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Con el objetivo de cerrar esta primera fase del proceso de información
sobre la Movilización al Putumayo, La Ruta Pacífica
de Mujeres comparte con ustedes dos artículos de opinión
que dan cuenta de la discusión sobre
las fumigaciones con glifosato.
Les enviamos un cálido saludo de fin de año y agradecemos
todo el acompañamiento solidario que recibimos de cada uno/a
de ustedes.
Irma Ortiz A.
LOS AGROQUÍMICOS, MÁS DAÑINOS
QUE EL GLIFOSATO
SALUD, NARCOCULTIVOS Y FUMIGACIONES
Por William Wood
Columna de Opinión del periódico El Tiempo
26 de noviembre de 2003
En la guerra contra las drogas y los narcotraficantes, tanto el
gobierno de Colombia como el de Estados Unidos tienen mucho interés
en la protección ambiental y de la salud humana en Colombia.
Cerca de 3.000 Mujeres Colombianas por la Paz marchan en solidaridad
con las que habitan el departamento de Putumayo, víctimas
del conflicto armado originado por grupos al margen de la ley y
financiado en un alto porcentaje con las utilidades del negocio
del narcotráfico. Respetamos el derecho de estas mujeres
a expresar su opinión sobre tema público tan importante.
Sin embargo, es necesario hacer unas aclaraciones sobre los efectos
de los cultivos ilícitos de coca.
Para mantener cada hectárea de cultivo de coca se utilizan
cerca de 48 agroquímicos diferentes, en aplicaciones irracionales
cada 8 o 15 días. Cada dos semanas, mujeres y niños
participan en estas fumigaciones y son expuestos a estos agroquímicos
sin ningún tipo de protección. Entre otros, a sustancias
altamente tóxicas como Paraquat, Parathion y Malathion. Cada
hectárea de coca requiere más de dos toneladas métricas
de estas sustancias que son aplicadas en mezclas altamente nocivas
para la salud humana y ambiental. Sus residuos son desechados en
los ríos. Para poder iniciar el cultivo de la coca se realizan
amplias deforestaciones, las cuales son la verdadera causa de los
procesos posteriores de erosión.
A este desolador panorama debemos agregarle que para la obtención
de la base de coca se deben emplear grandes cantidades de precursores
químicos como ácido clorhídrico, ácido
sulfúrico, acetona, gasolina y metanol. Cada año ingresan
al departamento de Putumayo más de dos toneladas métricas
y cientos de litros de estas sustancias químicas, cuyos desechos
también permanecen en los suelos y el agua de la región.Estos
químicos, incluso los precursores, entran al suelo en forma
tóxica activa.
En contraste, el glifosato entra al suelo en forma totalmente
inerte. Afecta sólo las hojas de la planta en forma activa
y sus químicos activos van a las raíces de las plantas
a través de su sistema circulatorio interno, sin afectar
el suelo o las raíces de otra planta cuyas hojas no lo hayan
recibido.
El 87 por ciento del glifosato en Colombia es utilizado por agricultores
en sus cultivos de papa, caña de azúcar y arroz. El
glifosato también se usa con propósitos agrícolas
en más de 100 países del mundo, inclusive en E.U.,
cuyas normas ambientales son muy exigentes, y también como
herbicida en las Islas Galápagos.
Numerosos estudios científicos independientes han demostrado
que no hay ningún efecto nocivo para la salud humana por
parte del glifosato en la erradicación de cultivos ilícitos
en Colombia. Así se demostró en el estudio realizado
en el departamento de Putumayo en el año 2001 por la Clínica
de Toxicología Uribe Cualla de Bogotá, dirigido por
el doctor Camilo Uribe Granja, médico toxicólogo reconocido
nacional e internacionalmente. Yo lo he usado en el jardín
de mi casa en Washington, y en el proceso de mezclar el químico
concentrado con agua, antes de aplicarlo a las plantas, me ha caído
en las manos y en la cara sin causar ningún daño.
Los problemas de los cultivos ilícitos, el narcotráfico,
el narcoterrorismo y el consumo de sustancias ilícitas por
parte de la población colombiana deben ser analizados en
conjunto, porque buscar la paz y mejores condiciones de vida para
los colombianos son preocupaciones que compartimos con el gobierno
colombiano.
