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"Las fumigaciones no sólo arrasan la coca, arrasan
con todo, hasta las casas las fumigaron y eso queda un líquido
blanco...fumigaron hasta los estanques ... Yo como mujer me sentía
culpable por haber cultivado coca y luego ver las montañas
y todos los sembrados acabados, los árboles secos... Yo me
preguntaba porque tenían que pagar los árboles por
las cosas que uno hace... pero yo pensaba si el gobierno antes de
las fumigaciones hubiera entrado a negociar con los campesinos,
tal vez no hubiera sucedido eso... si el gobierno le hubiera preguntado
a la gente qué es lo que quieren o qué es lo que necesitan
pues nos hubiéramos ahorrado todo eso..."
Testimonio de una mujer del Putumayo
Afectaciones en las mujeres por la política antinarcóticos
y la exacerbación del conflicto
1. Copamiento de los actores armados en la zonas
de producción de coca:
A nivel nacional, el departamento del Putumayo es visto como una
de las regiones epicentro de delicados conflictos de incidencia
nacional, que convergen tras la dinámica impuesta por los
grupos al margen de la ley que dominan amplios territorios y donde
se produce un volumen importante de coca, para financiar sus actividades.
Varios municipios del Putumayo son catalogados como los pueblos
más violentos de Colombia y en donde mayor grado de impunidad
existe. Un 97% de los hechos no son denunciados a las entidades
competentes para ser investigados, dicha situación obedece
al miedo que impera en más de la mitad del departamento,
a la inoperancia de la justicia y a la desconfianza de las personas
frente a las entidades que la administran.
La Policía Nacional hace presencia en 10 de los 13 municipios
del departamento, también está la Brigada 24, el batallón
No. 1 antinarcóticos del Ejercito Nacional, los soldados
campesinos y la red de informantes. Igualmente, la fuerza pública
colombiana en este departamento cuenta con el apoyo militar de los
Estados Unidos expresado en dotación de aeronaves para la
fumigación, helicópteros artillados, entre otras ayudas
La presencia guerrillera en el departamento de Putumayo, data de
los años 80´s, y en la actualidad la FARC es el único
grupo guerrillero que queda en la región. Éste opera
con cuatro de sus frentes: 2, 13, 32 y 48 del bloque sur; aproximadamente
con 1.800 hombres, principalmente en el medio y bajo Putumayo.
Las Autodefensas Unidas de Colombia -AUC- bloque sur, con especial
fuerza en el Putumayo están desde 1998 y desde esta fecha
es clara su articulación a los intereses del narcotráfico.
Su accionar ha estado dirigido a dominar el Bajo Putumayo, región
estratégica para el tráfico de estupefacciones y de
armas. Operan 5 frentes con cerca de 500 miembros (Defensoría
del Pueblo octubre de 2002). Es así, como las FARC y las
AUC, han logrando el control de la economía ilegal, como
parte de su estrategia de fortalecimiento militar frente al conflicto.
Los primeros, personificando la función de regular -bajo
su "lógica guerrillera"- las conductas, las relaciones
sociales, afectivas, laborales, económicas, políticas
y ambientales de las comunidades en donde hacen presencia; y las
segundas, operando como respuesta contrainsurgente, favoreciendo
la concentración de tierras adquiridas con dineros del narcotráfico
y buscando lesionar las finanzas de la guerrilla.
Adicionalmente a estas acciones de los grupos irregulares se suman
la erradicación forzosa de cultivos de coca y los operativos
contrainsurgentes de las Fuerzas Armadas en la región, agudizando
aún más las condiciones de la población civil
asentada en estas zonas.
2. Las Fumigaciones en el departamento del Putumayo
Las fumigaciones en el Putumayo se empezaron a desarrollar en julio
y agosto de 1997 con la aspersión de 516 hectáreas.
En 1998 se fumigaron 3.950 hectáreas en el municipio de Puerto
Guzmán. Luego, en el año 2000, se intensificaron las
campañas de fumigación masivas en el Putumayo, bajo
la estrategia del Plan Colombia.
