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CAMPAÑAS - CONTRA LA GUERRA
- GUATEMALA |
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DOSSIER GUATEMALA A GRANDES RASGOS
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HISTORIA
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Los mayas
La independencia.
Revolución de Octubre
y período democrático (1944-1954).
La contrarrevolución.
Militarización de
la sociedad.
Régimen contrainsurgente
y elecciones.
El golpe de Estado y la elección
de Ramiro de León Carpio
Las elecciones de 1995.
La consulta popular sobre la
reforma constitucional (1999).
Las últimas elecciones
(noviembre de 1999).
Partidos políticos.
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Los Mayas
El pueblo maya llegó a Guatemala hacia el año 2000
antes de nuestra era. Entre la herencia de la cultura maya se encuentra
la astronomía, lo que supone la existencia de una ciencia
matemática organizada y sistemática. En la literatura
y el arte lograron un importante desarrollo, como lo prueban el
Popol Vuh, el Rabinal Achi, etc. En la religión y arquitectura
estaban muy avanzados; su religión estaba basada en la naturaleza
y la arquitectura estaba relacionada con sus creencias religiosas.
Desarrollaron la industria del tejido, la pintura, la cerámica,
así como el comercio y el intercambio. En cuanto a la agricultura,
conocían diversas técnicas de cultivo.
1524. Conquista española encabezada por Pedro de Alvarado.
Se llama «conquista» a lo que realmente fue una ocupación
militar del territorio. Esta ocupación se justificó
de muchas maneras, siendo la, principal la necesidad de que los
indígenas fueran «cristianizados y civilizados».
1524 a 1821. Después de la conquista se despojó a
los indios de las tierras. Los conquistadores empezaron a usar la
mano de obra de los indígenas en base al trabajo forzoso.
Para ello se crearon instituciones como la Encomienda, el Repartimiento,
los Mandamientos y los Pueblos de Indios. Se legalizaron los tributos
y la esclavitud, llegando incluso a importar esclavos de África.
De tres millones de habitantes que existían en esa época
un millón murió como producto de la represión
y el trabajo forzoso, así como por enfermedades, importadas
de España, para las cuales los indígenas no tenían
defensas.
Los conquistadores mantuvieron el control de la población
con el uso de la fuerza y su superior tecnología militar,
así como con la creación de un estado colonial de
ideología racista. Este racismo creó la división
de los habitantes del espacio conquistado entre indios y descendientes
de los españoles, o criollos, sustituidos al pasar el tiempo
por los ladinos o mestizos.
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1821. La Independencia.
La independencia fue promovida por los criollos: liberales influenciados
por la revolución francesa y conservadores vinculados a la
Iglesia.
El 15 de septiembre de 1821, los grandes propietarios de la tierra
y los comerciantes, junto con las autoridades coloniales, proclamaron
pacíficamente la independencia de lo que había sido
la Capitanía General del Reino de Guatemala, y que incluía
los cinco países centroamericanos.
Desde 1831 a 1838, los criollos (es decir, los blancos descendientes
de españoles), que dominan Centroamérica desde la
independencia, dan importantes concesiones territoriales en el Petén
a los intereses ingleses, sucesores del colonialismo español.
En 1838 se produce la disolución de la Federación
Centroamericana y el nacimiento de los estados de la región.
A mediados del siglo XIX, la invención de los colorantes
artificiales provocó una gran crisis económica en
Guatemala, cuyos principales productos de exportación eran
los tintes vegetales. Ello dio lugar a la introducción del
café como cultivo masivo. Con la Reforma Liberal de 1871,
los indígenas perdieron muchas tierras comunales, incorporadas
por los grandes terratenientes a la producción cafetalera.
Este período liberal imprime características que aún
perduran: democracia de fachada, incremento de la desigualdad y
marginación del indígena. Comienza la influencia alemana,
que sustituye a la inglesa.
A finales del siglo XIX se potencia la entrada masiva de capital
norteamericano, que se adueñó de los ferrocarriles,
los puertos, los transportes marítimos y, sobre todo, de
grandes extensiones de tierra.
