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En el campamento de refugiados de TULKAREM, el miércoles
fue el quinto día de incursión militar del ejército
israelita.
Durante la incursión en el campo los soldados
saquearon casas, impidieron a las ambulancias recoger a los heridos,
varios niños de las casas ocupadas fueron brutalmente agredidos
(se desconoce si hay alguna víctima).
Voluntarios de ISM dieron testimonio de las consecuencias
que el ejército causó visitando cinco de las familias
cuyas casas habían sido saqueadas por los soldados hebreos.
Los voluntarios observaron el daño innecesario hecho sobre
las pertenencias de las familias palestinas, armarios rotos, televisiones
y refrigeradores, fotografías, marcos y vasos estrellaron,
y se cebaron en la destrucción de artículos religiosos.
Dos familias informaron que soldados les tiraron
la comida como el café, yogures, huevos y les vertieron los
artículos de limpieza en el suelo prendiéndoles fuego.
Una tercera familia declaró que las fuerzas
israelíes entraron en su casa cuatro veces durante esta incursión
vertiendo una tina verde de aceite oliva y rompiendo los aparatos
electrónicos.
Volcaron las flores que recientemente habían
guardado dos madres debido al nacimiento de sus hijos, las sacaron
durante horas la sol, negándoles la entrada a sus hogares,
el acceso a la comida e incluso a que estas dieran el pecho a sus
hijos.
Mientras un soldado dejó caer una mesa fuera
desde la ventana del segundo piso para asustar a la familia. A los
jóvenes de las cinco familias los contuvieron tirándoles
gas lacrimógeno.
Además de la destrucción de casas,
las fuerzas israelitas han ocupado otra tres.
En una de las de las casas forzaron a los miembros
de la familia a introducirse en un cuarto diminuto, incluyendo una
mujer mayor con problemas de corazón y dos niños donde
aún permanecen encarcelados, cuando las temperaturas alcanzan
en esta época del año mas de 30 grados, negándoles
el acceso al agua fría, comida o leche para los bebés.
A partir de las 20:00h del 28 de mayo, las fuerzas
israelitas y la Policía Fronteriza dispararon a nueve niños,
seis con munición reglamentaria y tres con las balas de caucho.
Los niños van de siete a dieciséis
años de edad. Uno de los muchachos sangró casi hasta
la muerte, ya que la Policía Fronteriza negó el acceso
de la ambulancia negó y uno permanece en estado crítico.
Esta es la segunda operación a gran escala
en el campo de refugiados de Tulkarem en los dos últimos
meses.
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