en contra de la fijación de las identidades (sexuales)

cuando se opta por definir algo, por nombrarlo, por demarcarlo (ejercicio propio de toda "ciencia") lo que se hace es limitar ese algo, separarlo del resto indiferenciado.

podríamos argumentar que este es precisamente el logro del pensamiento humano, que gracias a esta separación o , llamémosla objetivación, el pensamiento avanza. formaría parte de la lógica del pensamiento formular identidades a partir del "uno"/"otro".

el problema es cuando aplicamos estas definiciones a temas como la identidad sexual, cuando decimos: "el deseo femenino es del roce, es del tacto". supongo que en oposición a que el deseo masculino sea ¿de la penetración?

quiero llamar la atención sobre la profunda carga sexista que hay detrás de esta esencialización del deseo femenino, o de su posible consecuencia: donde mejor se cumple el deseo femenino es en la relación lésbica. (no me interesa cuestionar la práctica lésbica ni ningún tipo de opción, sino más bien mostrar cómo se coharta la libre circulación del deseo mediante estas esencializaciones). me imagino que el argumento para plantear que el deseo femenino es el roce será que la biología femenina no tiene pene, por lo tanto no puede penetrar. si este fuera el argumento se estaría cayendo en la determinación biológica para orientar unidireccionalmente una posibilidad, en otras palabras se estaría retrocediendo en algo que parecía que se había avanzado: el propio concepto de género. la constitución de lo femenino/masculino en términos culturales.

existen teóricas que afirman que el concepto "mujer" es una atadura en tanto está referido a un "hombre", y por ello no tiene autonomía, y que es necesario hablar del "cuerpo de la lesbiana" como una especie de anti-yo. rescato de ellas la problematización que hacen del tema de la identidad pero no me parece oportuno volver a otra esencialización, aunque desde otra perspectiva, tal vez negativa.

si vamos a optar por desandar la senda de la identidad hagámoslo consistentemente. pongamos a circular el deseo sin negar a los individuos, sean estos "hombres", "mujeres", "lesbianas", "madres", "etc". hablemos entonces de encuentros entre sexualidades, hablemos de que el énfasis sea encuentros entre humanidades, mejor aún. encuentro entre seres en los que la sexualidad es sólo una dimensión y el deseo sexual es una dimensión sumamente acotada de toda una humanidad que la supera con creces.

detrás de todo el murmullo en el quehacer "de género" se oye a su padre freud con el pansexualismo, o en otras palabras, la orientación de la vida de lo/as individuo/as en función de la sexualidad. la bipolaridad que supone pensar que los dos principios que orientan la vida psíquica es el de la realidad y el del placer, y la reducción que supone plantear que tenemos sólo dos instintos eros y tanthos (amor y muerte) me parece limitadora. estamos aún sobre las bases del psicoánalisis y su mirada reductora. no hay escape posible, si alguien cree estar libre de este pansexualismo, sólo está sublimando sus instintos primarios.

no se puede negar la importancia de la sexualidad, de la líbido, como una fuerza que nos contacta con nuestro orígen animal. pero como animales humanos somos capaces de dotar de significado nuestro andar por el mundo, somos capaces de movernos por algo más que impulsos. y es desde esas construcciones que hacemos y desde esas vivencias complejas en las que estamos, que se habla de humanidad, de otros móviles mucho más sencillos si se quiere: deseo de pertenencia, cariño, afecto, necesidad de reconocimiento, miradas, alegría... es en esa búsqueda de una especie de justificación para nuestra existencia, que nos encontramos con otros/as sujetos humanos y ahí establecemos relaciones "heterosexuales", "homosexuales", "bisexuales", "de sumisión", "de poder", "de abandono", "de creación", "de solidaridad"... es en este marco que tiene mucha menos importancia, al parecer, nuestra "orientación sexual"...

ya al hablar de "orientación sexual" nos estamos cerrando muchas posibilidades, porque estamos planteando con ello una determinación: "estamos determinados, (¿desde dónde?: desde nuestro "desarrollo psicosexual") a entablar relaciones con tales o cuales individuos". es ese cartel de "identidad", apellidada "sexual", el que nos limita y pone trabas para entablar relaciones no enguetadas, no autocohartadas.

cuando "ser lesbiana" o "ser anarquista" se vuelve una cárcel desde la cual sesgo el mundo. se vuelve una guillotina de la realidad, se puede pensar, que hay un temor detrás, que hay un no querer abrir-se, hay un no atreverse a vivir lo que la vida nos ofrece.

no se postula, con este escrito, una aceptación irrestricta de todo lo que arroje la ola, pero sí una necesidad de apertura que trascienda los límites de las identidad fijadas en términos sancionados, en términos no móviles. porque el esfuerzo que implica mantenerse fija/o a esa identidad supone la pérdida de la dimensión abierta que tiene la vida.

no se postula tampoco, con este escrito, circular todas las identidades como si fuéramos actores, ni dejarnos llevar por todos los vientos que golpean nuestro cuerpo, sino que ahondar en una especie de "sensibilidad estimativa", en la que más que valores inculcados con sangre operen "vectores", es decir fuerzas con una dirección. o si se quiere, también, ciertos emocionares que no violenten, ni a una misma/a ni a los/as otros/as.