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CAMPAÑAS - CONTRA LA GUERRA - PALESTINA
ISRAEL
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NOTICIAS DESDE LOS TERRITORIOS
OCUPADOS
Txutxi Zamarra: Recopilacion de noticias
Traducción: Ana Atienza
28-mayo-2003
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Escudos Humanos. Jenin
Bulldozer averiado. Gaza
Un martir en clase Bienvenido
a Gaza
Buscando la tumba
Operacion Escudo Defensivo
Noticias sobre Brian, activista del ISM
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Escudos Humanos
Hacia las 4 de la tarde del miércoles 14 de
mayo, dos tanques, tres blindados de transporte de tropas APC, unos
seis jeeps, dos hummer y dos helicópteros armados Apache
llegaron al campamento de Jenín. Me fui hacia el campo de
refugiados, corriendo por un callejón arriba entre vecinos
a la puerta de sus casas y shebabs, muchachos cargados de piedras,
todo atestado de gente diciéndome que volviera, y "¿adónde?",
pensaba en el fondo este barrio devastado. Un APC y un tanque ocupaban
la calle, el tanque levantó su enorme cañón
para escudriñar despacio, midiendo, sopesando, subiendo y
bajando su mira para destruir casas. El APC escupió unas
ráfagas del calibre 50 sobre el asfalto que había
ante nosotros (algunos chicos que lanzaban piedras al aire y yo).
Nos retiramos en abanico y nos metimos detrás de una casa,
fuera de su alcance. Les pregunté cómo era que estaban
deteniendo a gente y que estaban apuntando hacia el hospital.
Detrás del hospital, los soldados tomaron
a una mujer como rehén delante de la casa de Khalil, su novio.
Pude ver a tres jeeps tomando una calle y flanqueando la casa. Unos
soldados se habían emboscado detrás de unos escudos
metálicos cortos a ambos lados de la puerta delantera de
la casa de Khalil. Estaban usando como escudo un minibús
amarillo con dos ancianas impávidas dentro. Al mando estaba
un oficial vestido de paisano con una camisa azul de cuadros y un
M16 que llevaba puesto un casco verde, un pasamontañas azul,
un chaleco antimetralla verde con granadas, balas, agua, un walkietalkie
y un mapa. Al acercarme, uno de los soldados salió de detrás
de su escudo para apuntar a unos chavales que lanzaban papel higiénico
(qué bien, todo a mano). Le grité que parara y le
obstaculicé. Él bajó el arma y sonrió,
me dijo que cerrara el pico de una puta vez o que si no me mandaría
a tomar por el culo de un tiro. El tanque y el APC se veían
a lo lejos, aún ronroneando por el interior de la zona gris
del campo. Entonces vi que el segundo continente de soldados llevaba
delante a cuatro shebabs con los ojos vendados (de nuevo usándolos
como escudos humanos). Les pegaban de vez en cuando, iba viendo
cómo les daban golpe tras golpe y les ladraban insultos apretando
los dientes. Cuando por fin dejaron de usarles como escudos, les
arrastraron y les echaron a la parte de atrás de un jeep
plagado de soldados más viejos, más gordos y más
ideológicos que estaban esperando (cualquiera que siga en
el ejército bien entrada la treintena es que lo hace por
convencimiento), a uno le salía sangre de la nariz, estaba
cubierto del polvo que acababa de morder y parecía que tenía
dislocada una pierna; otro llevaba la bragueta desabrochada, se
le veía la piel y el pelo, y otro tenía marcas de
botas y de puños.
Tomaron a Sousan como rehén intermedio, llamándola
por su nombre, haciéndole señas para que se acercara,
dejándola de pie para que viera lo que estaba pasando, diciéndole
que se callara, que fuera, que viniera. Los soldados me dijeron
que me fuera a la mierda, pero yo les dije que no me iba a ir a
ningún sitio; "Kalash" (¡Basta!), decían.
Entonces trajeron a tres niñas pequeñas, de 4, 9 y
12 años, y a una mujer alta deshidratada y muy alterada quejándose
y tropezando, con restos de saliva blanca congelada en las comisuras
de su boca. "Hospital, llevadme al hospital", decía
ella en inglés. Se les ordenó que se sentaran al lado
de los soldados, de espaldas a la pared, "Uskoot" (Callaos/silencio).
