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CAIN nº 12 Jul. / Agos.'99

«La paz no es sólo la ausencia de la guerra»
Tomada de una pancarta que utilizan Mujeres de Negro
de Belgrado en sus concentraciones semanales

 
     
 

INDICE

La paz se ha firmado.
Fin de la guerra en Kosovo!!!

Kosova: Acuerdos sí, pero todavía no paz

 
 
 
     
 

LA PAZ SE HA FIRMADO.
FIN DE LA GUERRA EN KOSOVO !!!

Un titular como este o similar, ha llenado las primeras páginas de la prensa escrita y hablada estas últimas semanas...Se supone que era una buenísima noticia...y ciertamente, claro que es una deseada y feliz noticia.

Aunque, quizás, el deseo hecho por fin realidad (¿?) no debería hacer que dejáramos en el olvido, algunos interrogantes, creemos aún sin respuesta:

¿Es realmente lo que se ha firmado, la paz?, ¿Quién la ha firmado?, ¿A costa de quienes se han hecho esos acuerdos de paz?, ¿Qué piensa y qué siente el pueblo kosovar?, ¿Se han tenido en cuenta las alternativas de los grupos que desde allí trabajan la educación para la paz?, los “daños colaterales” ¿cómo van a ser reparados?, ¿Qué compañías multinacionales se van a encargar de la reconstrucción física de Kosovo?, la zona geopolítica de Los Balcanes ¿sigue siendo un polvorín dispuesto a estallar a la mínima de cambio?, ¿Cuál ha sido el balance económico de las fábricas de armamento en este periodo?, ¿han tenido superávit? y las economías caseras de los hombres y mujeres de Kosovo ¿Han tenido también superávit?, ¿Realmente la OTAN se ha llenado de gloria o de ...?, y a todo esto ¿Milosevic ha dejado de ser un genocida?.
Para intentar dar respuesta a estos y otros interrogantes volvemos a dedicar este número del CAIN a un monográfico sobre la guerra de Kosovo y la tan deseada paz.

Ojalá que estos artículos nos sirvan para la reflexión y para no olvidar que aún quedan puntos oscuros y negrísimos en nuestro azul planeta, puntos de conflictos y guerras aún sin solucionar, conflictos casi “olvidados” que nadie parece recordarnos.

 
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KOSOVA: ACUERDOS SI, PERO TODAVIA NO PAZ

Howard Clark*

Hasta ahora, la desintegración de Yugoslavia ha producido cuatro guerras: la primera tuvo lugar en Eslovenia (11 días); luego Croacia (3-4 meses, y 3 años después dos ofensivas croatas contra l@s serbi@s en la "Krajina"); desde 1992 Bosnia-Hercegovina (3-4 años); y ahora Kosova.  Quizás no será la guerra de Kosova la última a menos que se adopten una política coherente internacional para la paz en la región.

Tres documentos centrales tratan de la paz en Kosova.  El documento de Rambouillet del 23 de febrero fue aceptado por la delegación albanokosovar pero rechazado por los representantes serbios.  El 3 de junio, el gobierno federal de Yugoslavia y el parlamento serbio aprobaron el acuerdo de alto el fuego mediado por Martti Ahtisaari y Viktor Chernomyrdin, y después de una semana los militares de la OTAN y Yugoslavia llegaron  a un acuerdo sobre un calendario para la retirada. Tercero, el Pacto de Estabilidad del sudeste de Europa - firmado en Colonia, Alemania, el 10 de junio por l@s Ministr@s de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, los estados de los Balcanes, los EEUU y Rusia - prevee un programa de democratización y desarrollo económico por todo los Balcanes.

Los albanokosovares consideraron un éxito Rambouillet.  El documento marcó un progreso en el reconocimiento de sus dos reivindicaciones principales: la protección internacional militar y, después de tres años, un proceso para decidir el estatus constitucional de Kosova.  Claro está que los gobiernos occidentales no querián (ni lo quieren ahora) un Kosova independiente, pero por primera vez en Rambouillet no cerraron la puerta a esta opción.  No hubo ningún "acuerdo" por que los serbios rechazaron firmarlo.   Según la propaganda Serbia las razones de su rechazo eran que hubiera una fuerza militar, y específicamente tropas de la OTAN, en Kosova e incluso exigieran acceso a todas las partes de Yugoslavia.  Eran objeciones significativas, pero en realidad el rechazo serbio era mucho más profundo, porque la propuesta de Rambouillet hubiera dado marcha atrás a toda su política sobre Kosova desde 1989.
Rambouillet propuso un tipo de protectorado internacional, con elecciones al cabo de nueve meses.  El período transicional de autogobierno estaría acompañado por la retirada de fuerzas del ejército yugoslavo (excepto las que vigilan las fronteras), por una presencia internacional militar, y por una Misión Civil de Implementación coordinado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).  También la policía yugoslava debería retirarse paulatinamente y, durante el primero año miembros actuales de la policía tendrían que asistir a un curso de formación para incorporarse en una nueva fuerza policial multiétnica.

