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CAMPAÑAS - CONTRA LA GUERRA - IRAK

 
     
 

La multitud contra el imperio

Luca Casarini.
Aparecido en el número de marzo de la revista Rebeldía

 
 
 
   
 

Sacado de IndyACP.

En toda Italia, desde el comienzo de los bombardeos en Irak, ha habido continuas e ininterrumpidas manifestaciones contra la guerra. Marchas alrededor de las bases militares "desafortunadamente nuestro país está lleno de ellas" miles de personas sitiando embajadas y consulados estadounidenses e ingleses, huelgas de estudiantes, ocupaciones de universidades. Mítines, plantones, bloqueos de carreteras y de vías ferroviarias, asambleas en los lugares de trabajo, marchas con antorchas, plegarias de los católicos en las iglesias, mociones por la paz aprobadas por consejos de alcaldías.

Las razones de tan constante compromiso de tantísimas personas, no obstante de que la guerra ya dio inicio, hay que buscarlas en lo que había pasado antes de esta fase.

Ante todo hay que analizar lo que ha pasado, aquí y en el mundo, antes de que estallaran las bombas de Bush y Blair. Un movimiento de multitudes, millones y millones, que invadió simultáneamente todas las plazas del planeta, para intentar "preventivamente" frenar la guerra. Todos esperábamos que lo que el Washington Post describió como "el más grande momento de ruptura entre gobernantes y gobernados" o, según el New York Times : "el nacimiento de una nueva superpotencia, la Opinión Pública Global", fuera suficiente para interrumpir los trágicos planes de la Casa Blanca y de Downing Street. Esperábamos, al manifestarnos en las plazas y al realizar acciones de desobediencia muy radicales antes de la guerra, que tan contundente toma de posición de la humanidad, pudiera combinarse con las contradicciones surgidas dentro de la constitución imperial, entre líderes de naciones para nada pacíficos ni pacifistas, como Chirac, Putin y el gobierno chino.

Sin embargo, la guerra se inició, sin consenso entre la gente, y tampoco entre todos los poderosos. Esta tragedia hace pensar, debe hacer reflexionar. Estamos, de hecho, frente a un Golpe dentro del Imperio y las consecuencias no las sufrirán sólo las viejas instituciones diplomáticas y políticas, como las Naciones Unidas, totalmente desintegradas, sino sobre todo la humanidad y sus formas de construcción de una nueva democracia. Hay que confiar en que la gente, tan numerosa, siga movilizándose también por esto: se da perfecta cuenta de que la guerra tiene un objetivo global, aunque materialmente la están sufriendo los civiles iraquíes, y ese objetivo sirve para construir un nuevo modelo permanente de dominación en el mundo.

Los gobernantes de Estados Unidos han transformado el 11 de septiembre en la nueva Pearl Harbor. Había dos posibilidades: ésta, es decir, hacer creer al mundo que la matanza del World Trade Center fue causada por un ataque "enemigo" llegado "desde afuera", y otra que ya madura cada día ante todo en la conciencia de millones de ciudadanos estadounidenses, que es, que el sistema de producción de dictadores, fundamentalistas y funcionarios de la CIA, petroleros, banqueros, financieros, a veces amigos y a veces enemigos, a veces competidores en el mercado global, otras aliados; que ese sistema colapsó, estallando desde dentro precisamente en el lugar de su "producción". Si la propaganda del Pentágono quiso transformar el 11 de septiembre en Pearl Harbor, la guerra en Irak podría ser Hiroshima. Es decir, la afirmación con la fuerza de un modelo que se quiere imponer en forma global y permanente. En todo esto, exactamente como en Hiroshima, el aspecto más inquietante es que se basa en la guerra en contra de civiles. De Hiroshima en adelante, en todas las guerras modernas, entre el 70 y el 80 por ciento de las víctimas son civiles. Los mismos a quienes antes les habían "regalado" dictadores, sanciones, bloqueos, cualquier tipo de sufrimiento y que luego son bombardeados, siempre por la mano de los mismos, generosísimos "soldados del bien".