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Revolución
de octubre y período democrático (1944-1954)
Desde 1931 y durante los trece años que estuvo en el poder,
el dictador Jorge Ubico había institucionalizado el terror
de Estado y el trabajo forzado. Al estallar la Segunda Guerra Mundial,
su base de apoyo, el capital alemán, desaparece. Este hecho,
junto al cansancio de la población ante el abuso de poder,
pobreza, leyes inhumanas, etc., facilitó la convergencia
de distintos sectores sociales (principalmente intelectuales de
clase media y pequeña burguesía) que hicieron posible
la Revolución.
La Revolución de Octubre significó el inicio de reformas,
así como la democratización real de la sociedad: surgimiento
de diversos partidos políticos, entre ellos e! Partido Comunista,
organización masiva de sectores populares, etc. Dichos cambios
fueron llevados a cabo en un primer momento por Juan José
Arévalo, y de forma más contundente por el presidente
Jacobo Arbenz. Su objetivo era crear un capitalismo independiente
modernizando la economía nacional y elevando el poder adquisitivo
de las masas; ello requería un cambio estructural profundo:
la reforma agraria.
La reforma agraria fue considerada por los terratenientes como
un peligro para sus bases de dominación. La expropiación
de grandes cantidades de tierras ociosas de las compañías
norteamericanas fue calificada por el propio gobierno norteamericano
como «una amenaza a los intereses de Estados Unidos».
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La Contrarrevolución.
A mediados de 1954, y bajo la argumentación de una posible
agresión comunista, Estados Unidos llevó a cabo una
invasión organizada y derrocó al gobierno del presidente
Arbenz, subiendo al poder el jefe militar Carlos Castillo Armas.
A la caída del régimen democrático contribuyó
la negativa del ejército guatemalteco a combatir al ejército
mercenario que organizó la CIA. Tras el triunfo de la contrarrevolución,
el ejército fue depurado de sus elementos democráticos,
particularmente de los oficiales formados en la década revolucionaria.
La contrarrevolución fue un retroceso para el país
en el orden político, económico, social y cultural.
Se desarticularon las organizaciones de obreros, campesinos, estudiantes
y profesionales, y pensar y actuar libremente volvió a ser
delito.
El 13 de noviembre de 1960, una parte del ejército se levantó
en armas con la intención de convocar unas elecciones que
instituyeran un gobierno civil, alejado de las influencias de Estados
Unidos. El levantamiento fracasó y aquellos que lograron
sobrevivir a la represión marcharon a las montañas
para organizar un movimiento armado que con el apoyo popular pudiese
levantar una insurrección generalizada. Ese fue el origen
de la guerrilla.
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Militarización
de la sociedad.
A partir de 1954 la recomposición del régimen político
se registra en dos planos:
1.La institución militar, en cuanto a tal, desborda sus
funciones técnico-militares y adquiere influencia en el apartado
productivo (Banco del Ejército, fábrica de armamento,
etc.).
2.La incorporación de altos cargos militares a la oligarquía
agroexportadora. Esta incorporación es acelerada a través
del control del aparato del Estado (ocupación de fincas en
la franja transversal del norte) .
En 1974 cada uno de los generales del ejército recibió
900 hectáreas en las más fértiles tierras de
Alta Verapaz; los coroneles recibieron 450 hectáreas. (En
1986 un estudio de la AID informó que el 60 % del departamento
de Alta. Verapaz era propiedad de mandos del ejército.)
Por otra parte, y especialmente desde la década de los sesenta,
se institucionaliza el terror sistemático como medio de lucha
contrainsurgente y como mecanismo de control social, con asesoramiento
de EEUU, y se ponen a prueba tácticas usadas por los nazis
durante la Segunda Guerra Mundial, los franceses en Argelia y los
yanquis en Vietnam y Filipinas. Los cuerpos de represión
estatales secuestran y asesinan a miles de personas, y aparecen
bandas paramilitares de extrema derecha (Escuadrones de la Muerte,
Movimiento Anticomunista Nacional) .
En 1978 es elegido presidente Lucas García con un 65% de
abstención. Durante su mandato, y para acabar con la guerra
popular revolucionaria, el ejército, de acuerdo con la ciase
dominante y la Administración estadounidense, concibió
un plan global contrainsurgente en cuatro planos: militar, económico
político-ideológico y de relaciones internacionales.
La estrategia militar tuvo tres elementos centrales:
1.El lanzamiento de una ofensiva militar durante los años
1981 y 1982.
2.La política de «tierra arrasada» que significó
el terror sistemático para la población rural del
país. El resultado: 440 aldeas destruidas, 40.000 muertos,
más de un millón de desplazados entre los años
1981 y 1983, y más de 100.000 refugiados en el exterior.