Las niñas tenían los ojos como platos del susto. Las
balas volaban sobre sus cabezas. Detrás de nosotros explotó
una granada, los jeeps gruñían de vez en cuando. Los
combatientes lanzaban sus ráfagas de balas AK47, haciendo
saltar los techos de los jeeps delante de nosotros, los chavales
peleaban contra el tanque que acababa de aparecer y contra el APC
que se dirigía hacia el hospital. Me senté con las
niñas. Ellas, la mujer desquiciada -ahora echándose
polvo por todas partes y lanzando insultos contra los soldados con
su último aliento deshidratado-- y Sousan lloraban y gemían
sin que les mandaran callar.
En un momento dado, uno de los soldados dio dos disparos
y con aire monótono me dijo: "Vaya, hoy han muerto dos
niños". Luego, cuando las balas empezaron de verdad
a volar y un jeep quedó fuera de combate, empezó a
llorar, luego a reírse y luego me dijo que me sentara, SIÉNTATE,
SIÉNTATE, antes de levantarse, agarrarme, hacerme una llave
para tirarme al suelo y empujarme contra la pared que tenía
al lado. Esto hizo correr como la pólvora por Jenín
el rumor de que me habían "pegado" los soldados.
Compañeros, en pocas palabras, me han sacudido más
todos esos indeseables de la poli británica que cualquier
soldado israelí, pero vuelvo a lo que iba. Mientras sucedía
todo esto, le dieron un tiro en la garganta a Deeyah Rrowadre, de
quince años, con una bala del calibre 50, disparada desde
un APC. Estaba en la puerta del Hospital Nacional de Jenín
y allí murió poco después. A su lado dispararon
a otros tres niños, a dos de ellos en las piernas y una bala
alcanzó la cara del otro. Antes de que los soldados se fueran
con los vehículos usando el furgón naranja de rehenes
a modo de escudo humano móvil y remolcando un jeep acribillado
en su retahíla de tanques, APC y jeeps, tiraron una granada
de mano dentro de la casa de Khalil y otra al coche de su familia
simplemente para rematar la faena.
Lo que vino después fue un intento de entrar
en la casa para ver dónde podía estar una de las granadas
que no había explotado, una visión de muebles destrozados,
un televisor, las ventanas, un espejo y la cocina machacados, ropa
chamuscada y después una oleada de shebabs, chavales y familiares
llorando, con su hermano retorciéndose en el suelo, la mujer
deshidratada a la que habían pegado agonizando en el suelo
y después una salva, una manifestación de luto por
el nuevo mártir de Jenín hasta una tumba reciente
a la que se llega a punta de pistola, derramando sobre ella versos
del Corán, y otra familia rota, echando tierra palestina
sobre la fosa. Desde entonces he visitado a muchas familias. Todas
ellas siguen llorando y recordando a sus muertos.
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Bulldozer averiado
Ayer nació un bebé en el hospital de
Gaza, el segundo hijo de mi amiga Mervat, al que ha llamado Mustafá.
Una mujer que tenía un niño a su lado, a punto de
tener a su décimo hijo, bromeaba conmigo diciéndome
que necesitaba a todos sus hijos porque uno moriría luchando
contra los tanques, otro en prisión, a otro le matarían
de un tiro camino del colegio, y así todo. Hace unos cinco
días un valiente joven de Jenín detuvo la oruga de
un bulldozer junto al asentamiento de Kadeem. ¿Cómo?
Disparándole con uno de los cañones de tanque robados
unas semanas atrás en Kadeem...
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Un mártir en clase
Hace dos días, a Kamal Nawahrba, de catorce
años, le disparó un tanque en la cabeza mientras estaba
estudiando en clase en el pueblo de Yamoun. Ahora está clínicamente
muerto. En Tubas, hace dos noches, las FOI demolieron la casa de
la estudiante de literatura inglesa de 19 años Hiba Azzam
Darajme y la de su vecino, dentro de su política de castigos
colectivos a las familias de cualquiera que esté involucrado
en la resistencia armada palestina. Hiba se hizo estallar el lunes
en un centro comercial de Afula, matando a tres personas e hiriendo
a 50. Esa misma noche en que demolieron su casa, dos Apaches, tres
APC, dos tanques, dos hummers y cinco jeeps invadieron el centro
de la ciudad de Jenín. Detuvieron a diez personas del casco
antiguo, de Seabaht y de Wade Zideen, ninguno de los cuales estaba
en busca y captura; entre ellos se hallaba el enfermo psíquico
de 23 años Moffeah Abu Hammad, vecino del periodista local
de Reuters Alí Samudi, cuya vivienda fue registrada y destruida
a punta de pistola. Anoche, las FOI detuvieron a cinco activistas
de la Yihad islámica, ninguno de los cuales estaba en busca
y captura; dos eran de Aja, dos de Tamoun y uno de Tubas.
