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MANIFIESTO CONTRA EL ESTACIONAMIENTO por Ignacio Francia Con el clamor de “Alcalde, no toque Los Bandos”, el día 17 de noviembre de 1995 –por tanto, se acaban de cumplir nueve años--, los ciudadanos nos reunimos en esta misma plaza para protestar contra el proyecto de un estacionamiento bajo el subsuelo del piso que ahora mismo nos acoge. Resulta que el tiempo, en Salamanca, en lugar de avanzar y buscar nuevos horizontes para la ciudad y sus gentes, ha vuelto atrás: hoy, como entonces, nos encontramos con el mismo problema, con la misma agresión, con la misma demanda: ¡Alcalde, no toque Los Bandos! Los ciudadanos hemos tenido que volver a salir a la calle con nuestro clamor personal y el del conjunto de organizaciones plurales, en un movimiento que nadie se atreverá a calificar como partidario, sino de demanda de respeto a la entraña de Salamanca. El proyecto de estacionamiento en Los Bandos representa un elemento de ahogo y destrucción de la condición de esta ciudad, un planteamiento retrógrado y asentado en el juego de intereses inmediatos frente a la mirada con proyección de futuro para una urbe de corte histórico-monumental.Construir un parking en esta plaza no supone una propuesta de progreso, sino, al contrario, se trata de una acción que se encadena con las viejas teorías de desarrollismo a costa de arrasar patrimonio y vida, la vida y el patrimonio que son los que representan una de las vías de verdadera capacidad para dotar a esta ciudad hacia el futuro, junto con actuaciones vigorosas. Ese estacionamiento proyectado para reventar esta plaza no traería a la ciudad nueva capacidad productiva, ni siquiera impulso al sector comercial que ampara el proyecto. La actividad comercial no se sostendrá o revitalizará por un simple aparcamiento. Se destruirá un tejido urbano, un sustrato monumental y cultural, y seguirán los lamentos y el hundimiento comercial si no se aplican criterios y medidas adecuados. Alcalde, no toque Los Bandos. Hay razones legales (¿señor alcalde, por qué ignora usted lo que ordena el documento del Plan General de Ordenación Urbana en relación con este ámbito histórico-artístico, de asiento arqueológico, de centro urbano?), también hay razones sociales y políticas, y ya han comenzado a plantearlas quienes pueden hacerlo, incluso a través de los tribunales. Razonamientos en los que aquí –en un acto de carácter cívico y de latido social-- no procede detenerse, sino apuntarlos. Pero además de por razones tan fundamentales como las legales, histórico-artísticas, sociales y políticas, también ocurre que tenemos que reclamarle a usted respeto asu propia palabra empeñada. Usted, que ahora mismo tanto clama y acusa a quienes afirma que no mantienen su fidelidad a posiciones del pasado, es absolutamente infiel a usted mismo y a la ciudad cuyo gobierno tiene encomendado. Es infiel y traidor a su propio programa electoral. Es usted, alcalde, un salmantino sin palabra. Puede usted vestirse de charro para recorrer las calles, mas todo será una traición a la esencia del charro, cuya gala siempre ha sido ser hombre de palabra. Son sus propias palabras, y es reo de ellas:
Alcalde, no toque Los Bandos. Porque hacerlo, rajar la plaza para guardar coches, supone fomentar los bandos, aquí mismo, donde tanto dolor rasgó aesta ciudad. Hasta en eso es retrógrado el proyecto: vuelve a generar división, banderías, nos hace retornar a aquellos tiempos lamentables de enfrentamientos y postración entre gentes de esta ciudad. Aquellas banderías son historia, historia que creíamos superada y lección incorporada para evitar los enfrentamientos entre salmantinos. Pero el proyecto de Los Bandos no hace otra cosa que generar bandos, que crear división, que cavar enfrentamientos. ¿Disfruta el alcalde con renovar las banderías, los bandos medievales? ¿Qué otro sentido tiene arroparse –como ha hecho esta misma mañana— de un sector de salmantinos para amparar su proyecto, es decir, de generar un bando frente a otro bando? No, alcalde: si los ciudadanos salimos a la calle en un ejercicio democrático frente a un proyecto que consideramos destructor para Salamanca, usted, moral y políticamente, no puede sacar sus espadas para que volvamos a establecer los enfrentamientos que hagan crecer la yerba del dolor y las diferencias. No. Usted, como alcalde constitucional de esta ciudad, no debe hacer eso. Ni política ni moralmente. Aquí, en este solar que deseamos de concordia, no se buscan enfrentamientos, sino aportación de razones, ejercicio democrático, además de requerir el cumplimiento de sus propios compromisos-programa, así como el intento de amparo del futuro de esta ciudad de Salamanca que necesita respetar su patrimonio como referencia de progreso y cultura. El día 17 de noviembre de 1996, al clamar contra el proyecto, el periodista Enrique de Sena señaló en su manifiesto leído aquí mismo: “No quiero pensar que hay convecinos dispuestos a resucitar en Salamanca los bandos que no aportaron ideas, nobleza ni ejemplaridad, sino muerte, miseria y estúpido orgullo”, al tiempo que pedía a usted, alcalde, un ejercicio de reflexión, porque –dijo también-- “modificar una actitud personal, cuando la razón y la lógica la alientan, es un espléndido ejercicio de cultura, de continencia y de amor a lo que nos es común”. Y nunca, alcalde, usted fue tan respetado en la ciudad como el día en que rectificó. Una ciudad y sus gentes no pueden depender de la almohada ni de la cena de su alcalde. Unaciudad –y aún más una ciudad especial como Salamanca-- requieren decisiones institucionales con rigor y amor en la gestión del bien común. ¿Por qué, alcalde, rectificó en 1997 y por qué ha regresado a lo que usted mismo consideró indeseable, dañino y lesivo para esta ciudad? Nada ha cambiado en relación con el problema del hoyo de Los Bandos. Quienes estamos aquí mantenemos el mismo compromiso con Salamanca, pero usted se ha traicionado a usted mismo, a su programa lectoral, a los concejales que puso en fila en el Ayuntamiento el día 17 de mayo de 1997 para respaldar el espíritu de contricción que ha resultado un pecado de hipocresía política, moral y de lesa traición a esta ciudad y sus gentes. Como en otras ocasiones, usted, alcalde y sus concejales –o su delegación-- el próximo día 6 de diciembre serán capaces de acercarse hasta esta plaza para rendir homenaje a Carmen Martín Gaite ante la escultura que se alzó con tantas alabanzas y cantos para rememorar a aquella escritora singular. Pero, si usted y sus ediles lo hacen, el espíritu bullente y salmantino de Carmen se conmoverá allá donde se encuentre, no soportará la hipocresía que representa tanta veneración mientras se patea su testamento y voluntad. El día 3 de diciembre de 1996, Carmen Martín Gaite, al sumarse con su firma y una carta autógrafa al movimiento en contra del estacionamiento ante la casa en la que nació, dejó escrito: “Me indigna ese proyecto del señor Lanzarote como a cualquier salmantino bien nacido, se me atraganta la idea. Ojalá contribuya a algo la protesta a la que adhiero”. Quienes estamos aquí tenemos frío. Pero, por encima del frío ambiente, nos hiela nuestro espíritu y compromiso cívico un proyecto contrario al progreso y a la cultura, un proyecto destructivo para lo que es y representa esta ciudad. Y nos calienta el ánimo el afán democrático de hacerle saber a usted, señor alcalde, que la ciudadanía de Salamanca seguirá contra una idea “indeseable” –como usted mismo la calificó--. Y también, quelas mayorías absolutas no sirven para tiranizar a la ciudadanía, para destrozar una urbe especial como lo es Salamanca, ni para saltar por encima de las normas legales. Alcalde, no nos toque Los Bandos. | |||
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