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  CAMPAÑAS - CONTRA LA GUERRA - BALCANES  
     
 

KOSOVO Y EL NACIONALISMO AGRESIVO SERBIO: DOS REALIDADES INDISOCIABLES

MOC de Madrid
septiembre de 1998

 
 
 
   
 

Si queremos comprender las causas de la represión del pueblo kosovar, es necesario contemplar previamente el proceso de desarrollo del nacionalismo agresivo serbio durante la segunda mitad de los años ochenta. Fue a  partir de 1986, con el nombramiento de Slobodan Milosevic como secretario general de la Liga de los Comunistas de Serbia,  cuando comenzó a cobrar fuerza una modalidad agresiva del  nacionalismo serbio, de fundamentación étnica y esencialista, que a la postre actuaría como principal factor desencadenante de la última guerra balcánica y de la represión del pueblo kosovar. En aquel mismo año la Academia de Ciencias de Serbia presentaba un Memorándum en el cual se asentaban los principios rectores de este nacionalismo agresivo, y que tendía a presentarse a sí mismo con tintes victimistas; así, en un curioso proceso de revisión histórica, se llegaba a afirmar que el propio proyecto de la Federación Yugoslava se había construido en detrimento de los intereses propiamente serbios.  En consecuencia, se reivindicaba un proyecto de Gran Serbia, sosteniendo incluso que Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Macedonia no habían sido más que invenciones de Tito destinadas a restar poder a Serbia.

El desarrollo de esta versión agresiva del nacionalismo serbio, que a la postre dinamitaría la estructura de la Federación Yugoslava, abarcó todos los órdenes. Así, empezó por romper criterios políticos que hasta el momento habían seguido los medios informativos de  la Federación, que tendían a respetar las singularidades étnicas, comenzando un proceso de satanización de toda identidad que no fuera serbia: croata, bosnia, albanesa... También se plasmó en un creciente poder de la república serbia dentro de la Federación, a través del control de los organismos federales. Así, en 1990 el gobierno de Milosevic vetó de manera unilateral e ilegal el acceso a la presidencia de la Federación del croata Stipe Mesic, rompiendo así las reglas del juego establecidas a la muerte de Tito. Con el dominio político de la república de Montenegro, y la abolición de los estatutos de autonomía de Kosova y la Vojvodina en aquel mismo año (quedándose, en una flagrante maniobra ilegal, con los votos de estas dos entidades) el gobierno serbio se hizo con el control de buena parte de los votos de la Federación, afirmando en su seno un bloque de poder obediente a sus intereses. Al mismo tiempo, y de manera asimismo ilegal, el gobierno de Milosevic procedió a la creación de “regiones autónomas serbias” en zonas de Croacia y Bosnia; esta medida revistió una gran importancia, toda vez que la defensa de las poblaciones serbias en el exterior, no exenta de tintes victimistas, se esgrimiría posteriormente como coartada de intervenciones militares aparentemente defensivas.

Esta coartada fue asimismo utilizada en Kosovo; ya en 1987 Milosevic había hecho declaraciones en las que se proponía defender los intereses de los serbios en esta región. El salto cualitativo se dio en 1990, con la abolición del estatuto de autonomía concedido en la Constitución de 1974. Kosovo quedaba de esta manera absorbido completamente por la república de Serbia, que conservaba al mismo tiempo, y de manera completamente ilegal, su voto en la Federación Yugoslava. También fue abolido el parlamento kosovar, prohibida la enseñanza en albanés e  instaurada una ley marcial; al mismo tiempo, 150 000 albaneses fueron despedidos de sus empleos en el sector público. La coartada de esta intervención fue la defensa de los intereses de la comunidad serbia en Kosovo  -que oscilaba entre un 8 y un 10% de la población, en 1989- a la que, dicho sea de paso, nunca se consultó. Toda esta escalada tuvo lugar en medio del más absoluto silencio de la comunidad internacional; desde entonces el pueblo kosovar ha venido soportando años de represión sin que mereciera, por esta causa, ocupar ningún lugar relevante en las crónicas de los medios informativos de Occidente.
 
LA RESISTENCIA NOVIOLENTA EN KOSOVO

El movimiento kosovar de resistencia a la escalada represiva del régimen de Milosevic iniciada en 1989 se acogió desde sus comienzos a los principios de la no violencia, en forma de una elaborada estrategia de desobediencia civil. Así, ya en febrero de aquel año mil doscientos mineros permanecieron en huelga de hambre en sus pozos, exigiendo la inmediata restitución a sus puestos de trabajo. La asunción de esta estrategia parecía responder básicamente al objetivo de resistir evitando al mismo tiempo un enfrentamiento de carácter armado en el que, lógicamente, el pueblo kosovar llevaría la peor parte. Se trataba, en suma, de constituir espacios de resistencia en los que la represión fuera minimizada, una tarea, por cierto, harto difícil. Incluso las movilizaciones pacíficas eran violentamente reprimidas: en enero de 1990 treinta y cinco personas resultaron muertas en una manifestación de protesta por la abolición del régimen de autonomía.