3.La militarización de los campesinos mediante las «aldeas
modelo» y las PAC (patrullas de autodefensa civil), que mantenían
bajo control militar a más de un millón de campesinos,
obligados a patrullar y trabajar para el ejército.
Es importante señalar que todas estas medidas buscan aniquilar
al pueblo indígena como tal, no físicamente (aunque
una parte del mismo sí es exterminado) sino como colectivo
social. El ejército intentaba así la destrucción
del conjunto cultural que les ha permitido mantener su identidad
a través de cinco siglos de dominación. Esto es producto
de la ideología racista dominante y del análisis de
sociólogos y antropólogos de EEUU, que ven la dificultad
de dominar una revolución que proviene del pueblo indígena.
Como ejemplo de la represión que se produjo en estos años
está la matanza de Panzos, el incendio de la embajada española
provocado por fuerzas gubernamentales en el que murieron campesinos
guatemaltecos y diplomáticos españoles (España
rompió relaciones diplomáticas), secuestro de líderes
sindicales, masacres de campesinos en el Quiché, desapariciones,
etc.
El mandato de Efraín Ríos Montt (marzo 1982 agosto
1983) es especialmente reseñado por la dureza con que fue
aplicada la política de «tierra arrasada». En
el primer año de gobierno fueron asesinados más de
15.000 guatemaltecos, 70.000 buscaron refugio en países vecinos
- especialmente México -, unos 500.000 se internaron a vivir
en las montañas huyendo del ejército, y centenares
de poblaciones fueron devastadas. Se multiplicó el sistema
de aldeas modelo, donde eran trasladados los campesinos, a quienes
se obligaba a producir en un nuevo esquema destinado directamente
a la exportación y no a su supervivencia.
En agosto de 1983 Ríos Montt fue depuesto por un golpe militar
(nuevamente orquestado por la CIA) que llevó al poder al
general Oscar Mejía Víctores. El ejército,
liderado por Mejía Víctores, rediseñó
su política contrainsurgente, y con el objetivo de mejorar
la posición internacional de Guatemala, que había
sido condenada reiteradamente por las violaciones a los derechos
humarlos, el ejército se planteó la instauración
de un gobierno civil aunque seguiría bajo el control de los
militares.
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Régimen contrainsurgente
y elecciones
En 1984, después de tantos años de ejercer el poder,
el ejército no sólo había fracasado en su intento
de derrotar al movimiento revolucionario, sino también como
institución gobernante, habiendo provocado una notable agudización
de la crisis económica y social.
La institución armada no podía continuar con su programa
contrainsurgente desde las posiciones del gobierno. Era preciso
llevar a cabo cambios formales en el aspecto político del
país. Fue así como el ejército, con el interesado
beneplácito de Washington, anunció una apertura democrática
y convocó elecciones.
Sin renunciar al ejercicio del poder político y al control
de los aspectos estratégicos de la vida económica
y social, el ejército ofrecía compartir algunas esferas
del poder.
El establecimiento de unas elecciones debía producir, según
las previsiones de los autores del proceso, el aislamiento político
del movimiento revolucionario armado; pensaban quitarle sus banderas
de lucha, desarmarlo políticamente y restarle apoyo popular,
para, en un segundo momento, golpearlo militarmente y aniquilarlo.
Con su aparente retiro del poder político, los militares
esperaban también mejorar su imagen y sorprender a sectores
de la comunidad internacional. Ello respondía también
a los intereses de EEUU, que necesitaban en Guatemala un aliado
más respetable que los desprestigiados gobiernos militares.
La embajada norteamericana se constituyó en garante del
proceso electoral. Varios sectores y personalidades, tanto nacionales
como internacionales, señalaban el verdadero carácter
de ese proceso. El próximo gobierno, advertía en 1985
el arzobispo Próspero Perlados, será un «gobierno
militarizado». En diciembre de 1985 un 47% de :os ciudadanos
acudía a votar; de ellos un 63% lo hacía por la Democracia
Cristiana, y así Vinicio Cerezo se convirtió en el
primer presidente civil tras largos años de dictaduras militares.
