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1.- Al encontrarnos con la violencia en el mundo
nos damos cuenta de que "la verdadera vida está ausente"
y de que la voluntad de "cambiar el mundo y la vida" nos
compromete en el dinamismo de la noviolencia. La novilencia, liberándonos
de la fatalidad de la violencia que parecía pesar sobre el
ser humano y sobre la historia, alimenta entonces una nueva esperanza,
una nueva felicidad, una nueva cultura.
2.- La violencia no siempre se apoya en la maldad
o en la mala voluntad. Muchas veces desempeña en nuestra
sociedad funciones necesarias como defender la libertad o luchar
por la justicia. Por ello, no se trata tanto de condenar la violencia
como de buscar una alternativa a la violencia. La noviolencia no
podría, por tanto, definirse por el mero rechazo de los medios
violentos: implica la búsqueda y la puesta en práctica
de métodos y técnicas que lleven hacia una eficacia
real.
3.- El compromiso de la noviolencia nos obliga a
poner en evidencia los mecanismos que engendran la miseria, la opresión,
la rebelión y la violencia. No podemos condenar de la misma
manera "todas las violencias, sean las que sean y vengan de
donde vengan". No debemos considerar de igual manera la violencia
de los ricos y poderosos que intentan mantener su dominio y defender
el desorden establecido, que la violencia de la gente oprimida que
luchan por conseguir su dignidad y su libertad.
Si frente a la injusticia no hubiera más
alternativa que la resistencia violenta o la colaboración
resignada, entonces lo mejor sería escoger la violencia.
Los que han escogido este camino, corriendo ellos mismos grandes
peligros, merecen nuestro respeto y nuestra solidaridad.
4.- La lucha noviolenta implica una atención
especial a la dimensión política de los acontecimientos.
Exige:
- Una información permanente.
- Un análisis político y económico riguroso.
- Un proyecto político.
- La elaboración y puesta en práctica de una estrategia.
La noviolencia no debe limitarse sólo a la
protesta: debe también elaborar la gestión de la nueva
sociedad que se quiere edificar, realizando un programa constructivo.
5.- La acción noviolenta supone agotar los
medios de persuasión, pero no se limita a ellos. En un momento
dado no duda en recurrir a medios de presión y coacción
encaminados a hacer ceder al adversario y poner fin a la injusticia.
Es, pues, la puesta en práctica de una fuerza capaz de ofrecer
mayores oportunidades al amor y a la verdad. Para no contradecirse,
la acción noviolenta exige:
- Un acuerdo profundo entre los medios utilizados
y el fin perseguido.
- Una intención de conciliación y de justicia, no
de venganza y aplastamiento.
- El rechazo de cualquier acto o palabra que encerrara al adversario
en su propia violencia y le ofreciera un pretexto para poder justificarla.
6- El principio esencial de la estrategia de la
acción noviolenta es el principio de la no-cooperación
o de no-colaboración. Se basa en el siguiente análisis:
la fuerza de las injusticias en una sociedad viene del hecho de
que estas se benefician de la cooperación de la mayoría
de los miembros de dicha sociedad. Por medio de la organización
de los miembros acciones colectivas, esta estrategia apunta no hacia
la toma de poder para el pueblo sino hacia el ejercicio de poder
por el pueblo.
La noviolencia nos conduce por tanto a acciones
de ruptura con el desorden establecido, pudiendo llegar hasta la
desobediencia civil cuando las posibilidades establecidas por la
ley hayan sido ya agotadas.
7.- La noviolencia no toma como suyas, ni a nivel
de análisis ni a nivel de proyecto, las afirmaciones abusivamente
simplistas del pacifismo y del antimilitarismo tal y como se han
expresado tradicionalmente. Más que multiplicar las condenas,
ya que la experiencia no ha enseñado que esto resultaba inoperante,
la noviolencia intenta buscar los medios de una defensa civil novilenta
que puede permitir a la población organizar una verdadera
resistencia en caso de agrsión.
Con esta perspectiva la noviolencia nos lleva a
preconizar la objeción de conciencia frente a la guerra y
su preparación. Esto implica claramente el rechazo del servicio
militar y su sustitución por un servicio civil que sea la
ocasión de una búsqueda teórica y práctica
de los métodos de acción noviolenta capaces de promover
la justicia social y de garantizar la seguridad de las comunidades.
8.- La noviolencia nos lleva a compartir el análisis
y la búsqueda con quienes denuncian a la vez la incapacidad
del capitalismo para organizar la sociedad según las exigencias
de la justicia y la incapacidad del socialismo de Estado para organizarla
según las exigencias de la libertad. La noviolencia, por
el dinamismo propio de su espíritu y sus métodos,
nos lleva a promover un "socialismo de rostro humano"
basado en la responsabilidad y en la autogestión.
Esta perspectiva nos lleva a denunciar los aspectos
alineantes del ciclo "producción-consumo", característico
de las sociedades industriales avanzadas. Esto implica una reorientación
de las necesidades, inseparable de la búsqueda de una mejor
calidad de vida.
9.- La libertad, la igualdad y la fraternidad, para
ser vividas en sociedad, exigen al mismo tiempo una revolución
de las estructuras y una transformación de las mentalidades
y de los comportamientos personales, abiertos al redescubrimiento
de un sentido comunitario. Esta revolución y esta transformación,
debiendo conjugarse en un movimiento dialéctico, no nos permiten
esperar a ver realizada una para empezar la otra. Desarrollando
en el interior mismo de conflicto el dominio en sí, el respeto
al otro y el sentido de la responsabilidad, la acción noviolenta
permite poder comprender desde ahora.
10.- Debemos resistir la tentación de hablar
siempre de la revolución de los demás sin implicarnos
y comprometernos nosostras mismas. Cualquier problema debe abordarse
desde los aspectos en los que nuestras responsabilidades se encuentran
implicadas directamente. Es en este nivel de análisis en
el que nosotras podemos, y por consiguiente, debemos, actuar.
Quienes han escogido la noviolencia no deben aislarse
en su búsqueda de la justicia y de la paz. Deben comprometerse
en los diversos movimientos y en las distintas organizaciones que
trabajan ya en este sentido, acreditando ahí lo bien fundamentado
de los métodos de la acción novilenta. Sin embargo,
tienen también que runirse ente ellos para profundizar en
las exigencias y las posibilidades de la noviolencia y tomar, desde
ahora, la iniciativa de acciones novilentas en las que pueda participar
el mayor número de gente.
La reflexión sobre la noviolencia y la acción que
ésta preconiza deberían unir en una misma lucha y
en un mismo debate a todoas aquellas personas, que, desde distintos
horizontes filosóficos o religiosos, tienen igualmente hambre
y sed de una verdadera justicia.
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