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El siguiente párrafo puede parecer familiar: El cuarto
día del ataque israelí al Líbano en 1982, crucé
la frontera por un solitario lugar cerca de Metulla y busqué
el frente, que ya había alcanzado las afueras de Sidón.
Conducía mi coche particular, acompañado por una fotógrafa.
Pasamos por una docena de pueblos chiítas y fuimos recibidos
en todas partes con gran júbilo. Salimos, solo con gran dificultad,
libres de los cientos de aldeanos, cada uno de ellos insistiendo
en que teníamos que tomar un café en su casa. Unos
días antes, habían derramado arroz sobre los soldados
israelíes. Unos pocos meses después me uní
a un convoy del ejército que iba en sentido contrario, de
Sidón a Metulla. Los soldados llevaban ahora chalecos antibalas
y casco. Algunos estaban al borde del pánico.
¿Qué había pasado? Los Chiítas habían
recibido a los soldados como libertadores. Cuando se dieron cuenta
que habían venido como ocupantes, empezaron a matarles.
Cuando las topas israelíes entraron en el Líbano
los chiítas era una pisoteada comunidad sin poder alguno,
desdeñada por todas las demás. Después de un
año de combatir a los ocupantes, se convirtieron en un poder
político y militar. El chiíta Hizbullah es la única
fuerza militar del mundo árabe que ha batido al poderoso
ejército israelí. Fin del párrafo.
Escribí esto en un artículo titulado Arroz
Amargo, el cual apareció el 22 de marzo del 2003,
en las vísperas de la invasión de Irak, el cual empezaba
con las palabras Cuidado con los chiítas. Los problemas
de la ocupación comenzarán después de acabar
los combates... Barbara Tuchman murió demasiado pronto.
De lo contrario habría añadido un capítulo
a su libro Marzo de Disparates. Debería recordarse
que Tuchman era muy estricta en la elección de sus ejemplos.
No era suficiente con que un gobierno actuara disparatadamente.
Para ganar un lugar en su libro habían de concurrir dos condiciones
adicionales: que el resultado de la estupidez fuera previsible y
que, en efecto, hubiera alguien advirtiendo con antelación
de esos resultados. (Por ejemplo: El británico rey Jorge
III perdió las colonias de América a causa de un número
de actos disparatados. Estos podrían haber sido previstos,
y, efectivamente, el político y escritor británico
Edmund Burke avisó de ello alguna vez.) Lo que está
sucediendo ahora en Irak era completamente predecible. Es una repetición
exacta de todo lo que nos sucedió (a los israelíes*)
en el Líbano. Otto von Bismarck una vez comentó:
Un necio aprende de su experiencia. Una persona sabia aprende de
la experiencia de los demás. Si es así, ¿cómo
definir al presidente George W. Bush, quien ni siquiera es capaz
de aprender de su propia experiencia?
Si ya me he citado a mí mismo, también puedo hacerlo
nuevamente. El 8 de Febrero del 2003, en un artículo titulado
El Olor de
la Guerra, Escribí: Esta no es una guerra
contra el terrorismo. Esta no es una guerra contra las armas de
destrucción masiva. Esta no es una guerra por la democracia
en Irak. Esta es una guerra por algo más... Hay un fuerte
olor de petróleo en el aire Por entonces, esto sonaba
como una difamación. Hoy ya esta claro, sin la menor duda,
que la invasión norteamericana no tenía nada que ver
ni con la guerra al terrorismo, ni con las armas de
destrucción masiva, ni con los crímenes de Saddam
Hussein, ni con la democracia. Esto ha sido probado y documentado,
fuera de toda duda, más recientemente por el testimonio de
Richard Clarke, quien había sido el hombre de Bush encargado
de la guerra contra el terrorismo. Desde el momento
que Bush entró en la Casa Blanca, el y sus mercaderes persiguieron
un objetivo en Oriente Medio: ocupar Irak. Los Bush son hombres
de petróleo. Entre la gente de grandes fortunas que ayudaron
a los dos Bush, el senior y el junior, a llegar a la casa Blanca,
los hombres del petróleo jugaron un papel preeminente. Habían
decidido que el Imperio Americano necesitaba meter las manos en
las vastas reservas petrolíferas de Irak y establecer una
base militar permanente en medio de la región del petróleo,
entre el petróleo del Mar Caspio y el del Golfo Pérsico/
Arábigo.
Los fanáticos neoconservadores, la mayoría de ellos
sionistas de extrema derecha, añadieron a esto otro objetivo:
eliminar la amenaza iraquí a Israel, antes de liberar a Israel
de las amenazas siria e iraní. Pero este era un objetivo
secundario. No habrían tenido éxito en dominar la
política norteamericana sin el impacto decisivo de Dick Cheney
y los otros mercaderes de Bush, que quisieron establecer un control
militar estadounidense directo sobre el mayor yacimiento petrolífero
de la tierra. Este objetivo ha sido alcanzado. Irak fue conquistado.
