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Pacifismo
en Colombia.
Un movimiento antimilitarista creciente exige
su derecho a ejercer la "neutralidad activa" en el conflicto
armado
Bill Weinberg
Con sus largas trenzas de mechones grises y su
sonrisa acogedora, María Antonia Pérez. llega como
la abuela cariñosa que es, a pesar de su destreza con el
machete y de llevar botas de goma hasta la rodilla para moverse
por las fangosas pistas de la selva. Su pueblo, San José
de Apartadó, se parece mucho a tantas otras comunidades campesinas
labradas en la selva que recorre Latinoamérica, con cerdos,
gallinas y pavos correteando sueltos por las calles. Y, al igual
que tantos otros lugares, ha sido escenario de terribles actos de
violencia. Pero María Antonia y su pueblo son los pioneros
de una iniciativa popular para llegar a un acuerdo pacífico
o al menos a defender su derecho a mantenerse neutrales dentro de
la guerra civil caótica que está destrozando Colombia.
Para nosotros, neutralidad significa no colaborar
con ningún combatiente armado, explica María
Antonia con humildad. Y denunciaremos los abusos de los derechos
humanos que cometa cualquiera de los dos bandos. En un cartel
pintado a mano que se encuentra en la carretera de acceso al pueblo
dice: Soy miembro de la Comunidad de Paz de San José
de Apartadó. Me comprometo libremente a buscar una solución
pacífica y negociada a los conflictos que existen en el país
y a trabajar por la paz dentro de la comunidad.
María Antonia es uno de los ocho miembros
del Consejo de la Comunidad de San José (en el que hay tres
mujeres) que se eligen cada año desde 1997, cuando la Comunidad
se declaró neutral en esta guerra que tantas vidas ha segado
en la zona. Todos los residentes en la Comunidad mayores de 12 años
pueden votar en las elecciones al Consejo. Por consenso, los jóvenes
de la Comunidad no prestan el servicio militar, a pesar de ser llamados
a filas. De este modo, pierden el derecho a trabajar y a recibir
una educación, pero en una comunidad campesina remota y en
gran medida autosuficiente, esto no tiene mucha importancia. Si
tuviéramos un ejército legítimo, tal vez hicieran
el servicio militar, dice María Antonia. Pero
no en este ejército que ataca a la población civil
y asesina a niños.
Más de cien personas han sido asesinadas
en San José desde la primera masacre que tuvo lugar allí
en 1996. Los nombres de los distintos proyectos que tiene la comunidad
son los de sus mártires locales. El Centro comunitario se
llama Aníbal Jiménez, que fue una de las seis personas
asesinadas en una matanza realizada en febrero de 1999 por tropas
paramilitares de derecha. El granero de maíz recibe el nombre
de Francisco Tabarquino, muerto por los paras en 1997
en la carretera de Apartadó, núcleo de población
donde se encuentra el ayuntamiento. El nombre del taller de carpintería
se puso en honor de Ramiro Correa, a quien mataron las guerrillas
izquierdistas en 1997 mientras trabajaba en el campo. El centro
de enseñanza preescolar, construido con ayuda europea, se
llama Bartolomé Castaño, un lugareño que formó
parte del Consejo municipal de Apartadó con la izquierdista
Unión Patriótica (UP), asesinado por los paras
en el pueblo de Apartadó en 1996. Tenía 77 años.
En una fuente situada en el exterior del centro comunitario figuran
los nombres de los mártires con la inscripción: Recordar
el pasado es un compromiso con el futuro.
Supervivencia, terror y resistencia en San José
de Apartadó.
San José de Apartadó se encuentra
en la conflictiva región tropical de tierras bajas de Urabá,
cerca del golfo caribeño del mismo nombre. Por los llanos
que recorren la costa se extienden los platanares, pero San José
está enclavado en las montañas del interior, donde
los campesinos que allí habitan llevan dos generaciones comiéndose
la selva. Muchos de ellos fueron primero desplazados por la violencia
desde las tierras altas en dirección hacia el sur. La Comunidad
se fundó en 1962 con colonos de Santa Fe, del departamento
de Antioquia. Apartadó también se encuentra en Antioquia,
pero Urabá, que se extiende por los departamentos de Antioquia,
Choco y Córdoba, posee identidad propia, con una frontera
que es escenario frecuente de conflictos violentos.
San José es un corregimiento
o pueblo no asociado, formado por 32 veredas o asentamientos, de
los que tres (San José, el principal, y los periféricos
La Unión y Arenas) están integrados dentro de la Comunidad
de Paz. Este corregimiento tiene terrenos asignados y trabaja en
comunidad. Dado que es un distrito en el que los asentamientos son
relativamente recientes, San José abarca más del sesenta
por ciento del territorio del municipio de Apartadó, y es
con diferencia el mayor de los cuatro corregimientos que lo componen.
