|
Doctor
ALVARO URIBE VÉLEZ
Presidente República de Colombia
Popayán, Cauca
Señor Presidente
En 1985 nuestras autoridades tradicionales, en Tierradentro, emitieron
la Resolución de Vitoncó, documento que mostró
ante la opinión pública, por primera vez en Colombia,
una posición social frente a los actores armados exigiendo
respeto a nuestras autoridades legítimas ancestrales y a
nuestra autonomía territorial. Contribuyó igualmente
nuestra organización con iniciativas de paz en la década
de los 80 que abrieron camino a la Constitución del 1991,
primer acuerdo nacional que reconoció la diversidad étnica
de la nación colombiana, dejando directrices muy claras frente
al comportamiento del Estado con nuestros procesos y comunidades.
En carta del 2002, le expresábamos a usted: "La Asamblea
Nacional Constituyente fue un escenario en el que los indígenas
por primera vez y en forma directa, forjamos un protagonismo político
y logramos influir para que muchas de nuestras reivindicaciones
ancestrales fueran reconocidas y entraran a formar parte, tanto
del espíritu como de la normatividad Constitucional. Por
fin el Estado y la sociedad colombiana reconocieron la multiculturalidad
y la pluriétnicidad, en donde las formas de ser, pensar y
sentir propias de los pueblos indígenas se entienden como
un enriquecimiento de las mismas bases de la nacionalidad colombiana.
Sus idiomas, derecho, autoridades, cultura, territorio y cosmovisión
propias, fueron reconocidos por la institucionalidad oficial. De
igual modo, se reconoció la propiedad colectiva y los derechos
territoriales ancestrales, los cuales son imprescriptibles, inalienables
e inembargables, en los que se establecerá una institucionalidad
propia, administrada según los usos y costumbres".
En la década de los 90, los pueblos indígenas del
Cauca, ejercitando lo principios constitucionales, logramos concertar
con el Estado colombiano acuerdos sobre las obligaciones de éste
con nuestras comunidades a través de Convenios y actas de
cumplimiento, la firma de un decreto presidencial, el 982/99 y el
registro del CRIC como Autoridad Tradicional Indígena por
mandato de los cabildos y comunidades. (resolución 025 de
junio de 1999 del mininterior). Nuestras autoridades definieron,
también, adjudicar una parte del resguardo Guambiano de La
María Piendamó como Territorio de Convivencia, Diálogo
y Negociación de la Sociedad Civil con el Estado colombiano.
Ya en otros tiempos habíamos posibilitado que los acuerdos
de paz entre el Estado y la insurgencia se realizaran en nuestros
territorios.
Como puede observar señor presidente, nuestra
búsqueda de la convivencia ciudadana y el participar de un
Estado Social de Derecho no es una novedad, nuestras preocupaciones
continúan siendo las mismas:
1. Exigir de los actores armados respeto a nuestra autonomía
territorial y a las autoridades tradicionales y a las decisiones
colectivas.
2. Reclamar del Gobierno Nacional y de las instituciones del Estado
acatamiento a los mandatos y principios constitucionales.
3. Insistir en mecanismos de diálogo y Negociación
para solucionar el conflicto social y armado que vive nuestro país
pero con participación activa de la sociedad civil, evitando
que se abran las puertas a que los crímenes de lesa humanidad
se conviertan en leyes de perdón y olvido.
Sin embargo, es evidente el desinterés que muestran los
actores de poder por proseguir un camino que beneficie estas búsquedas.
Por un lado, observamos que a nadie le interesa respetar nuestras
decisiones, por el contrario, se ha dado un recrudecimiento de la
confrontación armada en nuestros territorios, con similitudes
asombrosas en la estrategia militar:
*Mientras el Gobierno Nacional allana residencias de los supuestos
colaboradores de la guerrilla en Toribío, Jambaló,
San Sebastián, Bolívar, Totoró, Tierradentro
y Santa Rosa, las FARC amenazan "...a familiares, amantes de
policías y soldados y demás comunidad
"
en el departamento del Cauca.