Esta «democracia» tutelada y diseñada por EEUU
tuvo su continuación en el proceso electoral realizado el
11 de noviembre de 1990, en que la abstención se aproximó
al 65% y cuyo resultado obligó a una segunda vuelta el 6
de enero de 1991, en la que ganó el candidato, perteneciente
a una secta evangelista, Jorge Serrano, del Movimiento de Acción
Solidaria (MAS).
Durante el mandato de Jorge Serrano aumentaron de forma alarmante
las violaciones de los derechos humanos. A principios de 1993 se
incrementaron los pronunciamientos de distintos sectores de la sociedad
guatemalteca, al igual que de organizaciones y personalidades de
ámbito internacional, manifestando su preocupación
por la militarización, por ser generadora de violaciones
de los derechos humanos.
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El golpe de estado y
la elección de Ramiro de León Carpio
El golpe de Estado correspondió a un plan que se perfiló
desde meses atrás en los circuitos de poder bajo la dirección
de la alta jerarquía militar.
A primeras horas del día 25 de mayo de 19S13, e! entonces
presidente Jorge Serrano Elías dio a conocer la decisión
de asumir la jefatura de Estado y las funciones legislativas, para
lo cual suspendió las garantías individuales y fundamentales
de la Constitución. Disolvió el Congreso, la Corte
Suprema de Justicia y el Tribunal Constitucional. Las emisoras de
radio y televisión fueron intervenidas, así como la
prensa.
Los días anteriores al golpe se produjeron enérgicas
protestas por la elevación de las tarifas eléctricas
y la imposición de medidas de control a los institutos de
enseñanza pública secundaria, que al ser reprimidas
por fuerzas gubernamentales, se convirtieron en serios disturbios.
El golpe de Estado se vio frustrado por una repulsa generalizada
dentro y fuera del país: el pueblo guatemalteco se movilizó
desde el primer momento; el gobierno de EEUU y la Comunidad Europea
impusieron sanciones económicas mientras persistiera la situación.
El presidente Serrano se vio obligado a dimitir.
Constitucionalmente corresponde al Congreso elegir un nuevo presidente
en ausencia del titular en cargo. Fue designado como presidente
de la República de Guatemala el abogado Ramiro de León
Carpio.
La actitud crítica de Ramiro de León frente a los
gobiernos de Cerezo y Serrano y en algunas ocasiones frente al ejército,
cuando era procurador de los Derechos Humanos (1989-1993), así
como la actitud que adoptó frente al golpe, le dio un prestigio
reconocido dentro y fuera del país, lo que le colocó
en un lugar preferente para su elección y aceptación
por parte de los distintos sectores.
Ramiro de León inició una campaña de depuración
de los militares que apoyaron a Serrano. El Plan de Gobierno de
Ramiro de León reafirmó la política de ajuste
estructural, priorizó el cese de la intervención estatal
en la economía, la reforma financiera y la privatización
de empresas. Se propuso una reforma constitucional y se llevó
a cabo una consulta popular al respecto (enero de 1994). La abstención
del 85 % determinó un verdadero fracaso para la política
del presidente De León Carpio.
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Las elecciones de 1995
El 12 de noviembre de 1995 hubo elecciones generales. Se presentaban
19 partidos, pero esta vez había una grata novedad: por primera
vez desde hacía muchos años se presentaba un partido
de izquierda, el FDNG (Frente Democrático Nueva Guatemala),
una coalición resultante de una alianza entre las organizaciones
sociales de base que conforman la Asamblea del Sector Civil, que
ha jugado un papel determinante en los últimos años,
desde que fue creada en 1994.
En su programa electoral, el FDNG expresa su propósito de
«terminar con el poder paralelo, la democracia de fachada
y la militarización del Estado» y, a la vez, «luchar
contra la discriminación de los pueblos indígenas».
En la primera vuelta electoral ganó el PAN (Partido de Avanzada
Nacional), con el conservador Álvaro Arzú, con un
36%. Este partido representa a la derecha neoliberal. En segundo
lugar, con un 22 %, quedó el FRG (Frente Republicano de Guatemala),
liderado por el dictador Ríos Montt, el artífice de
la política de «tierra arrasada» en los años
ochenta, que no pudo presentarse como candidato a presidente porque
la Constitución se lo impide por haber llegado al poder en
1982 con un golpe de Estado. En su lugar ha puesto a Alfonso Portillo,
su «hombre de paja». Su partido representa a la derecha
represiva.