La verdad es que la opinión pública global no ha conseguido parar la guerra, pero se ha constituido como un nuevo espacio público, como alternativa al pensamiento único. El concepto mismo de guerra se ha transformado, en guerra en contra de civiles. Ha cambiado también el concepto de paz, que ya no es el espacio de tiempo entre una guerra y la siguiente. ¿Cómo podemos, pues, llamar paz a una situación en que, aunque sin bombardeos, provoca cada año millones de muertos de hambre, sed, sida, contaminación? Tales cambios en la percepción sobre la guerra y la paz fueron evidentes durante las grandes manifestaciones antes del ataque. Muchísimos tenían carteles y pancartas que asociaban al universal "stop the global war" (alto a la guerra global) los lemas del movimiento contra la globalización neoliberal Para la opinión pública activa y global, estar en contra de la guerra significa luchar contra la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Grupo de los 8 (G-8).

Se entrecruzan los caminos que llegan desde Seattle, de Génova, con los que se acaban de empezar a recorrer para intentar parar la barbarie de las bombas. La guerra global se descompone en diferentes intensidades. Existe una condición permanente de injusticia, de falta de libertad y dignidad provocada por las multinacionales y las políticas neoliberales cuyas decisiones son tomadas alrededor de los santuarios del Imperio, y esa condición ya se percibe como una verdadera guerra pues provoca millones de muertos y devastaciones en todo el mundo. El movimiento que lucha contra la guerra define el conflicto en Irak como "guerra por el petróleo", y a la administración Bush se le identifica con la multinacional Exxon, que vende el combustible a las tropas anglo-americanas. Las multinacionales de las armas, que vendieron a Saddam todo lo necesario para las masacres de los kurdos e iraníes, ahora hablan con la voz de Donald Rumsfeld, el ministro de la guerra norteamericano. La gente conoce todo eso. Y sabe que al lado de la guerra del petróleo ha comenzado la guerra del agua. Casi dos mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a las fuentes de agua potable. En septiembre, la próxima cumbre de la OMC va a promover la privatización de las fuentes del agua. Oponérsele, bloquearla, será para todos igual que oponerse a la guerra global.

El movimiento contra la guerra se ha constituido en opinión pública global y activa, unificando en los hechos la experiencia que en todo el mundo se ha acumulado durante las luchas contra las políticas neoliberales de las grandes cumbres económicas del Imperio, con la dimensión ética de rechazo al genocidio de la humanidad. En ese terreno, católicos y laicos se encuentran juntos y este hecho es, sobre todo en Italia, algo relevante y sin precedentes.

Sin embargo, el hecho de que comenzaran los bombardeos a pesar de la sublevación de millones de personas, abrió un fuerte debate sobre las prácticas de la lucha. Si hubiera sido suficiente marchar y no dar el consenso a los gobiernos, habría significado una gran y positiva novedad para todos. Desafortunadamente lo que está ocurriendo enfatiza que el nivel de autoritarismo, de dictadura, presente en la nueva constitución imperial es altísimo y reduce, como nunca antes, los espacios reales de democracia. Según los que mandan, la opinión pública se crea, no se escucha. Si es favorable a los planes de los nuevos emperadores, se utiliza para construir simulacros de espacios públicos, para apoyar la acción de los soberanos. Si es contraria, hay que aniquilarla. En cualquier forma. Con televisiones y garrotes, con bombas y con Hollywood. Entonces, ¿cómo vamos a oponernos a semejante realidad? Obviamente la pregunta queda sin respuestas definitivas, pero es fundamental el hecho de que, en todo el mundo, nos la estemos empezando a plantear. Es fundamental que en las universidades de los países árabes se empieza a gritar "stop the global war" antes que "Alá es grande"; asimismo es fundamental que en occidente se entienda que el conflicto, la acción directa, las formas de rebeldía, la desobediencia activa contra la guerra no son detalles románticos de algunos soñadores revolucionarios anticuados, sino la única manera de pensar, en este contexto, que otro mundo es posible.

Pero, ¿cómo podemos conser- var y ampliar un espacio público, una opinión pública constituida en contra del Imperio (y también muy frágil bajo los golpes que recibe de los soberanos), y al mismo tiempo atravesarla con prácticas de lucha propias de un movimiento constituyente capaz de cambiar? Es un dilema, pero ya se han realizado algunas experimentaciones y se realizarán muchas más. La verdad es que los que decían que era suficiente marchar, o votar, o participar en las decisiones del poder, hoy tienen muy pocos argumentos en la discusión.

