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Colombia está compuesta
por un total de 41.564.000 habitantes de los cuales 16.235.000,
es decir, el 41.5% del total de la población del país
son menores de 18 años. La diversidad cultural y lingüística
de estos habitantes está representada en la existencia de
85 pueblos indígenas, grupos raizales y afrocolombianos.
También existen 64 idiomas distintos además del español
que es el idioma oficial. Según las estadísticas,
el 72% de la población está localizada en zonas urbanas.
La tasa de crecimiento anual de la población es del 1.9%
en general, y del 2.4% anual en las zonas urbanas. Geopolíticamente
Colombia resulta estratégica siendo el primer país
de la América del Sur, con costas en los dos mares, poseedora
de todos los pisos térmicos, de una grandísima riqueza
en biodiversidad y mezcla cultural.
La historia colombiana se ha caracterizado por presentar
muchas formas de violencia en la cual convergen factores sociales,
económicos, culturales, políticos e históricos,
los cuales han dejado un cumulo de experiencias dolorosas en la
memoria de los y las colombianas. Algunos analistas afirman que
Colombia es un país en guerra endémica permanente,
reflejado en el siglo XX en una guerra con el Perú, la confrontación
de partidos de 1948 destacándose la persecución política
por el partido conservador, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitan
y el surgimiento de las guerrillas. En la década de los sesenta
surgen guerrillas revolucionarias (FARC, ELN, EPL) que buscan disputar
el poder al bipartidismo del Frente Nacional y de las clases sociales
tradicionalmente dominantes en la sociedad colombiana. A fines de
la década de los sesenta y principios de la década
de lo 70 surgen otros movimientos insurgentes como el Movimiento
19 de Abril, el PRT y el Movimiento Quintin Lame, entre otros. Algunos
de éstos han sido fraccionados por su desmovilización
y por los acuerdos de paz durante los gobiernos de Barco y Gaviria.
Para impedir el avance de la guerrilla se originan los paramilitares
como forma de autodefensa legalizada dentro de las políticas
contrainsurgentes diseñadas en el marco de la Seguridad Nacional,
quienes impulsados por terratenientes y ganaderos logran convertirse
ante todo en una expresión militar y económica asociada
al narcotráfico. Después el paramilitarismo se profesionalizó
militarmente y se legalizó mediante cooperativas y asociaciones
de seguridad llamadas Convivir, y con la primera cumbre
de Autodefensas liderada por Carlos Castaño, cabeza de la
Autodefensas Unidas de Córdoba y Uraba (AUC). Cabe decir
que no puede afirmarse que exista una política de estado
de apoyo al paramilitarismo. No obstante, en algunas ocasiones se
ha evidenciado los nexos con miembros de la fuerza pública
mediante su colaboración activa u omisiva.
Actualmente el gobierno de Uribe con la puesta en
marcha de medidas encaminadas a garantizar la seguridad y la lucha
contra el terrorismo como la propuesta de Seguridad Democrática
que incluye el fortalecimiento de la fuerza pública y la
red de informantes, y la puesta en marcha desde el año anterior
del denominado Estatuto Anti-terrorista que entrega
poderes especiales a las Fuerzas Armadas y de Policía para
detener, allanar y retener a cualquier persona sin necesidad de
orden judicial, ha producido en la actual coyuntura una gran polémica
por las arbitrariedades que se están cometiendo contra la
población, a la que se considera culpable antes de ser escuchada
en indagatoria por jueces y fiscales cuya independencia está
en cuestión.
Esta situación ha colocado en la mira en especial
a jóvenes de sectores rurales y urbanos, que son hostigados
y sufren persecución por no poseer su libreta militar, lo
cual entraña, por consiguiente, un nuevo factor que promueve
la vinculación de estas personas en los programas estatales
de Soldados y Policías Campesinos o alistarse
en las filas de las fuerzas armadas y de policía de manera
voluntaria. Con esto se ha aumentado considerablemente el tamaño
de la Fuerza Pública en Colombia, pasando de aproximadamente
250.000 a comienzos de la década de 1990 a más de
355.000 en el 2004
También con iniciativas gubernamentales como
la Reforma Política la cual busca recortar las libertades
individuales de los ciudadanos, la eliminación de las Personerías
y la Acción de Tutela, las reformas a la ley de reclutamiento,
la convocatoria a soldados campesinos e indígenas, la ley
penal juvenil que considera como incapaces al momento
de ejercer sus derechos civiles y políticos y de responder
penalmente por sus actos al igual que los adultos. Y, a pesar de
mencionar la eliminación del servicio militar obligatorio,
crea un servicio social obligatorio para hombres y mujeres
el cual incluirá entrenamiento militar básico.
