ARTÍCULO DE OPINIÓN

Los Bandos, sin aparcamiento

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ArtÍculo de Isabel MuÑoz (escritora), en el Adelanto, 16 – IV – 2005

Parece que lo del aparcamiento de Los Bandos va en serio. Parece que el señor Lanzarote ha olvidado la palabra que dio a los ciudadanos hace unos años y quiere pasar a la historia como el alcalde que destruyó una de las más emblemáticas plazas salmantinas. Y parece que los comerciantes, por lo menos oficialmente, en palabras públicas del presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria, vuelven a la carga y apoyan tal proyecto.

En torno a esta construcción, y para justificarla, se están lanzando estos días algunos mensajes que cuanto menos merecen unas reflexiones; porque, desde mi punto de vista, no hacen más que confundir a la ciudadanía.

Si hace ocho años no existían razones que justificaran la construcción de este aparcamiento subterráneo, ahora mucho menos.

Dicen los comerciantes del centro que apoyan el aparcamiento en Los Bandos y, con ello, el desmantelamiento de la plaza, porque, para favorecer las ventas, sus hipotéticos clientes necesitan dejar el coche lo más cerca posible de sus establecimientos comerciales.

Si esta afirmación tuviera una base firme y la necesidad de un aparcamiento fuera tan imperiosa, no se entendería, entonces, por qué los aparcamientos que hay en el centro de la ciudad --Campillo, Santa Eulalia, Le Mans, Colón, Santísima Trinidad, Reyes de España, Botánico--, a cinco minutos escasos algunos de ellos de la plaza de Los Bandos, están, salvo en días muy señalados, al cincuenta por ciento de su capacidad.

Sin olvidar, por supuesto, que en la misma plaza se abrirá dentro de unos meses el aparcamiento de María la Brava y en pocos días, si no es que ya está abierto, el de los Carmelitas, en la vecina calle de los Condes de Crespo Rascón.

No nos engañemos y no nos pongamos vendas para eludir la verdad. El mal del pequeño comercio no reside en un aparcamiento más o menos.

El mal del pequeño comercio reside en el sistema imperante. Un sistema que predica no poner trabas a la hora de hablar de ganancias. Un sistema que favorece la expansión de grandes multinacionales del comercio. Un sistema que yo no comparto, pero que, a lo mejor, sí lo hacen muchos de los que ahora se quejan de sus consecuencias.

Dicen también los comerciantes del centro que la construcción de este aparcamiento favorecerá la peatonalización. Otro argumento que se cae por su propio peso. Estudios exhaustivos sobre movilidad y desarrollo en las ciudades sostenibles han demostrado que la existencia de aparcamientos en los centros de las ciudades incita, en lugar de disuadir, a la utilización del coche.

A los aparcamientos del centro no se llega por arte de magia, se llega a través de unas calles que ya no soportan más vehículos, más ruidos y más contaminación.

El propio nuevo Plan de Ordenación Urbana desaconseja la construcción de aparcamientos en el centro. Y no sólo este nuevo plan. La Unesco hace sus propias recomendaciones al respecto, no sólo para las zonas declaradas Patrimonio de la Humanidad, sino también para las limítrofes, como es el caso de la plaza de Los Bandos.

De construirse el aparcamiento, con la consiguiente destrucción de la histórica plaza y los restos arqueológicos que descansan en su subsuelo, Salamanca subiría un nuevo peldaño para perder su famoso título Ciudad Patrimonio de la Humanidad. La pérdida medioambiental no sería menor.

Con la construcción del aparcamiento se perdería el variado y consolidado arbolado ahora existente y, con él, los pájaros y otras especies que allí viven.

Mucho se podría escribir sobre las oscuras razones que pueden haber llevado al señor alcalde a retomar de nuevo este desastroso proyecto para la ciudad, y más ahora que la sombra de algunos intereses particulares planean sobre la plaza de Los Bandos...

Creo que ha llegado el momento de que los ciudadanos asumamos con seriedad qué modelo de ciudad queremos para vivir y les exijamos a nuestros representantes políticos mayores responsabilidades al respecto.

En democracia se tiene que gobernar para favorecer a la mayoría, nunca para servir a los intereses de unos pocos.

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