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FORO OPORTO ALEGRE - CONSTITUCIÓN
EUROPEA |
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¿Marte versus Venus, o Dólar versus
Euro? (1)
La Constitución Europea:
la dificultad de convertir a la UE en una superpotencia mundial
(que respalde el euro)
Ramón Fernández Durán
Miembro de Ecologistas en Acción
Abril 2004
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"Con las nuevas amenazas la primera línea de defensa
estará a menudo en el extranjero (...) Varios países
y regiones corren el riesgo de resultar atrapados en una espiral
de conflicto, inseguridad y pobreza (...) Hay que estar preparados
para actuar antes de que se produzca una crisis (
) Una serie
de países se han situado al margen de la sociedad internacional
(...) Algunos han buscado el aislamiento. Otros vulneran persistentemente
las normas internacionales. Es conveniente que estos países
puedan unirse a la comunidad internacional. Aquellos que no desean
hacerlo deberán comprender que han de pagar un precio, incluso
en sus relaciones con Europa" (el subrayado es nuestro)
"Una Europa segura en un mundo mejor", Estrategia de
Seguridad Común para Europa, Salónica, 2003
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Los porqués de la construcción
del "proyecto europeo"
La forja de la UE: el capital
europeo exige un mercado único y una moneda única.
El mundo post-11-S, una nueva
amenaza para una UE ampliada y ampliada.
El dólar y el euro, frente
a frente ya, y a cara de perro.
La lucha contra el "proyecto
europeo" y por su desmantelamiento.
Bibliografía.
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Vivimos tiempos enormemente turbulentos, preludio de otros probablemente
bastante peores. En este escenario, la UE intenta "afirmarse
como una verdadera potencia de envergadura mundial", sin complejos,
tal y como lo ha expresado claramente Javier Solana (Mister PESC,
es decir, el "representante" de la Política Exterior
y Seguridad Común de la UE) cuando presentó el proyecto
de estrategia sobre la futura defensa europea en la cumbre de la
UE en Salónica (CCEE, 2003). Dicha estrategia, denominada
una "Europa segura en un mundo mejor", contempla la posible
"intervención temprana, rápida y, en caso necesario,
contundente de la Unión en cualquier lugar del mundo".
Es decir, "acciones preventivas", desmarcándose
(tan sólo retóricamente) del concepto de "guerra
preventiva" acuñado por la Administración Bush.
Eso sí, promoverá que sus intervenciones se realicen
dentro del marco de NNUU (si bien este punto queda deliberadamente
inconcreto) y respetará las obligaciones derivadas de su
pertenencia a la OTAN (a la que califica de alianza "insustituible"),
aunque al mismo tiempo se abre la posibilidad para que se comience
a desarrollar una fuerza militar conjunta "en el marco de la
Unión". Esta posibilidad se plantea a través
de la creación de las llamadas "cooperaciones reforzadas",
en donde al menos deberán participar un tercio de los miembros
de la Unión, es decir, al menos nueve países (esto
es, Francia y Alemania más los países que lo deseen)(Maira,
2003).
En la misma cumbre se aprobó también el proyecto
de futura Constitución Europea (CE, 2003), elaborado por
una Convención creada al respecto (2)
y que se debería terminar de perfilar en una conferencia
intergubernamental (CIG). Pero finalmente la Constitución
embarrancó, al menos momentáneamente, en la cumbre
de Bruselas de diciembre pasado, pues España y Polonia rechazaron
el "consenso" alcanzado, abriéndose un periodo
de gran incertidumbre acerca del futuro del "proyecto europeo".
En la Constitución se establece cómo deberá
funcionar una UE ampliada (y enormemente compleja, con más
de 450 millones de habitantes -la actual UE tiene 370 millones-)
que englobará a 25 Estados, de muy diverso peso económico,
político y demográfico, en donde queda esbozada una
"Europa a distintas velocidades". Y algunos países,
en concreto Francia y Alemania, con el apoyo a posteriori de la
Comisión, habían amenazado que caso de no aprobarse
la Constitución tirarían por la vía de en medio
y crearían un núcleo duro que avanzaría sin
el lastre de los que no quieren conseguir una mayor integración.
Es decir, de una u otra forma, parece que se perfila una futura
UE en la que existiría un núcleo duro formado principalmente
por los países más poderosos de la Unión que
decidiría el funcionamiento y el rumbo de un "proyecto
europeo" formado además por distintas periferias. Habría
que preguntarse qué ha pasado para que el "proyecto
europeo" que nació, en teoría, como una confluencia
entre "iguales" básicamente comercial (Unión
Aduanera) de seis Estados en 1957 (3),
con el Tratado de Roma, se haya convertido en este monstruo burocrático,
con vocación "neoimperialista" y antidemocrático,
en el que se ha acabado el formalmente "café para todos",
y en el que en lo que más ha progresado ha sido la confluencia
en términos monetarios: la creación del euro. En ningún
otro terreno la cesión de soberanía ha sido más
absoluta. Y esa soberanía monetaria, que en principio era
estatal, se ha cedido a una institución: el Banco Central
Europeo, con sede en Frankfurt, sin ningún tipo de control
político (y por supuesto democrático), que responde
a los intereses del capital transnacional europeo, principalmente
financiero, y que opera al margen (y en contra) de cualquier consideración
social y ecológica.
¿Es pues cierta la imagen que Robert Kagan (2003) dibuja
de la UE, una Venus autocomplaciente y despreocupada de los compromisos
militares de la gestión del capitalismo global (al que por
supuesto no llama así), en el que EEUU tiene que cumplir
el papel de Marte guerrero del que se aprovecha "Europa"?
No parece que esa "Venus" compuesta por Estados (y otras
estructuras de poder) que durante más de quinientos años
han guerreado entre sí, y conquistado, avasallado y saqueado
la mayor parte del mundo, se haya vuelto repentinamente pacifista.
No lo parece en el documento de Solana, aunque su ansia de intervensionismo
exterior se justifique en la necesidad de combatir el "terrorismo
internacional", destruir las armas de destrucción masiva
(ajenas) o acometer la reconstrucción de "Estados fallidos"
(curiosamente los mismos argumentos esgrimidos por la nueva concepción
estratégica de defensa de EEUU, aprobada en septiembre de
2002, un año después del 11-S). A la UE le gusta presentarse
a nivel mundial con una retórica amante de la paz y del derecho
internacional, defensora de un capitalismo de rostro humano interno
(en trances de desaparición), fomentadora del desarrollo
de los pueblos (la que más dedica a "ayuda internacional"),
defensora de la justicia y los derechos humanos (Tribunal Penal
Internacional) y amante del "desarrollo sostenible" (Protocolo
de Kyoto, acuerdos Río más 10, etc). Pero la UE se
está teniendo que quitar poco a poco este pretendido rostro
amable, y lo hace, o lo tiene que hacer, por diversas razones (4),
una de ellas, quizás la principal, a corto plazo, es dar
seguridad al capital europeo e internacional con el fin de apuntalar
el euro. Detrás de una moneda que se ha convertido ya claramente
en la segunda divisa de reserva internacional y que muestra ansias
de disputar la hegemonía mundial del dólar (sobre
todo cuando ésta se está empezando a desmoronar),
tiene que haber un proyecto político y militar sólido
que la sustente. Y esto es lo que pretende hacer el proyecto de
Constitución Europea y la propuesta de Estrategia de Defensa
para la UE que, no por casualidad, lo acompaña. Otra cosa
es que lo consiga, debido a la indefinición de ambos proyectos
y a las importantes tensiones internas de la UE, o que EEUU le deje
lograrlo.
Los porqués
de la construcción del "proyecto europeo"
Pero volvamos brevemente atrás para poder tener una cierta
perspectiva histórica que nos ayude a entender la complejidad
de la situación actual. El "proyecto europeo" siempre
ha sido un proyecto de las elites económicas y financieras
europeas (occidentales), más que del poder político,
o a pesar de él, pues éste (en su configuración
como Estado-nación, fruto de otra etapa del capitalismo)
siempre ha corrido detrás del mismo, frenándolo en
muchas ocasiones. Y por supuesto el "proyecto europeo"
se ha plasmado cuando al capital le ha interesado, no cuando lo
han deseado voces de intelectuales o movimientos de opinión
civiles independientes. Cuando en la segunda mitad del siglo XIX
Víctor Hugo o Emile Zola propugnaron la creación de
los Estados Unidos de Europa, al igual que el proyecto que entonces
se fraguaba en la otra orilla del Atlántico Norte, sus exigencias
fueron tachadas de antipatriotas y descalificadas de plano por las
estructuras de poder dominantes entonces en Europa, pues era la
época del triunfo del Estado-nación (cuya cuna fue
Europa) y de la expansión del imperialismo europeo a escala
mundial. Una época en que estos Estados consolidaban (imponían)
los mercados nacionales (apoyados en sus patios traseros coloniales)
y en la que se podría afirmar que el capital tenía
claramente patria. Por aquel entonces, el poder del capital financiero
se afianzaba a través de su control sobre los bancos centrales:
los encargados de emitir las monedas nacionales, que se desarrollan
en esos años a imagen y semejanza del pionero Banco de Inglaterra.
Una prerrogativa que los Estados-nación conferían,
brindando todo su respaldo, a las máximas fuerzas nacionales
del capital financiero, aunque siempre las altas finanzas han tenido
conexiones internacionales. De esta forma, bajo la hegemonía
mundial de Gran Bretaña, se plasmó un corsé
de hierro monetario estricto que fue el patrón-oro internacional,
que llevaba aparejado el predominio de las políticas liberales,
a las que se adscribió el sistema mundo capitalista de la
época. En aquella época, EEUU (un superEstado de dimensión
continental en creación) no tenía todavía su
banco central correspondiente, que no se llegaría a crear
hasta 1913.
Este orden saltaría por los aires en la primera mitad del
siglo XX, tras dos cruentas guerras mundiales. Y en este estallido
cumplirían un papel determinante las rebeliones populares
contra el dictado de las fuerzas del dinero (Revolución Rusa,
Revolución Mexicana, etc), aparte de las propias contradicciones
internas interimperialistas, auspiciadas por aquellos Estados-nación
centrales de configuración más tardía (Alemania,
Japón, Italia) que habían aparecido en escena cuando
el reparto del mundo estaba ya prácticamente culminado y
pretendían mejorar bruscamente su posición internacional.