Sus habitantes cultivan maíz, judías, arroz y caña
de azúcar para su consumo propio, así como cacao y
primitivos, una variedad local de bananas enanas, para
vender a las empresas exportadoras. Por acuerdo comunitario, sólo
usan variedades de semillas tradicionales, y están tratando
de suprimir el uso de productos químicos agrícolas.
Obtienen fertilizante a partir de soja fermentada y de yogur con
ayuda de un grupo de desarrollo de carácter religioso. La
conciencia ecológica es fundamental dentro del frágil
entorno de bosque tropical en que se desenvuelven. Dice María
Antonia: Las montañas son nuestra fuente de agua. Si
las dejamos tranquilas, tendremos agua en abundancia. Si talamos
árboles allí, los ríos se secarán. Cuando
cortamos un árbol, plantamos dos. No queremos que esta tierra
buena se convierta en un desierto.
Por desgracia, el tratar de sobrevivir en la linde
de la selva también ha involucrado a San José en la
guerra. El pueblo recibe escaso apoyo por parte del gobierno municipal.
Cuenta con electricidad, pero la carretera de acceso al centro está
sin pavimentar y llena de terraplenes, por lo que los propios residentes
se ocupan de su mantenimiento organizando con regularidad mingas
o equipos de trabajo. Fue la demanda de servicios básicos
lo que llevó a San José a apoyar al partido izquierdista
UP, que gobernó el municipio de Apartadó desde mediados
de la década de 1980 hasta 1996. Las cosas empezaron a ir
mejor en San José durante esos años, y el festival
anual del aguacate que se celebraba en marzo hizo que algunos turistas
colombianos se acercaran hasta esta primitiva aldea.
Pero la UP había sido fundada por antiguos
miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC),
el mayor grupo guerrillero del país, acusado -sobre todo
por la derecha colombiana-de seguir vinculado a los rebeldes de
izquierdas. El surgimiento de simpatizantes de la UP en Apartadó
trajo consigo una violenta reacción por parte del naciente
entramado paramilitar derechista, que ejerció un fuerte control
sobre Urabá en la década de 1990. Los candidatos de
UP fueron asesinados y las zonas leales a la UP, como San José,
fueron objeto de actos de violencia.
La primera masacre tuvo lugar en septiembre de
1996, cuando los paras entraron en el pueblo y mataron a cuatro
personas, entre ellas una mujer embarazada. Durante los cuatro
meses anteriores, relata Nelson Parra , coordinador del Consejo
de la Comunidad de Paz, unos 200 soldados se habían
alojado en el pueblo. Exigieron a las familias locales que
les albergaran. Ahora queda claro que lo que querían era
obtener información.
La segunda matanza, en febrero de 1997, siguió
el patrón clásico de los paras. Soldados con rifles,
uniformes militares y brazaletes con el distintivo blanco y negro
de las Fuerzas de Autodefensa Unidas Colombianas (AUC) llegaron
al amanecer y reunieron a todos los habitantes del pueblo. Tenían
una lista y buscaban a once personas, de las cuales dos eran mujeres.
Hicieron salir a los once del pueblo con las manos atadas a la espalda.
Más tarde los encontraron muertos en la carretera con señales
de tortura.
Al mes siguiente, el 23 de marzo de 1997, los jefes
de la Comunidad establecieron la Comunidad de Paz en las veredas
de San José, La Unión y Arenas. Para ello contaron
con el apoyo de Isaías Duarte, obispo de Apartadó,
que sería asesinado en Cali en 2002, supuestamente por francotiradores
de las FARC. Cinco días después, el 28 de marzo, los
paras llegaron a la vereda periférica de La Unión.
Mataron a tres personas y dieron a sus habitantes tres días
para abandonar la vereda. Tres mil personas salieron de La Unión
y de Arenas, principalmente hacia San José. Abandonada, La
Unión se convirtió en campo de batalla entre los guerrilleros
de las FARC y los paras de las AUC.
Nos convertimos en objetivos por negarnos
a colaborar con fuerzas armadas, afirma Nelson. En este
momento hay 115 huérfanos en nuestra comunidad. Tenemos una
gran responsabilidad hacia ellos y hacia nuestro futuro.
Los paras, vestidos de paisano y armados con pistolas,
pero a veces llevando el brazalete de las AUC, hicieron una barricada
en la carretera de Apartadó que duró nueve meses.