Para el año 2001 en el Putumayo, principalmente en los municipios
de Puerto Guzmán, Villagarzón y Puerto Caicedo se
fumigaron 23.176 hectáreas y a partir de agosto del 2002
se reinició la fumigación. Los resultados siguen siendo
pobres, pues en el año 2000 el Putumayo registró la
extensión más grande de hectáreas cultivadas,
comparadas con años anteriores, llegando a 66.022 hectáreas.
En el 2001 con fumigación y con pactos de erradicación
voluntaria sólo se percibe un leve descenso llegando a 66.000
hectáreas .
Las fumigaciones indiscriminadas han originado una pérdida
de confianza en las entidades estatales y en las organizaciones
ejecutoras de los programas de desarrollo alternativo. Por ejemplo,
el programa de iniciativas locales para el desarrollo de alternativas
de erradicación temprana -PILDAET- señala que la erradicación
forzosa, está incidiendo en el cumplimiento de las obligaciones
adquiridas dentro del Programa, muchos proyectos se han visto afectados
por la fumigación . Esta situación es un hecho contradictorio
por parte del gobierno y de la cooperación internacional,
por un lado se continúan entregando dineros para la financiación
de proyectos alternativos que posteriormente son afectados y por
el otro se continua apoyando con recursos para las fumigaciones
del Plan Colombia.
3. Política antinarcóticos desarrollada
por el actual presidente de Colombia.
El desarrollo alternativo en la administración Uribe se
inscribe en el Plan Nacional de Desarrollo "Hacia un Estado
comunitario", el cual concibe la política de desarrollo
alternativo en el marco de la estrategia de "seguridad democrática",
describiéndola como una "intervención integral,
en torno a la generación de alternativas económicas
y ambientalmente sostenibles para el desarrollo en zonas de conflicto",
a partir del enfoque del desarrollo alternativo como esencia del
desarrollo regional, sobrepasando el papel complementario que tenían
las anteriores políticas; así mismo plantea que la
estrategia de intervención debe adaptarse a las particularidades
de cada región en conflicto.
La estrategia de "Fortalecimiento Institucional y desarrollo
en zonas de conflicto", contiene tres líneas de acción
básicas:
· Proyectos productivos y generación de ingresos:
compuesta por proyectos forestales y agroforestales, encaminados
a la recuperación, preservación y conservación
de ecosistemas afectados por la expansión de los cultivos
ilícitos. Tiene como meta vincular a 50.000 familias productoras
de cultivos ilícitos, destinando cerca de 150.000 has. para
uso comercial y 120.000 has. para la protección de cuencas
hidrográficas y 1 millón has. para bosques naturales.
En contraprestación cada familia recibiría 5 millones
de pesos al año. · Fortalecimiento institucional y
comunitario: A través de la legitimación del Estado
como resultado de procesos de desarrollo y garantías de seguridad.
· Construcción y Mejoramiento de infraestructura
física y social: Como parte del progreso y desarrollo que
mejore las condiciones de infraestructura social básica en
las zonas apartadas del país.
La aplicación de la política se fundamenta en primer
lugar, en el reconocimiento de la incidencia que tiene el conflicto
armado en las zonas de cultivos ilícitos, y en segundo lugar,
en la participación de la comunidad para hacer efectiva sus
estrategias de seguridad. No obstante detrás de esa definición
de los programas de desarrollo, están implícitas peligrosas
medidas para la legitimación del Estado a través del
ejercicio autoritario del poder y el uso indiscriminado de la fuerza
y para garantizar la recuperación de las regiones productoras
de cultivos de uso ilícitos, regiones en donde el Estado
no ha hecho presencia y donde convergen actores armados ilegales.
De igual forma, resulta preocupante involucrar a la población
civil en el contexto del conflicto armado, desconociendo la obligación
de salvaguardar la seguridad de las comunidades sin condicionamientos
ni contraprestaciones a cambio de algún pago como guardabosques.