Así, tras la debacle de la Segunda Guerra Mundial, las potencias
europeas occidentales, aquellas que habían regido los destinos
del mundo durante casi quinientos años, pasarían a
ocupar un muy discreto segundo plano en el orden geopolítico
internacional que se inauguraba tras Yalta y Postdam. Un orden que
encumbraba a dos nuevas superpotencias EEUU y la Unión Soviética,
y en el que ésta ampliaba su área de influencia hasta
el mismo corazón de Europa. Las elites europeas veían
pues con pavor el nuevo mundo que se les abría ante sus ojos.
La situación interna era caótica pues muchos Estados
habían prácticamente colapsado, manifestándose
una fuerte contestación ciudadana (en muchos casos armada,
tras la resistencia a la ocupación nazi). En estas circunstancias,
el orden político se garantizaba en gran parte de Europa
Occidental por la presencia de las tropas de EEUU. Además,
las ciudades, la estructura productiva y las infraestructuras estaban
seriamente dañadas, lo que contrastaba con la situación
al otro lado del Atlántico Norte donde la base productiva
estaba en pleno funcionamiento a causa de la guerra. La guerra se
había librado además fuera del territorio continental
de EEUU. Por otro lado, en las colonias de África y Asia
los movimientos de liberación nacional adquirían un
renovado empuje, que llevaría más tarde a la ruptura
(sangrienta) de la dominación de las potencias europeas (India,
Argelia, Congo, etc), perdiendo éstas importantes mercados
y espacios de los que extraían en condiciones de privilegio
materias primas y recursos energéticos. Y en el campo occidental,
allí donde operaba la economía de mercado, se inauguraba
una nueva etapa en la evolución del capitalismo, bajo la
hegemonía indiscutible de EEUU, en la que iba a primar una
creciente mundialización de las relaciones económicas
y productivas dominadas por las grandes empresas del gigante estadounidense.
Esta progresiva mundialización (que superaba el esquema de
intercambio comercial de tipo colonial) iba a estar presidida por
el sistema diseñado en Bretton Woods (FMI, BM), que encumbró
el patrón dólar-oro como nuevo sistema monetario internacional,
en torno al cual se articulaba un sistema de cambios fijos con las
distintas divisas en el campo occidental. Por cierto, en la posguerra
las instituciones de Bretton Woods cumplirían un papel importante
para ayudar a impulsar las economías de Europa Occidental
(el BM con el Plan Marshall, y el FMI con el apoyo para normalizar
otra vez el funcionamiento de las distintas divisas y hacerlas convertibles).
El propio EEUU estaba interesado en ello por razones económicas
y geopolíticas.
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(1)
El grueso de este texto se terminó de escribir a primeros
de noviembre de 2003. Desde entonces, he incorporado tan sólo
algunas correcciones y actualizaciones de carácter secundario
en esta nueva versión. La razón es el estado de salud
por el que ha atravesado el autor en estos meses. De cualquier forma,
una vez recuperado de sus antiguos males, el autor trabajará
sobre esta versión, ampliándola y retocándola
sustancialmente, con el fin de darle la forma de libro. El libro
será publicado por Virus en la segunda mitad de 2004. Este
texto, pues, es un muy primer borrador para suscitar comentarios
de cara a la redacción final. Agradezco los comentarios previos
de Chusa Lamarca, Luis González, Angel Calle y Pere López.
Una versión bastante más acortada de este trabajo
salió publicada en el número de noviembre de la revista
Archipiélago. Y otra más definitiva en las Jornadas
de Economía Crítica de marzo de 2004, a la que tan
sólo se han incorporado las reflexiones post-11-M. Por último,
este texto pretende ser también una aportación al
debate y a la contestación al "proyecto europeo",
y una contribución a la oposición a la futura Constitución.
(2) La
Convención, presidida por Giscard D'Estaing, estaba formada
por representantes de los gobiernos, parlamentos nacionales, Comisión
Europea y Parlamento Europeo.
(3) Francia,
Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.
(4) Necesidad
creciente de intervención exterior para garantizar el acceso
a recursos básicos, en especial combustibles fósiles,
de los que la UE es crecientemente dependiente (la UE es el primer
importador mundial de petróleo y gas natural). Necesidad
de contención de flujos migratorios incontrolados incentivados
por los propios procesos de "globalización económica
y financiera". Necesidad en ascenso de asegurar los intereses
de sus empresas transnacionales y del capital financiero que operan
en territorios periféricos, sobre todo en los eufemísticamente
denominados "Estados fallidos", cuando dejan de funcionar
los mecanismos "normales" de mercado. O necesidad de cambiar
por la fuerza la voluntad de los Estados cuando no se sometan a
la lógica del mercado, esto es del nuevo capitalismo global,
tal y como se recoge en el documento de la UE (ver cita introductoria).
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Ante esta situación de debilidad y tan enormemente adversa,
las elites económicas y financieras europeas, se ven obligadas
a promover una serie de reformas, imprescindibles para seguir manteniendo
su dominio. En primer lugar, garantizan la creación de un
Estado del Bienestar a escala de cada Estado-nación para
implicar a las fuerzas de izquierda en la gestión del capitalismo
postbélico y desactivar la contestación social. Un
pacto entre el capital y el trabajo que lo hace posible (y necesario)
las circunstancias históricas. Además, el poder político
(que cae en general en manos de la socialdemocracia) toma el control
de un elemento clave del poder del capital financiero: los bancos
centrales. Y la máquina de creación estatal de dinero
se pone en función de la creación del "Estado
social" y del crecimiento económico, mediante políticas
keynesianas (5). Más tarde,
estas elites promueven también procesos de confluencia supraestatal
con el fin de superar el corsé que suponía la dimensión
tan limitada de los territorios y poblaciones (y por supuesto de
los mercados) que configuraban los Estados-nación respectivos.
El territorio europeo era un espacio sumamente complejo, un mosaico
repleto de fronteras, con diversidad de monedas, lenguas, culturas
y administraciones distintas. Esta situación contrastaba
con el inmenso EEUU donde una sola lengua (de proyección
internacional gracias al anterior imperio británico), una
sola moneda (además de dimensión mundial), una sola
"cultura" de alcance global (made in Hollywood) y un único
aparato estatal parecía más funcional para ejercer
como superpotencia indiscutible del campo occidental. Las elites
europeas son conscientes, por primera vez, de que en el nuevo mundo
en el que se veían obligadas a actuar, cuyas circunstancias
ya nos las marcaban ellas, por primera vez en quinientos años,
su supervivencia dependía de crear las condiciones (de confluencia
supraestatal) para que sus empresas adquirieran el tamaño
suficiente con el fin de poder competir en el mercado mundial con
las grandes empresas del gigante estadounidense. Indudablemente,
dichas elites se apoyan también en el fuerte sentimiento
ciudadano de rechazo a la guerra, no en vano la conflagración
bélica había dejado decenas de millones de muertos,
en el sentimiento internacionalista de las poblaciones europeas
y en el mito más o menos latente de la existencia de una
Europa por encima de los Estados. Y todo esto acontece en unos años
en que estalla el conflicto entre bloques y se impone la Guerra
Fría, que se juega especialmente en territorio europeo.
En este sentido, a finales de los años cuarenta y en los
cincuenta los acontecimientos se precipitan. En 1948 tiene lugar
un gran encuentro europeo en La Haya, pero también es el
año del bloqueo soviético de Berlín. A raíz
de ello, distintos países europeos crean una estructura coordinada
militar: la Unión Europea Occidental (UEO) en 1948. Pero
en 1949 se crea la OTAN (bajo el mando de EEUU, celoso de la UEO),
a la que seguiría más tarde el lanzamiento del Pacto
de Varsovia por parte de la URSS, entrando la UEO en una vía
muerta durante más de tres décadas. En 1951, nace
la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) en la
que los Estados que luego conformarían la CEE (Comunidad
Económica Europea) deciden poner en común toda la
actividad minera básica y la industria primaria, clave de
todos los procesos productivos (y causa de enfrentamientos bélicos
en el pasado). A ello sigue la creación finalmente de la
CEE con el Tratado de Roma, en 1957, cuando también se establece
el nacimiento del EURATOM, es decir, el desarrollo civil de la energía
nuclear, de la que ya disponían EEUU y la propia URSS; ningún
Estado de la CEE tenía recursos científicos y económicos
suficientes, por sí solo, para llevar adelante semejante
proyecto. En la hiperconocida foto en el Palacio del Quirinal que
recoge tamaño acontecimiento, y que marca el inicio formal
del "proyecto europeo", están presentes los principales
representantes del poder político (los gobiernos en pleno
y miembros de los parlamentos respectivos), y uno tendería
a pensar que la iniciativa de la llamada construcción europea
partía de los Estados. Pero no. No nos engañemos.
Las principales fuerzas que promovían tal proceso no estaban
en la foto, estaban en la trastienda y así permanecerían
durante muchos años, hasta la década de los ochenta.
Las circunstancias de la época no hacían aconsejable
un protagonismo explícito de estas elites europeas
La creación de la CEE iba a permitir inaugurar un periodo
de fortísimo crecimiento económico de componente fundamentalmente
industrial. Al mismo tiempo, el establecimiento de la Política
Agraria Común (PAC) en 1962, iba a sentar las bases en el
campo para promover una agricultura crecientemente industrializada,
muy productiva pero altamente contaminante (que consolidaría
las grandes empresas del agrobusiness comunitarias), de la que iría
desapareciendo la agricultura campesina (todavía importante
en aquella época), cuyos componentes emigrarían a
las metrópolis como mano de obra en el espacio de la producción
industrial fordista. La PAC iba a posibilitar (con ayudas económicas,
pero no sin resistencias) una retirada paulatina del mercado del
pequeño productor agrario, e iba a permitir a la CEE defenderse
del gigante agrícola estadounidense y hasta llegar a generar
excedentes para proyectarse en el mercado mundial.
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(5)
Lo mismo estaba aconteciendo en gran medida
a escala internacional. Después de las crisis económicas
y sociales de los años treinta, que habían sido provocadas
en gran medida por el poder sin control del capital financiero, se
iba a inaugurar un ciclo histórico en el que el poder político
iba a establecer importantes controles sobre el capital financiero.
