Carta de una presa desde la cárcel Tenerife II
Derecho Penitenciario Miércoles,23 de mayo de 2007


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María Hurtado continúa en huelga de hambre en Tenerife II. Después de casi dos meses, ha logrado exponer sus quejas sobre la situación en el centro de El Rosario al juez de Vigilancia Penitenciaria. Ahora, su intención es recoger firmas para trasladar el malestar general de los internos a Instituciones Penitenciarias.

EL DIA (C. VEGA).- "Si la ley y la justicia existen, saldrán a la luz las pésimas circunstancias en las que vivimos los internos del Centro Penitenciario Tenerife II, ya que tanto hombres como mujeres nos encontramos en desamparo total, viendo cómo cada día se pisotean nuestros derechos como personas y soportando abusos de todo tipo".

Con estas palabras tan explícitas comienza su carta María Hurtado Rojas. Una epístola en la que deja constancia de su desesperación después de 58 días de huelga de hambre para reivindicar un trato mejor en la prisión de El Rosario, donde está ingresada desde hace siete meses tras ser apresada, junto con su hermano y otros dos imputados, con un alijo de 1.700 kilogramos de hachís en el Sur tinerfeño.

María Hurtado mide 1,75 y, en la actualidad, pesa 54,5 kilogramos. Ha perdido más de 15 kilogramos desde que decidiera iniciar una huelga de hambre el pasado 3 de marzo, como forma de denuncia de las "injusticias" que viven los internos en el centro penitenciario de Tenerife II. Esta granadina adoptó esa medida de presión drástica con el objetivo de ser atendida por el juez de Vigilancia Penitenciaria, hecho que sucedió la semana pasada. No obstante, pocas opciones le fueron ofrecidas por este juez, quien sólo fue capaz de indicarle que debe dirigir sus quejas a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, en Madrid.

Ahora, María Hurtado recoge firmas entre sus compañeros de "calamidades" para solicitar ante el Ministerio del Interior que se adopten medidas ante la situación de hacinamiento de Tenerife II y solicitar, incluso, la dimisión del actual equipo directivo, según declaró a este periódico.

En una larga carta, de cuatro folios a doble cara, la interna relata su situación y la de sus compañeras y aclara: "En ningún momento he utilizado la huelga de hambre para reivindicar mi libertad, nunca".

Entre las denuncias remitidas al juez de Vigilancia Penitenciaria, destacan la falta de médico pediatra para los seis niños que viven en el centro; la negativa a facilitar la medicación apropiada para enfermedades crónicas prescritas por médicos externos; el mal estado de la comida del comedor, "en la que se ha llegado a encontrar cucarachas, pelos, gusanos y hasta trozos de dientes", y que es causa de múltiples trastornos alimenticios en los internos; los altos precios del economato; el hacinamiento en las celdas, donde conviven dos personas en lugar de una; la existencia de un único cuarto de baño, con un solo retrete, para 125 internas; la falta de intimidad en las celdas "llenas de humedad", al no permitir colgar cortinas; que las reclusas no están separadas por edad, como indica el reglamento, e incluso conviven con personas infectadas con hepatitis o VIH, así como la escasez de cursos y que los pocos existentes están limitados a 15 personas, entre otras muchas reclamaciones de una larga lista, donde no faltan tampoco menciones al trato recibido por los funcionarios.

El objetivo, insiste Hurtado, es hacer valer los derechos de los internos en un "país democrático, donde existe una Constitución que nos ampara a todos", concluye.

TRASLADO

María del Cristo Guerra Báez tiene 39 años y permanece en Tenerife II desde el 31 de enero de 2001. Ella reconoce que no ha sido "una presa ejemplar", aunque, últimamente, ha mejorado "bastante". Es ahora, cuando "mejor lo llevaba", cuando se ha decidido su traslado para finales de este mes al centro penitenciario de Alcalá de Guadaira, en Sevilla, cuando, además, se dan las circunstancias de que Cristo Guerra vive en La Laguna, donde tiene dos hijos y su vínculo familiar. Esta interna expone en una carta, que acompaña a la de María Hurtado, que la decisión de su traslado responde a que medió en una pelea, por la que también estuvo en aislamiento durante 35 días.

El caso de Cristo Reyes es también otra de las "injusticias" que denuncia Hurtado con su huelga de hambre. Ella explica que esta interna tiene un hijo de cuatro años bajo la tutela de su familia, además de otro de 23 años, ingresado también en el centro penitenciario de Tenerife II, y que se siente culpable de su situación por haber sido ella la que intervino en la pelea con otras dos internas de la prisión de El Rosario.