La experiencia italiana de bloqueo de trenes

Durante la fase que antecedió a la guerra, en Italia hubo dos momentos, entre muchos otros, de extraordinaria importancia para empezar a dar una respuesta a esta pregunta. El primero sin duda fue, como en todo el planeta, el 15 de febrero, día de la sublevación global contra la guerra. En Roma, millones de personas ocuparon la ciudad, procedentes de todo el país. Fue algo nunca antes visto, una multitud conciente de ser parte de algo muy grande, enorme, que en el mismo momento estaba ocupando todas las capitales del mundo. Un río de personas unidas en el rechazo a la guerra, que soñaba con poderla parar. El hecho de que eso ocurrió a partir de un llamado lanzado desde Porto Alegre, nos da la idea del entrecruzamiento entre el movimiento de los movimientos y el nuevo sentimiento "No a la guerra". Horas de manifestación, con la ciudad totalmente parada y, al final, la lectura de una carta del Sup, leída por la madre de Carlo Giuliani, nuestro hermano asesinado en Génova por los "carabinieri" en la batalla contra el G8. Hay que subrayar, además de la increíble fuerza de esta multitud, cómo todos querían saber cuántos estaban marchando en los otros lugares del mundo. Cuántos en los Estados Unidos, cuántos en África del Sur o en las Filipinas, cuántos en Londres o en México. La comunicación pasó de ser algo técnico a algo político, constituyó la forma de organizarse directa y imultáneamente; sin pertenecer a una organización única, siendo una única multitud. En ese día se encendieron televisiones satelitales y radios conectadas en todo el mundo intentando, entre otras cosas, hablar al pueblo iraquí. Se violó la "zona roja" de la información, a través de la producción directa, fuera de los medios oficiales. En Italia, GlobalTV y Globalradio representaron la manera desobediente de estar dentro de aquella multitud. Aún impresionados por algo que nunca antes habíamos visto -y que ocurrió antes y no después del estallido de la guerra-, pocos días después experimentamos la potencia constituyente que cabía en el intento de parar la guerra. Todos habíamos escuchado las palabras de Marcos y de nuestros hermanos y hermanas de la Selva, y siempre teníamos en la cabeza la misma pregunta: ¿cómo se podía sortear la fácil trampa de creer suficiente ser muchos, producir grandes eventos, mientras los poderosos seguían avanzando en su camino de muerte? ¿Cómo hacer todo lo posible para parar y atacar esa máquina de muerte sin apartarnos de aquella enorme multitud? ¿Cómo construir conflicto y consenso, cómo transformar en constituyente un movimiento testimonial?

La ocasión se nos presentó con el inicio del traslado de maquinaria bélica estadounidense desde una base al norte de Italia hacia el centro, utilizando trenes civiles italianos. El gobierno italiano lo había autorizado, marcando así su participación directa en la organización de la guerra (utilizó trenes, puertos y aeropuertos para el ejército norteamericano) sin un debate en el Parlamento. Informes de trabajadores del ferrocarril y comunicaciones entre activistas nos permitieron saber que estaban circulando trenes cargados de armas. En una pequeña estación en la provincia de Padua, en la línea hacia el sur, a las siete de la tarde, doscientos desobedientes ocuparon la estación bloqueando el tráfico de trenes, incluido el "tren de la muerte". Se encendieron fuegos en el ferrocarril, mientras estaba llegando un gran número de policías antidisturbios. La noticia se conoció de inmediato gracias a Globalradio, que empezó a transmitir 24 horas al día, vía satélite, Internet y en frecuencia modulada. El tren fue bloqueado pero lo extraordinario fue que miles de personas, a lo largo de los 300 kilómetros de una base a otra, al escuchar las noticias, empezaron a organizar bloqueos, por si acaso la polícia hubiera atacado al primer grupo.

De esa forma empezó la más grande acción de desobediencia frente a la guerra, organizada por la comunicación y desarrollada alrededor de una impresionante cantidad de prácticas diferentes cuyo objetivo central era el bloqueo de los trenes de la muerte. Esa acción, que continuó durante seis días sin interrupción, involucró a muchísimas y muy diversas personas. Desde los que daban la información sobre la llegada de los trenes o sobre los movimientos de la policía, hasta quienes organizaban paradas de otros trenes, activando el freno de emergencia para frenar el tráfico y permitir que los activistas se organizaran. Después de que los trabajadores se negaron a dirigir esos trenes, el gobierno tuvo que militarizarlos. Se abrió un debate en todo el país y también dentro del movimiento, porque bloquear los trenes sin duda es una acción ilegal para el Estado. Sin embargo, la discusión se volvió muy interesante, pues hacer una guerra ilegal e ilegítima era mucho peor.

