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El pasado 5 de diciembre las máquinas entraron por primera vez en la plaza de Los Bandos, lo que supuso un nuevo paso hacia adelante para la construcción del futuro párking subterráneo. Siguiendo la disposición que llegó desde la Comisión de Patrimonio, la primera intervención ha consistido en la realización de catas arqueológicas para comprobar si existen o no restos arqueológicos debajo del ágora ubicado en pleno centro histórico de la ciudad. Tribuna, 25 – 01 - 2007
Según comentó ayer el concejal de Urbanismo, «hasta el momento no se ha encontrado ningún resto de relevancia». Y es que, según se recoge en las actas municipales de la época, el Ayuntamiento se preocupó de retirar todos los escombros y vestigios de la derruida iglesia de Santo Tomé, antes de allanar la plaza. Así, el Libro de Actas número 229 –correspondiente al año 1859– recoge el 6 de mayo que, una vez derribado el templo, «el señor alcalde hizo presente que había convocado a una junta a los vecinos de las casas de expresada plazuela con el objeto de explorar si se avenían en sacar en cada uno cierta porción de escombros en términos de que quedare hecho el allanamiento de la plazuela sin gasto alguno por parte del Ayuntamiento, habiendo sido el resultado tan satisfactorio que habían ofrecido extraer dos mil quinientos diez carros». Meses después, el 30 de septiembre concretamente, las actas recogen «que en la Iglesia había sepulcros con inscripciones que D. Vicente Santos Velasco quede autorizado para que se busquen todas, lo mismo que los escudos o armas y las reúna y conserve». Después de leer ambas resoluciones parece claro el Ayuntamiento de Salamanca se cuidó de que tanto los escombros como otros vestigios fueron rescatados antes de que se allanara la plaza. Sin embargo, las referencias a la operación de la plaza de Los Bandos no terminaron entonces. Antes de que concluyera el año 1859 se recogen dos nuevas alusiones. El 12 de diciembre se da orden de que «se saquen los materiales» y cuatro días después, «que se venda la piedra de Santo Tomé en pública subasta». Los trámites concluyeron, según se recoge en las actas, el 25 de junio de 1860 . Entonces los folios municipales recogen la siguiente inscripción: «queda saldada la cuenta». En esta fecha quedó cerrada la operación consistente en la cesión del terreno y los materiales, en la que estaban implicados Ayuntamiento y Obispado. Ahora bien, el posterior acondicionamiento, compromiso adquirido por la institución municipal, no fue tan sencillo como el trámite de traspaso. La recuperación del espacio, que debía llevarse a cabo por motivos no sólo estéticos sino también de seguridad, estuvo acompañada de algunos vaivenes de índole económica: el Libro de Actas del Ayuntamiento –básico para reconstruir la historia de cualquier ciudad– así lo refleja. El 5 de abril del año 1861, la Comisión de obras manifestó que no tenía ya fondos para continuar el desmonte y allanamiento de la plazuela de Los Bandos, fin para el cual se habían «gastado» 2.000 reales. Ese mismo mes, el día 19, se acuerda que la mencionada Comisión «ejecute solamente las obras necesarias para el allanamiento de la parte que está empezada y dirección propuesta aun cuando sea necesario en lo sucesivo rebajar más, tomando ahora la misma partida de imprevistos de lo necesario». La desaparición del arbolado maduro, especialmente un cedro centenario, ha llenado de indignación a Los Verdes-Foro de Izquierdas, uno de los colectivos que se ha opuesto a la construcción del aparcamiento subterráneo. Aunque es evidente que el árbol ha crecido durante años, tampoco debe obviarse el acta municipal del 3 de enero de 1862. Entonces quedó registrado lo siguiente: «la Comisión de arbolado hizo presente las dificultades imposibles de vencer que había para poner los árboles que se había proyectado en la Plazuela de Los Bandos donde todo era piedra y la última fila de los que se habían de poner tan cerca de la cañería que sin un coste muy grande no se podían colocar. Se acordó en consecuencia que no se pongan». | |||
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