En tercer lugar quedó la alianza de DC (Democracia Cristiana)
, UCN (Unión de Centro Nacional) y PSD (Partido Social Democrático)
con un 13%, en cuarto lugar el FDNG, con un 8%, consiguió
seis diputados y dos en el Parlamento Centroamericano. Únicamente
estos partidos lograron representación en el Congreso, pero
como no se consiguió mayoría absoluta hubo una segunda
vuelta el 7 de enero de 1996 entre los dos partidos más votados,
es decir, entre el PAN y el FRG.
En la primera vuelta el FDNG tenía que superar lo insuperable
en estas elecciones «limpias y transparentes» como las
ha catalogado el gobierno guatemalteco. Su base social es mayoritariamente
indígena, pero muchos no pudieron votar por no tener la documentación
necesaria y por no estar empadronados. Por este hecho quedaron un
millón y medio de personas privadas del ejercicio de sus
derechos políticos, ya sea por factores socioculturales (indígenas,
mujeres, jóvenes), políticos (CPR, retornados, desplazados)
o socioeconómicos (población rural, lejanía,
extrema pobreza).
La concentración de los centros de recepción de votos
en las cabeceras municipales hacía que los habitantes de
numerosas aldeas quedaran a dos días de camino hasta llegar
a sus lugares votación. El gobierno noruego ofreció
12 millones de dólares para pagar el transporte a los indígenas
y así facilitar a las poblaciones más pobres las condiciones
indispensables para emitir su voto, pero el gobierno puso las trabas
administrativas necesarias para que esa ayuda no llegara.
La militarización del país, el clima de represión
e impunidad, con sus consecuencias de terror e intimidación,
las grandes desigualdades sociales, la pobreza y el analfabetismo
de amplios sectores de población, la discriminación
racial, lingüística y de la mujer, configuran un marco
muy poco propicio para un proceso verdaderamente democrático
y transparente.
A todo esto hay que añadir la manipulación de los
medios de comunicación, controlados por los partidos de siempre,
y la campaña que hicieron en contra del FDNG, a quienes constantemente
se acusaba de ser el partido de la guerrilla.
Los informes de los observadores internacionales oficiales, para
los cuales el sufragio «en general» se realizó
en un ambiente de tranquilidad y transparencia, libertad y seguridad,
contrastan con el análisis que hicieron los observadores
independientes, que denunciaron el contexto social, político,
económico y cultural en que se desarrolló este proceso
electoral y que ha incidido en el mismo, tanto de manera global
como en el desarrollo puntual de las elecciones. Así también,
denunciaron un sinnúmero de irregularidades: la compra de
votos, la presencia de personas armadas en los centros de votación,
la agresión física a algunos fiscales, el proselitismo
durante la jornada electoral, la quema de urnas...
Pero el hecho más preocupante fue el incidente del corte
de energía eléctrica de hora y media, que afectó
a todo el país excepto al departamento del Petén en
un momento clave de las elecciones (el recuento de votos) y que
puso en peligro la vigilancia del escrutinio y dificultó
la transmisión de datos.
La suspensión del fluido de energía eléctrica,
que fue explicada de forma infantil por el gobierno (una rama que
cayó en un poste eléctrica) , dio lugar a que los
fiscales abandonaran los centros de votación ya que se produjeran
acciones como el ametrallamiento de la radio Nuevo Mundo, la presencia
de hombres armados en diferentes lugares, la quema de urnas y otros
hechos preocupantes.
Es evidente que el apagón fue organizado por la inteligencia
militar con el objetivo de controlar las elecciones.
En la segunda vuelta, el conservador Álvaro Arzú,
del Partido de Acción Nacional (PAN) consiguió la
presidencia de Guatemala en un proceso electoral muy ajustado, en
el que el voto en la capital fue determinante. La abstención
en los comicios fue del 62%, más alta que en la primera vuelta.
Esto fue debido a que la mayoría de las comunidades indígenas
mayas no se identificaron con ninguno de los dos candidatos. Esta
segunda vuelta electoral se vio precedida por un clima de violencia
incontrolada, hasta el punto que el presidente De León decidió,
una vez más, sacar al ejército a la calle.
En los dos meses siguientes, 500 personas fueron asesinadas en
el país, buena parte de los cadáveres presentaban
señales de tortura y tiro de gracia. Sólo en la capital
se producían 10 homicidios diarios. Una pareja del FDNG,
ella embarazada de 8 meses, fue salvajemente asesinada en el departamento
de Totonicapán.