4. Cambio de una política antinarcóticos
con énfasis en la eliminación de la producción
de coca a una política que combina la lucha contrainsurgente
con la eliminación de producción de coca.
El panorama de las políticas antidrogas en el país
ha cambiado significativamente en los últimos años,
a partir de 1998 se acelera un modelo mucho más represivo
reafirmando la militarización en el manejo del problema,
en el que se entrelaza la lucha contrainsurgente y la erradicación
de los cultivos de uso ilícito, que luego se enmarca en el
controvertido Plan Colombia en el año 2000.
El Plan Colombia concentra esta lucha en la estrategia militar,
"destinando el 70% a la compra de helicópteros de combate,
el adiestramiento y equipamiento de batallones del ejército,
la entrega de aparatos sofisticados para los servicios secretos
de las autoridades en Colombia" (Defensoría del Pueblo,
Agosto de 2000.); privilegiando la fumigación como la principal
herramienta de la actual política, en busca de conseguir
grandes resultados a corto plazo. La sustitución voluntaria
fue utilizada como bandera social del Plan Colombia, estrategia
que no evidenció las acciones represivas de este plan en
una región históricamente abandonada.
Por su parte, la estrategia contrainsurgente de programas de fortalecimiento
militar y las acciones de erradicación forzosa de cultivos
de uso ilícito, han llevado a desfigurar los límites
entre el fenómeno guerrillero, el narcotráfico y las
comunidades campesinas e indígenas que subsisten de este
tipo de economía. Bajo los argumentos de atacar la narcoguerrilla
a través de la eliminación de la principal fuente
de financiación, la fumigación se convierte en parte
integral de los objetivos para acabar con ésta. La fumigación
tiene efectos perversos como la criminalización del campesinado,
además del impacto social y ambiental que provocan.
Lo anterior sumado a las acciones de fuerza de los organismos de
seguridad contra la población civil y las fumigaciones indiscriminadas,
expresan un vacío de legitimidad en el Estado social de derecho,
que no termina por resolver la complejidad del conflicto ni potencia
la región desde propuestas alternativas de desarrollo que
transforman las condiciones sociales de la población.
5. Efectos de la política antinarcóticos
y la agudización del conflicto armado en la vida y cuerpo
de las mujeres.
La situación de las mujeres en el sur de Colombia no puede
verse desligada de las condiciones históricas, su situación
está atravesada por discriminaciones y subordinaciones ancestrales
y por una cultura patriarcal que se agudiza en contextos de narcotráfico
y guerra. Las mujeres son víctimas de los efectos que este
fenómeno deja en su vida cotidiana y en su cuerpo. Las mujeres
también sufren los efectos de las políticas del Estado.
En dichas políticas las mujeres no son reconocidas como sujetos
de derechos, ni gozan de políticas específicas.
Producto de la aplicación de la política antinarcóticos
y de la acción de los diferentes actores armados en la región,
se identifican los siguientes efectos sobre las mujeres:
5.1 Constante presión y tensión por
los requerimientos del contexto
Las mujeres y la familia se han convertido en un escenario de expresión
de las fuertes tensiones generadas por la dinámica del conflicto
armado, expresado no solamente en la ruptura de vínculos
familiares -por resentimientos profundos que surgen ante lo que
se está viviendo, aislamiento de la familia, situaciones
de desplazamiento o duelo por el asesinato de alguno de los integrantes
familiares-, sino también por su instrumentalización
por parte de los actores armados, tanto al margen de la ley como
los que están establecidos institucionalmente. Las políticas
implementadas refuerzan la situación anterior.
Las mujeres aparecen como unidades estratégicas para ejercer
el control en las comunidades, pues los actores armados buscan una
legitimación como autoridad resolviendo conflictos y aplicando
sanciones, teniendo una directa influencia sobre la vida privada,
y por lo tanto, entablando un control social en la comunidad, que
muchas veces pone en mayor estado de riesgo a las familias. Dicho
control se ejerce a la vez por diferentes grupos armados, provocando
mayores niveles de violencia y autoritarismo.
