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EDITORIAL
Seguimos desobedeciendo: tras el paréntesis
vacacional el boletín caínico abre sus páginas a todas aquellas
lectoras interesadas en participar activamente en una sociedad contestataria,
basada en el antimilitarismo, la noviolencia, la educación para
la paz, ...
Intentaremos, como en publicaciones
anteriores, difundir en el barrio temas que nos preocupan a todas
y que, desgraciadamente, poca difusión tienen en el panorama oficial.
En un mundo en el que se acrecientan los conflictos bélicos, en
el que la violación de los derechos humanos no es freno para la
compra-venta de armamento, en el que las desigualdades generan hambruna
en las dos terceras partes de la población mundial, nos vemos en
la obligación y necesidad de informar para desenmarañar esta enorme
tela de araña. Por todo esto y más. ¡seguimos desobedeciendo!
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EL MERCADO DE LA
MUERTE
En los primeros días de septiembre hemos tenido ocasión
de leer en la prensa una serie de artículos diversos que, relacionándolos
nos dan buena cuenta de la opción militarista por la que apuesta
el ejecutivo español.
En primer lugar, según leíamos en El País del
3 de septiembre (curiosamente en primera página; es una pena que
en la época del anterior gobierno, este tipo de informaciones no
tuvieran la misma relevancia) el ministerio de la Guerra (de defensa
según ellos) tiene comprometidos dos billones de pesetas para comprar
armamento. El grueso de esta factura corresponde a los programas
estrella de armamento: el avión EF-2.000, la fragata
F-100 y el carro de combate Leopard, que suman 1 billón 604.000
millones. Otros 300.000 millones han sido comprometidos para la
compra de armamento diverso. Además, el gobierno prevé gastar otros
854.000 millones en los próximos años para inversiones ineludibles.
En un alarde de malabarismo contable
(e hipocresía infinita) estos gastos militares no figuran en los
presupuestos de Defensa, pues se están financiando con créditos
del Ministerio de Industria. Para redondear el engaño, ni siquiera
aparecen en los presupuestos actuales como déficit de este ministerio,
pues no se imputarán hasta dentro de dos años. En la práctica, supone
hipotecar al conjunto de la sociedad española desde el año 2.000
hasta el 2.015, durante los que habrá que pagar estos créditos.
Ya sabemos lo que quiere decir el gobierno cuando predica que hay
que reducir el gasto público. Para mayor cinismo todavía, el ministro
Serra sigue insistiendo en la necesidad de aumentar el presupuesto
del ministerio de la guerra.
Las empresas de armamento -sin duda los mayores genocidas
de la historia aunque nunca sean juzgadas por un tribunal internacional-
son las principales responsables y beneficiarias de esta barbaridad.
Pero como su glotonería no tiene límites, en el caso de las empresas
españolas, no se conforman con hipotecar el futuro de nuestra sociedad,
sino que están dispuestas a vender su letal mercancía allá donde
haya demanda. Y, evidentemente, esta demanda se produce donde las
armas son utilizadas para la guerra y la represión. Así, conocíamos
por la prensa del 7 de septiembre que la empresa española Expal
(Explosivos alaveses) -previa autorización del gobierno español-,
ha sido la elegida por el gobierno genocida turco para la compra
de más de 13.000 bombas de aviación. No es la única empresa que
negocia con el exterminio del pueblo Kurdo, pues según datos oficiales,
España autorizó ventas de armamento a Turquía por valor de 45.164
millones de pesetas entre enero de 1996 y marzo de este año. La
empresa Construcciones Aeronáuticas (CASA) ha cerrado recientemente
la venta de seis aviones de patrulla marítima por valor de 100 millones
de dólares (15.000 millones de pesetas), aunque faltan por adjudicar
sus equipos electrónicos, por otros 240 millones de dólares.
Si por sí mismos son espeluznantes estos datos, aún
lo son más con el aderezo de cinismo que los acompaña: La aprobación
de estas exportaciones se produce después de que, el pasado 25 de
mayo, se aprobase el Código de Conducta de la Unión Europea en materia
de exportación de armas, que incluye ocho criterios que deben tenerse
en cuenta a la hora de conceder una licencia. Entre ellos, se cita
el respeto a los derechos humanos y la necesidad de no agravar tensiones
o conflictos. Turquía mantiene un conflicto exterior en Chipre además
del mencionado plan de exterminio del pueblo Kurdo. Por ello ha
sido objeto de reiteradas denuncias por falta de respeto a los derechos
humanos.
El pasado 20 de mayo, el secretario de Estado de
Defensa, Pedro Morenés, aseguraba en el Congreso que el Gobierno
español tiene la firme voluntad de cumplir los compromisos derivados
del Código de Conducta y sigue con atención el desarrollo de los
acontecimientos en Turquía, pero agregaba que no se puede olvidar
que dicho país es aliado de España en la OTAN.
Parece claro que las prioridades del gobierno español
están en la línea de las denunciadas por la ONU en su Informe Mundial
de Desarrollo Humano de 1.998, presentado el 9 de septiembre, y
que hace méritos indiscutibles para aparecer con mayúsculas en el
listado de monstruosidades de la que será una de las páginas más
tristes de la historia de la humanidad.
Esta claro también que el movimiento
antimilitarista tenemos por delante una ardua tarea, que debemos
abordar con energía, y para la que podemos aprovechar el impulso
social que nos ha proporcionado la interesante experiencia de la
Insumisión.
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RESEÑA
LA INSUMISIÓN, UN SINGULAR CICLO HISTÓRICO
DE DESOBEDIENCIA CIVIL
Xabier Agirre, Rafael Ajangiz, Pedro Ibarra,
Rafael Sanz.
Editorial Tecnos.
Este libro, que podéis encontrar o encargar en cualquier
librería, trata de explicar en qué consiste la insumisión y por
qué ha sido y es un movimiento beneficioso para la sociedad. Está
estructurado en 4 partes: un análisis de los movimientos sociales,
un capítulo dedicado a la desobediencia civil, el tratamiento penal
de la insumisión a lo largo de los años y un capítulo dedicado a
la abolición de la mili y la crisis de legitimidad de las Fuerzas
Armadas en la sociedad española.
Cada una de ellas contiene una gran cantidad de datos,
algunos de ellos inéditos, que apoyan la postura de los autores
y ayudan a analizar los acontecimientos ocurridos a lo largo de
estos 9 años de campaña de insumisión.
Especialmente interesante es el epílogo
dedicado al futuro del movimiento antimilitarista ahora que se avecina
el Ejército Profesional y en el que los autores, como personas comprometidas
en mayor o menor medida con este movimiento, aportan una serie de
ideas dignas de reflexionar y debatir por todas las personas que
formamos parte de él o que quieran empezar a trabajar por la transformación
de la sociedad hacia un mundo sin ejércitos.
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