| Que el mundo es hoy un
lugar más violento se pone de manifiesto sólo con observar
los beneficios que produce la venta de armamento. En nuestro país
la dotación para el Ministerio de Defensa ha crecido un 4,55%
con respecto al año pasado, aunque los ciudadanos se hayan
declarado en contra de las guerras en manifestaciones masivas.
El 11-S cambió muchas cosas, pero fundamentalmente puso
a todos los países a la defensiva. La diplomacia como sistema
para evitar las guerras se derrumbó definitivamente, y en
su lugar se instaló el viejo pensamiento de siempre: contra
los violentos hay que armarse hasta los dientes; que sepan que con
nosotros no pueden, y si hay que hacer alguna demostración
de poderío militar, se hace sin atenerse a las consecuencias.
Sin duda la fuerza militar exige grandes dosis de dinero, así
como alimentarla de valores como el patriotismo, la fuerza bruta
y en última instancia, el miedo. La diplomacia por su parte
pone sobre la mesa mucha más implicación personal
y más sabiduría, una estrategia mental y la contemplación
de ambas partes. Como indicaba Vicenç Fisas, director de
la Escuela de Cultura de Paz, en una carta publicada por un diario
nacional: "Una diplomacia de paz es lo contrario del simplismo,
el reduccionismo analítico, el exhibicionismo muscular y
el comportamiento unilateral, tan apreciado por Estados Unidos y
algunos de sus fieles aliados. La diplomacia de paz, por el contrario,
entiende el fondo del conflicto y sus raíces, conoce los
elementos simbólicos de los actores, busca alianzas para
el tratamiento correcto del proceso, pone en marcha todo el espectro
de modalidades de facilitación, marca tiempos correctos,
se esfuerza en encontrar lo aceptable para todas las partes, utiliza
sabiamente la diplomacia paralela para posibilitar la prenegociación,
promueve medidas de confianza, conoce y respeta el contexto cultural
de las zonas de conflicto y entiende el valor de los gestos de conciliación,
entre otros muchos aspectos". Todo eso se ha acabado. Y como
tampoco hace falta irnos muy lejos para apreciarlo, nos quedamos
en nuestro propio país.
Gastos ofensivos
Hablemos de presupuestos, de dinero, de partidas económicas.
El 1 de octubre de 2003 se presentaban las cuentas del Estado para
el año venidero: la política de Defensa obtenía
6.495,38 millones de euros, un 4,55% más que el año
pasado; el presupuesto prevé las nuevas inversiones para
adquisición de armas. Todo muy claro, hasta que sigues leyendo
y aprecias que hay dos elementos que no refleja el presupuesto,
como son la investigación que se dedica a Defensa y la participación
de las Fuerzas Armadas en operaciones de mantenimiento de paz. Aunque
indican que a priori este último gasto no se puede predecir,
nos remitimos al mes anterior, cuando el ministro de Defensa, Federico
Trillo declaraba que el coste del actual contingente militar español
en Irak enviado tras la guerra asciende a 64 millones de euros.
Y suma y sigue porque nos quedan los gastos en nvestigación.
Para conocerlos recurrimos a Jordi Armadans, presidente de la Fundació
per la Pau, "el conjunto de gasto de investigación científica
se reparte entre los ministerios. Dentro del Ministerio de Ciencia
y Tecnología hay una partida muy importante que es un concepto
de uso, inversión y desarrollo tecnológico, y dentro
de este programa hay más de 1.000 millones de euros mensuales
que van dedicados a programas militares. Con lo cual vemos que la
partida mayoritaria de gasto científico-militar está
escondida en este Ministerio, pero es que además este dinero
no resiste el análisis porque la mayoría se emplea
en créditos a empresas militares para que desarrollen sus
productos, con lo cual incluso es discutible que sea investigación
científica militar. Probablemente es ayuda a la producción
armamentística directamente".
¿Por qué ocultar las cifras?
Desde el gobierno se da un mensaje claro: tenemos posibilidades
de ser agredidos y debemos responder a esas amenazas mediante el
fortalecimiento militar. Si está tan seguro de sus afirmaciones,
la duda está en por qué se esconden las cifras en
diferentes partidas. La respuesta la dan las manifestaciones masivas
que tuvieron lugar contra la guerra de Irak, que revelan que el
pueblo no apoya las guerras ni el uso de armas. En palabras de Armadans
"creo que hubo tres elementos que provocaron ese rechazo de
la opinión pública: que no estaban a favor de la guerra,
que se intentaba justificar faltando al respeto de la inteligencia
básica, y el hecho de que nuestro gobierno fuera uno de los
que lideraran la guerra. Parte de la sorpresa que se llevó
el gobierno con esa gran movilización fue ver que hay más
reflexión crítica acerca de que el militarismo no
es una solución, sino un problema que aumenta los problemas
que existen".
Otra manera de observar que el militarismo es impopular en España
son las cifras de soldados profesionales, que actualmente son 70.160,
muy lejos de los 102.000 efectivos que son el límite mínimo
establecido para el actual modelo de profesionalización.
Por mucho que Defensa aumente un 20% el sueldo a los soldados para
estimular a los jóvenes el sentido patriótico, éstos
no se alistan por muchos problemas de vivienda y paro que tengan.
Con todos estos datos sobre la mesa, el gobierno sabe que la ciudadanía
no apoya la compra de armas y camufla las cifras. El presidente
de Fundació per la Pau lo resume así: "El gobierno
además de tener una política militarista, tiene una
política en absoluto transparente y en absoluto razonable
desde un punto de vista técnico. Por otro lado si lo esconde
es porque no está convencido de que la ciudadanía
lo acepte, porque si no lo haría como se debe hacer, que
es a las claras. Y aún más grave es que en todos estos
aspectos el gobierno español siempre se refiere a Europa,
la OTAN y el mundo entero y en cambio para hacer los números
no sigue los criterios ni utiliza el método que por ejemplo
emplea la OTAN para calcular el presupuesto militar. Con lo cual
no es nada europeísta ni nada de lo que presume siempre".
El gobierno sabe que la ciudadanía no apoya la compra de
armas y camufla las cifras. ¿Son necesarias las armas? Sigue
sobre el tapete de los gobiernos la pregunta candente, si para defenderse
es necesario tener armas o si para evitar las guerras hay que invertir
el dinero en más justicia social, en reforzar las democracias,
en potenciar la igualdad entre los ciudadanos. Y si nos dedicamos
a armarnos, ¿qué tipo de armas debemos comprar? Nuestro
gobierno compra o promueve la investigación de aviones, fragatas,
carros de combate, helicópteros, submarinos, misiles, etc.
"Todo ello tiene un elemento a añadir a la reflexión,
dice Armadans. Se trata de armamento bastante ofensivo, con lo cual
incluso desde una perspectiva razonable de la defensa pues no es
el tipo de armamento para defender España de un posible ataque.
No es lo más adecuado, cuando se nos dice que necesitamos
todo ese arsenal militar para hacer frente a posibles amenazas exteriores".
Sin embargo, si realmente deseamos la paz hay que volver de nuevo
los ojos hacia el diálogo y sobre todo hacia la justicia.
Porque no habrá paz sobre el planeta mientras siga habiendo
injusticias, diferentes raseros para medir a los pueblos... Y para
eso los gobernantes y los diplomáticos deberían luchar
por los pueblos y no por su propio beneficio y reconocimiento personal.
Como indicaba Vicenç Fisas, la paz exige mucho más
esfuerzo personal que las guerras. ¿Éstas son la medida
de nuestra incapacidad?
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