5.2 Efectos en la salud mental de las mujeres
Las estructuras de control social instauradas por los actores armados
han agudizado las manifestaciones de violencia intrafamiliar, de
manera física y psicológica, introduciendo la amenaza
como estrategia de control y debilitando la capacidad que la familia
tiene para manejar directamente sus conflictos. Así a través
de las normas que imponen, reproducen las identidades de género
más tradicionales. Igualmente, ejercen un estricto control
del cuerpo y la sexualidad femenina, en especial en las mujeres
jóvenes quienes son víctimas de múltiples manipulaciones
por su vulnerabilidad socioeconómica y por su situación
social de bajo estatus y poder.
5.3 Efectos en el cuerpo de las mujeres
Es frecuente el asedio y abuso sexual al que son sometidas las
mujeres jóvenes. Igualmente, su situación económica
las impulsa a establecer acuerdos de pareja para generar soluciones
prácticas a las situaciones que viven, sacando ganancia del
cuerpo como valor de cambio en las alianzas que entablan con los
actores armados. Los actores armados pagan a las mujeres por acortarse
con ellos y de esta manera también manipulan el silencio
por lo que sucede.
Las mujeres que mantienen una relación con alguno de los
actores armados, suelen ser víctimas del maltrato de su pareja,
ya que la resolución de los conflictos se ejerce desde las
estrategias de guerra: autoritarismo, seguimiento, control, vulneración
física y psicológica e incluso amenazas de muerte;
a otras simplemente se les coarta este tipo de relaciones, pues
en medio del contexto en que se viven, se convierten en objetivo
militar al ser juzgadas como combatientes - aunque no lo sean -
por las relaciones de pareja que entablan con alguno de los hombres
de los grupos armados de la zona.
5.4 Efectos en los estereotipos sexuales que se
imponen
Como ya se ha ilustrado, los actores armados ejercen control en
la manera de vestir y comportarse de las mujeres. Igualmente, tienen
inherencia en la forma de vivir y de asumir la masculinidad en los
hombres de la zona. Por una parte los obligan a acatar la corporalidad
tradicional masculina (pelo corto, no aretes, etc.) y por otra,
los actores armados ejercen influencia en el acceso a los empleos
determinando el orden político de la zona, que los hombres
se ven obligados a aceptar para poder mantener su condición
masculina como proveedores. Estos hechos desestructuran la masculinidad
tradicional al limitar la libertad de acción en los hombres.
A los niños se les va generando un modelo de masculinidad
fundamentado en la legitimación de las armas, los uniformes
y ganar la batalla, es común encontrar que los juegos son
juegos de guerra, de luchar y matar; mientras a las niñas
se les sigue ofreciendo un modelo de roles femeninos tradicionales,
aún cuando algunos grupos al margen de la ley, también
las inserten a sus filas.
Por otro lado, las diversas violencias y las persecuciones que
genera la dinámica del conflicto armado hacia las mujeres,
no son tratadas en ningún espacio social ni institucional
y sus hogares tampoco son un espacio para la expresión de
los sentimientos de miedo, terror y dolor que viven cotidianamente
por el conflicto.
5.5 Efectos en la seguridad alimentaria de las comunidades
Los efectos ocasionados por las fumigaciones a los cultivos alimenticios
y a la flora en general, están poniendo en peligro las condiciones
de seguridad alimentaria de la población, limitando la disponibilidad
y acceso de los alimentos. Al destruir los cultivos agrícolas,
se limita el acceso a unos mínimos requerimientos nutricionales
de autoabastecimiento familiar. También se limita el suministro
de alimentos suficientes para distribuir y comercializar, repercutiendo
en los bajos o nulos ingresos de las unidades familiares campesinas.
Las mujeres soportan la presión cotidiana del hambre y la
escasez de alimentos.