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Bienvenido a Gaza
Novedades sobre la situación de Mahmoud Sulleiman
Al Saadi, detenido en junio pasado en el campo de Jenín y
retenido en la prisión de Ofer desde entonces sin cargos.
Mahmoud está ahora en la ciudad de Gaza después de
que le trasladaran allí hace dos días. Deberá
permanecer ahí en prisión durante los próximos
dos años. Esto se debe a que su hermano, Haj Alí,
era uno de los cabecillas militares de la Yihad islámica
en la Ribera Occidental. Alí jamás volverá
a ver la luz del día, y su familia no verá su cadáver
hasta que Israel le libere, si lo hace, dentro de 200 años.
Su mujer y sus tres hijos abandonarán mañana la comunidad
del campo de Jenín y se reunirán allí con él.
Vivirán en un alojamiento financiado por la AP. Otras dos
personas de Jenín, también encarceladas en Ofer en
este momento, van a ser trasladadas a Gaza en los próximos
días. Pronto tendremos más noticias sobre estos casos.
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Buscando la tumba
NABLÚS. Esta semana he pasado cuatro días
en los campos de refugiados de Balata y Askar Jadeed (Nuevo Askar),
con la familia de Abu Ayash en Balata y con la de Bushkar en Askar
Jadeed. Amjad Abu Salim, de 19 años, y Amr Abu Ayash, de
18, tomaron sus M16, se fueron al asentamiento de Shaarei Tikva,
próximo a Qalkilya, y abrieron fuego antes de ser derribados
a tiros por las fuerzas de seguridad de los colonos. Consiguieron
herir a dos habitantes. Estaban con Hamás. La familia de
Abu Ayash estaba deshecha de dolor y de pesar [decían "Hamdullilah"
(Alabad al Señor) a la fuerza]. Los hombres de la familia,
todos ellos en las casas de sus vecinos por temor a ser detenidos
arbitrariamente, se entregaron por completo a la labor de despejar
de muebles la casa -formada en realidad por tres dependencias en
una--, y colocaron puertas de cristal el segundo día después
del ataque. Al hermano de Amr acababan de hacerle un cuarto de baño
nuevo. La familia de Bushkar lloraba a su hijo Osama, que se hizo
estallar el 20 de mayo del año pasado en Netanya. Fue el
primer ataque suicida que reivindicó el FPLP. Tenía
17 años. Mató a tres personas e hirió a más
de 50.
Todos los vecinos y la familia se congregaron, se
sentaron en el suelo, lloraron y escucharon "Ya Ooladi Rah"
(Mi hijo ha salido), de Voice of Freedom, un grupo musical de militantes
con las tradicionales voces graves masculinas y una cantante-heroína
adolescente de voz clara y aguda que rinden tributo a los jóvenes
muertos de la resistencia palestina. Las chicas y yo les dimos dátiles
y café de cardamomo amargo, escuchamos los relatos de dolor
y de hijos encarcelados de las mujeres que me rodeaban, fuimos a
visitar a los vecinos, la familia de un militante de Hamás
asesinado hacía una semana y que quedó calcinado por
una carta bomba en un pueblo próximo. Estaba en la treintena.
Había formado parte del núcleo de la resistencia armada
de Nablús, era un héroe local y os aseguro que Askar
Jadeed necesita gente así. La misma escena, pero más
reciente, fue lo que encontré en su casa; mujeres sentadas
con la espalda apoyada sobre la pared enmudecidas por el dolor.
Me dieron un regalo, una media luna de diamante falso con un cordón
negro; las hermanas de Amr me dieron ropa esa misma noche: una camisa
rosa con volantes y unos pantalones negros.
Por la mañana me arreglaron el pelo y me lo
secaron con un secador a base de toques rápidos. Esa misma
mañana demolieron la casa de Khilffe en la zona montañosa
del norte de Nablús y la de Jameela Abu Ahmad en el casco
antiguo. Iba a hacerse estallar después de la invasión
de abril del año pasado. Ahora ella está en prisión.
Mohamed Rifae, de quince años, que vivía en Askar
Jadeed y cuyo tío es un mafioso local de la Seguridad Preventiva
en Nuevo Askar, fue sentenciado a siete años de prisión
por intentar hacerse estallar en septiembre del año pasado
dentro de Israel. No recuerdo qué día oí que
había un chico de quince años sin control con un cinturón
bomba en la Ribera Occidental.