Este ciclo histórico iba a durar hasta finales de los años
setenta, cuando se va a ir imponiendo poco a poco a escala mundial
un capitalismo global crecientemente financiarizado, cuyos nodos centrales
se ubican en Wall Street, y en menor medida en la City de Londres. |
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Ello es posible porque se produce un pacto entre la Francia "agraria"
y la Alemania (occidental) "industrial" para que el grueso
del naciente presupuesto comunitario se dedicase a esta labor. En
esa época, la CEE se abre a las corrientes migratorias del
exterior para dar respuesta a la fuerte demanda de fuerza de trabajo,
especialmente en la Gran Fábrica fordista, que las migraciones
campo-ciudad internas son incapaces de satisfacer. El éxito
de este embrión de "proyecto europeo" es tal que
Gran Bretaña llama a sus puertas para entrar. Y aunque en
un primer momento es rechazada por el veto de De Gaulle (6),
más tarde, en los setenta (1972), ingresaría junto
con Irlanda y Dinamarca, generándose una creciente corriente
centrípeta en la que cada vez más países europeos
(occidentales) piden entrar a formar parte de tan selecto club (Grecia,
España, Portugal, etc). Las elites nacionales de los países
que habían quedado fuera son conscientes de que no pueden
sobrevivir en el mundo exterior, solas, en un capitalismo cada vez
más globalizado y financiarizado. Y sus peticiones de acceso
son atendidas sin excesivos problemas pues el núcleo inicial,
que alberga a los pesos pesados de las fuerzas económicas
y financieras europeas, y que impone las reglas de ingreso, se beneficia
por supuesto de este incremento de tamaño (7)
que le hace adquirir además una mayor capacidad de proyección
internacional. Sin embargo, en algún caso, es la propia población
la que rechaza en referéndum el ingreso: Noruega (1972).
Durante esta etapa se produce una fuerte urbanización, especialmente
en las principales ciudades hacia donde se orienta de forma prioritaria
la inversión industrial, que se da en paralelo a la cada
vez mayor destrucción de un mundo rural todavía vivo.
Son los años de los grandes planes urbanísticos que
contemplaban una importante actividad estatal en materia de suelo,
vivienda y transporte, y que iban a hacer factible que las metrópolis
cumpliesen el papel que se les asignaba, al tiempo que se procuraba
garantizar la reproducción y el "bienestar" social,
buscando la paz social. Es una etapa también de fuerte intervencionismo
estatal, desde los grandes planes de desarrollo a la consiguiente
"ordenación del territorio", con la correspondiente
creación de grandes infraestructuras (de transporte, hídricas
y energéticas) de dimensión prioritariamente nacional;
y se desarrolla una verdadera explosión de la movilidad motorizada
privada como resultado del acceso masivo al automóvil y de
las inversiones viarias. Es un periodo también en que irrumpe
de forma patente la crisis ecológica que promueve este modelo
urbano-agro-industrial, que demanda cada vez más recursos
del resto del mundo, en especial combustibles fósiles no
renovables por su carácter energívoro. Es más,
la contaminación transfronteriza se va a convertir en un
problema de primer orden entre los Estados miembros de la CEE, que
va a obligar a intervenir a las incipientes estructuras comunitarias
para intentar hacerle frente.
Volver
arriba
La forja de la UE: el
capital europeo exige un mercado único y una moneda única
Este "proyecto europeo", tan "exitoso", tiene
entonces una relativa buena imagen de cara a sus poblaciones respectivas,
pues eran los años de las vacas gordas en el que se había
consolidado el pleno empleo y un sinnúmero de ventajas sociales,
como resultado también de la potencia de una clase trabajadora
fuertemente organizada y combativa, máxime tras el ciclo
de luchas que se abre a finales de los sesenta, protagonizado por
el "obrero masa" y por una diversidad de nuevos sujetos
sociales que irrumpe en escena (en torno al mayo del 68). Y el agotamiento,
los límites y las contradicciones del modelo fordista de
la posguerra se van volviendo cada día más patentes.
De cualquier forma, las estructuras comunitarias tienen un débil
desarrollo en aquellos tiempos, pues todavía los actores
principales a todos los niveles eran los Estados-nación respectivos.
Y es por eso también por lo que suscitan poca atención
y rechazo, pues la contestación social dirige sus exigencias
al Estado-nación, ya que entiende que es ahí donde
se alberga el poder principal, aunque también es incapaz
en general de comprender los importantes cambios en marcha en el
escenario europeo y mundial.
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(6) En
respuesta a ello Gran Bretaña impulsa una especie de asociación
de libre comercio (European Free Trade Association -EFTA-) con países
europeos occidentales que no estaban aún en la CEE: Noruega,
Suecia, Suiza, Austria, Islandia, etc.
(7) Grecia
ingresaría en 1981, y España y Portugal en 1986.
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Los que si lo entienden perfectamente son las elites económicas
y financieras, que observan, otra vez con temor, que o se acometen
fuertes "reformas estructurales" o su futuro está
una vez más en entredicho en el nuevo capitalismo global
financiarizado que se estaba fraguando, cuyo centro mundial incontestable
era Wall Street. Máxime tras la conmoción que había
producido el fin unilateral del patrón dólar-oro decretado
por EEUU (1971), el estallido del sistema de cambios fijos (1973)
(8) y la creciente desregulación
de los mercados financieros impulsada por EEUU y Gran Bretaña,
que marcaría el inicio del neoliberalismo y la "globalización".
EEUU ante la amenaza que suponía la competencia europea (y
de Japón) en el plano productivo material, va a impulsar
un nuevo ciclo de acumulación basado principalmente en su
dominio de la industria high tech (telecomunicaciones, armamentista,
aeroespacial) y la producción inmaterial (realización
cultural, investigación, diseño, publicidad, auditoría,
etc), así como especialmente en el reforzamiento de su hegemonía
en el ámbito monetario y financiero mundial (Gowan, 2000).
Tras la crisis de sobreproducción en el plano material y
la caída de beneficios consiguiente, el capital se va a ir
orientando progresivamente hacia la esfera financiera. Y es por
eso por lo que las elites europeas deciden salir abiertamente a
la superficie y exigen una profunda reformulación y reorientación
del "proyecto europeo", en un momento también de
profundo estancamiento económico tras las crisis energéticas
de los setenta, que sentenciaba asimismo el fin del modelo fordista,
fuertemente en crisis tras el ciclo de luchas de finales de los
sesenta.
Distintos grupos de presión de las fuerzas económicas
y financieras paneuropeas, entre las que destaca la ERT (European
Round Table of Industrialists) (9),
formulan públicamente su visión del futuro del "proyecto
europeo" y manifiestan claramente la necesidad de acometer
una profunda reforma del mismo que se debería realizar en
dos etapas: primera, la creación de un Mercado Único
(MU) europeo (de mercancías, servicios, capitales y personas
(10); y segunda, a posteriori,
la creación de una moneda única europea. Todo ello
acompañado del inicio de un giro brusco de las políticas
estatales hacia la privatización, desregulación y
liberalización de los mercados, estructuras productivas y
empresas públicas, y el paulatino desmontaje del "Estado
social" y la desregulación y precarización del
mercado de trabajo, en consonancia con las políticas que
impulsaban EEUU y Reino Unido. Se apuntaba que esta reorientación
era imprescindible para consolidar una estructura productiva europea
potente (cada vez más terciarizada) y competitiva a escala
mundial, y para hacer frente, además, a una nueva etapa del
capitalismo en la que el capital financiero se estaba encaramado
ya, definitivamente, en el puesto de mando de la "globalización".
En un momento, además, en que la Nueva División Internacional
del Trabajo en gestación, es decir, la deslocalización
progresiva de los procesos industriales a la Periferia, significaba
un ataque en plena línea de flotación del modelo fordista,
al tener que competir éste en el mercado mundial; y de forma
especial con el modelo industrial altamente competitivo del sudeste
asiático. En suma, era el principio del fin del pacto Capital-Trabajo
de la postguerra.
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(8) Como
respuesta a esta situación la CEE se ve obligada a crear
la Serpiente Monetaria Europea (1972) y más tarde el Sistema
Monetario Europeo (1979), que encorsetan las fluctuaciones de sus
respectivas divisas.
(9)
Pero también Unice, European Services Forum, Asociación
para la Unión Monetaria Europea, etc (Balanyá et al,
2002).
(10) Para
la circulación interior, pues al mismo tiempo se levanta
la "Europa Fortaleza" de cara al exterior.
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Es curioso cómo a partir de estas propuestas el devenir
del "proyecto europeo" va haciendo suyos, sin excesivas
tensiones, estas exigencias. En 1985, el Consejo Europeo aprueba
en Milán el Acta Única europea que establecía
un calendario para poner en funcionamiento el Mercado Único
en 1993. Y en 1991, se aprueba en Maastricht el tratado que establecía,
de forma estricta, los duros pasos a dar para llegar a una moneda
única, que más tarde se llamaría euro. En concreto,
la necesidad de cumplir los llamados criterios de convergencia que
se va a garantizar en base al recorte del gasto social y a la progresiva
desregulación laboral. Europa se adhiere al capitalismo global
financiarizado a través de Maastricht. En estos tratados
se van ampliando las competencias de las estructuras comunitarias
y los Estados van cediendo poco a poco soberanía. De ahí
que el propio nombre del "proyecto europeo" cambiara de
CEE a Comunidad Europea, en 1985, y de ésta a Unión
Europea, en 1991. Sin embargo, aunque al Tratado de Maastricht se
le incorporan dos nuevos pilares: política de interior y
de justicia común (11),
y política de exterior y de seguridad común (como
resultado de la voluntad expresa de (la Gran) Alemania, una vez
que cae el Muro de Berlín en 1989, se desmoronan las burocracias
del Este y se engulle a la "Alemania del Este"), estos
temas permanecen principalmente en el ámbito estatal, sobre
todo la diplomacia y el ejército.
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(11)
Que ya estaban avanzando desde los ochenta: Grupo Trevi, Espacio Schengen,
Europol, etc. |
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Pero a pesar de todo, el grueso del Tratado de Maastricht se dedica
a la Unión Económica y Monetaria. Ésta era
la "lógica" consecuencia de la creación
de un Mercado Único progresivamente integrado, en el que
el creciente predominio de la producción y distribución
transnacionalizada, a escala de la UE, reclama una moneda única
para abaratar costes de transacciones en diferentes divisas y riesgos
cambiarios. El programa neoliberal del MU de privatización
de empresas estatales en muy diversos ámbitos, especialmente
en el sector servicios (telecomunicaciones, energía, transporte,
etc), va a posibilitar asimismo (aparte de generar "nuevas"
elites) una amplia oferta de títulos cotizados en los mercados
financieros europeos colaborando a incrementar su tamaño.