*Mientras el Gobierno Nacional se empeña en fortalecer la
política de seguridad democrática con las redes de
informantes, las recompensas, los batallones de alta montaña
y los saldados campesinos, las FARC Ofrecen "recompensas por
cada soldado campesino o profesional y policía muerto",
promete "
la compra de cada fusil que sea recuperado
",
invita "
a los habitantes de los municipios que estén
en condiciones de atacar la fuerza pública
" "
para que se unan a sus filas"
*Mientras el gobierno inventa políticas de seducción
para que los guerrilleros se entreguen a las fuerzas militares del
Estado, las FARC-EP invita "
a soldados y policías
para que deserten
" y se unan a sus filas.
*Mientras el gobierno nacional obliga a los alcaldes y empleados
a funcionar en sus municipios sin ofrecer ningún tipo de
garantías para la vida, las FARC continúan sus amenazas
de muerte sobre los mandatarios que no renuncien a sus cargos.
*Tanto fuerzas del Estado como de la guerrilla advierten a la población
que deben abstenerse de admitir u hospedar en sus viviendas a personal
de los bandos contrarios.
Por otro lado, las decisiones políticas del orden nacional,
contradicen los mandatos constitucionales de respeto a los derechos
humanos y las diversidades, siendo espectadores forzosos de la guerra
biológica contra los cultivos de uso ilícito que afecta
gravemente nuestra salud, cultivos de pan coger, el medio ambiente
y nuestras semillas tradicionales; del recrudecimiento de los enfrentamientos
armados que tienen como centro a la población civil; de los
bombardeos sin tregua, día y noche, y de la ocupación
de comunidades enteras al mejor estilo de los ejércitos extranjeros
bajo el argumento de combatir al terrorismo; la judicialización
de comunidades enteras, en especial de las organizaciones sociales
señalándolas de ser auxiliadores de la guerrilla.
Atónitos nos enteramos del recorte a los recursos de inversión
social para sostener la guerra armada, el pago de la deuda y justificar
la apertura económica y los acuerdos de libre comercio y
como si fuera poco, la aprobación del Estatuto Antiterrorista
que no es otra cosa que legitimar la violación de los derechos
humanos.
Frente al anterior panorama llegamos a la triste realidad, que
esta guerra no es entre ejércitos por el poder del Estado,
sino de los ejércitos contra la población civil, en
especial contra aquella población establecida en territorios
que tienen importancia estratégica, bien sea de orden económico
o militar, en donde se están fortaleciendo los escenarios
de confrontación bélica, situación que mantiene
en zozobra y alto riesgo de desaparición forzada a nuestras
comunidades indígenas del Cauca y del país.
En diversas comunicaciones le hemos dicho que el montaje de bases
militares o puestos de policía fomenta los enfrentamientos
armados pues éstos no han demostrado ser la solución
y por el contrario han probado que los riesgos para la población
inerme son inminentes.
Tal parece que es política nacional, implementar acciones
de guerra desconociendo las iniciativas sociales e intensificar
el conflicto sin prever las consecuencias sobre la gente, que debería
ser el centro de las políticas. Para nosotros ha sido claro
que la confrontación viene agudizando la situación
de violación de los derechos humanos en territorios indígenas
y aumentado los índices de impunidad:
Toribío y Jambaló: Aumento de enfrentamientos, bombardeos
y cruce de fuego que afecta viviendas, ganado, y personas, posteriores
amenazas, allanamientos y promesa de recompensas a la comunidad
por informes sobre cualquiera de los bandos.
