| |
Sacado de IndyACP.
En toda Italia, desde el comienzo de los bombardeos
en Irak, ha habido continuas e ininterrumpidas manifestaciones contra
la guerra. Marchas alrededor de las bases militares "desafortunadamente
nuestro país está lleno de ellas" miles de personas
sitiando embajadas y consulados estadounidenses e ingleses, huelgas
de estudiantes, ocupaciones de universidades. Mítines, plantones,
bloqueos de carreteras y de vías ferroviarias, asambleas
en los lugares de trabajo, marchas con antorchas, plegarias de los
católicos en las iglesias, mociones por la paz aprobadas
por consejos de alcaldías.
Las razones de tan constante compromiso de tantísimas
personas, no obstante de que la guerra ya dio inicio, hay que buscarlas
en lo que había pasado antes de esta fase.
Ante todo hay que analizar lo que ha pasado, aquí
y en el mundo, antes de que estallaran las bombas de Bush y Blair.
Un movimiento de multitudes, millones y millones, que invadió
simultáneamente todas las plazas del planeta, para intentar
"preventivamente" frenar la guerra. Todos esperábamos
que lo que el Washington Post describió como "el más
grande momento de ruptura entre gobernantes y gobernados" o,
según el New York Times : "el nacimiento de una nueva
superpotencia, la Opinión Pública Global", fuera
suficiente para interrumpir los trágicos planes de la Casa
Blanca y de Downing Street. Esperábamos, al manifestarnos
en las plazas y al realizar acciones de desobediencia muy radicales
antes de la guerra, que tan contundente toma de posición
de la humanidad, pudiera combinarse con las contradicciones surgidas
dentro de la constitución imperial, entre líderes
de naciones para nada pacíficos ni pacifistas, como Chirac,
Putin y el gobierno chino.
Sin embargo, la guerra se inició, sin consenso
entre la gente, y tampoco entre todos los poderosos. Esta tragedia
hace pensar, debe hacer reflexionar. Estamos, de hecho, frente a
un Golpe dentro del Imperio y las consecuencias no las sufrirán
sólo las viejas instituciones diplomáticas y políticas,
como las Naciones Unidas, totalmente desintegradas, sino sobre todo
la humanidad y sus formas de construcción de una nueva democracia.
Hay que confiar en que la gente, tan numerosa, siga movilizándose
también por esto: se da perfecta cuenta de que la guerra
tiene un objetivo global, aunque materialmente la están sufriendo
los civiles iraquíes, y ese objetivo sirve para construir
un nuevo modelo permanente de dominación en el mundo.
Los gobernantes de Estados Unidos han transformado
el 11 de septiembre en la nueva Pearl Harbor. Había dos posibilidades:
ésta, es decir, hacer creer al mundo que la matanza del World
Trade Center fue causada por un ataque "enemigo" llegado
"desde afuera", y otra que ya madura cada día ante
todo en la conciencia de millones de ciudadanos estadounidenses,
que es, que el sistema de producción de dictadores, fundamentalistas
y funcionarios de la CIA, petroleros, banqueros, financieros, a
veces amigos y a veces enemigos, a veces competidores en el mercado
global, otras aliados; que ese sistema colapsó, estallando
desde dentro precisamente en el lugar de su "producción".
Si la propaganda del Pentágono quiso transformar el 11 de
septiembre en Pearl Harbor, la guerra en Irak podría ser
Hiroshima. Es decir, la afirmación con la fuerza de un modelo
que se quiere imponer en forma global y permanente. En todo esto,
exactamente como en Hiroshima, el aspecto más inquietante
es que se basa en la guerra en contra de civiles. De Hiroshima en
adelante, en todas las guerras modernas, entre el 70 y el 80 por
ciento de las víctimas son civiles. Los mismos a quienes
antes les habían "regalado" dictadores, sanciones,
bloqueos, cualquier tipo de sufrimiento y que luego son bombardeados,
siempre por la mano de los mismos, generosísimos "soldados
del bien".
La verdad es que la opinión pública
global no ha conseguido parar la guerra, pero se ha constituido
como un nuevo espacio público, como alternativa al pensamiento
único. El concepto mismo de guerra se ha transformado, en
guerra en contra de civiles. Ha cambiado también el concepto
de paz, que ya no es el espacio de tiempo entre una guerra y la
siguiente. ¿Cómo podemos, pues, llamar paz a una situación
en que, aunque sin bombardeos, provoca cada año millones
de muertos de hambre, sed, sida, contaminación? Tales cambios
en la percepción sobre la guerra y la paz fueron evidentes
durante las grandes manifestaciones antes del ataque. Muchísimos
tenían carteles y pancartas que asociaban al universal "stop
the global war" (alto a la guerra global) los lemas del movimiento
contra la globalización neoliberal Para la opinión
pública activa y global, estar en contra de la guerra significa
luchar contra la Organización Mundial de Comercio (OMC),
el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el
Grupo de los 8 (G-8).