En ella mataron hasta 50 personas. Robaron productos y dinero. Nelson
dice que la connivencia entre el ejército y los paras ilegales
era evidente. Está claro. El ejército protege
a los paras. Atraviesan sus barricadas y no les interceptan.
En lugar de defender a las comunidades asediadas,
la represalia de las FARC no hizo más que aumentar el clima
de terror. En la masacre que tuvo lugar en 1994 en el barrio de
La Chinita del pueblo de Apartadó mataron a 35 personas -aparentemente
a manos de las FARC-durante un ataque realizado sobre un grupo de
familias leales a los paras. Nelson Campos Núñez,
el alcalde de UP de Apartadó, fue acusado de complicidad
en el suceso.
Irónicamente, el principal cambio de poder
que tuvo lugar en Urabá desde la UP y las FARC a las AUC
guardaba relación con la violenta rivalidad de las FARC con
otra facción guerrillera de izquierdas, el Ejército
Popular de Liberación (EPL). Nelson denuncia que el EPL empezó
a colaborar con las AUC en su campaña contra las FARC. En
1991, el EPL entregó oficialmente sus armas en Urabá
y pasó a convertirse en el partido político Esperanza,
Paz y Libertad, aún conocido por las siglas EPL. Se dice
que Mario Agudelo, el alcalde actual de Apartadó, miembro
del EPL, está vinculado a los paras. Teodoro Díaz
Lobo, el anterior alcalde del EPL, está ahora encarcelado
en Medellín acusado de tener relación con actividades
violentas de los paras. Nelson afirma que el EPL, antes izquierdista,
es ahora el brazo político de los paras.
El principio de avance conseguido en la década
de 1980 se invirtió en la de 1990. Dice Jesús Emilio
Tuberquia, jefe de la comunidad de San José: Las luchas
violentas entre la izquierda y la derecha lo han paralizado todo.
Al existir dos bandos, si no estás con uno, estás
con el otro. Pero nosotros no estamos del lado de nadie.
Al igual que los paras, las FARC se volvieron contra
la declaración de neutralidad de la Comunidad de Paz. En
octubre de 1997, el miembro del Consejo de la Comunidad Ramiro Correa
y otras dos personas fueron asesinados por los guerrilleros de las
FARC en la vereda periférica de Cristalina por decirles que
no iban a colaborar con los rebeldes. Pero la mayor amenaza
procede del Estado, que actúa con los paras, explica
Nelson.
En las incursiones que hicieron los paras en San
José en abril de 1999 murieron tres personas, y otras cinco
en febrero de 2000. En julio de 2000, en La Unión, donde
los residentes acababan de regresar a sus casas, los paras mataron
a seis personas, incluido un miembro del Consejo de la comunidad.
En marzo de 2001, los paras entraron en San José, quemaron
casas y amenazaron con convertirlo en un pueblo fantasma.
La Comunidad de Paz consiguió un cierto
grado de seguridad cuando llegaron allí observadores extranjeros
para conocer la situación y disuadir con su presencia a los
atacantes. Justicia y Paz, una organización colombiana vinculada
a la Iglesia, envió observadores en 1997. A ellos les siguieron
otros de fuera del país procedentes de las Brigadas Internacionales
de Paz y de Fellowship of Reconciliation (Hermandad de Reconciliación),
que siguen estando presentes en las veredas de San José y
La Unión. Asimismo, se instaló un micro transmisor
de radio para la Comunidad con el fin de facilitar las labores de
vigilancia y de coordinación, especialmente con las veredas
periféricas.
Pero sigue habiendo violencia en el corregimiento.
En junio de 2003, durante un combate con los guerrilleros de las
FARC en un platanar de San José situado justo a las afueras
del centro de la vereda destrozaron diez árboles y rompieron
una valla. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
tiene un programa en San José para los desplazados de la
vereda periférica de Mulatos como consecuencia de los combates
de las FARC de principios de este año.
Después de pasar unos días en la
vereda de San José con una pequeña delegación
de activistas estadounidenses y españoles, nos llevaron a
hacer una marcha de dos horas a caballo y mula para subir por la
pista que llega hasta La Unión. A medida que íbamos
subiendo hacia las montañas se alternaban las pequeñas
plantaciones de cacao y de caña de azúcar con pastos
para el ganado y zonas de selva, entre ríos impetuosos bajando
por los verdes desfiladeros que bordeábamos. Dado que se
encuentra lejos de la carretera, La Unión recibe pocas visitas,
y sus habitantes se alegraron de vernos. Esta vereda era mucho más
primitiva que la de San José, sin electricidad ni agua corriente.
