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  CAMPAÑAS - CONTRA LA GUERRA - IRAK  
     
 

ESCUDOS HUMANOS

MENSAJE DESDE BAGDAD

21 de marzo de 2003

 
 
 
   
 

En la noche de ayer, en su segundo día de ataque, los americanos apenas hicieron perturbar la tranquila vida de los escudos humanos en la Daura Power Station Plant. A las 21:00 mientras preparábamos una frugal cena a base de spaguettis, empezamos a oír el zumbido de la muerte y el desastre. En el firmamento podíamos ver el destello de las baterías antiaéreas de la defensa iraquí intentando palpar, a palo de ciego, al invisible enemigo y en la comunión de la mesa intuíamos una cruel e injusta guerra.

Un llanto ahogado me invadió el corazón pensando en los valerosos soldados que he tenido la suerte de conocer y que sufrían en su carne la agresión americana; la mayor avergüenza para la humanidad bien entrado el siglo XXI.

Nos visitó no se qué ministro durante la cena y quedó impresionado por nuestra conducta en el ámbito de la guerra. Quizás no esperaba que andáramos en la mesa con lo de: pásame la sal por favor, en ese preciso momento. Es lícito recordar que la conducta de nuestros anfitriones es del todo admirable, y no tan solo la de ellos sino la de la población civil que teniendo en cuenta la situación en la que se encuentran, aún tienen la dignidad de no cobrarnos los taxis o invitarnos a comer en su propia casa, como lo hizo hoy un médico conocido.

En fin, no cesaré en mi vida de recordar a los míos y a quien quiera escuchar, la belleza de la cultura árabe, su delicada educación y hospitalidad con el extranjero y denunciaré con rigor todas las maquiavélicas mentiras que nos hayan querido hacer creer a cerca de ellos.

Toda la noche en apacible tranquilidad apenas perturbada por el llantito de algún perro triste. Podríamos creer por un momento, en la tinieblas del despertar, que fue todo un sueño y que la guerra al fin la paramos. Pero un delicioso té caliente nos devuelve a la realidad y nos invade una muchedumbre de periodistas con sus chalecos de coronel Tapioca y muchas preguntitas acerca de nuestra labor.

En la ciudad la actividad ha quedado menguada por la invasión, se han cerrado todas las tiendas y tan solo algunos puestecitos de venta de tabaco permanecen en las aceras. Toda la actividad bélica que podamos ver se centra en la vigilancia de los soldados iraquíes con sus fusiles de siempre, sus trincheras de sacos de arena en las esquinas mas peligrosas y algún que otro pick-up con una metralleta apuntalada en su caja apuntando a un cielo incierto. Todo y con eso su amabilidad con nosotros es la de siempre (árabe).

Seguimos apostando por quedarnos en nuestro lugar. Queda en el aire la pregunta de siempre: Será de utilidad nuestra labor(interrogante). Mi determinación no se centra en la búsqueda de un objetivo cuantificable, no deseo y Dios lo sabe salvar ninguna vida o hacerme popular entre las estrellas fugaces de la miseria televisiva. Tan solo actúo con la convicción de un deber. Esta acción es la que me satisface y sus repercusiones en el futuro son imposibles de determinar. De todos modos, en algo debe mantener la llamita de la esperanza, ese granito individual y colectivo que forma el grueso de las protestas en el mundo entero y el bochorno que supone hablar de libertad cuando en realidad no existe.

Salud

Javier Balcells