Uno de los aspectos más interesantes fue el uso de la comunicación como forma de organización de la iniciativa. Todos se convirtieron en activistas: desde los trabajadores de los ferrocarriles que nos explicaban los caminos "secretos" de los trenes, hasta los pasajeros de los otros trenes quienes llamaban a la radio si veían algo extraño. Desde los jóvenes dispuestos a sentarse en las vías del ferrocarril de día y de noche, hasta los trabajadores jubilados aconsejándonos cómo podíamos bloquear el tráfico a través de pequeñas acciones de sabotaje. Globalradio ya no tenía solamente un papel de información, sino que organizaba directamente la acción más extensa. La radio misma era acción, corazón y cerebro colectivo de la multitud en acción. La iniciativa de bloqueo de los trenes, llamada "train-stopping", evidenció que la guerra estaba dentro de nuestro país y que es totalmente justo desobedecer las leyes para bloquearla. Consiguió que se aplicaran las leyes de la humanidad -la prohibición del tránsito de aparatos militares para ser utilizados en Irak- contra las leyes del Imperio impuestas por el gobierno italiano en contra de la actitud de los ciudadanos.

En aquel momento el movimiento no sólo se volvió rebelde, sino también constituyente. Como en todas las guerras, todos nos convertimos en desertores y es precisamente a partir de la deserción, del rechazo, que empieza la resistencia. El poder tuvo que mostrar su verdadero rostro: los trenes, después de muchos días, han llegado a su destino, en Toscana, protegidos por un ejército, conducidos por militares y con bloqueos por todos lados. Luego iniciaron también bloqueos de aeropuertos civiles e incursiones en aeropuertos militares, ambos utilizados para la transportación de tropas norteamericanas. Muy a menudo los militares tienen que hacer las operaciones de carga del material bélico en los puertos, porque el personal civil se niega.

La práctica de la desobediencia se convierte en un nuevo lenguaje

La guerra es una máquina compleja, esta guerra en especial. Además de ser distinta de las guerras antiguas porque dirige su terror y su destrucción contra civiles y no en contra de ejércitos -que frente a la espantosa tecnología de muerte de los poderosos no son nada-, está formada por mecanismos comerciales, políticos, de comunicación ya revelados; públicos. Por ejemplo, siempre en el marco de las acciones para intentar bloquear la guerra, descubrimos que los Mercados Generales de Padua, en el norte de Italia, ganan decenas de millones de dólares por el abastecimiento de fruta y verdura a los soldados estadounidenses en guerra. Incluso, la Administración militar norteamericana tiene sus propias agencias de contratación comercial en ese mercado público, y envía los productos a las bases militares de toda Europa por medio de empresas privadas. Ya en dos ocasiones los desobedientes, junto con los trabajadores, han bloqueado ese mercado. El lema "No food for killer" (no comida para el asesino) se ha unido al más conocido "No blood for oil" (ni una gota de sangre por petróleo) que subraya cuán importante es el papel de las multinacionales del petróleo en esta guerra. En ese sentido, la cadena de gasolineras "Esso", filial italiana de la Exxon, ha sido boicoteada y saboteada en Roma durante una acción reivindicada públicamente por los desobedientes. Cinco de ellos, desobediente del centro social "Corto Circuito", fueron encarcelados.

Al mismo tiempo, en Venecia y en Falconara (centro-este), los desobedientes han bloqueado las centrales de abastecimiento de la Esso por todo un día. Muchas agencias bancarias como el Banco Nacional del Trabajo y el Banco de Italia, que invierten dinero en acciones de grandes empresas de armas, son bloqueadas durante las manifestaciones y se les escribe sobre sus ventanas: "Banco armado". Los consulados y embajadas inglesas y norteamericanas, de hecho están sitiados, protegidos por los policías y rodeados por miles de gentes en las marchas. Estas acciones de desobediencia y boicot hablan de un nuevo lenguaje: el movimiento se hace constituyente porque aplica sus propias leyes, desde abajo, para acabar con los crímenes contra la humanidad. Aplica el bloqueo de las mercancías de guerra, sanciona a los que especulan con la guerra, decreta la ruptura diplomática con las representaciones políticas de los gobiernos en guerra. Ese movimiento sueña otro mundo posible, y sabe que para realizarlo debe quitar espacio a la legalidad injusta y cínica del mercado de la guerra, para darle espacio a la humanidad.