Una parte de los jóvenes en nuestro país
viven en los estratos económicos más bajos y muchos
de ellos se encuentran en condiciones de miseria total. Los derechos
al desarrollo, a la supervivencia, a la participación y a
la vida digna de los y las jóvenes son violados en los espacios
públicos y privados, en la falta de la definición
de políticas, planes y programas sociales. Marginados de
estos derechos fundamentales y de cara a afrontar el conflicto armado
colombiano, muchos jóvenes nos vemos obligados a participar
cotidianamente en una guerra de subsistencia, desde el rebusque
hasta la delincuencia y criminalidad, resultando en el aumento de
la violencia e intolerancia en los barrios, la desintegración
de la vida familiar, y la estigmatización y discriminación
de la juventud en general. Esto último resulta en acciones
punitivas por parte de las fuerzas públicas que pretenden
controlar los brotes de desorden social con medidas de represión,
desconociendo las causas estructurales que han llevado a la juventud
en ocupar el no poco honroso lugar o estigma del peligro.
Al lado de estas violaciones de derechos humanos,
la degradación del conflicto armado ha hecho que los y las
jóvenes se vean inmersos desde temprana edad en el aterrador
mundo de la guerra, siendo testigos o victimas de ataques indiscriminados
a la población civil, asesinatos, masacres o genocidios,
la limpieza social en los barrios, el hambre, el desplazamiento,
etc. Muchos quedan huérfanos, otros desaparecen, son sometidos
a tratos crueles e inhumanos y un buen número de jóvenes
terminan vinculados a uno de los diferentes grupos armados.
La presión ejercida por los actores armados
hacia los y las jóvenes es constante. La falta de oportunidades
laborales, el poco acceso a la educación superior, la ausencia
de políticas públicas claras encaminadas a la juventud,
son algunos aspectos que inciden en la participación de los
y las jóvenes en el conflicto armado. La posibilidad de adquirir
el status y seguridad que brindan las armas, llama la atención
en un joven ambicioso de obtener reconocimiento y mejorar su autoestima.
Ante la realidad de las pocas oportunidades de educación
y empleo, el ingreso a uno de los grupos en conflicto se convierte
en una opción de trabajo para ayudar a la familia a salir
de la difícil situación económica en que se
encuentra.
El incremento de la participación de jóvenes
de ambos sexos dentro de las fuerzas armadas y de Policía
en Colombia, o su involucramiento directo e indirecto con grupos
guerrilleros, paramilitares u otras expresiones de los actores del
conflicto armado colombiano, en un contexto de creciente deterioro
y degradación de las hostilidades, con la utilización
de métodos y medios prohibidos por el derecho internacional
humanitario, ponen en grave riesgo la pervivencia de la población
menor de 25 años en el país.
El empobrecimiento derivado de la crisis relacionada
con el conflicto armado y la aplicación de modelos económicos
que privilegian el endeudamiento externo y el pago del servicio
de la deuda, tiene un impacto muy fuerte en el desempleo juvenil.
Por esta razón, el ingreso a la carrera militar y policial
estatal, o la vinculación a grupos paramilitares y de guerrillas,
se convierte en una alternativa económica para miles de jóvenes
colombianos. Las opciones en empleos no militares son escasas y
exigen niveles de escolaridad más avanzados cada vez, volviéndose
el problema un círculo vicioso para los y las jóvenes,
que sin poder acceder al sistema educativo, no hallan tampoco forma
de ganar el sustento de manera pacífica.
Al lado del reclutamiento masivo que se lleva
a cabo en especial en zonas empobrecidas de los campos, pueblos
y ciudades colombianos, el gobierno nacional está promoviendo
una nueva iniciativa legislativa que endurece y modifica la ley
sobre Servicio Militar Obligatorio, extendiéndolo a mujeres
y eliminando la prohibición para indígenas.
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