Nos llevaron a un pequeño ingenio comunitario impulsado por
mulas que estaba en una loma desde la que se dominaba toda la vereda
y se veía a lo lejos el Golfo de Urabá.
Los exiliados de La Unión empezaron a regresar
en 1998. Uno de ellos, José Luis Cepeda, recuerda el año
tan duro que pasó cuando tuvo que emigrar San José
después de que les obligaran a huir. No podíamos
salir a más de tres minutos de distancia de San José.
De lo contrario..., se pasa el dedo índice por el cuello.
Desde su regreso, los residentes han organizado grupos de trabajo
para protegerse mutuamente en los campos, y Cepeda dice que la amenaza
del terror de los paras ha conseguido unirles aún más.
Ahora quien tiene el control aquí no son ni los guerrilleros
ni los paras, sino la Comunidad.
Aunque el colegio de la vereda de San José
lo dirige el municipio, la pequeña escuela de La Unión
la lleva un grupo de franciscanos. Es un viejo colegio entre tres
barracones vacíos y saqueados. Los murales religiosos con
imágenes de Jesús y consignas pacíficas contrastan
con una pared llena de balazos consecuencia de un ataque de los
paras en 1995. Los residentes dicen que los paras dispararon y saquearon
la escuela, pero no mataron a nadie en esa ocasión. La plaza
central de La Unión también tiene un monumento provisional
con los nombres de los mártires de la vereda.
A pesar de los últimos progresos, la amenaza
de la violencia no deja de estar presente. Ya avanzada la noche,
mientras dormíamos en los habitáculos que nos habían
dado, un helicóptero del ejército sobrevoló
La Unión lo suficientemente bajo para despertar a sus habitantes,
violando así la declaración de la Comunidad contra
la irrupción de personas armadas.
Inspiración indígena.
Nelson Parra dice que lo que inspiró en
gran medida la creación de la Comunidad de Paz fue la comunidad
vecina de los indios embera-katio, que defendían su derecho
a ejercer el control local de sus tierras frente a todas las facciones
armadas incluso antes de que Colombia reconociera oficialmente la
autonomía de los indígenas en la reforma constitucional
de 1991, cuando se estableció un sistema de resguardos
o reservas indígenas.
El resguardo embera-katio de Playas comienza justo
a partir de un puente desvencijado sobre el río Apartadó
desde San José, y la Comunidad de Paz mantiene muy buenas
relaciones con estos indígenas. María Antonia recorre
con nosotros un kilómetro o así por una pista en la
selva hasta llegar a un claro en el que encontramos un grupo de
chozas tradicionales embera con el techo de paja. Este resguardo
se extiende hacia las montañas de la Serranía del
Abibé, que marca la linde con el departamento de Córdoba.
Sus habitantes vivían en comunidades independientes dispersas
a lo largo de sus tierras hasta que se reunieron en el centro del
pueblo como consecuencia de los combates que se produjeron en esa
zona en 1997. Al principio dependieron de la ayuda de Cruz Roja
durante la transición, cuando tuvieron que abandonar sus
cultivos, pero ahora han conseguido volver a ser autosuficientes.
El pueblo de Playas carece de suministro eléctrico, pero
tiene paneles solares que proporcionan algo de electricidad. Las
mujeres siguen llevando su traje tradicional.
Cuando llegamos, los jefes del pueblo se encontraban
en ese momento en el pueblo de Apartadó para asistir a una
reunión indígena regional, pero una amiga de María
Antonia, Luisa Fernanda Cárdenas nos recibió y nos
preparó huevos y plátanos fritos. Nos explicó
algo sobre el sistema de autogobierno de los embera-katio, cuya
autoridad local se reconoció oficialmente en la Constitución
de 1991. Cada uno de los tres resguardos de los embera-katio en
Apartadó (Playas, Palma y Coquera) tiene un jefe electo denominado
cabildo local, y hay un cabildo mayor responsable
de los tres. Luisa nos dijo que los niños pueden votar a
partir de los dos o tres años, si se portan bien. Los hombres
que prestan el servicio militar dejan de pertenecer a la comunidad,
según Luisa, y nos habló sobre el peligro que supondría
para el pueblo si los guerrilleros empezaran a pensar que están
a favor del ejército.
Pero a pesar de su derecho constitucional a la
autonomía local, el ejército no siempre respeta la
declaración de intenciones del resguardo acerca de mantener
su territorio libre de todo tipo de facciones armadas. Mientras
estábamos comiendo, un destacamento de soldados pasó
por el centro del pueblo. Luisa dice que habían aprovechado
la circunstancia de que los hombres estaban fuera ese día.
