página de inicio
 
quienes somos
 
campañas
 
acciones antimilitaristas
 
mujeres antimilitaristas
 
CAIN
 
documentos
 
insumisia
 
enlaces
 
e-mail
 

OBJECIÓN DE CONCIENCIA

 
     
 

La difícil tarea de ser soldado de los Estados Unidos y negarse a participar
de una guerra

Por Guillem Sans
Fuente: EFE

 
 
 
   
 

Negarse a participar de los combates en el frente es una tarea difícil para cualquier soldado. Sin embargo, guerra tras guerra los casos se repiten. El ataque a Irak, una guerra impopular como pocas, por supuesto, no es la excepción.

Al menos seis soldados de EEUU destacados en Alemania han abandonado su servicio y un centenar más ha solicitado ayuda a una red de asociaciones que les asesora ante las dificultades, enormes en tiempos de guerra, de declararse objetores de conciencia y las graves consecuencias de la deserción. Los soldados, en muchos ejércitos, "no suelen recibir una información razonable" cuando deciden abandonar el cuerpo militar, circunstancia extrema en el caso de Estados Unidos, aseguró Rudi Friedrich, de la asociación Connection, que presta ayuda a los soldados que salen del cuartel para no volver a pisarlo.

La organización, parte de la Red de Asesoramiento Militar (MCN), abrió una oficina de información jurídica a la que se dirigieron varios soldados ya antes de que empezara la guerra de Irak, prueba para sus responsables de una cierta resistencia a la campaña bélica aliada en el propio seno del Ejército estadounidense. Negarse a ir al frente es difícil ya por motivos de contrato, pues los soldados se comprometen voluntariamente a prestar servicio durante varios años, y quienes toman esa decisión se enfrentan a un proceso que puede durar meses.

El soldado tiene que ofrecer una explicación detallada de los motivos de su decisión y, si la solicitud es aceptada, debe someterse a un examen por parte de un psicólogo, un sacerdote castrense y un oficial, que deciden también en el proceso. La mayoría de solicitudes procede de soldados estacionados en Alemania, pues es en este país donde los EEUU tiene más tropas en el viejo continente, dirigidas desde Stuttgart-Vaihingen, sede del Mando Central Europeo (EUCOM), que coordina a 116.000 soldados para operaciones en Europa, gran parte de Africa y Oriente Medio.

Los seis desertores salieron por la puerta principal de alguna de las bases de EEUU en Alemania y se encuentran en paradero desconocido. Su futuro depende de la buena voluntad de particulares que quieran acogerlos y de la ayuda de asociaciones de la MCN, que recomienda a los soldados insistir en la vía legal y no desertar. "Si abandonar el servicio no es nunca empresa fácil, las dificultades se agrandan hasta el extremo en caso de guerra, pues muchos expedientes de solicitud son destruidos y sus firmantes enviados al frente", denuncia Connection.

Fue el caso de David Carson, de 37 años, veterano de la Guerra del Golfo de 1991 que descartó desertar -la cárcel es en ese caso la consecuencia más probable- pero que no vio reconocido su estatus de objetor de conciencia hasta después de la contienda. Carson, destacado en el cuerpo de enfermeros, estuvo en el frente a pesar de haber rellenado el formulario para solicitar la objeción y de haber superado los citados exámenes. La crisis suscitada por la invasión iraquí de Kuwait se agudizaba y Carson se volvía cada vez más crítico con la guerra que se avecinaba, hasta que tomó la decisión de no participar en ella: "llegó un momento en que me di cuenta de que no podía hacerlo. Fue como un despertar", contó.

Entonces empezó el calvario de trámites y el rechazo. Sus superiores no le daban ningún tipo de información. Sus compañeros estaban divididos ante su decisión y los insultos se convirtieron en el pan de cada día. "Comunista" era uno de los improperios que le lanzaban. "Hoy me llamarían 'terrorista de Al Qaeda", comenta.

Uno de sus superiores, un veterano de Vietnam, le dijo que, si de él dependiera, le colocaría contra la pared y le pegaría un tiro. La hora de la verdad no tardó en llegar. Varias palizas por parte de sus superiores precedieron a su traslado al Golfo Pérsico en enero de 1991. Protestar y simular un intento de suicidio tras los primeros bombardeos no sirvió de nada.

En una guerra con pocas bajas aliadas, Carson no atendió a uno solo de los suyos, pero sí a numerosos civiles iraquíes víctimas de las bombas, muchos de ellos niños. Esas escenas son las que han hecho de él un pacifista que hace dos semanas participó en una sentada de bloqueo del aeropuerto militar estadounidense de Rhein/Main, cerca de Frankfurt. En su Forth Hood natal, en Texas, Carson tenía 22 años, había interrumpido sus estudios de música, trabajaba en una pizzería y tomaba demasiadas drogas cuando se alistó. El ejército parecía una manera de salir del agujero. Ahora vive en Hanau, cerca de la capital financiera de Alemania, Frankfurt, y está desocupado. Su padre, que sirvió en el Ejército durante 27 años y conoció Corea y Vietnam, le llamó "traidor" y "fracasado" cuando decidió no combatir. Ahora, le ha mandado a su hijo un mensaje de correo electrónico que dice: "Esta guerra es injusta".