5.6 Efectos en cuanto al desplazamiento
El desplazamiento incide en las mujeres de manera particular, ya
sea por una acción forzada de los actores armados o por las
condiciones en las que quedan sus parcelas después de la
fumigación.
Los impactos del desplazamiento se dan mayoritariamente en la población
de mujeres rurales. El trauma y la crisis las obliga a cambiar su
existencia estable por una serie de circunstancias que las pone
en una situación vulnerable, abiertamente desesperada, ya
que significa una destrucción de su identidad social, relacionada
con un cambio brusco en la forma en cómo dirigen sus vidas,
pues dentro de sus comunidades de origen es normal que ellas pertenezcan
al ámbito de lo privado, mientras que al hombre ya se le
ha configurado en un espacio social y geográfico más
amplio.
La Mujer no sólo pierde identidad social, ella debe encontrar
un medio de subsistencia que asegure el bienestar de sus hijos/as,
padres y madres, personas mayores a su cargo. Frente al escaso empleo
y ante las demandas de cuidado sus niños/as las mujeres tienen
dificultades para conservar sus empleos. Muchas veces tienen que
recurrir a trabajos temporales, a las ventas ambulantes, pidiendo
limosna o incluso prostituyéndose con el objetivo de obtener
comida para sus hijos e hijas.
5.7 Dificultad para organizarse.- Las mujeres sin
voz.
En el marco coyuntural que vive el departamento, y a pesar de los
notables hechos de participación y organización de
las mujeres, ellas están siendo vulneradas a través
de la intimidación y amenazas de grupos armados, quienes
pretenden coartar o controlar para sus beneficios los proyectos
que las mujeres han emprendido. Así, el incremento de las
acciones militares y la coerción por parte de todos los actores
armados presentes en la zona, para lograr el control social y político
del territorio, atentan contra la dinámica de las organizaciones
de mujeres, y las convierte en objeto de estigmatización,
lo cual limita sus capacidades de acción e incrementa el
riesgo de perder sus vidas.
La situación anterior, ha obligado a muchas mujeres de organizaciones
sociales a desplazarse hacia otras zonas, especialmente Mocoa, afrontando
rupturas familiares, condiciones de extrema pobreza y la necesidad
de buscar nuevas alternativas de sobrevivencia sin renunciar a los
ámbitos de participación asumidos.
5.8 Postura crítica
Las mujeres son las que más han motivado a la población
del departamento a hacerse participes de los programas de desarrollo
alternativo, propuesto por el gobierno, como una alternativa para
mejorar la baja calidad de vida que ha traído el cultivo
de la coca.
Sin embargo el panorama es desalentador, sus intentos por acogerse
a dichos proyectos han sido infructuosos, pues las políticas
de orden nacional incrementan las fumigaciones produciendo mayores
niveles de marginalidad.
6. Propuestas del Movimiento de Mujeres contra la
Guerra
6.1 Las mujeres y los hombres
del Putumayo tienen que tener voz y hacer parte de las decisiones
de las propuestas alternativas para la sustitución
de la coca.
La política antinarcóticos no ha tenido en cuenta
las condiciones reales, necesidades y abandono en las que están
los campesinos y las campesinas de la zona, tampoco tienen en cuenta
las condiciones particulares de las mujeres rurales y urbanas del
Putumayo. Esta situación exige la redefinición del
llamado "Desarrollo Alternativo" y del concepto de "Paz".
Es necesario que estos conceptos vayan más allá de
querer acabar con la llamada economía de la guerra e incluso
de la inexistencia de los actores armados al margen de la ley, se
requiere que las políticas sean reorientadas desde un conjunto
de procesos de desarrollo rural competitivo que solucionen las necesidades
fundamentales y las condiciones de equidad de una población
históricamente abandonada por las políticas estatales.