Silvia: En el Resguardo Indígena de Quizgo un espacio del
territorio esta minado, que según informes de algunos comuneros
fue hecho por la misma policía porque es paso obligado por
la guerrilla. En el Resguardo Indígena de Pitayó en
la Vereda de Calambas sitio Monterredondo se ha dado el señalamiento
por parte de la Policia que gran parte de la comunidad son colaboradores
de la guerrilla, ordenando en las diferentes intervenciones aéreas
el bombardeo indiscriminado sin medir las consecuencias en la comunidad.
San Sebastián: Asesinato de líder indígena
por las FARC y presión del ejército nacional sobre
familiares de comunero para que entreguen a un familiar que según
ellos es insurgente; desaparición y posterior asesinato de
un guardia indígena y de un miembro del cabildo Papayacta,
y posteriores señalamientos de la Fuerza Pública sobre
la comunidad como auxiliadores de la guerrilla y el caso del corregimiento
de Valencia, municipio de San Sebastián donde fue asesinado
un Guardia Indígena en extrañas circunstancias el
día 17 de los corrientes.
Santa Rosa: Toma militar del pueblo el cual ha quedado aislado
de toda información y bloqueo total sobre las comunidades
indígenas de Piamonte y la posterior judicialización
de más del 40% de la población bajo la acusación
de ser auxiliadores de la guerrilla.
Almaguer: Asesinato de alcalde y dos concejales por parte de las
FARC,
Puracé: Detención arbitraria de comuneros en resguardo
indígena de Paletará, quienes tuvieron que permanecer
desde las 4 de la tarde hasta las 10 de la mañana del día
siguiente en bus escalera donde viajaban después del día
de mercado. Enfrentamiento entre grupos colocando en riesgo a los
estudiantes de primaria de la escuela y del colegio de bachillerato.
Totoró: Panfletos con amenazas a comunidades enteras con
un primer resultado, el asesinato del comunero ARCADIO CONEJO SÁNCHEZ
bajo el señalamiento de tener a sus hijos prestando el servicio
militar,. Según el anterior comandante de la III Brigada,
tenía un listado de líderes indígenas que colaboran
con la guerrilla, lo cual ha sido interpretado como una amenaza
por estar reclamando las exigencias de la colectividad de no ser
reclutados.
Buenos Aires: presencia de actores armados, como paramilitares
y guerrilla, así como bombardeos nocturnos que han colocado
en alto riesgo a la población del Naya, la cual está
aún a la espera de las soluciones prometidas a través
de la Defensoría del Pueblo o las recomendaciones hechas
por las Naciones Unidas al Estado colombiano.
En sentido de lo anterior, compartimos las reclamaciones de la
ONIC, a la señora Martha Lucía Ramírez, entonces
Ministra de Defensa Nacional, donde manifiestan su profundo y enérgico
rechazo por las declaraciones del Coronel Montoya Sánchez,
Subcomandante de la XVIII Brigada del Ejército con sede en
Arauca, quien señaló de forma calumniosa y temeraria
que los 545 indígenas desplazados en el templo católico
de Saravena y en Alto Caranal (Tame), así como los 300 campesinos
que se encuentran en este último sitio, actúan siguiendo
orientaciones del ELN, o como las del oficial del Ejército,
Gabriel Pinilla Franco, comandante del Batallón San Mateo
de Pereira, que no dudó en señalar al Consejo Regional
Indígena de Risaralda CRIR y al Consejo de Paz Indígena
de la ONIC como brazos de la guerrilla.
Expresa la organización nacional que es evidente el objetivo
de deslegitimar las exigencias de los desplazados y comunidades
que reclaman por sus derechos, y lo peligroso de afirmaciones temerarias
hechas por las fuerzas armadas de Colombia, lo cual convierte el
trabajo de las organizaciones indígenas, de forma automática,
en objetivos militares. Tal vez por ello es necesario que el ministerio
responda a la pregunta planteada por la ONIC en el sentido de si
es política del gobierno nacional, y especialmente de sus
Fuerzas Armadas, descalificar todas las denuncias hechas por las
organizaciones indígenas y señalar a las organizaciones
de derechos humanos que nos acompañan en los diversos lugares
del país como auxiliadores de la guerrilla o agentes del
terrorismo; pues para nosotros en el Cauca, esas mismas expresiones
las escuchamos con frecuencia, ejemplos de viva voz los tenemos
con los oficiales del ejército con quienes nuestras autoridades
indígenas han cruzado palabras en Totoro, Sur Yanacona, Jambaló,
Toribío.