Se entrecruzan los caminos que llegan desde Seattle,
de Génova, con los que se acaban de empezar a recorrer para
intentar parar la barbarie de las bombas. La guerra global se descompone
en diferentes intensidades. Existe una condición permanente
de injusticia, de falta de libertad y dignidad provocada por las
multinacionales y las políticas neoliberales cuyas decisiones
son tomadas alrededor de los santuarios del Imperio, y esa condición
ya se percibe como una verdadera guerra pues provoca millones de
muertos y devastaciones en todo el mundo. El movimiento que lucha
contra la guerra define el conflicto en Irak como "guerra por
el petróleo", y a la administración Bush se le
identifica con la multinacional Exxon, que vende el combustible
a las tropas anglo-americanas. Las multinacionales de las armas,
que vendieron a Saddam todo lo necesario para las masacres de los
kurdos e iraníes, ahora hablan con la voz de Donald Rumsfeld,
el ministro de la guerra norteamericano. La gente conoce todo eso.
Y sabe que al lado de la guerra del petróleo ha comenzado
la guerra del agua. Casi dos mil millones de personas en el mundo
no tienen acceso a las fuentes de agua potable. En septiembre, la
próxima cumbre de la OMC va a promover la privatización
de las fuentes del agua. Oponérsele, bloquearla, será
para todos igual que oponerse a la guerra global.
El movimiento contra la guerra se ha constituido
en opinión pública global y activa, unificando en
los hechos la experiencia que en todo el mundo se ha acumulado durante
las luchas contra las políticas neoliberales de las grandes
cumbres económicas del Imperio, con la dimensión ética
de rechazo al genocidio de la humanidad. En ese terreno, católicos
y laicos se encuentran juntos y este hecho es, sobre todo en Italia,
algo relevante y sin precedentes.
Sin embargo, el hecho de que comenzaran los bombardeos
a pesar de la sublevación de millones de personas, abrió
un fuerte debate sobre las prácticas de la lucha. Si hubiera
sido suficiente marchar y no dar el consenso a los gobiernos, habría
significado una gran y positiva novedad para todos. Desafortunadamente
lo que está ocurriendo enfatiza que el nivel de autoritarismo,
de dictadura, presente en la nueva constitución imperial
es altísimo y reduce, como nunca antes, los espacios reales
de democracia. Según los que mandan, la opinión pública
se crea, no se escucha. Si es favorable a los planes de los nuevos
emperadores, se utiliza para construir simulacros de espacios públicos,
para apoyar la acción de los soberanos. Si es contraria,
hay que aniquilarla. En cualquier forma. Con televisiones y garrotes,
con bombas y con Hollywood. Entonces, ¿cómo vamos
a oponernos a semejante realidad? Obviamente la pregunta queda sin
respuestas definitivas, pero es fundamental el hecho de que, en
todo el mundo, nos la estemos empezando a plantear. Es fundamental
que en las universidades de los países árabes se empieza
a gritar "stop the global war" antes que "Alá
es grande"; asimismo es fundamental que en occidente se entienda
que el conflicto, la acción directa, las formas de rebeldía,
la desobediencia activa contra la guerra no son detalles románticos
de algunos soñadores revolucionarios anticuados, sino la
única manera de pensar, en este contexto, que otro mundo
es posible.
Pero, ¿cómo podemos conser- var y ampliar
un espacio público, una opinión pública constituida
en contra del Imperio (y también muy frágil bajo los
golpes que recibe de los soberanos), y al mismo tiempo atravesarla
con prácticas de lucha propias de un movimiento constituyente
capaz de cambiar? Es un dilema, pero ya se han realizado algunas
experimentaciones y se realizarán muchas más. La verdad
es que los que decían que era suficiente marchar, o votar,
o participar en las decisiones del poder, hoy tienen muy pocos argumentos
en la discusión.