Las pequeñas productoras no han tenido un verdadero acceso
a los procesos de capacitación, transferencia tecnológica
y créditos como población beneficiaria de los proyectos
de desarrollo alternativo, en razón de que las mujeres tienen
menor acceso que los hombres a la posesión de tierras. La
mayoría de las parcelas en las que trabajan las mujeres están
inscritas a nombre del esposo o compañero, considerados como
jefes de familia y por ende beneficiarios en mayor grado de estos
programas.
6.2 Las mujeres hacemos énfasis en
que los y las habitantes del Putumayo no pueden ser tratados como
distribuidores o narcotraficantes. Ellos/as son productores/as
de la hoja de coca.
A la cabeza del narcotráfico y su comercialización
están grandes capos y carteles de la droga. Partir de este
argumento implica que la acción punitiva se enfoque en quienes
tienen el capital necesario para la producción de la droga.
Igualmente, el sistema judicial tiene que hacer un gran esfuerzo
por detectar y desmontar las rutas y las redes de aprovisionamiento
de insumos, de armas y de lavado de activos. Otra alternativa es
activar el debate internacional de la corresponsabilidad de los
países consumidores y/o la legalización internacional
de la droga.
6.3 Las mujeres instamos la urgente necesidad de
darle una salida social, económica y política al problema
y no una salida militar.
La militarización de la política antinarcóticos
y su uso como estrategia contraguerrilla ubica al campesino/a como
un enemigo interno, lo que contribuye a ampliar el paraguas de la
ilegalidad y a minar la legitimidad del Estado.
Es responsabilidad del Estado asegurar y garantizar el derecho
a la vida humana, animal y vegetal, a la integridad personal y a
las condiciones de vida dignas de la población, por lo cual
el Estado debe empezar a ejercer la soberanía sobre el planteamiento
de las políticas, sobrepasar los intereses particulares y
reconocer la naturaleza de la problemática, dando prioridad
al tratamiento social de las comunidades vinculadas con la pequeña
producción de la coca. Promover políticas incluyentes
para todos los sectores de la población, que aboguen por
soluciones pacificas, que rescaten la defensa de la vida e integridad
de las comunidades, fortaleciendo el tejido social, empoderando
a las mujeres y a las comunidades y promoviendo procesos reales
de desarrollo regional en aras de generar un desarrollo humano sostenible
para el departamento.
6.4 Las mujeres instamos a que se instale
la comisión de investigación científica sobre
el glifosato y sus efectos en la salud de los seres humanos
y en la vida vegetal y animal.
La población que ha visto la devastación de su territorio
por efecto del glifosato y que ha padecido consecuencias de salud
en su piel, vías respiratorias, afectación en los
ojos, problemas en las mujeres gestantes, etc. siempre han pedido
que se investigue científicamente lo que hace el glifosato
en el ambiente y en la salud humana. Sin embargo, nunca han sido
escuchados/as. Pero el gobierno colombiano tampoco escucha a la
sociedad civil organizada que ha aplicado instrumentos jurídicos
para que se hagan las investigaciones sobre los efectos del glifosato.
Hoy y después de diferentes acciones jurídicas, el
Ministerio de Protección Social tiene bajo su responsabilidad
adelantar una investigación con la Universidad Nacional,
que plantee científicamente los efectos del glifosato. Igualmente
el gobierno colombiano asumió una responsabilidad internacional
con el Ecuador de crear la Comisión binacional para investigar
los efectos del glifosato sobre la población ecuatoriana.
6.5 Proponemos crear una veeduría nacional
e internacional que haga seguimiento a la efectividad de la política.
Tal y como se ha demostrado a lo largo de este documento, la política
antinarcóticos implementada en nuestro país no se
corresponde con la complejidad de la problemática, mientras
se fumigan los territorios y con ellos la vida de los/as pobladoras,
los narcotraficantes cualifican sus sistemas de producción
y distribución.
Mientras la política antinarcóticos se aplica desde
el componente militar y de fumigaciones dejando poblaciones enteras
en la total miseria, los narcotraficantes trasladan los cultivos
a otras zonas del país e incluso a otros países sin
afectarse realmente el negocio.
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