Lo cual era un elemento de gran importancia para poder llegar a
competir con el gigante Wall Street, si bien la UE dispone de más
de veinte mercados bursátiles dispersos, lo que es un verdadero
handicap. Y a ello se sumaba el atractivo de la moneda única
que reforzaría esos procesos y que iba a permitir el ampliar
el dominio del capital europeo a nivel mundial. Sobre todo del capital
alemán, pues el euro va a posibilitar a Alemania, principal
actor de la UE, consolidar una moneda de alcance mundial, superando
la base económica del marco (la divisa ancla del Sistema
Monetario Europeo) que era mucho más restringida. No por
casualidad la sede del BCE está en Frankfurt. Sin embargo,
este proceso beneficia al capital de la UE en su conjunto (especialmente
a los miembros del Eurogrupo), que además hoy en día
está muy interrelacionado. El euro permite crear mercados
financieros de mayor dimensión, incrementando sustancialmente
la capacidad de financiación de las grandes empresas europeas.
El euro, asimismo, propicia fusiones y adquisiciones de empresas
europeas, que han reportado sustanciosos beneficios empresariales
y financieros, y que se han traducido en una importante destrucción
de empleo y precarización laboral (subcontratación).
Y el euro va a posibilitar al capital europeo blindarse en una importante
medida de las crisis monetario-financieras que azotan al mundo entero
desde los noventa, provocadas por un capital especulativo en imparable
ascenso. Así pues, a la consecución del euro que consagra
Maastricht se sacrifica cualquier consideración social. Es
más, el euro va ser la causa principal de la voladura controlada
del "Estado social" de base nacional.
Estos cambios van a transformar decisivamente la percepción
que del "proyecto europeo" tienen las poblaciones de los
países de la Unión. No sólo porque se va a
considerar cada vez más a la UE como la instancia desde la
que se promueve el desmontaje del "Estado del Bienestar"
y la precarización del mercado laboral, sino porque ésta
va a ser contemplada también como un órgano crecientemente
burocrático que disuelve la identidad nacional y que se inmiscuye
cada vez más en la vida diaria de sus ciudadanos. Dinamarca
vota "No" en el primer Referéndum para aprobar
Maastricht en 1992, provocando una tormenta política y financiera
que casi llegaría a hacer saltar por los aires el Sistema
Monetario Europeo. Y es curioso cómo en la tacada de ampliación
de la UE que tiene lugar a mediados de los noventa (Austria, Finlandia
y Suecia), los referendos que se organizan para la adhesión
muestran un muy amplio rechazo de sus poblaciones (12),
a pesar de que una gran mayoría de las fuerzas políticas,
y la totalidad de los poderes económicos, financieros y mediáticos
de dichos países promuevan con todo tipo de medios el "Sí"
a la UE. En esta ocasión, otra vez, veinte años después,
la población noruega decide seguir votando "No".
Son las fuerzas nacionalistas, sobre todo en los países nórdicos,
y la extrema derecha en ascenso (al menos retóricamente)
las que más se decantan por el rechazo al "proyecto
europeo", y en menor medida los partidos verdes (Austria, p.e.),
las fuerzas que propugnan un neutralismo en política exterior
(13) y hasta la socialdemocracia
que se divide en algunos países (caso de Suecia).
Mientras tanto, las fuerzas de izquierda radical y alternativas
o los movimientos sociales no empezarían a enfilar la proa
abiertamente contra el "proyecto europeo" hasta 1997,
cuando se convocan las marchas europeas contra el paro, la precariedad
y la exclusión que confluyen en una imponente movilización
contra la cumbre de la UE en Ámsterdam; aunque previamente
se da toda una actividad contestaria de una constelación
de pequeños grupos que actúan más o menos coordinados
a escala europea, lo que va a posibilitar ese salto cualitativo.
En esa cumbre se aprobaba el Tratado del mismo nombre (que confería
más poder a las estructuras comunitarias) y el llamado Pacto
de Estabilidad, que (yendo más allá de Maastricht)
tratará de imponer una férrea disciplina a las finanzas
públicas para caminar hacia el déficit cero, con el
fin de garantizar un euro fuerte, objetivo de las elites económicas
y sobre todo financieras europeas para ampliar su influencia en
el mundo (14). Ámsterdam,
también, iba a significar un intento (fallido y postergado
hasta Niza, en 2000) de adaptar el edificio institucional del "proyecto
europeo" para que pudiera acoger una futura ampliación
de la UE hacia los países del Este, y otros Estados menores
(Suiza, Malta, Chipre, etc), decisión que se había
tomado en Copenhague en 1992, tras la "revolución de
terciopelo" (1990) y la implosión de la URSS (1991).
Las elites europeas occidentales estaban muy interesadas en esta
ampliación por las enormes oportunidades y beneficios que
auguraba: un mercado de casi 100 millones de nuevos consumidores,
un potente aparato económico y productivo (apropiable y reestructurable)
y una mano de obra cualificada, disciplinada y muy barata, así
como un enorme territorio con abundantes recursos. Si bien todo
ello se justificaba retóricamente por la necesidad de saldar
la brecha que durante medio siglo había divido a Europa.
Curiosamente, en paralelo, Bush padre decide impulsar el ALCA (Acuerdo
de Libre Comercio de las Américas).
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(12) 37%
en Austria, 43% en Finlandia y 49% en Suecia.
(13) Hay
varios países de la UE a quince que no están en la
OTAN: Finlandia, Austria, Suecia e Irlanda.
(14) Un
euro fuerte va a posibilitar al capital transnacional productivo
europeo reforzar sustancialmente su capacidad de emisión
de "dinero financiero" (acciones y bonos), permitiéndole
captar más fácilmente capitales del resto del mundo
para sus proyectos de expansión interna y sobre todo externa,
aunque pueda tener (y tiene) la contrapartida de poder vender menos
en otros mercados si es que se devalúan sus monedas respectivas.
Igualmente, un euro fuerte va a favorecer especialmente al capital
financiero europeo, sobre todo bancario, pues al crear "dinero
bancario" está creando dinero que es aceptado internacionalmente
(es decir, están creando dinero mundial) lo que va a acrecentar
sus posibilidades de hacerse con el patrimonio global, y al mismo
tiempo un euro fuerte va a incentivar la captación de capitales
hacia los mercados financieros de la UE, haciendo atractiva la inversión
en éstos y generando sustanciosos beneficios. Y un euro fuerte
y con proyección global va a redundar asimismo en un incremento
muy importante de los llamados derechos de señoreaje (lo
que ingresan los Estados al emitir "dinero papel" por
la diferencia entre el valor facial y el coste real de los billetes),
sobre todo porque el euro va a actuar como divisa de reserva mundial,
de lo que se van a beneficiar el conjunto de los Estados del Eurogrupo
(12 en la actualidad).
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Al mismo tiempo, y dentro de la lógica del nuevo capitalismo
global, la UE daba el pistoletazo de salida en Barcelona (1995)
a la creación de un área de "libre comercio"
para todo el Mediterráneo en el 2010 (en este caso, obviamente,
no se pretendía incorporar a países islámicos
y "subdesarrollados" a la UE). Y también se reforzaban
(y forzaban) los mecanismos de "libre comercio" con distintos
bloques comerciales regionales planetarios en proceso de configuración
(Mercosur, APEC -en el pacífico-, México -con el fin
de acceder al TLC-, etc), y mediante acuerdos de asociación
con multitud de Estados. Entre ellos, destaca Rusia con la que la
UE mantiene un considerable superávit comercial, y de la
que importa volúmenes crecientes de combustibles fósiles
(en especial gas), siendo igualmente su principal acreedor (sobre
todo Alemania). Al tiempo que la UE participaba como uno de los
principales actores dentro de la nueva Organización Mundial
del Comercio (OMC) (15), de reciente
creación (1995), a la que la Ronda Uruguay del extinto GATT
le había conferido un enorme poder para ir impulsando las
"bondades" del "libre comercio mundial". Y hasta
la UE empezaba a dar los primeros pasos (desde 1995) para construir
un gran mercado transatlántico con EEUU, presionados ambos
por el capital transnacional productivo de sus respectivos territorios.
A finales de los noventa se asiste al inicio (incipiente) de fusiones
y adquisiciones de empresas entre las dos orillas del Atlántico
Norte. Todo ello iba a permitir afianzar el creciente poder a nivel
mundial de las empresas transnacionales europeas, al tiempo que
iba a sentar las bases para una mayor proyección del euro
a nivel mundial, una vez que este naciera formalmente en enero de
1999.
Por último, en la cumbre de Lisboa (2000) se decide convertir
a la UE en el espacio más competitivo del mundo para el 2010.
"Europa" había quedado relegada en el desarrollo
de la llamada "nueva economía", que en esos momentos
triunfaba de forma apabullante en los mercados financieros de EEUU
(la "exuberancia irracional", según Greenspan),
y no quería quedarse atrás en esta nueva etapa de
fulgor de la producción inmaterial y del furor bursátil.
Aunque de hecho, la UE se estaba quedando claramente rezagada respecto
de la new economy, y los capitales que acudían en tropel
a invertir al Nasdaq (el mercado de las empresas de nuevas tecnologías)
le permitían a EEUU adquirir una ventaja decisiva en este
terreno. En esta cumbre Blair y Aznar (Berlusconi no estaba todavía)
promueven un brusco (y adicional) giro neoliberal a la política
de la UE en materia laboral (para pasar del welfare al workfare)
(16). Más tarde, a finales
de 2000, tiene lugar la cumbre de Niza, en la que se crea el marco
para la ampliación al Este de la UE, y en la que se configura
un nuevo reparto de poder en las estructuras comunitarias, en el
que por primera vez Alemania se impone a Francia, consiguiendo una
bastante mayor representación en el Parlamento. Alemania
hace valer no sólo su mayor peso económico, sino también
demográfico, sobre todo después de que se había
tragado a la antigua RDA al inicio de los noventa. Esto crea serias
tensiones, distanciándose Francia del gigante renano. Niza
consagra asimismo un mayor poder para los cuatro grandes (17),
en detrimento del resto (si bien los países medianos, como
España y Polonia, salen bastante favorecidas) y amplia el
ámbito de las "cooperaciones reforzadas", apuntando
ya claramente hacia la "Europa de distintas velocidades".