Saben que eso no está bien, comenta.
Medellín: Red Juvenil se resiste a
la cultura de los paras.
Los activistas con los que visité San José
habían llegado a Colombia para asistir a una Conferencia
internacional sobre No violencia activa y Resistencia a la guerra,
que se iba a celebrar del 11 al 16 de agosto en Medellín,
capital del departamento de Antioquia, auspiciada y organizada por
un grupo local de jóvenes. Por eso, tras pasar cinco días
en el corregimiento de la selva, viajamos en una chiva
(minibús colectivo) por la sucia carretera hasta Apartadó,
hicimos un vuelo de una hora y llegamos hasta la capital de la provincia,
situada en los Andes a 1.500 metros de altitud. Una vez allí,
nos instalamos cómodamente en la ostentosidad algo decadente
del Hotel Nutibara de Medellín, construido en la década
de 1940, entorno algo incongruente para un evento que reunía
en su mayoría a activistas desaliñados que llevaban
camisetas con mensajes. A la conferencia asistieron antimilitaristas
y activistas en favor de los derechos humanos procedentes de toda
Colombia, muchos de los cuales tenían veintitantos años
e incluso menos. También acudieron jóvenes insumisos
y gente que les apoyaba de Ecuador, Chile, Paraguay, Guatemala y
España, así como representantes europeos y estadounidenses
de la Internacional de Resistentes a la Guerra, respetada organización
pacifista surgida en las postrimerías de la Primera Guerra
Mundial.
El grupo que auspiciaba la conferencia, la Red
Juvenil, nació en 1990 en los barrios populares de Medellín
para fomentar la participación de los jóvenes
en la vida política, según explica uno de sus
miembros, Malena Pastor, estudiante de ciencias políticas
en la Universidad Nacional que da clases a los reclusos de las prisiones
de Medellín para informarles sobre sus derechos. Promovemos
una cultura juvenil alternativa a la de las bandas y los sicarios
o asesinos a sueldo, afirma. Nos servimos del teatro
y del arte para llegar a los jóvenes de la ciudad, y estamos
vinculados al movimiento popular de izquierdas que hay en los barrios.
Muchos de los jóvenes que integran la Red son antiguos miembros
de bandas que han encontrado un nuevo rumbo tras asistir a presentaciones
de la Red en los colegios de Medellín.
Los barrios pobres de Medellín están
tan involucrados en la guerra colombiana como las comunidades campesinas
de Urabá. La zona centro oriental de Medellín, donde
surgió la Red, fue escenario de la matanza de Villatina en
1992, en la que murieron nueve jóvenes a manos de policías
de paisano en un acto que allí se conoce como limpieza
social contra la cultura de las bandas y los indeseables,
aunque nunca se llegó a averiguar si las víctimas,
desarmadas, pertenecían siquiera a alguna banda. Las familias
fueron indemnizadas cuando el ayuntamiento se vio obligado a admitir
su complicidad en la masacre.
En octubre de 2002 el ejército hizo una
incursión en la Comuna 13 de Medellín bajo el nombre
en clave de Operación Orión; ese distrito se había
convertido en bastión de una milicia guerrillera urbana conocida
como Comandos Armados del Pueblo o CAP. Tras varios días
de combate en las calles, murieron 35 personas, y el distrito sigue
siendo patrullado por tropas del ejército en moto con el
M-16 en bandolera a la espalda. En éste y en otros distritos
pobres del extrarradio que se extienden por las colinas desde las
que se divisa el centro urbano, el Bloque Metro, organización
claramente vinculada a las AUC, está llevando a cabo una
guerra silenciosa de exterminio contra las bandas callejeras y las
guerrillas urbanas. La Red Juvenil forma parte de un entramado de
centros comunitarios situados en estos barrios destrozados por la
violencia cuyo objetivo consiste en promover la enseñanza,
la autoayuda y los derechos humanos.
Como muestra de la dura realidad con que se enfrenta
la Red día a día, una noche durante la conferencia
mataron a un policía de un disparo justo fuera del hotel,
y se detuvo por poco tiempo a uno de los participantes en la reunión
como sospechoso.