En días pasados más de 300 indígenas visitaron
Popayán, al enterarse que se realizaría la audiencia
pública sobre el proceso seguido a 75 personas que fueron
detenidas y sindicadas de ser paramilitares que actuaron en la masacre
del Naya, para ellos no hubo garantías, ni se les invitó
a participar del proceso, debiendo desfilar por las calles de Popayán
para que la gente se enterara que a dos años y siete meses
su problemas no se han solucionado y que aún no hay indicios
sobre quienes fueron los autores intelectuales del genocidio, cuando
se sabe públicamente que los paramilitares solo actúan
donde les pagan, lo cual mantiene latente la impunidad sobre este
crimen de lesa humanidad..
Por boca de ellos nos enteramos que varias misiones humanitarias
que acompañan el proceso del Naya vienen exigiendo del Gobierno
colombiano cumplimiento de su deber, en el sentido de garantizar
los derechos fundamentales de la población afectada y cumplir
con las recomendaciones de la ONU dirigidas a esclarecer la verdad,
aplicar justicia, alcanzar una reparación integral por los
daños causados a nuestras culturas y legalizar la entrega
de los territorios ocupados por nuestros pueblos asentados en la
región desde hace varios siglos.
Ante las condiciones descritas, nuestras comunidades manifiestan
que la Constitución Nacional y lo pactado con los pueblos
indígenas sigue siendo letra muerta; el Gobierno Nacional
se resiste a acatar la Carta Magna y se obstina, por un lado, en
reformarla y, por otro, en hacerse el de la oreja mocha para no
cumplir con sus obligaciones, en una especie de declaratoria permanente
de guerra silenciosa que tiene por objeto la desaparición
forzada de nuestros pueblos. Por eso muchos de nuestros comuneros
expresan qué si el referendo no tuvo acogida por parte de
la mayoría de los colombianos, por qué el gobierno
no acata ese mandato popular y archiva la pretensión de hacerle
reformas a la Constitución nacional.
Como autoridades tradicionales de los pueblos indígenas
del Cauca, agrupados en el CRIC, creemos conveniente alertar a las
comunidades indígenas para que fortalezcan sus sistemas de
resistencia colectiva, cuestionen el accionar de los ejércitos
cuando éstos cometan irregularidades, coloquen en riesgo
a la población civil o violen los derechos humanos y el derecho
internacional humanitario, en especial, venimos motivando a los
comuneros para que junten esfuerzos en defensa del territorio y
la autonomía y se nieguen a aceptar pertenecer a cualquiera
de los grupos armados sean del Estado, sean de los que lo apoyan
o de los que lo combaten.
También venimos demandando de los organismos de control
e instituciones de justicia del Estado regulen el accionar de la
fuerzas armadas de acuerdo a los mandatos constitucionales vigentes
y exijan del gobierno nacional atender el llamado de las organizaciones
de la sociedad civil que busca mecanismos de acercamiento hacia
la paz y la convivencia de los colombianos, así como del
respeto a los acuerdos internacionales, en especial los referidos
a los grupos étnicos, la defensa y protección de los
Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario.