Después de los bombardeos, el 3 de junio, Milosevic aceptó un nuevo acuerdo.  Este dice que "toma cuenta de los acuerdos de Rambouillet" pero no hay ninguna referencia a un proceso para decidir el futuro de Kosova, ni al autógobierno.  Este acuerdo exige la retirada completa de todas las tropas del ejército yugoslavas aunque después podrán volver unidades del ejército para controlar las fronteras.  También prevee una fuerza militar internacional, KFOR, bajo los auspicios de la ONU, basado principalmente en las fuerzas de la OTAN.  Las tropas de KFOR no tienen ningún permiso para salir de Kosova y entrar en Yugoslavia.

Lo peor de este acuerdo para l@s albanokosovares es la ausencia de ningún compriso sobre el estatus del territorio y que las tropas, aparte de las de la OTAN, más proclives a permanecer en Kosova son las rusas, los aliados tradicionales de Serbia.  En Bosnia, hubo muchas quejas de musulmanes contra las tropas rusas por sus tendencias a favorecer a l@s serbi@s.  En Kosova hay rumores que mercenarios rusos han luchado al lado de las fuerzas serbias.  Ahora, los albanokosovares tienen miedo que una zona bajo las fuerzas rusas llegue a una partición de facto - porque ninguna familia albanokosovar quisiera volver a la zona e igualmente much@s serbi@s quisieran concentrarse allí - sobre todo los serbios más hostiles a l@s albanokosovares, más implicados en la limpieza étnica.

El Pacto de Estabilidad es la respuesta más constructiva de los gobiernos.  Reconoce la necesidad tener una perspectiva regional, y que hay problemas pendientes no sólo sobre seguridad militar sino también sobre derechos humanos y la infraestructura económica.  Si los bombardeos de la OTAN fueron el "palo" contra el nacionalismo serbio, el Pacto de Estabilidad es la "zanahoria" que ofrecen los países occidentales. Desgraciadamente, unos políticos - como el británico Tony Blair - no pueden dejar el hábito del "palo" amenazando a Serbia con no conceder ninguna ayuda mientras Milosevic esté en el poder.  Tal actitud solamente sirve para poner estorbos a la oposición democrática Serbia y a los grupos de la sociedad civil, las personas que más quieren construir una alternativa Milosevic.

Establecer cualquier tipo de convivencia pacífica en Kosova será muy complicado, y totalmente imposible si los organismos encargados de la "implementación civil´no tienen los recursos necesarios ni conceden la prioridad que se merece a las relaciones interétnicas.  Todo está ensombrecido por las enormes necesidades físicas o los llamados "problemas militares" de desactivar las minas y las trampas dejadas por los serbios, y por la posibilidad de que se tomen represalias contra la población serbia que decida quedarse.  Casi cuatro años después de los acuerdos de Dayton, todavía permanecen 31.000 soldados extranjeros en Bosnia, y hay muy poco progreso hacia un tipo de convivencia que no sea impuesta.  La paz en Kosova necesitará que se aclaren las responsabilidades de todos los crímenes: no todos los serbios están implicados y quizás hay algunos albanokosovares culpables.  La tarea de reconstrucción material de Kosova deberá ir acompañada de una serie de medidas que favorezcan relaciones de convivencia entre los distintos grupos étnicos.  Hay una propuesta para una Comisión para la Paz, que incluya albano- y serbiokosovares (y en el supuesto de que no acepten estar en esta Comisión, incluiría a serbi@s de fuera de Kosova)  y también con un@s trabajador@s internacional@s, con oficinas en todas las municipalidades.  Sus tareas serián vigilar el proceso de la vuelta de l@s refugiad@s y adecuar los proyectos a la creación de condiciones que posibiliten una convivencia pacífica.  Si un trabajo así no es una prioridad en la pos-guerra, le hostilidad y la venganza permanecerán.

En los Balcanes, ahora mismo, hay dos necesidades importantes.  Lo más apremiante es resolver la situación de l@s desplazad@s de las guerras anteriores, sobre todo de l@s serbi@s cuyas experiencias alimentan el sentimiento de agravio.  El ejemplo más obvio es la zona de Croacia cerca de Knin, donde hay muy poco apoyo internacional para l@s serbi@s que quieren volver.  La otra necesidad - y muy poc@s polític@s la reconocen - es reconsiderar las fronteras étnicas, fronteras que dan poder a los nacionalismos excluyentes y que aceptan la idea venenosa que distintos grupos étnicos no pueden compartir el mismo territorio.  Hay que buscar soluciones alternativas a conflictos étnicos.  No habrá paz mientras un país esta patrullado por tropas.

*Howard Clark es miembro de la Internacional de Resistentes a la Guerra (I.R.G.-W.R.I.) y especialista en los conflictos de la ex-Yugoslavia.

 

 

 
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