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LA PAZ SE HA FIRMADO.
FIN DE LA GUERRA EN KOSOVO !!!
Un titular como este o similar, ha llenado
las primeras páginas de la prensa escrita y hablada estas últimas
semanas...Se supone que era una buenísima noticia...y ciertamente,
claro que es una deseada y feliz noticia.
Aunque, quizás, el deseo hecho por fin
realidad (¿?) no debería hacer que dejáramos en el olvido, algunos
interrogantes, creemos aún sin respuesta:
¿Es realmente lo que se ha firmado,
la paz?, ¿Quién la ha firmado?, ¿A costa de quienes se han hecho
esos acuerdos de paz?, ¿Qué piensa y qué siente el pueblo kosovar?,
¿Se han tenido en cuenta las alternativas de los grupos que desde
allí trabajan la educación para la paz?, los daños colaterales
¿cómo van a ser reparados?, ¿Qué compañías multinacionales se van
a encargar de la reconstrucción física de Kosovo?, la zona geopolítica
de Los Balcanes ¿sigue siendo un polvorín dispuesto a estallar a
la mínima de cambio?, ¿Cuál ha sido el balance económico de las
fábricas de armamento en este periodo?, ¿han tenido superávit? y
las economías caseras de los hombres y mujeres de Kosovo ¿Han tenido
también superávit?, ¿Realmente la OTAN se ha llenado de gloria o
de ...?, y a todo esto ¿Milosevic ha dejado de ser un genocida?.
Para intentar dar respuesta a estos y otros interrogantes volvemos
a dedicar este número del CAIN a un monográfico sobre la guerra
de Kosovo y la tan deseada paz.
Ojalá que estos artículos nos sirvan
para la reflexión y para no olvidar que aún quedan puntos oscuros
y negrísimos en nuestro azul planeta, puntos de conflictos y guerras
aún sin solucionar, conflictos casi olvidados que nadie
parece recordarnos.
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KOSOVA: ACUERDOS
SI, PERO TODAVIA NO PAZ
Howard Clark*
Hasta ahora, la desintegración de Yugoslavia ha producido
cuatro guerras: la primera tuvo lugar en Eslovenia (11 días); luego
Croacia (3-4 meses, y 3 años después dos ofensivas croatas contra
l@s serbi@s en la "Krajina"); desde 1992 Bosnia-Hercegovina
(3-4 años); y ahora Kosova. Quizás no será la guerra de Kosova
la última a menos que se adopten una política coherente internacional
para la paz en la región.
Tres documentos centrales tratan de la paz en Kosova.
El documento de Rambouillet del 23 de febrero fue aceptado por la
delegación albanokosovar pero rechazado por los representantes serbios.
El 3 de junio, el gobierno federal de Yugoslavia y el parlamento
serbio aprobaron el acuerdo de alto el fuego mediado por Martti
Ahtisaari y Viktor Chernomyrdin, y después de una semana los militares
de la OTAN y Yugoslavia llegaron a un acuerdo sobre un calendario
para la retirada. Tercero, el Pacto de Estabilidad del sudeste de
Europa - firmado en Colonia, Alemania, el 10 de junio por l@s Ministr@s
de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, los estados de los Balcanes,
los EEUU y Rusia - prevee un programa de democratización y desarrollo
económico por todo los Balcanes.
Los albanokosovares consideraron un éxito Rambouillet.
El documento marcó un progreso en el reconocimiento de sus dos reivindicaciones
principales: la protección internacional militar y, después de tres
años, un proceso para decidir el estatus constitucional de Kosova.
Claro está que los gobiernos occidentales no querián (ni lo quieren
ahora) un Kosova independiente, pero por primera vez en Rambouillet
no cerraron la puerta a esta opción. No hubo ningún "acuerdo"
por que los serbios rechazaron firmarlo. Según la propaganda
Serbia las razones de su rechazo eran que hubiera una fuerza militar,
y específicamente tropas de la OTAN, en Kosova e incluso exigieran
acceso a todas las partes de Yugoslavia. Eran objeciones significativas,
pero en realidad el rechazo serbio era mucho más profundo, porque
la propuesta de Rambouillet hubiera dado marcha atrás a toda su
política sobre Kosova desde 1989.
Rambouillet propuso un tipo de protectorado internacional, con elecciones
al cabo de nueve meses. El período transicional de autogobierno
estaría acompañado por la retirada de fuerzas del ejército yugoslavo
(excepto las que vigilan las fronteras), por una presencia internacional
militar, y por una Misión Civil de Implementación coordinado por
la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).
También la policía yugoslava debería retirarse paulatinamente y,
durante el primero año miembros actuales de la policía tendrían
que asistir a un curso de formación para incorporarse en una nueva
fuerza policial multiétnica.