Sin embargo, Niza avanza poco sobre lo conseguido en Ámsterdam,
de acuerdo con lo expresado tristemente por Prodi, que se muestra
decepcionado (Blair, entre otros, no había permitido ir más
allá), y es por eso por lo que en Niza mismo se lanza el
proyecto de futura Constitución para 2004, en base a la cual
funcionará la UE ampliada.
Esta etapa va a suponer un creciente protagonismo de los espacios
metropolitanos que recobran un renovado ímpetu después
del freno en los procesos de urbanización que implica la
caída del crecimiento durante el periodo 1974-1985, en el
que el alza del precio del petróleo (primero) y del dólar
(después) (18)suponen una
seria restricción a las dinámicas de concentración
urbana, debido a la recesión económica que inducen;
es preciso recordar que el petróleo se cotiza y se paga en
dólares. Sin embargo, el relanzamiento del crecimiento que
implica la caída del precio del crudo desde mediados de los
ochenta, la devaluación del dólar a partir de 1985
(Acuerdos del Plaza), y la creación del Mercado Único
van a incentivar una nueva oleada de urbanizadora (en mancha de
aceite) que va a configurar extensas regiones metropolitanas, especialmente
en el llamado Plátano Dorado (que va desde el sureste del
Reino Unido hasta el norte de Italia, pasando por el norte de Francia,
la región de París, el Benelux y gran parte de Alemania),
donde las principales regiones metropolitanas de la UE se solapan
unas con otras, casi sin solución de continuidad, creando
extensos tejidos urbanos. Es en dichas regiones donde se ubican
los centros decisionales clave de la UE, la industria high tech
y el grueso de la I+D. Al mismo tiempo, este crecimiento se ve acompañado
de una importante reestructuración metropolitana interna
para acoger la creciente terciarización de la actividad económica
(las nuevas funciones globales), junto con el declive de los antiguos
distritos industriales. Y se produce en paralelo, también,
una descentralización (mayor o menor, según los casos)
del poder político estatal hacia las grandes regiones metropolitanas,
pues éstas adquieren una renovada centralidad en el nuevo
capitalismo globalizado. En este periodo se crea un entramado institucional
específico (de carácter secundario) dentro de la UE,
prefigurándose una especie de Europa de las Regiones. El
Estado-nación pues se ve sometido a una doble tensión,
hacia arriba (cediendo elementos de soberanía a la UE) y
hacia abajo (cediendo competencias a las regiones metropolitanas).
Ciertas regiones metropolitanas (Londres y París, p.e.) tienen
más población y peso económico que algunos
de los países de la UE a Quince, y algunas otras más
les ocurre lo mismo con diversos países de la futura UE ampliada.
Con ocasión de la creación del Mercado Único
se incrementa el presupuesto comunitario, reforzándose los
instrumentos de transferencias de recursos económicos de
los Estados centrales a los Estados periféricos, a través
de los fondos estructurales, y especialmente de las regiones más
dinámicas a las más periféricas, en parte (se
nos dice) para "intentar hacer frente a los desequilibrios
que genera". De todas formas, el presupuesto comunitario es
limitado (algo más del 1,2 % del PIB de la UE) si se compara
con el importante peso del gasto público de cada uno de los
Estados, y la parte del león de dicho presupuesto la sigue
ocupando todavía la PAC, a pesar del recorte relativo de
sus fondos que se produce en 1992 para adaptarse a las exigencias
de la Ronda Uruguay del GATT en materia agrícola (bajo presiones
de Washington). Esto contrasta con los EEUU donde el presupuesto
federal supone un 20% del PIB. Los fondos estructurales se orientan
principalmente a la construcción de infraestructuras en las
regiones más "atrasadas" (objetivo 1), lo que normalmente
refuerza su perificidad, y a la reestructuración de regiones
(y poblaciones) en declive para adaptarlas a las nuevas exigencias
del MU y de la economía global. Al mismo tiempo, se impulsan
la creación de grandes y muy costosas conexiones supraestatales
(Túnel bajo el Canal de la Mancha, Scanlink que enlaza Dinamarca
y Suecia, Túnel de Somport, nuevos enlaces en los Alpes)
con el fin de superar la "débil" dimensión
europea de las redes estatales de infraestructuras y superar "restricciones"
geográficas de la UE para fomentar la fluidez del MU. Esta
dinámica se refuerza con Maastricht en dónde se contempla
un capítulo especial para crear una red de grandes infraestructuras
transeuropeas de transporte (entre ellas más de 10.000 kms
de nuevas autopistas), energía y telecomunicaciones. Para
ello se crean los Fondos de Cohesión que van a revertir en
los países más periféricos (España,
Grecia, Portugal e Irlanda). España es uno de los grandes
"beneficiados" de este maná de fondos que llega
desde Bruselas.
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(15) Sobre todo después
del Tratado de Niza, que va a conferir nuevos poderes a la Comisión,
para poder negociar temas comerciales relativos a servicios en nombre
del conjunto de los Estados de la Unión.
(16) Es decir, ya
no se tendrá derecho a las prestaciones sociales por el hecho
de ser ciudadano de un país, sino que éstas se materializarán
(disminuidas) sólo como contraprestación por un trabajo
precario (forzado) en caso de estar en disposición de trabajar
y, si no, tales prestaciones quedarán gravemente recortadas.
(17) Alemania, Francia,
Gran Bretaña e Italia.
(18) El dólar
iba a experimentar una importante revaluación desde 1979
cuando la Reserva Federal decide una brusca subida de los tipos
de interés, uno de cuyos objetivos era cambiar la tendencia
hacia la depreciación del dólar que había marcado
la pauta de los setenta, resultado de la quiebra del sistema de
Bretton Woods por EEUU y de la crisis de hegemonía estadounidense
de la época (Vietnam, Centroamérica, Afganistán
).
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El mundo post-11-S, una nueva
amenaza para una UE ampliada y ampliada y
Las elites de los países del Este veían
con muy buenos ojos su incorporación (dependiente) a la UE,
pues era la forma de poder seguir conservando su poder, no sin reestructuraciones
internas, y sus pueblos soñaban asimismo, entonces, con pertenecer
a la Unión y llegar a ser como los europeos occidentales.
Sin embargo, el temor al poder militar de Rusia, su antiguo opresor,
hacía que dichas elites fueran muy influenciables a la capacidad
de protección que les pudiera ofrecer el "amigo americano"
(19). Y éste corría
gustoso a brindársela, pues la ampliación al Este
de la UE podía configurar un "proyecto europeo"
que fuera un verdadero reto para la hegemonía mundial de
EEUU, y para las ventajas que se derivaban de este hecho, sobre
todo en el plano monetario. Un elemento clave para el ejercicio
de su hegemonía global. La UE era, se decía, "un
gigante económico (y no tanto financiero), un enano político
y un gusano militar", y EEUU quería que así siguiera
siendo, para que el euro (sin un fuerte sustento político-militar)
no llegara a ser una amenaza para el dólar. Y es por eso
también por lo que Clinton promueve, en 1999, el año
de irrupción del euro, que los cuatro principales países
del Este (Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría)
ingresasen en la OTAN, estructura que opera bajo el dictado de EEUU;
es decir, mucho antes que en la UE, en la que no lo harán
hasta mediados del 2004. Curiosamente, 1999 es también el
año en que la OTAN lanza la guerra contra Yugoslavia, donde
los países europeos quedan divididos y ninguneados por la
estrategia avasalladora de la "guerra humanitaria" de
EEUU, el capo de la Alianza Atlántica, en pleno patio trasero
europeo. Y todo ello, al margen del Consejo de Seguridad de la ONU
(por la amenaza de veto de Rusia). Es una demostración de
fuerza indiscutible de EEUU, que quizás sea una de las razones
del reforzamiento del dólar respecto al euro en su primera
etapa de recorrido. Y es también cuando la UE decide hacer
de la ampliación un gran big bang, es decir un acto único
en el que todos (salvo Rumania y Bulgaria) ingresasen al mismo tiempo.
De todas formas, el acceso de los países del
Este a la UE se va demorando por la complejidad de su tránsito
a la economía de "libre mercado", pilotada con
mano de hierro por el FMI y el BM, y la dificultad de su incorporación
al Mercado Único (por la adaptación a sus más
de 20.000 directivas), impuesta del mismo modo por la Comisión
Europea. Todo ello implica una fortísima reestructuración
interna y muy duros "ajustes estructurales" de gran impacto
social. Igualmente, el retraso de su incorporación se debe
a la enorme dificultad de crear un edifico institucional que permitiera
su acogida en la UE, pero que garantizara al mismo tiempo el firme
control de los países centrales de la misma. Eso es lo que
mal que bien va a posibilitar Niza. Es decir, se hacía muy
difícil el plasmar cómo iba a funcionar una "Europa
a distintas velocidades", que además le permitiese dejar
de ser "un enano político y un gusano militar"
a nivel mundial. Todo esto, además, se había complicado
en muy gran medida pues la UE de quince miembros manifestaba ya
importantes tensiones internas. El eje franco-alemán no funcionaba
tan fluidamente como en otras épocas, máxime tras
la creación de la Gran Alemania después de la reunificación
y (sobre todo) tras la aprobación de Niza, Gran Bretaña
(fuera del euro) mostraba cada día más reticencias
ante el reforzamiento institucional de la UE, los nuevos países
incorporados (Suecia, Finlandia, Austria) eran claramente "euroescépticos"
(especialmente sus poblaciones y por ende, en menor medida, sus
gobiernos), y los países "cohesión" (España,
Irlanda, Portugal y Grecia) veían también con temor
el perder el maná de los fondos de cohesión y los
fondos estructurales en una UE con 25 o más miembros. Todas
las negociaciones para conseguir esa futura "Europa" se
hacían enormemente complejas, pues en paralelo crecía
el rechazo a la ampliación en la UE de los Quince, y se iba
desvaneciendo el fulgor inicial de la Unión en los países
del Este, como ha demostrado la (en general) muy alta abstención
en los referendos de acceso a la Unión; a pesar del chorreo
de dinero que les llegaba de Bruselas directamente para marketing
político comunitario. En términos de mayorías
sociales se puede afirmar que los países del Este dan un
Sí (mayoritario pero) agónico a la UE.
