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CAMPAÑAS-CONTRA EL GASTO MILITAR Y EL SALVAJE ARMAMENTO

 
 

LA DESMEMORIA DE LA DESTRUCCIÓN MASIVA

Vicenç Fisas
Director de la Escuela de Cultura de Paz, UAB

 
 
 
   
 

El intento de Estados Unidos y algunos aliados de buscar legitimidad para atacar a Iraq a través del discurso de que éste país constituye una amenaza mundial, por su vocación pasada, presente y futura para dotarse con armas de destrucción masiva, merece algunos comentarios históricos para poner algunas cosas en su sitio y contextualizar esta pretendidaamenaza.

Naciones Unidas tiene documentado y demostrado que entre 1980 y 1984, Iraq utilizó armas químicas en más de 130 ocasiones, matando a más de 3.500 personas. Lo que se nos ha olvidado es que en aquella época, y siendo público lo que estaba haciendo Sadam Hussein, Argentina, Brasil, Egipto, Francia, RF Alemana, Italia, España, Estados Unidos y la URSS le suministraban sin problema todo el material militar que pedía, y así continuó haciéndose hasta la guerra del Golfo de 1991. España, además de venderle grandes cantidades de armas y municiones, explosivos, helicópteros y vehículos blindados, colaboró muy directamente en la obsesión de Sadam Hussein por dotarse de armas químicas. En su momento se comprobó que en febrero de 1984, Iraq utilizó gas mostaza en la batalla de las islas Madjun. Hay documentos que reflejan el envío de dos toneladas de este producto desde la base de Torrejón a Iraq, concretamente el día 21 de enero de enero de 1984, en un avión procedente de los Estados Unidos. Posteriormente, en marzo, una misión de Naciones Unidas que inspeccionó el terreno iraní afectado por el gas mostaza descubrió una bomba intacta, con espoleta de la empresa española Explosivos Alaveses (EXPAL), una de las principales empresas del grupo Explosivos Rio Tinto (ERT). Según parece, el gas podría proceder también de una exportación de etileno realizada en 1982, ya que éste último producto puede transformarse en iperita en una refinería. Que se sepa, EXPAL nunca fue multada, juzgada o cerrada por este acto criminal.

La desmemoria llega también a Estados Unidos, que en el último medio siglo ha sido el país que más armas químicas a utilizado en el mundo, especialmente en Indochina en los años sesenta, dejando miles de toneladas de agente naranja, gas mostaza y otros productos asesinos.

Pero la cosa no queda en el recuerdo de un pasado. En abril del pasado año, y después de múltiples presiones, Estados Unidos consiguió destituir al director general de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), el brasileño José Mauricio Bustani, que se había propuesto que Iraq firmara la Convención sobre Armas Químicas de 1993, intento que irritó sobremanera a Washington, no fuera que un país del eje del mal fuera a portarse bien. La OPAQ, además, se encarga de realizar inspecciones en fábricas y laboratorios de todo el mundo que puedan fabricar productos susceptibles de ser utilizados para elaborar armas químicas, aunque en los dos últimos años ha tenido que trabajar al
ralentí por falta de presupuesto. Pues bien, Estados Unidos, que de momento ha destruido el 25% de su stock de armas químicas de 31.279 toneladas, se ha opuesto radicalmente a ser inspeccionado por este organismo. Y es más, según el último anuario del SIPRI, Estados Unidos ha venido llevando en secreto algunos proyectos para mejorar su defensa contra armas biológicas. Sin embargo, la legalidad de estos proyectos respecto a la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas de 1972 es cuestionable, y existe una generalizada preocupación porque Estados Unidos no está dispuesta a recibir inspecciones internacionales.

El desarme no puede ser únicamente para unos, mientras que otros se arrogan el derecho de poder armarse como quieran y de utilizar su potencial militar cuando les convenga. El desarme es una necesidad universal, un bien que hay que regular bajo unos principios y criterios que sean válidos para todos, sin ningún tipo de excepción. En estos días no ha habido nada más patético y peligroso que ver a los responsables de defensa de Estados Unidos y Reino Unido amenazando a Iraq con usar armas nucleares. Esa amenaza nuclear rompe con todas las reglas de la sensatez y la diplomacia, e incluso con las normas clásicas de la disuasión.

Antes de hablar, que se acuerden de los centenares de miles de muertos de Hiroshima, de las poblaciones kurdas o de los indochinos, víctimas dequienes han usado ya armas de destrucción masiva.