Ciento treinta y cinco mil soldados sostienen el régimen
de la ocupación, a los que hay que sumar la pocas tropas
de los países satélites, tales como Polonia, Ucrania,
el Reino Unido, El Salvador e Italia. Un pequeño (y no muy
inteligente) funcionario llamado L. Paul Bremer 3º,
nada menos, se ha convertido en el gobernador de la nueva colonia
e intenta ceder la soberanía a un gobierno iraquí
que el mismo ha nombrado. Es decir, soberanía sobre una colección
de basura y sobre hospitales, pero definitivamente no sobre las
funciones realmente importantes, las cuales estarán firmemente
en las manos de los consejeros estadounidenses.
Para este propósito, la más grande en el mundo de
las embajadas de los Estados Unidos está siendo construida
en Bagdad: más de 3000 funcionarios, que controlaran cada
aspecto del gobierno en el país. Esto recuerda uno de los
gobiernos del régimen de Vichy del mariscal Petain en Francia.
Los propios iraquíes se acordarán de la estructura
del poder colonial británico en su país, el cual operó
a través de un rey árabe. Por lo que a
los Estados Unidos respecta, esto puede durar siempre. No un año,
ni dos, sino décadas, como la ocupación israelí
de las áreas palestinas. Pero a diferencia de los israelíes,
ellos lo llaman construcción de la nación
y establecimiento de la primera democracia en el mundo árabe.
George Orwell hubiera disfrutado con ello.
Un factor menor fue pasado por alto: El pueblo iraquí. Pero
uno realmente no puede pensar en todo, ¿no es cierto? Cuando
la resistencia armada comenzó, los norteamericanos se confortaron
a si mismos hablando de restos del régimen de Saddam,
o terroristas, quizás agentes extranjeros de
Osama Bin-Laden. Más que cualquier otro régimen colonial,
los estadounidenses encuentran difícil de aceptar el hecho
más simple del mundo: que un pueblo ocupado se levantará
contra sus ocupantes. Y realmente, ¿de qué se tienen
que quejar los iraquíes, después de que los idealistas
norteamericanos, por la bondad de sus corazones, los han liberado
del malvado Saddam? Ahora los estadounidenses están considerando
si traen más tropas. Los políticos preguntan a los
generales: ¿cuantos soldados más necesitan para controlar
Irak? Y los generales sopesan con toda sinceridad: ¿Diez
mil más?, ¿veinte mil más?. Si hubiera habido
una persona seria entre ellos habría respondido: Aún
quinientos mil no serían suficientes. Cuando todo un pueblo
se levanta, los soldados extranjeros están indefensos.
Los Estados Unidos estaban preparados para que los sunitas les
fueran desafectos. Habían gobernado el estado iraquí
desde que fue fundado por los británicos después de
la Primera Guerra Mundial, e iban a perder su supremacía.
Pero ¿los chiítas?. Después de todo en la democracia
que los Estados Unidos iban a establecer, los chiítas podrían
esperar una mayor cuota de poder. Pero los chiítas no quieren
recibir el poder en un país que está ocupado.
Aún antes de la guerra, advertimos (no os preocupéis,
¡no voy a citarme a mí mismo una tercera vez!) que
lo que estaba bien cerca de lo imposible era mantener un estado
de tres pueblos mutuamente hostiles: Los sunitas, los chiítas
y los Kurdos. Todavía es así hoy. Pero quizá
un milagro está sucediendo ahora: chiítas y sunitas
están combatiendo juntos contra la ocupación. Quien
sabe si, la lucha común puede justamente, y por primera vez,
forjar una nación iraquí real y evitar una sangrienta
guerra civil en el camino. Esperemos eso. Ahora los Estados Unidos
han caído en una trampa de su propia fabricación.
Aún si quisieran salir de Irak (¡lo cual, ciertamente,
no harán!) serían incapaces de hacerlo. Como dice
un refrán hebreo, ni pueden tragar ni escupir. Realmente
no hay nada que puedan hacer. Van a hundirse todavía más
en el pantano, matar y ser muertos, destruir y ser destruidos, con
aún creciente brutalidad, en una especie de desértico
nuevo Vietnam. En las noticias de cada hora de Al Jazeera, es ya
difícil de hacer distinciones entre nuestros soldados en
Ramallah y los soldados norteamericanos en Falluja. Lo que nos está
sucediendo a nosotros les sucederá a ellos, solo que a mayor
escala.
¿ Cómo influirá esta similitud en Bush y
su gente? Deberían decir: Un pantano es suficiente. Salgamos
de uno de ellos. Obliguemos a Sharon a hacer, sin tardanza, un acuerdo
con los palestinos, en vez de parlotear sobre separación
unilateral, la cual, de todas maneras, probablemente nunca
ocurrirá. Pero Bush y los bushitas también
pueden decir: Si somos tan parecidos, abracemos a Sharon aún
más estrechamente. Tal reacción encontraría
su bien ganado sitio en Marzo de Disparates 2. Lo que
podría ser todavía una buena cosa sería permitirles
a estos dos caballeros el placer de abandonar juntos la escena.
*Nota del traductor
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