agp.org
3. Cf. David Graeber, \"New Anarchists\" (\"Los nuevos anarquistas\"),
New
left Review 13, Enero-Febrero 2002 [regresar]
4. Ver Diego Abad de Santillán, \"After the Revolution\", (Después
de
la
Revolución) New York: Greenberg Publishers 1937
5. Para más información sobre el proyecto de indymedia ir a la
página
web: www.indymedia.org
6. Cf. Jasón McQuinn, \"Why I am not a Primitivist\", (\"Por
que no soy
un primitivista\"), Anarchy: a journal of desire armed, printmps/été
2001.
Cf. La web anarquista www.arnarchymag.org. Cf. John Zerzan, Futuro
Primitivista & Otros Ensayos, Autonomedia, 1994.
7. Cf. Andrej Grubacic, \"Hacia otro anarquismo\", en: Sen, Jai, Anita
Anand, Arturo Escobar y Peter Waterman, El Foro Social Mundial: Contra
todos los Imperios, Nueva Delhi, Viveka 2004.
8. Cf. Starhawk, \"Redes de Poder: Notas de un Levantamiento Global\",
San Francisco 2002.Ver también www.starhawk.org
9. Albert, Michael: \"Economía Participativa\", Verso 2003.
Ver también
www.parecon.org.
10. Avineri, Shlomo. \"El pensamiento social y político de Karl
Marx\".
Londres. Cambridge University Press, 1968.
11. Ver \"The Murray Bookchin Reader\", editado por Janet Biehl,
Londres.
Cassell 1997. Ver también la página web del Instituto para la
Ecología
Social: www.social-ecology.org
12. Para más información sobre el foro La Vida Después
del Capitalismo
Es
Posible ir a www.zmag.org/lacsite.htm