Después de los bombardeos, el 3 de junio, Milosevic
aceptó un nuevo acuerdo. Este dice que "toma cuenta de
los acuerdos de Rambouillet" pero no hay ninguna referencia
a un proceso para decidir el futuro de Kosova, ni al autógobierno.
Este acuerdo exige la retirada completa de todas las tropas del
ejército yugoslavas aunque después podrán volver unidades del ejército
para controlar las fronteras. También prevee una fuerza militar
internacional, KFOR, bajo los auspicios de la ONU, basado principalmente
en las fuerzas de la OTAN. Las tropas de KFOR no tienen ningún
permiso para salir de Kosova y entrar en Yugoslavia.
Lo peor de este acuerdo para l@s albanokosovares
es la ausencia de ningún compriso sobre el estatus del territorio
y que las tropas, aparte de las de la OTAN, más proclives a permanecer
en Kosova son las rusas, los aliados tradicionales de Serbia.
En Bosnia, hubo muchas quejas de musulmanes contra las tropas rusas
por sus tendencias a favorecer a l@s serbi@s. En Kosova hay
rumores que mercenarios rusos han luchado al lado de las fuerzas
serbias. Ahora, los albanokosovares tienen miedo que una zona
bajo las fuerzas rusas llegue a una partición de facto - porque
ninguna familia albanokosovar quisiera volver a la zona e igualmente
much@s serbi@s quisieran concentrarse allí - sobre todo los serbios
más hostiles a l@s albanokosovares, más implicados en la limpieza
étnica.
El Pacto de Estabilidad es la respuesta más constructiva
de los gobiernos. Reconoce la necesidad tener una perspectiva
regional, y que hay problemas pendientes no sólo sobre seguridad
militar sino también sobre derechos humanos y la infraestructura
económica. Si los bombardeos de la OTAN fueron el "palo"
contra el nacionalismo serbio, el Pacto de Estabilidad es la "zanahoria"
que ofrecen los países occidentales. Desgraciadamente, unos políticos
- como el británico Tony Blair - no pueden dejar el hábito del "palo"
amenazando a Serbia con no conceder ninguna ayuda mientras Milosevic
esté en el poder. Tal actitud solamente sirve para poner estorbos
a la oposición democrática Serbia y a los grupos de la sociedad
civil, las personas que más quieren construir una alternativa Milosevic.
Establecer cualquier tipo de convivencia pacífica
en Kosova será muy complicado, y totalmente imposible si los organismos
encargados de la "implementación civil´no tienen los recursos
necesarios ni conceden la prioridad que se merece a las relaciones
interétnicas. Todo está ensombrecido por las enormes necesidades
físicas o los llamados "problemas militares" de desactivar
las minas y las trampas dejadas por los serbios, y por la posibilidad
de que se tomen represalias contra la población serbia que decida
quedarse. Casi cuatro años después de los acuerdos de Dayton,
todavía permanecen 31.000 soldados extranjeros en Bosnia, y hay
muy poco progreso hacia un tipo de convivencia que no sea impuesta.
La paz en Kosova necesitará que se aclaren las responsabilidades
de todos los crímenes: no todos los serbios están implicados y quizás
hay algunos albanokosovares culpables. La tarea de reconstrucción
material de Kosova deberá ir acompañada de una serie de medidas
que favorezcan relaciones de convivencia entre los distintos grupos
étnicos. Hay una propuesta para una Comisión para la Paz,
que incluya albano- y serbiokosovares (y en el supuesto de que no
acepten estar en esta Comisión, incluiría a serbi@s de fuera de
Kosova) y también con un@s trabajador@s internacional@s, con
oficinas en todas las municipalidades. Sus tareas serián vigilar
el proceso de la vuelta de l@s refugiad@s y adecuar los proyectos
a la creación de condiciones que posibiliten una convivencia pacífica.
Si un trabajo así no es una prioridad en la pos-guerra, le hostilidad
y la venganza permanecerán.
En los Balcanes, ahora mismo, hay dos necesidades
importantes. Lo más apremiante es resolver la situación de
l@s desplazad@s de las guerras anteriores, sobre todo de l@s serbi@s
cuyas experiencias alimentan el sentimiento de agravio. El
ejemplo más obvio es la zona de Croacia cerca de Knin, donde hay
muy poco apoyo internacional para l@s serbi@s que quieren volver.
La otra necesidad - y muy poc@s polític@s la reconocen - es reconsiderar
las fronteras étnicas, fronteras que dan poder a los nacionalismos
excluyentes y que aceptan la idea venenosa que distintos grupos
étnicos no pueden compartir el mismo territorio. Hay que buscar
soluciones alternativas a conflictos étnicos. No habrá paz
mientras un país esta patrullado por tropas.
*Howard Clark es miembro de la Internacional
de Resistentes a la Guerra (I.R.G.-W.R.I.) y especialista en los
conflictos de la ex-Yugoslavia.
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