El movimiento de resistencia no violenta en Kosovo exigía, como primera condición, el respaldo unánime del pueblo kosovar y la eliminación de las rencillas de origen clánico.  Esta fue la razón de ser de una interesante iniciativa destinada a acabar con la besa,  una arcaica costumbre desgraciadamente muy enraizada en la cultura del pueblo albanés. La besa venía a ser como la vendetta siciliana, una tradicional consagración de la venganza en disputas sangrientas entre familias. Entre los años 1990 y 1992 se celebraron ceremonias públicas en las que cada cabeza de familia en la disputa se comprometía bajo juramento a acabar con las matanzas. Durante este tiempo se reconciliaron entre sí unas 2.000 familias. El mensaje de fondo de esta campaña consistía en la necesidad de unidad del pueblo kosovar ante la agresión del nacionalismo serbio.

Al mismo tiempo el movimiento de resistencia no violenta llevó a cabo la construcción de un verdadero estado paralelo como espacio de resistencia de la cultura kosovar, mantenido incluso por un sistema clandestino de recogida de impuestos tanto en el interior como en el exterior de Kosovo.  Fue así como pudo sustentarse un sistema paralelo de enseñanza en albanés, clandestino y gratuito, que desde 1990 ha mantenido la escolarización de más de un cuarto de millón de alumnos de enseñanza primaria y secundaria, y de unos 16. 000 estudiantes universitarios. También se procedió a la creación de un sistema sanitario paralelo; en 1993 funcionaban solamente dos clínicas, que en 1997 se convirtieron en 75, con una capacidad de atención de 2.500 pacientes por día.

Aparte de la supervivencia física y de su capacidad de resistencia como cultura, la estrategia no violenta en Kosovo ha tenido como principal objetivo y fundamental instrumento de lucha la no colaboración con el opresor. Sin embargo, ya desde 1989 se habían advertido dos líneas o corrientes  dentro de esta estrategia; una pasiva, partidaria de asegurar una mínima resistencia hasta conseguir un apoyo internacional contemplado como necesario, y una más activa, tendente a mantener alto el listón del enfrentamiento con el régimen de Milosevic. En los últimos años, un diverso conjunto de factores ha propiciado el progresivo desgaste de la primera línea representada por Ibrahim Rugova, líder de la LDK (Liga Democrática de Kosovo), que a partir de 1992 había empezado a funcionar prácticamente como un partido único. Entre estos factores quizá el más importante sea el fracaso de las expectativas depositadas en la llamada comunidad internacional, que hasta la fecha se ha despreocupado del problema kosovar considerándolo como un asunto interno serbio: decepcionando muchas esperanzas, el tratado de Dayton no mencionó ni de pasada la cuestión de Kosovo, y Milosevic alcanzó una insólita legitimidad como presunto artífice de la paz en los Balcanes. Precisamente ha sido esta renovada legitimidad lo que ha capacitado al régimen para dar una nueva vuelta de tuerca en su escalada represiva en Kosovo, con las operaciones de la policía y del ejército serbios en la zona de Drenica, iniciadas a finales de febrero de 1998.
 
Por contra, este estado de cosas ha favorecido aparentemente la opción de la lucha armada, representada por el ELK (Ejército de Liberación de Kosova); son los sectores más jóvenes los que han expresado más impaciencia por la carencia de resultados de la estrategia no violenta promovida por el partido de Rugova. En recientes declaraciones, el ELK se ha decantado por un proyecto de creación de una llamada Gran Albania, alarmando así a las cancillerías occidentales que, alharacas aparte, hasta ahora no se han dignado reconocer el derecho de autodeterminación del pueblo kosovar. Hasta el momento, la actitud de las potencias occidentales frente al conflicto se ha limitado a demandar la restitución de una autonomía para Kosova que, dada la situación política reinante en Serbia, sería puramente formal, sin ninguna plasmación práctica y de seguro muy diferente de la que había venido disfrutando el pueblo kosovar desde 1974.

Los datos que aparecen en este artículo han sido facilitados por Howard Clark y Carlos Taibo, a quienes agradecemos  su inestimable colaboración.

 

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