La Red también organiza el apoyo a los objetores
de conciencia colombianos contra el servicio militar. Desde los
18 años es obligatorio prestar el servicio militar durante
un año y ocho meses, y quienes no se presentan pierden el
derecho a trabajar o a asistir a la universidad. Este colectivo
lo forman sobre todo campesinos y chavales de los barrios urbanos
marginales, que son enviados a las zonas en guerra, ya que los estudiantes
que son admitidos en la universidad pueden permanecer en sus regiones
de origen para realizar sus estudios. Los indios están exentos
del servicio militar según la reforma constitucional de 1991,
al igual que los Testigos de Jehová. La Red fue uno de los
grupos que apoyó en 1996 al primer objetor de conciencia
colombiano, Luis Gabriel Caldas, que desertó del ejército
y pasó siete meses en una prisión militar en ese mismo
año.
Desde el surgimiento de las Comunidades de Paz
en 1997, la Red ha defendido la neutralidad activa en la guerra
como postura para los movimientos populares, como dice Malena.
La Red ha celebrado varias reuniones nacionales en Medellín,
como la que tuvo lugar en diciembre de 1999 sobre los Jóvenes
en el Nuevo Milenio, y que fue acompañada de un concierto.
En ella se daba la bienvenida al nuevo siglo con pinturas murales
y otros proyectos comunitarios en los barrios. Cuando llega el 20
de julio, la Red realiza un acto de protesta contra el desfile militar
del Día de la Independencia que se celebra en Medellín,
colocándose a lo largo del recorrido del desfile con carteles
antimilitaristas, como Ningún ejército defiende
la paz.
A la conferencia de agosto también asistieron
delegaciones de diversas comunidades de paz colombianas. Además
de San José de Apartadó, allí hubo representantes
de La Balsita (también en la región de Urabá,
en Antioquia), los municipios de San Francisco de Asís y
Caicedo (de las tierras altas de Antioquia), de Sur de Bolívar
(en el departamento de Bolívar), así como de las comunidades
afrocolombianas de Villarica, en el departamento del Cauca, y de
Jijuamiando y Cacrica, en el Choco. Los representantes de Caicedo
relataron cómo, después de que las FARC asaltaran
repetidamente los camiones que transportaban sus cosechas de café
hasta el mercado, la comunidad organizó una marcha ciudadana
a pie para acompañar a los camiones, llevando banderas blancas
en señal de neutralidad, no de rendición. La táctica
funcionó, y los guerrilleros se replegaron. También
había representantes de las comunidades indígenas
paez del Cauca y de las organizaciones independientes de campesinos
del valle de Cimitarra, en la conflictiva región del Magdalena
Medio, que también se había declarado neutral.
Uno de los retos que ha asumido la Red ha sido
la adopción oficial de la expresión no violencia
por parte del gobierno de Antioquia. Con ayuda del Centro Martin
Luther King de Atlanta (Georgia), el gobernador de Antioquia, Guillermo
Gaviria Correa, promovió la creación de asambleas
comunitarias locales en los 124 municipios del departamento para
dialogar sobre los problemas del país y buscar un camino
hacia la no violencia. Apoyó públicamente el
esfuerzo de Caicedo por mantenerse neutral, nombrándolo oficialmente
Primer Municipio de Paz de Antioquia. En abril de 2002,
las guerrillas de las FARC detuvieron por la fuerza a Gaviria y
a su asesor sobre paz, el ex ministro de defensa Gilberto Echeverri
Mejía, mientras acompañaban a líderes religiosos
y a unos mil seguidores durante una marcha por el país desde
Medellín hasta Caicedo en favor de la campaña por
la no violencia. Gaviria y Echeverri fueron secuestrados justo a
tres kilómetros escasos de Caicedo, situado a unos 70 kilómetros
al noroeste de Medellín. En mayo de 2003, formaron parte
de los diez rehenes asesinados por las FARC como respuesta al intento
de rescate iniciado por el ejército. Gaviria se ha convertido
en un mártir extremadamente popular, y el gobernador interino
de Antioquia asume ahora la campaña por la no violencia.
Sin embargo, Gaviria pertenecía al mismo Partido Liberal
que el Presidente Álvaro Uribe, afín al sector más
radical, y la Red Juvenil considera que la campaña oficial
por la no violencia en cierto modo está haciendo
su trabajo más difícil. Dice Marina San Román,
colaboradora de la Red que acaba de finalizar sus estudios de Derecho:
Esto nos deja en una situación paradójica. Los
medios de comunicación están en sus manos, y están
cambiando la percepción popular sobre la no violencia. En
realidad no son partidarios del derecho a la objeción por
conciencia. Además, para ellos es muy fácil arrinconarnos
porque somos jóvenes.
La conferencia se cerró con un concierto
en un parque de Medellín que duró todo el día,
y en el que actuaron grupos locales de punk, metal, reggae, ska
y rap, muchos de ellos con letras criticando a los políticos
y con nombres irreverentes, como Bellavista Social Club (Bellavista
es el nombre de la conflictiva prisión de Medellín).