Desde su llegada al poder, Arzú y el PAN, con el apoyo del
FRG, aplicaron un programa de corte neoliberal.
La consulta popular sobre la reforma constitucional (mayo de 1999).
En la convocatoria del 16 de mayo de 1999 había que aprobar
o rechazar cuatro paquetes de reformas constitucionales que suponían
la plasmación legal de los acuerdos de paz firmados entre
la URNG y el gobierno a finales de 1996.
La consulta popular constaba de cuatro preguntas referentes a los
pueblos indígenas, al organismo legislativo, al organismo
ejecutivo y a la administración de justicia. El resultado
fue favorable al No. Los acuerdos referentes a los derechos de los
pueblos indígenas son los que obtuvieron un resultado más
ajustado (48% contra el 52%), mientras que el resto de reformas
generaron un apoyo menor, aunque siempre superior al 40%. El rechazo
a las reformas significa que ahora los acuerdos de paz no tienen
ningún efecto legal en la realidad política de Guatemala
y que, por lo tanto, su plasmación en transformaciones concretas
dependerá de la voluntad política de los gobernantes
de turno (hay que recordar que los acuerdos de paz no son acuerdos
de estado). El país tendrá que seguir conviviendo
con la misma constitución autoritaria que loS militares concibieron
a principios de los ochenta. El resultado fue del todo inesperado.
Las reformas constitucionales parecían contar con un amplio
consenso y con el apoyo, formal por lo menos, de las tres principales
formaciones políticas (PAN, FRG y FDNG-URNG), y también
de la práctica totalidad del movimiento maya, sindical y
popular. La explicación del fracaso proviene de la conjugación
de diversos factores, entre los que se encuentran la desinformación,
tanto institucional como por parte de los diversos agentes sociales
y políticos favorables al Sí, quizás demasiado
confiados y con la mirada puesta en las elecciones de noviembre;
la elevada abstención (sólo votó el 18,55%
de las personas censadas) ; una campaña contra las reformas
constitucionales, a última hora, por parte de sus detractores;
y, cómo no, hay que hablar de un proceso de democratización
lento y con frecuentes retrocesos que han ido minando las expectativas
de la población en demasiadas ocasiones.
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La
consulta popular sobre la reforma constitucional (mayo de 1999).
En la convocatoria del 16 de mayo de 1999 había que aprobar
o rechazar cuatro paquetes de reformas constitucionales que suponían
la plasmación legal de los acuerdos de paz firmados entre
la URNG y el gobierno a finales de 1996.
La consulta popular constaba de cuatro preguntas referentes a los
pueblos indígenas, al organismo legislativo, al organismo
ejecutivo y a la administración de justicia. El resultado
fue favorable al No. Los acuerdos referentes a los derechos de los
pueblos indígenas son los que obtuvieron un resultado más
ajustado (48% contra el 52%), mientras que el resto de reformas
generaron un apoyo menor, aunque siempre superior al 40%. El rechazo
a las reformas significa que ahora los acuerdos de paz no tienen
ningún efecto legal en la realidad política de Guatemala
y que, por lo tanto, su plasmación en transformaciones concretas
dependerá de la voluntad política de los gobernantes
de turno (hay que recordar que los acuerdos de paz no son acuerdos
de estado). El país tendrá que seguir conviviendo
con la misma constitución autoritaria que loS militares concibieron
a principios de los ochenta. El resultado fue del todo inesperado.
Las reformas constitucionales parecían contar con un amplio
consenso y con el apoyo, formal por lo menos, de las tres principales
formaciones políticas (PAN, FRG y FDNG-URNG), y también
de la práctica totalidad del movimiento maya, sindical y
popular. La explicación del fracaso proviene de la conjugación
de diversos factores, entre los que se encuentran la desinformación,
tanto institucional como por parte de los diversos agentes sociales
y políticos favorables al Sí, quizás demasiado
confiados y con la mirada puesta en las elecciones de noviembre;
la elevada abstención (sólo votó el 18,55%
de las personas censadas) ; una campaña contra las reformas
constitucionales, a última hora, por parte de sus detractores;
y, cómo no, hay que hablar de un proceso de democratización
lento y con frecuentes retrocesos que han ido minando las expectativas
de la población en demasiadas ocasiones.
