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El Jueves 16 de octubre de 2003 a las 7:30 p.m. en la ciudad de
Barrancabermeja, región del Magdalena Medio (Colombia), un
grupo de tres paramilitares forzó a la señora ESPERANZA
AMARÍS MIRANDA a subir a un carro frente a su casa en el
barrio Versalles. Cinco minutos después Esperanza fue asesinada
y su cuerpo fue abandonado en la calle frente al Colegio Camilo
Torres. Su hija mayor, en un intento por salvar a su mamá,
se aferró al carro donde se la llevaron y fue arrastrada
casi 200 metros antes de caer. Esperanza, una mujer trabajadora
y madre de dos hijos que se dedicaba a la venta de lotería,
hacía parte de la Organización Femenina Popular (OFP)
y días antes había denunciado ante la Fiscalía
las amenazas recibidas de parte de los grupos paramilitares presentes
en Barrancabermeja. La OFP también denuncia que cuando intentaron
comunicarse con la policía en el momento en que sucedieron
los hechos, no funcionaron los mecanismos de reacción inmediata
que habían sido acordados en una reunión del Comité
Operativo Intersectorial de Barrancabermeja.
La Organización Femenina Popular, que desarrolla en la región
del Magdalena Medio un valioso trabajo en defensa de los derechos
humanos de las mujeres y de sus comunidades, viene denunciando con
valentía el aumento de la presencia y el control social ejercido
por los grupos paramilitares en el Magdalena Medio y exigiendo que
las autoridades legalmente constituidas recuperen el control social
y político de Barrancabermeja y del Magdalena Medio.
La Mesa de trabajo Mujer y conflicto armado - de la
que hace parte la Organización Femenina Popular - ha denunciado
en sus Informes la situación de amenaza y agresión
que han sufrido las organizaciones sociales de mujeres en el país
por parte de los actores armados. En su informe de la visita a Colombia
la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre Violencia contra
la Mujer describió la intimidación y persecución
sistemática contra las organizaciones de mujeres como la
OFP y señaló que [1] <mid://00000003/>:
(90) (
)Las organizaciones de la mujer, sobre todo campesinas,
indígenas y afrocolombianas, y sus dirigentes, han sido objeto
de intimidación sistemática y se han visto perseguidas
por la labor que realizan en defensa de la mujer y en pro del mejoramiento
de las condiciones de vida de sus comunidades. Sus miembros no son
los únicos que se ven directamente afectados. Sus hijos y
los esposos o las parejas de estas mujeres han sido también
asesinados debido a las actividades sociales y políticas
de la mujer. Tal es el caso de organizaciones no gubernamentales
como la Organización Femenina Popular (OFP), la Asociación
Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas de Colombia (ANMUCIC)
y la Fundación Santa Rita para la Educación y Promoción
(FUNSAREP).
(91) En su afán de lograr el control social y político
de territorios en litigio, los grupos armados la emprenden con las
organizaciones de la mujer por considerarlas un obstáculo
visible profundamente arraigado en las comunidades, a las que tratan
de utilizar para su beneficio propio o de lo contrario tratan de
destruir. Las organizaciones que no se pliegan a los intereses de
estos grupos se ven obligadas a llevar a cabo sus actividades en
condiciones de inseguridad permanente y se ven cada vez más
obligadas a abandonar o a transformar los métodos de trabajo
de su organización.
(92) A partir de enero de 2001, la OFP[2] <mid://00000003/>
ha estado recibiendo amenazas. La Corte Interamericana de Derechos
Humanos emitió medidas cautelares respecto del caso de la
OFP.(
) La situación de seguridad de esta organización
sigue siendo precaria.
(93) (
) La Relatora Especial expresa preocupación
porque el aumento y la frecuencia de las agresiones contra las organizaciones
de mujeres por parte de las facciones armadas surten efectos múltiples,
simultáneos y desproporcionados en la participación
de la mujer. (
) En este contexto es indispensable adoptar
con urgencia medidas de protección adecuadas para garantizar
el derecho de la mujer a la participación social y política
en pie de igualdad.
En su Informe de la misión a Colombia, la Relatora Especial
de las Naciones Unidas sobre Violencia contra la Mujer incluye las
siguientes Recomendaciones:
(116) "El Estado debería intensificar sus esfuerzos
para luchar con eficacia contra los grupos paramilitares y velar
por que las personas de las que se sospecha que han cometido violaciones
de los derechos humanos, incluso autoridades públicas, sean
llevadas ante los tribunales civiles. Deberían establecerse
grupos operacionales en las zonas bajo control paramilitar para
tratar directamente este problema y poner fin a las violaciones
de los derechos humanos. Considerando la elevada proporción
de violaciones de los derechos humanos perpetradas por los grupos
paramilitares, el Estado debería adoptar una política
firme para desenmascarar a estos grupos. Todo funcionario público
que tenga vínculos comprobados con grupos paramilitares debería
ser destituido, sometido a investigación y condenado".
(117) "El Estado debería prestar un mayor apoyo y protección
a las organizaciones de derechos humanos que se ocupan de cuestiones
de derechos humanos de la mujer o de asuntos de la mujer. (
)
En las zonas apartadas, las organizaciones de mujeres están
realizando una labor sumamente valiosa a nivel de base, por lo que
merecen que existan sistemas apropiados de apoyo y medidas de protección.
Tan pronto se empiece a luchar contra la impunidad y se enjuicien
los casos de violaciones basadas en el género se estará
enviando un mensaje en el sentido de que estos delitos se castigarán
seriamente. Se debe atribuir alta prioridad y prestar seria atención
al compromiso de entender los riesgos, aplicar medidas preventivas
y brindar protección".
La Mesa de trabajo Mujer y conflicto armado, exige
el Estado Colombiano hacer efectivas las Recomendaciones de la Relatora
Especial de las Naciones Unidas sobre Violencia contra la Mujer,
para que se proteja la vida de las mujeres y el derecho a la participación
de las organizaciones de mujeres en el país.
Manifestamos nuestro profundo rechazo frente al asesinato de Esperanza
y frente a todas las formas de militarización de la vida
civil en Barrancabermeja y en el país.
En solidaridad con la Organización Femenina Popular y con
todas la organizaciones de mujeres en Colombia,
Mesa de trabajo Mujer y Conflicto Armado:
Bogotá, Octubre 17 de 2003
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