Askar Jadeed fue rodeada, los APC y los tanques retumbaban
en círculo alrededor, a lo lejos se oía el ruido metálico
de un bulldozer, destruyendo otro trozo de la infraestructura palestina
reconstruida rutinaria y minuciosamente, y con llamadas amenazantes
del General Namroud cada hora, diciéndole a Amjad Rifae con
voz áspera al más puro estilo de la mafia, de capo
a capo, que también iban a por Mohamed, que era "Haaraam",
una lástima que un chaval de quince años fuera a hacer
una cosa así, y decía que la Yihad estaba dividida,
que una mitad quería que lo hiciese y la otra que volviese,
y que iban a ir a por su familia; la llamada siguiente fue al cabo
de dos horas, del tipo Más-vale-que-tengas-algo-más-de-información;
toda la familia estaba sentada en silencio como en un velatorio,
teléfonos colgados bruscamente, llamadas a las 4:00 de la
mañana, esperando que llegaran, echaran la puerta abajo y
se llevaran a los hijos varones.
Al final le encontraron las FOI, al cabo de dos días,
y vinieron también a por uno de sus hermanos varios meses
después. Capítulo cerrado. Lo que se rumorea en la
calle es que las FOI van a volver a lanzar un ataque masivo, con
medidas de seguridad como Manat Ejawals (toques de queda de 24 horas)
y cadáveres de adolescentes desfilando bajo la bandera de
su última operación con el nombre en clave de 'Buscando
la tumba'.
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'Operación Escudo Defensivo'
La máquina de masacrar de abril ha lanzado
su propaganda sobre la seguridad de Israel y la necesidad de mantenerla
"a toda costa". Esta vez es una bofetada en toda regla
a la cara de la resistencia, casi toda literalmente bajo tierra;
el espíritu siempre inquieto de la Intifada jamás
descansará en paz, pero ya casi está en la tumba.
Se oye casi en el vacío del continuo comunidad-resistencia
el eco de los últimos golpes contra la máquina de
los cadáveres en Afula, Qdes, Qalqilya y Gaza. Corre el rumor
de que va a durar quince días. Los periodistas locales más
veteranos me dicen que es una táctica intimidatoria de mierda
y que Jenín está hasta arriba de espías; si
buscan a alguien, no tienen más que traer Apaches, APC y
jeeps, matar a unos cuantos chavales que lancen piedras y llevarse
a quien quieran. No necesitan molestarse en imponer el toque de
queda. Pero Israel acaba de recibir una ayuda de 10.000 millones
de dólares de EE.UU. (gran parte de la cual se destinará
a recobrarse de la semana de huelga general que tuvo lugar hace
quince días y de dos años de economía socavada
por la Intifada), y el Sionismo necesita afirmar y reafirmar su
dominio, su exclusivismo y su supremacía asesina, mientras
lleva a cabo su plan de más de un siglo de antigüedad
para trasladar a las masas lentamente, demoliendo casas, familias
y esperanzas, o bien rápida y sistemáticamente, derribando
barrios enteros, confiscando fuentes de agua vitales para los palestinos,
construyendo un muro-apartheid de ocho metros de altura y reclutando
a nuevas familias judías que compran terrenos amparados por
la Aaliyah en las colonias siempre en expansión de la Ribera
Occidental. Como pasa siempre aquí, nunca se entera uno de
nada. Y como siempre, echando la vista atrás, todo se ve
perfectamente claro, todo encaja perfectamente.
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Noticias sobre Brian
Brian al Ba'tal (héroe) Avery sigue en el
Hospital Militar de Rambam tras recibir el mes pasado en la cara
un disparo con una bala del calibre 50 en el centro de Jenín.
El sábado le hicieron una operación de reconstrucción
facial general que también afectó a la mandíbula.
Todavía no puede comer con normalidad y le están alimentando
a base de proteínas lácteas líquidas que salen
de una bolsa con gotero. Ha perdido mucho peso y le han rapado la
cabeza. Lee, navega mucho por la red y recibe con regularidad visitas,
periódicos y regalos del encantador pueblo israelí
Ta'ayush y de activistas solidarios internacionales. Su estado de
ánimo sigue siendo bueno. Los médicos de Rambam han
calculado que el coste total de su reconstrucción facial
ascenderá a un millón de dólares. A Brian le
gustaría regresar a Estados Unidos para que le atendieran
allí, pero no está claro todavía si Israel
pagaría su tratamiento fuera de los territorios palestinos
robados a menos que se vieran obligados a hacerlo por orden judicial.
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