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Mis queridas/ amigas/os:
Lamento que me haya costado tanto reunir la energía
para escribir estas pocas palabras. Estos días pasados han
sido muy difíciles para mí. He pasado todo el tiempo
intentando escribir y hablar por teléfono con mi familia
y amigos, con activistas pacifistas en Belgrado, Kosovo y demás
lugares en Serbia, y darles apoyo para resistir la tragedia que
se abate sobre ellos. Ahora, las líneas llevan interrumpidas
casi 3 días (por lo menos yo no logré conectar desde
Budapest) y no tengo información directa. Escandalizado por
la intervención y los acontecimientos subsiguientes también
me siento impotente de alguna manera, estando alejado de mis seres
queridos y viéndome incapaz de hacer nada. Aprovecharé
esta oportunidad para compartir alguna información que he
reunido hasta ahora y algunos de mis pensamientos.
Miles de personas de Serbia ya han llegado a Hungría.
Algunos de nuestros amigos, también mujeres, niños,
ancianos y algunos hombres que salieron antes de la intervención.
La frontera está cerrada, desde hace casi dos semana para
todos los hombres entre 18 y 60 años. La amplitud de la movilización
en Serbia no tiene precedentes y había muchos amigos míos
entre los recientemente movilizados. Parece que no hay forma de
escapar. Cada orden de llamada a filas es considerada como entregada,
esté o no la persona en casa. Para los que no se presenten,
se han creado tribunales militares. Todas las penas han sido aumentadas,
y de acuerdo con algunas fuentes, también ha sido restablecida
la pena de muerte. La mayoría de la gente responde a la orden
de llamada a filas, lo cual es comprensible, dadas las circunstancias
de guerra total derivadas de los ataques de la OTAN contra Serbia
en estos momentos (SERBIA, NO MILOSEVIC). Embarcados a la fuerza
en una guerra que la mayoría de ellos nunca quisieron, esos
soldados son ahora víctimas de los imprevisibles bombardeos
de la OTAN. En tal situación NI LA REBELIÓN NI LA
DESERCIÓN SON POSIBLES. Sólo más matanzas y
más destrucción.
Pero no quiero compartir con vosotras/os mis pensamientos
sobre la retórica y los métodos aplicados en esta
guerra. Yo sólo quiero animaros una vez más a hacer
algo en vuestros respectivos países para parar esta cadena
de violencia. Lo primero de todo es detener los bombardeos de la
OTAN que no hacen sino aumentar la sangre y la destrucción.
Igualmente importante es dar abrigo y protección
a toda la gente de Kosovo, Serbia y Montenegro que huye de
la guerra. Esto es especialmente importante para los reclutas. Ellos
deben ser reconocidos y legalizados en vez de amenazados
y carentes de garantía sobre su estancia.
Deberíamos tener en cuenta que toda la oposición,
ONGs y los medios independientes han sido silenciados en Serbia
como resultado de los ataques de la OTAN y la situación de
guerra creada. Por lo tanto, ello nos lleva a hacer lo que ellos
no pueden.
Hoy, las fotografías de los barrios pobres
mineros destruidos de Aleksinac se sumaron a las de la catástrofe
humana en la frontera de Macedonia. Profundamente afectado por los
acontecimientos, he intentado reunir alguna energía para
hablar y escribir. Este es mi primer y muy modesto intento para
decir algo y agradeceros a todas/os las cartas interesándose
por mí y dándome ánimos.
Yo continuo implorando y actuando por la paz,
Budapest, a 7 de abril de 1999
Bojan
Bojan es activista antiguerra, colaborador
de Mujeres de Negro de Belgrado durante todos estos años,
actualmente vive en Budapest donde completa sus estudios
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Contra el ataque de la OTAN
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