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Ahora estoy en Belgrado y tengo la intención
de quedarme aquí unos días antes de salir para Kosovo
y Montenegro.
Recibí una carta de Prizren con fecha de 4
de mayo 1999, pero no me llegó hasta el día 20. Tiene
un sello del correo de Serbia y probablemente fue echada al correo
por alguien que salió de Prizren. La carta misma está
en mayúsculas y no está firmada, pero vino de un buen
amigo mío.
B. dice que unas largas columnas de refugiados van
hacia la frontera de Vrbnice y la cruzan todos los días.
Hay tres puestos de chequeo de documentos antes de la frontera con
Albania. Se enteró de que a muchos refugiados se les había
roto en pedazos sus papeles de identificación y que se les
quitaba las matrículas de los coches. Los albaneses que siguen
ahí no se atreven a abandonar sus casas. Después de
las expulsiones en masa de los albaneses de los pueblos cercanos,
ahora sus objetivos son médicos, profesores, activistas políticos
y albaneses que trabajaban para la OSCE o que alquilaban sus casas
a personal de la OSCE. La policía les interroga y luego son
expulsados a Albania por la fuerza. B. dice que algunos de los que
fueron expulsados enviaron señales de que estaban sanos y
salvos contactando con los medios de comunicación albaneses,
pero que otros desaparecieron sin dejar rastro.
Alrededor de 650 familias albanesas no saben que
les ha pasado a sus hijos que fueron alistados por la fuerza en
el Ejercito yugoslavo. Las autoridades locales les dijeron que estaban
cavando trincheras en algún lugar de la frontera con Albania.
Todos temen a los grupos paramilitares, a los coches secretos, los
interrogatorios policiales, posibles expulsiones y, como en los
últimos días, el hambre. La gente enferma no se atreve
a ir al médico y se cura con remedios tradicionales. La gente
en las colas del pan dice que los albaneses que quedan tendrán
que jurar lealtad al Estado o salir de Kosovo. B. dice que estos
rumores les están matando. No saben qué hacer. Si
se van significará dejar atrás sus hogares, propiedades
y el pueblo que aman. Si se quedan lo único que pueden esperar
es la humillación.. Ojalá hubiera alguna organización
internacional en la zona, dicen que se sentirían más
seguros y que esto les daría fuerza para perseverar y quedarse
ahí. El miedo ha llegado a tal proporción que no se
atreven a decir a nadie cuando deciden marcharse.
No sólo hay malas noticias también
alguna buena; hablando de Kosovo, una buena noticia es cuando oigo
que "vino la policía, pero todo acabó bien y no mataron
a nadie". El día 21 de mayo 1999, la policía buscó
en 200 pisos albaneses en el área de Suncani breg en Pristina.
A los inquilinos se les pidieron sus papeles de identificación
y que informaran de cualquier arma o refugiado, si tuvieran alguno.
Mis amigos me comunicaron que "no fueron golpeados ni maltratados".
Un grupo de unos 60 jóvenes, incluyendo chicas fueron cacheados
por separado. Aparte de unos pocos estudiantes de enseñanza
secundaria, fueron todos estudiantes universitarios. Tras una búsqueda
exhaustiva la mayoría de ellos fueron liberados, pero 18
de ellos fueron llevados al cuartel de la policía donde fueron
sometidos a un interrogatorio durante varias horas.
Entonces catorce de ellos fueron liberados, pero
dos chicos y dos chicas seguían detenidos. Los cuatro venían
de un piso donde la policía encontró un uniforme del
antiguo ejército yugoslavo. La gente en SuncaniBreg dice
que uno de sus vecinos serbios intentará averiguar lo que
les ha sucedido.
Los intensivos esfuerzos diplomáticos para
resolver la crisis de Kosovo me impulsaron a enviar unas pocas historias
sobre Kosovo al diario Danas de Belgrado. El editor me dijo que
los textos eran fantásticos y reveladores, pero que no se
atrevía a publicarlos.
Camino del trabajo hoy pasé por delante de
algunas de las instalaciones destruidas por la OTAN. Cuando les
pedí a las autoridades militares que nos concedieran acceso
a las instalaciones civiles destruidas en los ataques y a testigos
civiles de estos ataques, mi petición fue rechazada de forma
grosera. Por lo tanto solo nos quedamos con los informes de
los periódicos. Cuando viajo por Serbia, cada vez más
por carreteras secundarias, hablo con la gente en los pueblos y
veo que no tienen ningún problema en entender lo que sucede.
Se dan totalmente cuenta de que el tema más importante para
Serbia ahora es la de pedir cuentas a aquellos que son responsables
de todo lo que ha ocurrido. El sentimiento general, sin embargo,
es que no es posible en estos momentos.