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Las últimas elecciones
(noviembre de 1999)
El 7 de noviembre de 1999 hubo elecciones generales. En el mes
de mayo se anunciaba una coalición de fuerzas políticas
progresistas que suponía la presentación de una candidatura
unitaria y que abría grandes expectativas de resultados.
Bajo las siglas ANN (Alianza Nueva Nación) se aglutinaban
los sectores más próximos al movimiento revolucionario
(URNG y FDNG) y los sectores progresistas más moderados (DIA
y UNID). Sin embargo, en verano las cuatro formaciones ofrecieron
un pobre espectáculo de enfrentamientos diarios en la confección
de candidaturas que, además de provocar desconcierto entre
los sectores populares guatemaltecos, supuso la ruptura de la coalición.
Finalmente, el FDNG se presentó a las elecciones por separado.
Por otro lado, cómo no, los dos grandes partidos tradicionales
de la derecha se disputaban la presidencia: mientras el PAN luchaba
por mantener los resultados del 95, el FRG lo hacía por invertirlos.
En la primera vuelta el FRG obtuvo el 47% de los votos, frente
el 30% del PAN y el 12% de la ANN (URNG-DIA), mientras el FDNG quedaba
muy por debajo del 2%. En la segunda vuelta, entre FRG y PAN, el
partido de Ríos Montt cumplió el trámite y
obtuvo la presidencia para Alfonso Portillo con un amplio margen:
el 68% de los votos, ganando en todos los departamentos del país.
Si bien la elección de Portillo puede considerarse nefasta,
los resultados aportan, por lo menos, dos buenas noticias. En primer
lugar, el incremento de la participación, que sin ser elevada
(el 54% de los votantes registrados), representa un incremento importante
respecto a las elecciones de 1995. En segundo lugar, el resultado
de la izquierda. La obtención por parte de la ANN de Álvaro
Colom del 12% del voto válido y nueve escaños al congreso
supone casi doblar los resultados del 95. Si la firma de la paz,
con el retorno del exilio de gran número de refugiados y
la incorporación de la URNG a la política, auguraban
este incremento, los conflictos internos de la coalición
electoral de izquierdas hacen que los resultados obtenidos sean
positivos y superiores a lo que pronosticaban las encuestas.
La otra cara de la moneda la ofrece el FDNG, que, con menos del
2% de los votos, se queda sin representación y, por lo tanto,
según la ley electoral guatemalteca, queda disuelto. Los
sectores populares han dejado clara, pues, su opción respecto
a quienes deben ser los cor1tinuadores de la tradición revolucionaria.
En cuanto al resto de formaciones políticas, sólo
el Partido Libertador Progresista (PLP) llegó al 5%, mientras
que ARDE (2%), UD-LOV (1%), UCN (1%), MLN (0,6%), AD (0,2%) y ARENA
(0,1%) han quedado condenados a la desaparición.
En 1999 se han repetido básicamente los problemas que ya
hubo en el 95: una parte de la población (principalmente
indígena y mujer) privada de sus derechos políticos
por falta de documentación, lejanía de los centros
de recepción de votos en el área rural y el coste
económico del desplazamiento para habitantes de comunidades
que viven en extrema pobreza, manipulación de los medios
de comunicación y, por supuesto, las tan impresionantes como
despilfarradoras campañas propagandísticas del PAN
y del FRGN.
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Partidos políticos
Siglas de los principales partidos políticos:
PAN: Partido de Avanzada Nacional. Derecha ligada a grandes empresas
y al capital financiero. Ganador en las elecciones de 1995.
FRG: Frente Republicano Guatemalteco. Derecha tradicional y ultraderecha,
ligada a los militares y finqueros. Fundado por el general golpista
Efraín Ríos Montt. Ganador de las elecciones de 1999.
ANN: Alianza Nueva Nación. Coalición de izquierdas
compuesta por los partidos URNG y DIA y el comité cívico
UNID. Tercera fuerza política en las elecciones de 1999.
FDNG: Frente Democrático Nueva Guatemala. Izquierda. Creado
poco antes de las elecciones de 1995 por organizaciones del movimiento
popular con el apoyo de la URNG. Aunque integrante inicialmente
de la coalición electoral de la ANN para el 99, se produjo
la ruptura pocos meses antes de las elecciones.
PLP: Partido Libertador Progresista.
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Situación
social 
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