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CAMPAÑAS - INSUMISION EN LOS CUARTELES - CARTAS Y COMUNICADOS
     
 
CARTA DE LOS INSUMISOS PRESOS EN LA CARCEL MILITAR
 
 
 
     
  Por mucho que nos encierren en sus cárceles, los insumisos no somos víctimas. Somos más un problema para quienes nos tienen aquí que ellos para nosotros. De hecho sólo somos los herederos de una "problemática" trayectoria de desobediencia con casi 30 años a la espalda: Primero forzamos al gobierno a reconocer la Objeción de Conciencia; después, la presión de varios miles de insumisos (cientos de ellos encarcelados) y cientos de miles de objetores, obligaba a reducir la duración de la mili y a la prestación social sustitutoria, elevaba el debate sobre la desaparición del servicio militar a los medios de comunicación, restaba apoyo social al Ejército y empezaba el imparable derrumbe del reclutamiento forzoso, todo ello a pesar de nuevas leyes para poner a salvo al Ejército de la actividad de los desobedientes y para romper los lazos de solidaridad con estos.

Recientemente el gobierno se ha visto forzado a certificar la defunción del servicio militar, pero la insumisión no muere con la mili. Desde que en 1997 comenzó la campaña de insumisión en los cuarteles, 14 insumisos hemos pasado ya por aquí (10 estamos ahora), y otros 15 no tardarán mucho en venir a hacernos compañía. Si a esto añadimos los más de 20 civiles inculpados por acciones noviolentas contra instalaciones militares, la buena salud de la desobediencia antimilitarista queda bien demostrada.

Los insumisos no tenemos un problema individual con la mili, tenemos un problema social con el militarismo. No tenemos miedo a decir que estamos a favor de la abolición de todos los ejércitos: pensamos que sólo nos "defienden" de vivir en un mundo más justo e igualitario. Un ciudadano de Marruecos, Serbia o Irak no es responsable de la precariedad laboral, de la privatización de empresas públicas, o del agujero en la capa de ozono. No es de ellos de quien tenemos que defendernos.

El dinero que cada vez cuesta más trabajo ganar, es gastado con cada vez menos vergüenza en costosos juguetes bélicos. El gasto militar aumenta al mismo ritmo que la injusticia social. El gasto en sanidad, educación y empleo disminuye mientras crece el presupuesto de defensa. ¿Defensa de qué?.

Nuestro "humanitario" ejército, integrado en la OTAN, es responsable directo del asesinato de miles de civiles y de la completa devastación de Serbia y Kosovo. También es responsable de la miseria que padecen cientos de miles de iraquíes a causa de un humillante embargo. Curiosamente, los Milosevic y Sadam Husein contra los que supuestamente se hicieron esas guerras, siguen en el poder, ahora con más fuerza que nunca. ¿Dónde está la labor humanitaria de los ejércitos? Como dijo el poeta, "la guerra es una masacre entre un montón de gente que no se conoce, provocada por unos pocos que sí se conocen pero que no se masacran".

Los ejércitos representan la violencia institucionalizada, diseñada conscientemente para mantener los privilegios de unos pocos, cada vez más pocos, a costa de muchos y de, cada vez, más muertos.

Dentro de la gran gama de cosas estúpidas que hacemos los seres humanos, la estupidez megalómana y delirante del militarismo es algo para lo que no estamos determinados genéticamente. El militarismo sólo beneficia a un número muy reducido de personas en el planeta, y los demás tenemos la obligación de evitar esta locura negándonos a colaborar con ellos. Tratar de buscar soluciones a los problemas que nos afectan no es ser utópico, es tener dos dedos de frente. Y si nosotros no llegamos a ver un mundo sin ejércitos, por lo menos no vamos a permitir que actúen con la impunidad con la que están haciéndolo.

Joseph Ghanime
Alberto Naya
Raul Alonso
Miguel A. de Felipe
Cárlos Pérez
José Manuel de la Fuente
(Presos en 2º grado -régimen cerrrado- en Alcalá)