Más de 50.000 personas han abandonado Belgrado
desde el 24 de marzo 1999. No es fácil describir la vida
aquí. Mis amigos en el extranjero encuentran muy difícil
de creer cuando les digo que hay gente en las calles como antes,
que los cafés están llenos incluso cuando suenan las
sirenas, que los taxis dan vueltas por la ciudad por la noche y
que no conozco a nadie que va a los refugios. Los cortes en
el suministro de luz y agua significan que aparte de hacer cola
para el pan la gente ahora tiene que encontrar medios de ir a por
agua potable también. El sentido común te dice que
las velas tienes que comprarlas en la iglesia porque son mucho más
baratas ahí y porque duran mucho más que las velas
decorativas que se venden en las tiendas de suministros.
Hasta el 24 de marzo 1999, había casi 100
estudiantes albaneses en Belgrado. Ahora sólo se han quedado
unos pocos. El 13 de mayo 1999 la policía hizo una redada
y buscó un piso en el numero 5 de la calle Klara Cetkin en
el Nuevo Belgrado. Cuatro estudiantes (Edon Hajrullaga, Bekim Blakj,
Safet Blakj y Luigi Ndue) fueron detenidos. Luigi, que ha estado
viviendo en la misma dirección durante los últimos
seis años estaba a punto de leer su tesis en la Facultad
de Educación Especial en Belgrado. Cuando empezaron los bombardeos
invitó a los otros tres estudiantes que vivían en
una residencia de estudiantes para que vinieran a su piso. Una vecina
dijo que vio como la policía se llevaba a los chicos y añadió
que también se llevó a una chica con el pelo corto.
Comprobando los registros de los juzgados, no se encuentra nada
sobre ellos, y hasta estos instantes la policía no quiere
decir nada sobre su paradero.
La gente en Serbia en general apoya la propuesta
del G8 para acabar la guerra. Esto es evidente a partir de las declaraciones
de alto cargos del partido gobernante y otro personal del gobierno.
Los informes hablan cada vez más de los refugiados albaneses
que fueron expulsados de sus hogares a causa de los bombardeos de
la OTAN. Uno oye esto no sólo de los políticos sino
también de los expertos en leyes. Cuando la Facultad de Derecho
fue preguntado por JURIST, la Red de Profesores de Derecho de la
Universidad de Pittsburg, si las fuerzas armadas yugoslavas habían
respondido a los ataques de la OTAN "con deportaciones y traspasos
forzosos de la población albanesa", la respuesta fue que
los albaneses huían de Kosovo por las bombas de la OTAN.
La misma facultad dijo que llegaban trenes cada día a Belgrado
con albaneses, serbios, turcos y otros que habían huido de
Kosovo. En beneficio de la verdad, me gustaría citar lo que
un albanés de Pec dijo sobre las expulsiones de albaneses
de esa ciudad (he entrevistado a 98 albaneses expulsados de Pec
y todos han corroborado su relato):
"Viernes, 26 de marzo. Estábamos sentados
en la mesa cuando un grupo de 20 personas en uniforme y con boinas
rojas acompañados por tres civiles irrumpieron en nuestro
hogar. Ninguno de ellos llevaban mascaras. Sus uniformes parecían
del ejército. Reconocí a algunos de ellos como gente
de la zona I de la ciudad de Brzhenik. Nos gritaron, - tenéis
un minuto para salir. Mi nuera puso su bebe en la cuna y entonces
uno de los hombres uniformados le dio una patada y el bebe cayó
fuera de la cuna y empezó a gritar. Todos empezamos a salir
de la casa excepto mi padre anciano que no podía andar. Uno
de ellos ordenó a mi hijo Blerim que se quedara. Mi hijo
se quedó callado pero mi mujer y yo empezamos a llorar y
a rogarles que nos dejaran quedarnos también. Mi hijo entonces
gritó que se quedaría y que deberíamos marchar.
Mi mujer y yo no nos movíamos, pero empezaron a empujarnos
y sacarnos por los hombros. Cuando vi un rifle apuntado a la cabeza
de Blerim intenté volver y ayudarle, pero entonces oí
el disparo y vi como Blerim saltaba por el aire antes de caer muerto
a los pies de mi padre. Me cogieron a mi también, pero entonces
mi mujer me sacó fuera de la habitación rápidamente.
Cuando salimos de la habitación oímos tres disparos
más. Les oí gritar que deberíamos ir a Clinton.
Dejamos atrás el cuerpo de Blerim. Intentamos ir a la casa
de unos primos pero la calle estaba llena de gente y la policía
nos ordenó que nos uniéramos a una de las columnas.
También nos dijeron que la carretera a Montenegro era segura".
(Saludos y firma)
Belgrado, a 23 de mayo de 1999
Enviado por la Red de Apoyo a Mujeres de Negro
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