A pesar de nuestra voluntad de creer en la institucionalidad creada
con la Constitución Nacional, la realidad nos hace dudar
de su existencia, y pareciera que solo nos queda la opción
de convocar a los organismos internacionales de derechos humanos,
a los países amigos de la democracia y las organizaciones
solidarias y sociales del mundo para que estén atentos frente
al comportamiento de los actores de la confrontación, pues
en la actualidad no se observan garantías para el ejercicio
de la democracia, ni para descentralización administrativa
con autonomía presupuestal y de gobernabilidad, como lo explicitó
el constituyente en 1991. De igual forma el comportamiento tanto
de la guerrilla, que amenaza a quienes persistan en permanecer ejerciendo
la administración municipal, como de los paramilitares, que
obligan comportamientos de apoyo incondicional a la política
nacional, limitan el ejercicio de la democracia en Colombia. Acompañando
estos comportamientos están los medios de información
que se empeñan en fomentar la idea que la movilización
y la organización social son instrumentos de apoyo al terrorismo.
En este marco de referencia, es nuestra consideración:
- La verdadera seguridad en los territorios indígenas se
garantiza no a través de los grupos armados, cualquiera que
sea su origen, sino a través de nuestros propios medios y
para ello es necesario garantizar el accionar de las autoridades
tradicionales indígenas, respetando por su puesto su autonomía
y la de las comunidades y así garantizar el papel de la Guardia
Indígena y el control social a través del derecho
propio en el marco de la Jurisdicción Especial Indígena.
- De hecho, para garantizar esa seguridad, es indispensable impulsar
el desarrollo en los territorios indígenas conforme a la
concepción de cada pueblo, siendo necesario que el estado
asigne los recursos para la ejecución de nuestros Planes
de Vida.
- Consideramos que estas condiciones deben darse para evitar la
violación de los derechos humanos, y evitar así los
asesinatos, amenazados, líderes judicializados y desplazamientos
de nuestros lugares de origen, ya que no queremos correr con la
misma suerte de los compañeros del Naya.
Las anteriores consideraciones implican garantizar la ausencia
de actores armados en nuestros territorios, es decir no a los batallones
de alta montaña y no a la presencia de grupos armados al
margen de la ley para lo cual proponemos el impulso de los procesos
de diálogo y negociación o garantizar al menos que
si se hace la guerra, ésta la hagan por fuera de nuestros
territorios.
Ahora bien, nuestra posición no significa liberar al Estado
de la responsabilidad de la seguridad de nosotros como colombianos,
por el contrario reiteramos que es su obligación y por tanto
responsabilizamos al Gobierno por toda acción violatoria
de los derechos de los indígenas y los derechos humanos que
suceda dentro o fuera de nuestros territorios.
Finalmente, manifestar nuestra inconformidad por la aprobación
del Estatuto Antiterrorista, del cual estamos seguros agravará
la situación de violación de los derechos humanos
y que al respecto insistimos se tengan en cuenta las políticas
del Derecho Internacional Humanitario y las recomendaciones hechas
sobre el particular por la Organización de las Naciones Unidas.
Insistimos de todas formas, señor Presidente, en creer que
la salida eficaz para los diversos conflictos que mantiene el pueblo
colombiano es a través de la solución política
y dialogada, siempre y cuando haya participación de la sociedad
civil, en especial de sus procesos organizativos. En el mismo sentido,
insistimos, para lograr un real proceso de paz, que involucre a
los pueblos indígenas es imprescindible el cumplimiento de
los compromisos adquiridos con nosotros por el Estado colombiano,
durante las dos últimas décadas.
Consideramos que hoy puede ser el día del inicio de un proceso
de concertación hacia una agenda que agilice el trámite
de los acuerdos pactados, entre ellos, los establecidos en el decreto
982/99.
Señor presidente y señores asistentes a este Consejo
de Seguridad del Cauca: En el año de 1991 nos comprometimos
con la construcción de un verdadero Estado Social de Derecho
y, aunque conocemos las dificultades para lograrlo, no queremos
desfallecer en el intento.
Atentamente,
CONSEJO REGIONAL INDÍGENA DEL CAUCA - CRIC -
|