Y en éstas llegó la crisis de los mercados
financieros, la nueva Administración Bush, el 11-S, la guerra
global permanente, el unilateralismo de EEUU y en concreto la guerra
contra Irak, y todo se desquició aún más. Por
primera vez después de la Segunda Guerra Mundial se ha producido
un enfrentamiento entre las dos orillas del Atlántico Norte,
o más bien (según Rumsfeld) entre la "vieja Europa"
(Francia y Alemania, principalmente, los dos países centrales
del euro) y EEUU y Gran Bretaña, que se han visto apoyados
en este conflicto por diversos países europeos, lo que ha
dividido "Europa". En esta división de "Europa"
España, el gobierno Aznar, ha cumplido un papel de primerísimo
orden. Y todo ello se producía en pleno proceso de ampliación,
que es una apuesta colosal (económica, política y
cultural), y en pleno debate dentro de la Convención de la
futura Constitución Europea. Pero repasemos brevemente cómo
y porqué (si es que podemos aventurarlo) se producen estas
tensiones y rupturas y sus posibles consecuencias.
George Bush (apoyado, entre otros, por las petroleras,
el complejo militar-industrial, el lobby israelí y Wall Street)
llega dudosamente a la presidencia en plena crisis de los mercados
bursátiles, que empiezan a desinflarse en marzo de 2000,
imponiendo una administración sumamente conservadora. El
11-S le da la excusa perfecta para desplegar planes de dominio unilateral
mundial, que habían sido desarrollados previamente, en los
noventa, por distintos miembros de su administración y por
determinados think tanks. En un primer momento, "Europa"
apoya decididamente a EEUU en la "guerra global permanente"
que la superpotencia inicia contra el "terrorismo internacional"
y le acompaña resueltamente en su aventura en Afganistán.
No en vano la OTAN activa al día siguiente su artículo
número 5, de apoyo inmediato a un país miembro atacado
desde el exterior, al calificar EEUU el acontecimiento 11-S como
un acto de guerra. Pero la Administración Bush, en 2002,
adopta una deriva claramente unilateralista arrastrando tras de
sí a Gran Bretaña, su aliado de siempre en la UE.
La culminación de este proceso es el señalamiento
de Irak como un enemigo a batir en una "guerra preventiva"
(West Point, junio 2002), en mitad de la debacle de Wall Street,
de la profusión de escándalos contables de grandes
empresas que cotizan en dicho mercado y de caída del dólar.
Más tarde, se produciría la adopción de la
Nueva Concepción Militar Estratégica donde se plasma
esta concepción "neoimperialista" estadounidense
(septiembre, 2002), la luz verde del legislativo de EEUU para el
ataque a Irak, y el avasallamiento de NNUU para que se plegara a
sus deseos, o si no, se nos dijo, se convertiría en un actor
"irrelevante".
En plenos escarceos de los inspectores para encontrar
las famosas armas de destrucción masiva (que no han terminado
de aparecer, aunque en EEUU y en los países de la UE parece
que hay muchas), tiene lugar la cumbre de la OTAN de Praga (noviembre,
2002), en la que la Alianza Atlántica (a instancias de EEUU)
termina de acoger en su seno a los países del Este que estaban
en proceso de formar parte de la UE (otros cuatro ya lo habían
sido antes). Estos países ingresan también en la OTAN
antes que la UE. En la UE no se adoptará la decisión
final sobre su ingreso hasta un mes después, en la cumbre
de Copenhague (y no se ratificará hasta Atenas, en 2003),
tras más de diez años de negociaciones (imposiciones)
que se aceleran en el último momento. El incómodo
"No" irlandés en el referéndum sobre el
Tratado de Niza, a pesar del poderoso aleccionamiento a favor del
"Sí", había bloqueado todo el proceso dilatándolo
aún más si cabe. Más tarde, un segundo referéndum
edulcorado logra vencer la resistencia del país de Joyce,
despejando el horizonte a la ampliación. De cualquier forma,
la ampliación de la OTAN obligaba a la ampliación
de la UE ya. Y sin embargo, el ingreso real todavía no se
producirá hasta mayo de 2004. En la cumbre de la OTAN en
Praga se adopta también otra decisión de gran importancia,
la creación (también a propuesta de EEUU) de una Fuerza
de Reacción Rápida de la Alianza, que intentaba ensombrecer
la decisión de la UE en 1999 (en Helsinki) de crear una Fuerza
de Intervención Rápida para el 2003, decisión
que por las tensiones internas de la UE en este terreno estaba siendo
difícil de materializar. Y en la misma cumbre EEUU logra
que el conjunto de miembros de la OTAN aprueben una nueva estrategia
militar que era una prolongación, en gran medida, de la que
la hiperpotencia acababa de aprobar dos meses antes, intentando
de esta forma someter a los países de la UE a sus intereses.
|
(19)Y
era quizás también una forma de reforzar su capacidad
de negociación de cara a su ingreso en la CE (y una vez en
ella). |
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Pero el conflicto de EEUU y Gran Bretaña (de
comparsa) con la "vieja Europa", aunque en ascenso por
la actitud crecientemente unilateralista y hostil de Washington,
no estallará hasta enero de 2003, cuando Chirac y Schroeder
(que vuelven a reencontrarse, recomponiendo el eje franco-alemán)
declaran en Versalles que mantendrán una actitud firme en
el Consejo de Seguridad contra la intención de la "coalición"
de atacar Irak (una decisión tomada de antemano) con la cobertura
de las NNUU. Era la primera vez en más de cincuenta años
que Alemania se distanciaba de EEUU, su hasta entonces aliado y
protector incondicional (antes de 1989). Y es curioso que este posicionamiento
claro de los dos líderes (de los países centrales
del euro, repetimos) no se produjera hasta que Prodi, presidente
de la Comisión, se hubiese manifestado, poco antes, abiertamente
en contra de la intervención. Probablemente Prodi hablase
en nombre de los sectores más relevantes del capital europeo
continental. Y en la misma reunión Chirac y Shroeder manifiestan
su intención de ampliar los gastos de defensa e impulsar
la industria armamentista europea. Es decir, para nada cabe entender
su posicionamiento en clave pacifista, aunque sí se expresase
una posición crítica clara en relación con
la guerra contra Irak. A partir de este momento los acontecimientos
se precipitan. Unos días más tarde aparece la Carta
de los Ocho (20) apoyando
las tesis de Washington, carta promovida por Aznar a instancias
del Wall Street Journal (periódico que defiende los intereses
financieros de EEUU). Esta carta marca la división de "Europa".
A la que se suma poco después el apoyo adicional del llamado
grupo de Vilnius (el resto de los países del Este), lo que
profundiza la escisión entre la "vieja" y la "nueva"
"Europa". La "vieja Europa" se da cuenta de
que junto con la ampliación deseada de la UE hacia el Este
ha entrado por la puerta trasera el Caballo de Troya de EEUU, agudizando
las tendencias proatlantistas de algunos otros miembros de la UE
a Quince (Italia, Portugal, Holanda). No en vano el Herald Tribune
había dicho que Washington era el gran ganador de la ampliación
de la UE. Este terremoto va a incidir decisivamente sobre el proyecto
de Constitución Europea en trance de elaboración.
En un momento en que el núcleo duro de la
UE buscaba aún con más ahínco reforzar el "proyecto
europeo" ante la apuesta unilateralista de Washington, que
estaba ya desgatando sus propias filas (Gran Bretaña, Italia,
España, etc), este tremendo percance disolvía aún
más el afán federalista de Alemania, o confederalista
de Francia, diluyendo la posibilidad de un "proyecto europeo"
político sólido, con una estructura de mando clara,
y parecía alejar en el túnel del tiempo la posibilidad
de alcanzar una estructura militar europea potente, autónoma
de EEUU. En esta tesitura los Estados díscolos irrumpen con
renovada fuerza, desbaratando los planes de Alemania (principalmente)
y de Francia (en menor medida); entre ellos destacan los del Este
que son reprendidos sin contemplaciones diplomáticas por
Chirac. A las estructuras centrales comunitarias no les queda más
remedio que ceder, pues no tienen todavía excesivo poder
(los que sí lo han adquirido mientras tanto, gracias a sus
políticas, son el capital transnacional productivo y el capital
financiero europeos a los que más fielmente representan).
Además, la imagen de Bruselas está seriamente erosionada
de cara a las poblaciones europeas, lo que dificulta su voluntad
de exigir más mando, siendo los Estados los que conservan
todavía una mayor dosis de "legitimidad" respecto
a sus opiniones públicas. La UE para avanzar no tiene más
remedio que apoyarse en el guirigay de Estados que la componen,
algunos de ellos todavía muy potentes. La Convención
pare, pues, por así decir, un ratón. Ello explica
el enfrentamiento Prodi-Giscard (presidente de la Convención)
por los resultados de la misma. El punto central de discrepancia
es la potencial bicefalia del futuro ente, que podría redundar
en "parálisis institucional" e "ineficacia".
Existirá un presidente de la Comisión y al mismo tiempo
un presidente del Consejo Europeo (21);
a este equilibrio se llega ante la negativa de algunos grandes Estados
de perder peso político y diluirse en la estructura comunitaria.
Y un alto representante de política exterior que dependerá
de los dos. Es decir, que la UE puede quedar totalmente bloqueada
en un momento dado si continúan las tensiones entre sus miembros,
sobre todo entre los grandes que tienen intereses y posicionamientos
distintos en diversas partes del mundo. Como de hecho ocurre en
la actualidad con la actitud de la UE hacia Oriente Próximo
y Medio, donde la Unión manifiesta una postura vergonzosa
y seguidista de EEUU (22), cuando
además la desestabilización de dicho espacio geográfico
le puede afectar más que a la hiperpotencia.
|
(20)España,
Gran Bretaña, Dinamarca, Italia, Portugal, Polonia, República
Checa y Eslovaquia.
(21) Este presidente
del Consejo se elegirá por un periodo de dos años
y medio, prorrogable otro más.
