página de inicio
 
quienes somos
 
campañas
 
acciones antimilitaristas
 
mujeres antimilitaristas
 
CAIN
 
documentos
 
insumisia
 
enlaces
 
e-mail
 

CAMPAÑAS - CONTRA LA GUERRA - IRAK

 
     
 

ESCUDOS HUMANOS

Carta de Javier Balcells. Regresa a casa

 
 
 
   
 

El día 5 de abril, a las 15.00 salgo de Bagdad inundado de frustración y con la tibia esperanza de que nada malo pueda sucederle al pueblo iraquí, a su antiquísima cultura y a todas sus preciosas costumbres que emanan de una fe envidiable hacia Dios. Varias razones me empujan a volver a casa: el trabajo y la sensación de que nuestro objetivo como escudos humanos a finalizado son las mas remarcables ademas de un anhelo de bebe de abrazar a mi madre.

Ese mismo día a las 07.00 empezó una potentÍsima batalla bien cerca de nuestra planta eléctrica, tan solo a 1 km. Los disparos de los fusiles y demás artillería perecía acercarse con la salida del sol.

Todo y el aparente peligro, permanecimos con la misma tranquilidad que nos han estado contagiando nuestros anfitriones durante los bombardeos continuos de esta maldita guerra. Un sentimiento de esperanza, de que nada malo puede ocurrir cuando se mantienen derechos los principios por los que se lucha; la propia defensa y la entrega de esa acción hacia Dios. Esta es la gran diferencia que separa al pueblo árabe de la coalición americana. Mientras unos luchan por apoderarse del petróleo con arreglos de mentira, control de la opinión publica a través de los medios, y un sofisticado entramado bélico que bien podría ser igual al de los juegos de ordenador para niños, ellos lo hacen con la verdadera razón de la defensa. Muy desiguales son los dos bandos en cuanto a su poder destructivo, no olvidemos que los inspectores no encontraron nada mas que cascajos de guerra, y si encontraron, a mi parecer, la manera de posicionar los objetivos, que fueron visitando, mediante GPS. Los cuales han sido destruidos sistemáticamente juntamente con la vida de centenares de niños y mujeres. Cuanta cobardía y cuanta hipocresía se cierne sobre nuestras cabezas. Que clase de mundo estamos cultivando para nuestros hijos cuando el petróleo que les roban vale mas que la vida inocente de cualquiera de los niños que sufren en los hospitales de Irak terribles mutilaciones. Podíamos pensar cuanto dolor nos arrasaría si eso sucediera en nuestra carne? Yo personalmente, al igual que muchos ciudadanos del mundo entero, comparto ese dolor. Solo a través de Dios podrán encontrar fuerzas para resistir el acoso o morir con una dignidad verdaderamente envidiable mientras los soldaditos del juego americano solo encontraran una banal recompensa por los méritos en la batalla. No hay justificación para la guerra, esto parece claro para la mayoría. Pero ahora yo cuestiono nuestra libertad y la seguridad de nuestros hijos. Que clase de democracia nos abriga cuando no se atienden nuestras peticiones y ademas nos engañan con crueles mentiras. Esta nuestra sociedad se están disfrazando de la mas perfecta dictadura jamas conocida.

Saliendo de Bagdad, juntamente con tres jovencísimos estudiantes del Islam, procedentes de Rusia y Australia, pudimos ver el rastro de destrucción de la batalla matinal. Todo el camino hacia Mosul, cerca de la frontera con Siria, estaba tomada por las fuerzas iraquíes. Tan solo en la entrada a Bagdad parecían haber perdido ciertas unidades pero ni rastro de los americanos. Cientos de soldados trataban de reorganizarse con la logística mas hermosa de todas; mujeres atendiendo la comida para soldados de todas las edades. No olvidemos que toda la sociedad civil ha tomado las armas de forma voluntaria y están dispuestos a morir antes que vivir arrodillados.

Con suerte y posiblemente la ayuda de Dios llegamos a la frontera y tras un largo viaje hasta Damasco me dirijo a Amman para volver a casa.

En cuanto a los escudos humanos que permanecen en Bagdad os puedo garantizar que están totalmente seguros, con una protección por parte de las autoridades cada vez mas acentuada. No falta la buena comida y todas las comodidades. Y esas agradables atenciones tan propias de la cultura árabe, insisten a pesar del horror de la guerra.

Tan solo nos queda esperar que se mantenga la dignidad del pueblo árabe, anclada en unos principios tan antiguos como nobles. Y que nuestra pueril forma de vivir no destruya mas tan valioso tesoro.

Salud y hasta pronto.