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EL PAÍS | 10-04-2003 I. Cembrero - Madrid
"No beba tontamente, beba comprometido".
"No me agite, agite su conciencia". Animados por estos
dos eslóganes en la etiqueta de la botella y deseosos de
renunciar a consumir productos norteamericanos, miles de inmigrantes
musulmanes en Europa se están abalanzando sobre las botellas
de un nuevo refresco, la Mecca-Cola.
Mecca-Cola no es una bebida cualquiera. "Todo
aquel que la adquiere efectúa un acto de protesta contra
la hegemonía de EE UU" al dejar de comprar la Coca-Cola
norteamericana, afirma, en una conversación telefónica
con EL PAÍS, Taufic Matluti, un francés de origen
tunecino inventor del refresco y propietario de la empresa que la
fabrica desde noviembre.
En sus etiquetas, Mecca-Cola se compromete
a revertir el 10% de sus beneficios a la causa palestina y otro
10% a ONG que operen en el país donde ha sido vendida. Por
si cupiera alguna duda, exhibe, por ejemplo, en su página
web (www.mecca-cola.com),
los comprobantes del Comité de Caridad y Socorro Palestino
atestiguando haber recibido donativos.
Tras haber alcanzado una media de casi dos millones
de botellas vendidas al mes en 34 países, sobre todo en Francia
y en el Reino Unido, Mecca-Cola va a embotellarse, a partir del
mes próximo, en Marruecos y en los Emiratos Árabes
Unidos, según anunció anteayer Matluti en Casablanca.
Toda la prensa marroquí le ha dado de antemano
la bienvenida, empezando por At Tajid, el diario de los islamistas,
que el martes titulaba en portada: "Por el éxito del
boicoteo y el apoyo a la causa musulmana". "En España
ya hemos empezado a distribuir y poco antes del verano iniciaremos
el embotellamiento con Salem, una empresa situada en la Comunidad
de Valencia", explica Matluti.
La creciente cuota de mercado de Mecca-Cola, sin
ningún tipo de publicidad pagada pero numerosos artículos
en prensa, incitó a Coca-Cola a reaccionar. Matluti, señaló
en enero en un comunicado la empresa estadounidense, ha "identificado
una oportunidad comercial que consiste en aprovechar en Europa la
difícil y compleja situación de Oriente Próximo".
Coca-Cola, en cambio, "no está vinculada con ninguna
religión o grupo étnico". "En última
instancia será el consumidor el que decida", precisa
la multinacional.
Peor fue el rebote que se agarraron algunos ulemas
musulmanes que llegaron a promulgar fatwas (edictos) de condena
porque La Meca, la ciudad santa del islam, era asociada con un refrigerio
con burbujas. Su dictamen ha tenido escaso eco.
"En La Meca", explicaba Matluti, "hay
hoteles que se llaman Mecca Hilton o Mecca Sofitel y hay tiendas
que se llaman Mecca Shoes". "¿Por qué entonces
indignarse de que haya una Mecca-Cola? No lo entiendo". Lo
que tampoco acaba de comprender es que, coincidiendo con la invasión
de Irak, las ventas de la Mecca-Cola han disminuido en el mundo
árabe. "Es como si la gente dejase de consumir".
El principal peligro para la expansión de
los negocios de Matluti es la competencia que está surgiendo
en sus propias filas. Decidido a no dejarle el monopolio, Gérard
Leblanc, un francés nacido en Casablanca, empezó a
comercializar hace un mes la Arab-Cola. Por las mismas fechas ha
aparecido, también en Francia, Muslim Up, que ofrece "alternativas
de compra a todos los que boicotean los productos sionistas y de
las grandes marcas norteamericanas cuya política es favorable
al Estado de Israel".
"No son competidores", asegura Matluti.
"Son gentes, como el ex militar Leblanc, que intentan sacar
partido comercial del rechazo que suscita Estados Unidos, pero no
aportan fondos a ninguna causa de solidaridad".
La búsqueda de sustitutos a los bienes de
consumo made in USA no es ninguna novedad. Fue en el Irán
monárquico, en 1954, cuando surgió la Zamzam-Cola,
la primera alternativa a la Coca-Cola, aunque hubo que esperar al
triunfo de la revolución islámica, en 1979, y a la
ruptura de relaciones con EE UU, para que su consumo dejase de ser
marginal.
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