(22) Por un lado es
incapaz de enfrentarse a Israel. Y por otro, el Consejo de Seguridad
ha votado sin ningún voto en contra la resolución
1511 que "legitima", a posteriori, la ocupación
de Irak por las fuerzas de la "Coalición". Eso
sí, Francia y Alemania, no aportarán (por ahora) ni
dinero ni tropas a la misma.
|
|
Y esta desilusión de Prodi se produce a pesar de que prácticamente
se suprime el derecho de veto (salvo por supuesto en Defensa, en
materia social, en fiscalidad y en política exterior), se
posibilitan las "cooperaciones reforzadas" (la "Europa
a distintas velocidades"), se confiere aún más
poder que en Niza a los cuatro grandes (en detrimento de los países
medianos -en concreto de España y Polonia- y pequeños)
(23), se consagra un espacio único
judicial y policial europeo (dotando de un importante poder a Europol)
y se sientan las bases para una armonización a la baja de
los derechos sociales mediante la aprobación de una Carta
Magna de igual nombre. Es decir, a pesar de que se logran importantes
objetivos para adaptar cada vez más el "proyecto europeo"
a los requerimientos de las elites económicas y financieras,
pudiéndose afirmar que se constitucionaliza la "Europa
neoliberal", Prodi considera que le ha sabido a poco. Y eso
que adicionalmente se ha establecido la creación de un espacio
unificado financiero (mercados bursátiles, normativa y servicios
bancarios, nueva reglamentación de OPAS, etc) a escala de
la UE para el 2005, que implicará pérdida de poder
de los Estados (en concreto, al no poder ejercer la llamada Acción
de Oro en las empresas publicas privatizadas). Pero ello contrasta
a su vez con que los principales Estados de la UE (en concreto Francia
y Alemania) han puesto en cuestión el Plan de Estabilidad,
enfrentándose a la Comisión, en esta etapa de estancamiento
económico de "Europa". En gran medida por el impacto
que está teniendo en la UE la depreciación en marcha
del dólar, y la consiguiente revalorización del euro,
que se ha apreciado además respecto a las principales divisas
mundiales (24). Los principales
Estados (en especial Alemania) que habían propugnado su firma
en Ámsterdam, ahora lo ponen en solfa y se lo saltan a la
torera (Francia incluido), sin que la Comisión tenga capacidad
para imponer su cumplimiento; que puede suponer establecer sanciones
(multas) que pueden alcanzar hasta el 0,5 % del PIB, llegado el
momento. Este no fue el caso de Portugal, que también incumplía
el Pacto y al que la amenaza de retirarle los fondos que percibe
de Bruselas, le había hecho acometer (por su dependencia
del capital exterior) un feroz programa de ajuste presupuestario
que está provocando una aguda crisis económica, política
y social. De cualquier forma, Duisenberg, el expresidente del BCE,
el guardián de la ortodoxia monetaria, en su despedida lo
ha dejado muy claro, pues ha advertido que el incumplimiento del
Pacto de Estabilidad sería "un desastre para Europa".
Se observa, pues, como crecen las fracturas de todo tipo dentro
de la UE, tanto entre los Estados miembros (entre los grandes con
el resto, y especialmente con los pequeños, en concreto periféricos,
y los del Este (25)), como entre
el poder político, económico y financiero. El poder
político, que depende del voto ciudadano, y de la generación
de empleo, se decanta en general claramente a favor de propiciar
el crecimiento económico incrementando el gasto público
(prioritariamente en infraestructuras), aunque eso sí dentro
de la ortodoxia neoliberal (bajada de impuestos, privatizaciones,
recortes sociales), es decir, aumentando el endeudamiento, lo que
puede afectar a la credibilidad del euro. Por eso el BCE está
tajantemente en contra. El poder económico transnacional
europeo, las grandes empresas con proyección continental
y mundial, manifiestan una actitud ambivalente en general, por un
lado les interesa un euro fuerte de cara a sus planes de expansión
internos y externos, pero por otro lado se resienten de que el euro
se revalorice sobre las principales divisas y pierdan mercados en
el exterior. De todas formas, sus lobbys de presión parece
que no han levantado la voz públicamente contra el BCE, animándole
a bajar los tipos de interés que propiciarían la caída
del euro, lo que si ha hecho el poder político para que se
anime la actividad económica. Y por último, el capital
financiero europeo parece encantado con un euro fuerte que se está
convirtiendo poco a poco en una divisa de proyección mundial
cada día más potente. Pero de todas formas es el BCE
el poder que tiene más capacidad para imponer lo que hay
que hacer, y el que trata de presionar a la Comisión para
que fuerce el cumplimiento del Pacto de Estabilidad, a pesar de
las protestas de los principales Estados. Y todos ellos (en especial
los Estados) se encuentran a su vez disciplinados por la temible
fuerza del dinero especulativo que opera a nivel mundial, debido
al vendaval de flujos monetarios que se mueven diariamente entre
los distintos mercados financieros, y en especial en el mercado
de divisas. Sin embargo, en los últimos tiempos, se podría
decir que la persistente revalorización del euro respecto
dólar empieza a ser (o puede llegar a ser) un verdadero problema
para la economía europea, y hasta el propio presidente del
BCE está alertando ya de la "excesiva volatilidad"
de los mercados de cambio; a pesar de lo cual se resiste, por ahora,
a bajar los tipos de interés.
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(23) Una Alemania
reforzada junto con dos de los tres grandes (Francia, Gran Bretaña
e Italia) podrán bloquear cualquier decisión que les
moleste. España y Polonia pierden peso institucional (de
ahí su oposición a la actual Constitución),
y los pequeños perderán presencia en la Comisión
(pues, en principio, ya no habrá al menos un comisario por
país) y se acaban las presidencias semestrales rotatorias
que les conferían un cierto protagonismo interno e internacional.
Esto refuerza una estructura de mando más centralizada, pero
es también un problema para la Comisión por el poder
que le disputan los grandes.
(24) Como ha manifestado
en Dubai el economista jefe del FMI, la economía mundial
es como un avión que ha dependido de un solo motor para volar,
EEUU, y ahora está aterrizando sobre una única rueda:
el euro.
(25) Los países
del Este se incorporan a la UE en base al Tratado de Niza, que ya
les imponía una posición subordinada y periférica,
y en base a eso convocan sus referendos de adhesión, y ahora
les quieren imponer una Constitución que les recorta aún
más poderes. No es de extrañar que se sumaran a la
Carta de los Ocho.
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Todo esto hace que los Estados estén vendiendo hasta la
camisa, pues pierden base fiscal (por las reformas de impuestos
que ellos mismos, presionados por el capital-dinero global, promueven)
y no hay manera de equilibrar las cuentas públicas. Es por
ello por lo que se va a impulsar en el futuro la privatización
de lo "último" importante que queda en "Europa":
la sanidad, la educación y las pensiones, en cuyos ámbitos
operará de forma brutal la lógica del mercado. Dicha
privatización se ha iniciado de forma todavía incipiente
desde hace algunos años. Lo cual será el fin de la
ciudadanía para los propios de "dentro". Es decir,
el que tenga dinero tendrá acceso a dichos "servicios
públicos", y el que ahorre "tendrá"
pensión. Los demás tendencialmente no. En EEUU hace
tiempo ya que se adentraron abiertamente en ese camino. Además,
el enorme volumen de dinero que liberaría la privatización
de las pensiones para orientarlo a los mercados financieros, es
la gasolina que éstos necesitan para que una vez reforzados
(es decir, integrados virtualmente a partir de 2005, recordemos)
puedan llegar a competir con Wall Street (26),
en donde los fondos de pensiones anglosajones cumplen un papel trascendental,
y brillar como en su día brilló dicha plaza financiera,
reforzando por consiguiente al euro a nivel mundial. Pero "Europa"
tiene un importante problema para que todo este cuento de la lechera
se materialice, y es que no tiene todavía una política
económica única (y parece que tardará todavía
bastante, si es que lo logra, a pesar de que el proyecto de Constitución
es un avance considerable en esa dirección). Cada Estado
tiene la suya, aunque haya bastante coordinación (relativa)
a escala de la actual UE, dentro del Ecofin, y el euro presione
en el mismo sentido. Y eso vuelve a ser un problema de credibilidad
para la moneda única.
Pero ¿qué pasará cuando se incorporen los
nuevos países miembros, muchos de los cuáles tienen
una importante deuda externa (debido a los créditos del FMI
y el BM para garantizar su tránsito al "libre mercado")?¿Y
cuándo ingresen Rumanía y Bulgaria en 2007, tal y
como está aprobado, así como tal vez Turquía
(27)? Países cuya situación
económica-financiera es aún más precaria y
cuyo salto en términos de "desarrollo" y grado
de modernización con la UE actual es abismal. ¿O cuándo
entren en la UE los seis países balcánicos (28),
como está previsto? Espacio geográfico que a todo
ello suma una situación interna explosiva. Bueno, Prodi lo
ha dejado meridianamente claro, para apaciguar y contentar a los
mercados financieros, el que estos países ingresen en la
UE, cuando lo hagan, para nada quiere decir que lleguen a formar
parte del Eurogrupo, la Bussiness Class de la UE (sobre todo de
la ampliada). No vaya a ser que las manzanas malas contaminen a
las buenas y afecte la podredumbre (es decir, la desconfianza) a
toda la cesta. Hay que salvaguardar como sea la credibilidad del
euro. Además, el BCE en ningún caso acudirá
en "socorro" de los países periféricos de
la futura UE que se encuentren eurizados (es decir, con el euro
como moneda de curso legal, pero sin formar parte del Eurogrupo),
pues hasta en el seno del Eurogrupo cada Estado es responsable del
pago de su deuda pública, soportando distintos niveles de
riesgo, y para nada hay una responsabilidad colectiva común.
Es decir, cada palo que aguante su vela.
Se consolidará pues una "Europa" con un centro
fuerte y distintas periferias que tendrán sus mercados abiertos
a los poderes económicos y financieros de este espacio central
y que sufrirán estas dinámicas como todas las periferias.
A nadie se le escapa la difícil legitimidad política
interna de esta "Europa a distintas velocidades", especialmente
en sus espacios periféricos del Este. Los países del
Este después de muchos años preparándose para
entrar en la UE se encontrarán con que, una vez dentro, estarán
otra vez fuera de donde se corta el bacalao. Salvando las distancias,
serán como una especie de México en relación
con EEUU dentro del Tratado de Libre Comercio, aunque eso sí
con ciertas ayudas transitorias hasta que se reestructure su agricultura,
pues todavía poseen un mundo rural considerablemente vivo,
y se construyan las infraestructuras necesarias (sobre todo viarias)
para conectar sus mercados entre sí y con el corazón
de la UE. Una parte importante de esta inversión en infraestructuras
se está haciendo con fondos del BEI (Banco Europeo de Inversiones),
lo que agudizará el nivel de endeudamiento de estos Estados;
el BEI es un gigante opaco y poco conocido que tiene más
capacidad de actuación (en volumen de préstamos) que
el Banco Mundial. Por otra parte, los países más "pobres"
de la actual UE serán los que van a pagar la factura de la
ampliación hacia el Este, pues hacia allí se están
ya empezando a reorientar los limitados recursos presupuestarios
de la Unión, y lo harán aún con mucha más
fuerza a partir del 2006.