La experiencia italiana de bloqueo de trenes
Durante la fase que antecedió a la guerra,
en Italia hubo dos momentos, entre muchos otros, de extraordinaria
importancia para empezar a dar una respuesta a esta pregunta. El
primero sin duda fue, como en todo el planeta, el 15 de febrero,
día de la sublevación global contra la guerra. En
Roma, millones de personas ocuparon la ciudad, procedentes de todo
el país. Fue algo nunca antes visto, una multitud conciente
de ser parte de algo muy grande, enorme, que en el mismo momento
estaba ocupando todas las capitales del mundo. Un río de
personas unidas en el rechazo a la guerra, que soñaba con
poderla parar. El hecho de que eso ocurrió a partir de un
llamado lanzado desde Porto Alegre, nos da la idea del entrecruzamiento
entre el movimiento de los movimientos y el nuevo sentimiento "No
a la guerra". Horas de manifestación, con la ciudad
totalmente parada y, al final, la lectura de una carta del Sup,
leída por la madre de Carlo Giuliani, nuestro hermano asesinado
en Génova por los "carabinieri" en la batalla contra
el G8. Hay que subrayar, además de la increíble fuerza
de esta multitud, cómo todos querían saber cuántos
estaban marchando en los otros lugares del mundo. Cuántos
en los Estados Unidos, cuántos en África del Sur o
en las Filipinas, cuántos en Londres o en México.
La comunicación pasó de ser algo técnico a
algo político, constituyó la forma de organizarse
directa y imultáneamente; sin pertenecer a una organización
única, siendo una única multitud. En ese día
se encendieron televisiones satelitales y radios conectadas en todo
el mundo intentando, entre otras cosas, hablar al pueblo iraquí.
Se violó la "zona roja" de la información,
a través de la producción directa, fuera de los medios
oficiales. En Italia, GlobalTV y Globalradio representaron la manera
desobediente de estar dentro de aquella multitud. Aún impresionados
por algo que nunca antes habíamos visto -y que ocurrió
antes y no después del estallido de la guerra-, pocos días
después experimentamos la potencia constituyente que cabía
en el intento de parar la guerra. Todos habíamos escuchado
las palabras de Marcos y de nuestros hermanos y hermanas de la Selva,
y siempre teníamos en la cabeza la misma pregunta: ¿cómo
se podía sortear la fácil trampa de creer suficiente
ser muchos, producir grandes eventos, mientras los poderosos seguían
avanzando en su camino de muerte? ¿Cómo hacer todo
lo posible para parar y atacar esa máquina de muerte sin
apartarnos de aquella enorme multitud? ¿Cómo construir
conflicto y consenso, cómo transformar en constituyente un
movimiento testimonial?
La ocasión se nos presentó con el inicio
del traslado de maquinaria bélica estadounidense desde una
base al norte de Italia hacia el centro, utilizando trenes civiles
italianos. El gobierno italiano lo había autorizado, marcando
así su participación directa en la organización
de la guerra (utilizó trenes, puertos y aeropuertos para
el ejército norteamericano) sin un debate en el Parlamento.
Informes de trabajadores del ferrocarril y comunicaciones entre
activistas nos permitieron saber que estaban circulando trenes cargados
de armas. En una pequeña estación en la provincia
de Padua, en la línea hacia el sur, a las siete de la tarde,
doscientos desobedientes ocuparon la estación bloqueando
el tráfico de trenes, incluido el "tren de la muerte".
Se encendieron fuegos en el ferrocarril, mientras estaba llegando
un gran número de policías antidisturbios. La noticia
se conoció de inmediato gracias a Globalradio, que empezó
a transmitir 24 horas al día, vía satélite,
Internet y en frecuencia modulada. El tren fue bloqueado pero lo
extraordinario fue que miles de personas, a lo largo de los 300
kilómetros de una base a otra, al escuchar las noticias,
empezaron a organizar bloqueos, por si acaso la polícia hubiera
atacado al primer grupo.
De esa forma empezó la más grande acción
de desobediencia frente a la guerra, organizada por la comunicación
y desarrollada alrededor de una impresionante cantidad de prácticas
diferentes cuyo objetivo central era el bloqueo de los trenes de
la muerte. Esa acción, que continuó durante seis días
sin interrupción, involucró a muchísimas y
muy diversas personas. Desde los que daban la información
sobre la llegada de los trenes o sobre los movimientos de la policía,
hasta quienes organizaban paradas de otros trenes, activando el
freno de emergencia para frenar el tráfico y permitir que
los activistas se organizaran. Después de que los trabajadores
se negaron a dirigir esos trenes, el gobierno tuvo que militarizarlos.
Se abrió un debate en todo el país y también
dentro del movimiento, porque bloquear los trenes sin duda es una
acción ilegal para el Estado. Sin embargo, la discusión
se volvió muy interesante, pues hacer una guerra ilegal e
ilegítima era mucho peor.