Hubo un herido durante el concierto como consecuencia de los actos
violentos que los punk-skinheads suelen protagonizar aprovechando
los actos culturales juveniles de Medellín, reflejo de la
división política general entre izquierda y derecha.
Pero la bandera con el símbolo del rifle roto de la Internacional
de Resistentes a la Guerra se mantuvo sobre el escenario. Al finalizar
el evento pasada la medianoche y mientras los voluntarios de la
Red empezaban a recoger los vasos de papel del puesto de cervezas
que cubrían el suelo del parque, Marina dio un suspiro de
alivio: La violencia ha sido peor otras veces.
El esfuerzo de Red Juvenil está empezando
a dar sus frutos en cuanto a concienciación popular en Medellín
y Antioquia, según Marina, y la legitimización generalizada
de la expresión no violencia también ha
permitido a la Red plantear una alternativa disidente a la campaña
oficial. Ahora por lo menos se reconoce que tenemos una postura
minoritaria, afirma. Aunque nos llamen anarquistas y
utópicos.
www.redjuvenil.org
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Gas
sarín, tráfico de armas y cintas de vídeo
David Aristegui
15 de Septiembre 2003
Estas líneas pretenden ser un modesto
resumen de lo vivido la semana pasada en Londres al calor de la
campaña DisarmDSEi,
que pretendía bloquear y boicotear el Defence Systems and
Equipment International (DSEi), uno de los más importantes
salones de salón de armas del mundo, organizado dentro del
ExCel Centre en las Docklands, East London.
Gas sarín para la City londinense.
El Domingo 7 de Septiembre se producían
dos importantes eventos en Londres. Por un lado, comenzaban los
debates y talleres de la campaña DisarmDSEi,
aglutinando a gran cantidad de colectivos y redes de movimientos
sociales de UK; la presencia policial en los alrededores y en la
misma entrada del centro de convergencia era verdaderamente insultante.
La policía no paró de fotografiar, grabar y filmar
en todos los formatos y soportes imaginables a cualquier persona
que se aproximara a la zona, al igual que hizo con la manifestación
convocada por CAAT
el día anterior (Sábado 6) por el centro de la ciudad.
Simultáneamente, en pleno centro financiero de Londres (la
famosa City) se realizaba el hasta ahora más sofisticado
simulacro de ataque terrorista realizado
hasta ahora en UK. Bomberos, personal sanitario y ambulancias, policía...
todos portando trajes y máscaras preparados para el manejo
y protección de agentes químicos tóxicos. El
simulacro partía de la situación de un ataque en la
céntrica estación de metro de Bank, con un agente
tóxico similar al gas sarín. Al día siguiente
toda la prensa londinense se hizo eco del simulacro, mostrando inquietantes
fotos de policías y bomberos portando sus máscaras
y equipos especiales, sacando a "intoxicados" de los túneles
del metro. Londres es una ciudad que a la gente del estado español
nos resulta muy chocante, debido a la ingente cantidad de cámaras
que hay en las calles y pasajes subterráneos, en el transporte
público, en los comercios... La administración Blair
sabe bien con que juega. En Londres hay mucha gente que no quiere
coger el metro por miedo a un ataque terrorista, y este tipo de
simulacros no hacen más que avivar este tipo de paranoias.
Un detalle: precisamente por el atentado del IRA en el metro de
la City hace años, es imposible encontrar una papelera dentro
del Tube, para eso ya hay infinidad de operarios que van recogiendo
la basura del suelo... Llueve sobre mojado, vamos.
Tráfico de armas.
El Defence Systems and Equipment International
(DSEi) es uno de los más importantes salones de salón
de armas del mundo, organizado cada dos años dentro del ExCel
Centre en Canning Town, East London, una de las zonas más
deprimidas de todo UK. El DisarmDSEi ha sido una campaña
paraguas que ha intentado coordinar en la medida de lo posible a
distintos grupos y realidades (muy muy diversos: cristianos, cuáqueros,
anarquistas, antimilitaristas, trotskistas, grupos de acción
directa, ecologistas...) en una semana de debates y acciones. Es
casi imposible hacer un compendio de todas las acciones directas
y de desobediencia civil que se han producido esta semana en Londres:
multitud de encadenamientos, cortes de tráfico, saltos por
todo Canning Town, "escraches" y ocupaciones de empresas
relacionadas directa o indirectamente con la industria armamentística,
bloqueos de trenes del metro y DLR, dos acciones con lanchas neumáticas
en el puerto del ExCel (para impedir el paso de embarcaciones militares
o que portaran material para el DSEi,) despliegue de pancartas en
la convención dentro del propio centro ExCel...