Pero: ¿Qué proyecto político es la UE que
no se sabe bien hasta dónde abarcará?¿Dónde
acaban las fronteras del "proyecto europeo" y cómo
se podrán defender éstas de las avalanchas de inmigración
"ilegal"? Esto es: ¿Cómo se podrán
defender más de seis mil kilómetros de fronteras cuando
todo ello tenga lugar? ¿Qué coste tendrá y
qué problemas se derivarán de estar pared con pared
con Rusia, Bielorrusia, Ucrania y hasta Siria, Irán, Irak,
Georgia y Armenia (si es que finalmente entra Turquía)? ¿O
es que habrá otra frontera interna más impermeable
(29)? No sólo serán
necesarias abundantes fuerzas policiales, sino muy seguramente militares.
Humberto Bossi ha llegado a plantear que la marina de guerra italiana
disparara en alta mar contra los barcos de los "sin papeles".
Y es por todo ello, a pesar de esta (por el momento) boutade, y
sobre todo por las necesidades que se derivan del documento Solana,
por lo que los Estados piden (pues ese es el papel que les asignan)
que los gastos de Defensa no computen a la hora de tener que cumplir
con el Pacto de Estabilidad. Esta exigencia la formulan especialmente
Francia y muy en concreto Alemania. "Europa" gasta la
mitad en Defensa que EEUU, y si se quiere convertir en una verdadera
superpotencia mundial
pues ya se sabe. Es decir, la cuadratura
del círculo.
Además, en la nueva Constitución Europea a los Estados
se les asigna claramente la función de guardianes del orden
interno, realzándola de forma especial. No sólo eso,
se petrifica el actual orden estatal y se olvida cualquier referencia
a los "pueblos" de Europa, esto es, a los "pueblos"
sin Estado (Euskal Herria, Córcega, etc), para los que ni
siquiera cabe el derecho de autodeterminación que es reconocido
por las propias NNUU. Hasta la "Europa de las Regiones"
parece que pasa a mejor vida. El Estado-nación que parecía
desfallecer vuelve a resurgir fuertemente remodelado, se desprende
de su cara blanda (la del Estado social) y apuntala su cara dura
(la policial y militar). Y es más, hasta se menciona una
Cláusula de Solidaridad para poder intervenir (hasta con
fuerzas militares) en un Estado miembro que haya sido atacado por
el "terrorismo" o cuando estén "amenazadas
sus instituciones democráticas". ¿Por quién?,
cabría preguntarse. ¿Quizás, por su propia
gente? Pero el coste de esta función de guardianes del orden
interno también se va a disparar.
El "proyecto europeo" es un proyecto sin alma, pues su
cemento unificador es puramente el de los intereses de las fuerzas
del dinero, aparte quizás del festival de Eurovisión
(en el que curiosamente participa Israel) o la Eurocopa. No en vano
es la cultura (y la lengua), y en los últimos tiempos el
deporte espectáculo, lo que refuerza el sentimiento de identidad
que mantiene respirando todavía la "legitimidad"
del Estado-nación. Y parece que sólo el euro es algo
"compartido" a escala de la UE (mejor dicho del Eurogrupo).
Pero después de la inicial "euforia ciudadana",
mediáticamente construida (con un gasto publicitario ingente),
todo indica que se ha impuesto una cierta cordura cuando se han
percibido que los efectos del euro para el común de los mortales
tan solo ha sido un encarecimiento generalizado de los precios.
Así es imposible crear un amplio imaginario social europeo
que sustente la construcción de esta "Europa del capital"
y la defienda, y es por eso por lo que se va a intentar consolidar,
se está haciendo ya, en base puramente al miedo. Es decir,
agrupando en torno a la defensa de sus estructuras de poder (y en
especial de sus Estados-nación) a sus pretendidos beneficiarios
contra todo aquello o todos aquellos que lo pudieran poner en cuestión.
Sea el "terrorismo internacional", que se vincula con
cada vez más con el mundo islámico. Sea la desigualdad
y desestructuración social interna, por eso hay una creciente
criminalización de la pobreza, y se camina poco a poco hacia
un Estado penal tipo EEUU. Sea el "Otro", por eso se produce
un cada día mayor acoso y persecución del mismo, aunque
eso sí, se establezca una categoría inferior a la
de la "ciudadanía plena" para los "residentes
("legales") de larga duración no comunitarios",
los "extraños a la comunidad". O sea cualquier
sector que pretenda cambiar el orden de cosas existentes, al que
fácilmente se le puede llegar a tachar también de
"terrorista", ese término que se ha convertido
en un cajón de sastre en el que parece que cabe cualquier
disidencia. En este sentido, el fantasma del 11-M se está
utilizando para justificar y legitimar el "proyecto europeo",
argumentando que su desarrollo y reforzamiento permite garantizar
una mayor seguridad para todos los ciudadanos de la UE.
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(26) Los mercados
bursátiles de la UE están menos desarrollados que
en EEUU, pues tienen en su conjunto la mitad de volumen de capitalización.
Y tan sólo cuatro se hallan actualmente integrados en Euronext:
Ámsterdam, Bruselas, París y Lisboa (Fdez Duran, 2003).
(27)Turquía
(socio de la OTAN) ha sido aceptada, por fin, a iniciar negociaciones
para formar parte en su día de la UE, aunque no se ha establecido
ninguna fecha concreta para ello. EEUU ha estado presionando durante
años para que así fuera, contando en los últimos
años con el apoyo de algunos miembros de la UE (España
entre ellos). Sin embargo, muchos otros miembros se oponen a que
UE acoja en su seno a un país islámico, máxime
después de que su sistema de partidos tradicional haya saltado
recientemente por los aires, y haya accedido al gobierno un gobierno
islámico "moderado". Giscard D'Estaing ha llegado
a decir que la entrada de Turquía sería el fin de
la UE, lo que ha provocado un enorme revuelo.
(28) Albania, Croacia,
Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Serbia y Montenegro.
(29) De hecho, se
va a demorar en varios años la libre circulación interna
de los ciudadanos de los nuevos países miembros del Este,
cuya inmigración hacia la actual UE se está disparando
como resultado de su brusca reestructuración. Es decir, éstos
países no entrarán a formar parte del llamado Espacio
Schengen. Además, en la Constitución se contempla
el crear una Agencia Europea de Fronteras para controlar los flujos
migratorios. Recientemente se han reunido para unificar su política
de inmigración los cinco grandes (Alemania, Francia, Gran
Bretaña, Italia y España) a pesar de que en el futuro
estará comunitarizada de acuerdo con lo previsto por la futura
Constitución. Empiezan, pues, las "cooperaciones reforzadas".
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De hecho, las reformas penales, jurídicas y policiales acometidas
en el espacio de la UE al calor del 11-S van claramente en esa dirección
(incluido la posibilidad, que se hace realidad, de un fuerte control
de Internet) (30), y desde Salónica
están plenamente comunitarizadas, suponiendo ya un muy importante
recorte de los derechos y las libertades. Y el 11-M va a suponer
una nueva y poderosa excusa para dar una vuelta de tuerca adicional
en esta dinámica. La avanzadilla en este terreno es Gran
Bretaña que ha aprobado una legislación antiterrorista
que permite establecer una especie limbo jurídico para los
detenidos en pleno corazón de la "Europa de las libertades",
algo así como un "Guantánamo" dentro de
la UE. El país que inventó el Habeas Corpus, es ahora
el primero que lo niega en la UE, siguiendo la estela de EEUU. Es
un Derecho que suspende las normas del llamado Estado de Derecho
(De Lucas, 2003). Y hay muchos más dentro de la Unión
que le siguen de cerca. España es uno de ellos. La Ley de
Partidos y su aceptación a escala europea es un síntoma
de ello. En este campo (el de la "Europa" policial) parece
que las distintas estructuras de poder en la UE no manifiestan discrepancias.
El Gran Hermano ya está aquí.
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El dólar y el euro,
frente a frente ya, y a cara de perro
En sus pocos años de
existencia, el euro se ha convertido ya, a pesar de todo, en un
serio adversario del dólar a escala mundial. Y no tanto por
mérito propio (31),
por lo ya visto, sino porque el dólar ha empezado a entrar
en una crisis que se aventura profunda. Como no podía ser
de otro modo, debido a los enormes desequilibrios de la economía
estadounidense que se han visto agudizados por la crisis del llamado
Régimen Dólar-Wall Street (RDWS) (32)
y por las políticas "neoimperiales"
de la Administración Bush, que curiosamente se habían
lanzado, pensamos, con el afán de intentar mantener dicho
Régimen manu militari (Fdez Durán, 2003). Cada día
queda más claro que tal opción no está funcionando,
y no sólo eso sino que está profundizando aún
más la crisis del RDWS. Sin temor a equivocarnos se puede
decir que se ha iniciado ya la fuga del dólar. Otra cosa
serán los ritmos que adopte esta fuga y cómo se manifestará
la gravedad de dicha crisis, pues EEUU va a intentar mantener como
sea la primacía del dólar recurriendo a su enorme
poder militar, una especie de "política monetaria de
las cañoneras". Ya lo dejó bien claro en su Nueva
Concepción Militar Estratégica de septiembre de 2002,
antes de lanzarse a la aventura de Irak; esto es, que EEUU no permitiría
que ninguna potencia (probablemente China a medio plazo) o grupo
de potencias (seguramente "Europa" a corto plazo) pudiera
disputarle su hegemonía en términos militares. Así
de claro.
El dólar tiene, por supuesto, todavía,
una dimensión mundial y manifiesta una importante inercia
a perder su condición hegemónica planetaria; aparte
de que EEUU tiene capacidad para crear liquidez mundial sin control
(que se acepta sin problemas, hasta ahora, a nivel planetario),
lo que no le ocurre al euro, cuyo proceso de emisión está
más restringido por el BCE (atado por su objetivo de control
de la inflación). El euro, mientras tanto, tiene presencia
principalmente, aparte de indudablemente en la UE, en Europa Oriental,
Oriente Próximo y Medio y África, más las antiguas
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