* Embajador de Estados Unidos
Las razones de Mr. Wood
Alfedo Molano Bravo
Columna de Opinión Periódico EL ESPECTADOR
12 de diciembre de 2003
El pasado 26 de noviembre se reencontraron más de 3.000 mujeres
en Putumayo para rechazar la violencia y pedir, un vez más,
el cese de la guerra. En la plaza central de Mocoa se reunieron
para exigir el fin de las fumigaciones contra la coca, "que
están deteriorando la salud, la vida, y acabando con el ambiente
y con los cultivos tradicionales y alternativos". Como suele
suceder, la mayoría de los medios de comunicación
hicieron un mezquino cubrimientodel hecho. El Gobierno se refirió
de refilonazo a la discriminación contra la mujer, pero ignoró
-¡cómo no!- la marcha y el manifiesto. Más atento
y perspicaz estuvo el embajador de EU, quien citó la movilización
para justificar la fumigación.
El argumento del señor Wood es el de siempre: el glifosato
es inofensivo. Y quizás tenga razón, si se mira el
crecimiento de los cultivos de coca, que parecieran crecer al ritmo
de la fumigación y, por tanto, sostener el precio de la perica
en el mercado internacional. Hace pocos días se anunció
con bombos y platillos que los cultivos de coca se habían
reducido durante el gobierno de Uribe en 30%, pero a los pocos días,
que los del Catatumbo, Arauca y Caldas habían aumentado.
La Contraloría General de la República ha mostrado
la poca confiabilidad de los sistemas de cálculo sobre superficie
sembrada, cosechada y fumigada, de manera que, de ser cierta la
merma, no se sabría si ella es debida a resiembra, traslado
o agotamiento de las maticas. Lo que sí se sabe a ciencia
cierta es el daño que los venenos usados por la policía
antinarcóticos para fumigar causan en la salud humana y animal.
El señor embajador cita un estudio de los Uribe Cualla, como
fundamento de la inocuidad del glifosato. No dijo, sin embargo,
que la investigación fue hecha cinco meses después
de fumigada el área, limitación que "no permite
establecer ni descartar una relación entre la exposición
y la manifestación", según los célebres
toxicólogos.
Tampoco habló sobre la concentración ni sobre las
mezclas de los venenos con que nos fumigan, y que sin duda no están
permitidas en los jardines de Washington. Se ha demostrado hasta
la redundancia que el Roundup Ultra, que formula la DEA, contiene
26 por ciento de glifosato en lugar del uno por ciento recomendado
por el fabricante; porcentaje aquel considerado altamente tóxico.
Más aún, la combinación con Cosmo-Flux -un
aditivo para fijar el veneno alas hojas de la coca- ha sido clasificada
como muy tóxica por la mismísima Agencia de Protección
Ambiental de los Estados Unidos. Para la muestra, un botón.
Los datos registrados por la Policía sobre perjuicios sóloen
el Valle del Guamués en el año 2001, fueron escandalosos:
"4.289 personas afectadas, 178.377 animales afectados y 7.252
hectáreas de cultivos afectados (plátano, yuca, maíz,
potreros, montaña, rastrojo, coca)". Si se quisiera
tener una imagen amplia del desastre, piénsese que esa región
podría ser el 5% del área comprometida por la fumigación
en todo el país. Así, pues, argumentos a las mujeres
en marcha no les faltan.
El embajador destaca en su artículo, con toda razón,
el impacto de los daños producidos por los llamados precursores
químicos con que se procesa la hoja, cuyos residuos se botan
en ríos y quebradas. Hubiese quedado más completo
el cuadro sumando la contaminación originada en la destrucción
e incineración de 22 millones de kilos de insumos líquidos
y sólidos en los últimos años, que ha contribuido
al aumento del efecto invernadero y de la lluvia ácida. Más
aún, en estos operativos no se cumplen los protocolos avalados
por la embajada estaudinense y por la Dirección Nacional
de Estupefacientes sobredestrucción de estos materiales,
salvo cuando son un show hecho delante de lascomisiones del Congreso
americano que vienen a observar in situ los avances de lPlan Colombia.
El diplomático está muy preocupado por la destrucción
del bosque. Le sobra razón. La coca, la amapola y la marimba
podrían haber destrozado, en el peor de los casos, quizás
un par de millones de hectáreas de selva húmeda tropical,
"que es -explica de manera bastante parcializada- la causa
verdadera de la erosión". De haber tenido en cuenta
el señor Wood que la ganadería extensiva ha destrozado
75 de los 100 millones de hectáreas abiertas, habría
entrado en una seria confrontación con el señor Visbal.
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