Un millón de libras se calcula que
ha costado el enorme dispositivo policial desplegado, que ha intimidado,
perseguido, cacheado y cercado a la gente cuando, donde y todas
las veces que han querido, utilizando indiscriminadamente la legislación
antiterrorista existente. Los colectivos de Londres están
ya acostumbrados a este tipo de actuaciones, desde que este tipo
de prácticas policiales empezaron a utilizarse para neutralizar
el Mayday.
Bien es verdad que el estilo de los bobbies
suele ser correcto, son educados y poco o nada desafiantes (muy
distinto a lo que se estila aquí), pero a la vez que efectivos
y endiabladamente persistentes. Anteponen la efectividad a la chulería.
A pesar de todas las acciones de la semana del DisarmDSEi, únicamente
se produjeron tres cargas policiales el Miércoles por la
noche, debido a los grandes atascos que se estaban produciendo en
el centro y este de Londres debido a los "saltos" y bloqueos
organizados más o menos espontáneamente.
Se han realizado un montón de acciones directas
y de desobediencia civil que apenas han conseguido romper el cerco
mediático, y que además no han sido del todo comprendidas
por el/la ciudadan@ de a pié (nos referimos a los bloqueos
de transporte público como el metro o el DLR y los numerosos
cortes de tráfico); las manifestaciones al uso donde es más
fácil la sociedad civil menos comprometida se exprese fueron
un rotundo fracaso. Dos manifestaciones convocadas dentro del DisarmDSEi
por CAAT, el Sábado 6 de Septiembre como jornada inaugural
y otra el Lunes, yen ninguna de las dos se superaron las mil personas.
CAAT (Campaña contra en Comercio de Armas) es una red global
muy fuerte en UK, pero la enorme presencia policial hizo que esta
red se desentendiera en gran medida del DisarmDSEi. De hecho, el
segundo centro de convergencia/media centre de Canning Town debía
ser destinado directamente por la gente de CAAT, y les dejaron el
embolado (gestión del espacio, apertura y cierre del centro...)
a la gente de Indymedia UK. El antimilitarismo de corte más
clásico no ha hecho acto de presencia en el DisarmDSEi; por
ejemplo, la gente de la IRG <> (Internacional de Resistentes
a la Guerra), con gran capacidad de medios (editan la revista Peace
News, disponen incluso de liberad@s) no ha demostrado ningún
interés en dar un apoyo real a las acciones del DisarmDSEi.
En cambio, otras organizaciones como el MSI
Movimiento de Solidaridad Internacional (donde militaba Rachel
Corrie) participaron tanto en los debates como en diversas acciones
directas.
Cintas de vídeo.
Hemos comentado ya el enorme dispositivo policial
desplegado y como hizo que algunas organizaciones se inhibieran
en la semana de movilizaciones. Pero aún así está
claro que la respuesta tanto de las organizaciones y movimientos
sociales como de la sociedad civil a sido mucho menor de los esperado,
a nivel de UK y europeo (de Europa sólo apareció gente
del estado español como grupo más o menos organizado,
el resto era gente del ámbito de los diferentes Indymedias
o a título individual). Con el escándalo Kelly todavía
coleando parece que han pasado siglos desde la manifestación
del 28 de Septiembre de hace un año, con 400.000 personas
en las calles de Londres manifestándose en contra de la guerra.
Podemos ver el DisarmDSEI como el éxito de un puñado
de grupos de acción directa realizando un número espectacular
de acciones directas, con cierta repercusión en algunos medios
y reabriendo además en los medios oficiales el debate sobre
la legislación antiterrorista en UK, además de conseguir
ir tejiendo red con colectivos afines en Europa. O podemos verlo
desde la óptica de, a pesar de los en teoría más
de cuarenta grupos/organizaciones de apoyo a la campaña (con
vocación internacional en los orígenes) como se ha
fracasado a la hora de movilizar a la ciudadanía o a la hora
de coordinarse con efectividad. La organización del proceso
ha recaído en relativamente muy pocas personas, con el desgaste
consiguiente.
Sigue el debate abierto sobre cumbres, contracumbres
e intentos de bloqueo de salones de armas etc. etc.... El actuar
en pequeños grupos ha sido efectivo, pero todas la citas
del DisarmDSEi para intentar prácticas de desobediencia civil
masivas (Fluffy DSEi, Storm DSEi, Reclaim the Streets...) han sido
manejadas por la policía sin ningún problema. Eso
hay que tenerlo muy en cuenta para próximas convocatorias...
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