Uno de los aspectos más interesantes fue el
uso de la comunicación como forma de organización
de la iniciativa. Todos se convirtieron en activistas: desde los
trabajadores de los ferrocarriles que nos explicaban los caminos
"secretos" de los trenes, hasta los pasajeros de los otros
trenes quienes llamaban a la radio si veían algo extraño.
Desde los jóvenes dispuestos a sentarse en las vías
del ferrocarril de día y de noche, hasta los trabajadores
jubilados aconsejándonos cómo podíamos bloquear
el tráfico a través de pequeñas acciones de
sabotaje. Globalradio ya no tenía solamente un papel de información,
sino que organizaba directamente la acción más extensa.
La radio misma era acción, corazón y cerebro colectivo
de la multitud en acción. La iniciativa de bloqueo de los
trenes, llamada "train-stopping", evidenció que
la guerra estaba dentro de nuestro país y que es totalmente
justo desobedecer las leyes para bloquearla. Consiguió que
se aplicaran las leyes de la humanidad -la prohibición del
tránsito de aparatos militares para ser utilizados en Irak-
contra las leyes del Imperio impuestas por el gobierno italiano
en contra de la actitud de los ciudadanos.
En aquel momento el movimiento no sólo se
volvió rebelde, sino también constituyente. Como en
todas las guerras, todos nos convertimos en desertores y es precisamente
a partir de la deserción, del rechazo, que empieza la resistencia.
El poder tuvo que mostrar su verdadero rostro: los trenes, después
de muchos días, han llegado a su destino, en Toscana, protegidos
por un ejército, conducidos por militares y con bloqueos
por todos lados. Luego iniciaron también bloqueos de aeropuertos
civiles e incursiones en aeropuertos militares, ambos utilizados
para la transportación de tropas norteamericanas. Muy a menudo
los militares tienen que hacer las operaciones de carga del material
bélico en los puertos, porque el personal civil se niega.
La práctica de la desobediencia se convierte
en un nuevo lenguaje
La guerra es una máquina compleja, esta guerra
en especial. Además de ser distinta de las guerras antiguas
porque dirige su terror y su destrucción contra civiles y
no en contra de ejércitos -que frente a la espantosa tecnología
de muerte de los poderosos no son nada-, está formada por
mecanismos comerciales, políticos, de comunicación
ya revelados; públicos. Por ejemplo, siempre en el marco
de las acciones para intentar bloquear la guerra, descubrimos que
los Mercados Generales de Padua, en el norte de Italia, ganan decenas
de millones de dólares por el abastecimiento de fruta y verdura
a los soldados estadounidenses en guerra. Incluso, la Administración
militar norteamericana tiene sus propias agencias de contratación
comercial en ese mercado público, y envía los productos
a las bases militares de toda Europa por medio de empresas privadas.
Ya en dos ocasiones los desobedientes, junto con los trabajadores,
han bloqueado ese mercado. El lema "No food for killer"
(no comida para el asesino) se ha unido al más conocido "No
blood for oil" (ni una gota de sangre por petróleo)
que subraya cuán importante es el papel de las multinacionales
del petróleo en esta guerra. En ese sentido, la cadena de
gasolineras "Esso", filial italiana de la Exxon, ha sido
boicoteada y saboteada en Roma durante una acción reivindicada
públicamente por los desobedientes. Cinco de ellos, desobediente
del centro social "Corto Circuito", fueron encarcelados.
Al mismo tiempo, en Venecia y en Falconara (centro-este),
los desobedientes han bloqueado las centrales de abastecimiento
de la Esso por todo un día. Muchas agencias bancarias como
el Banco Nacional del Trabajo y el Banco de Italia, que invierten
dinero en acciones de grandes empresas de armas, son bloqueadas
durante las manifestaciones y se les escribe sobre sus ventanas:
"Banco armado". Los consulados y embajadas inglesas y
norteamericanas, de hecho están sitiados, protegidos por
los policías y rodeados por miles de gentes en las marchas.
Estas acciones de desobediencia y boicot hablan de un nuevo lenguaje:
el movimiento se hace constituyente porque aplica sus propias leyes,
desde abajo, para acabar con los crímenes contra la humanidad.
Aplica el bloqueo de las mercancías de guerra, sanciona a
los que especulan con la guerra, decreta la ruptura diplomática
con las representaciones políticas de los gobiernos en guerra.
Ese movimiento sueña otro mundo posible, y sabe que para
realizarlo debe quitar espacio a la legalidad injusta y cínica
del mercado de la guerra, para darle espacio a la humanidad.
|
|