cosal quilombo


CHILE: 1973- 1998, 25 años de dictadura


Pedro Barea (Comité de Solidaridad con El Salvador)

A tenor de la información vertida sobre Centroamérica por los medios de comunicación, no parece sino que el famoso "Fin de la Historia", que predijera un futurólogo neoliberal, ha completado su instalación en aquella zona del mundo. La democracia es plena y los graves problemas de reparto de la riqueza, que estaban en el origen de los conflictos civiles, se han solucionado como por arte de magia, ante la mera firma de acuerdos de paz.Sin embargo, la realidad cotidiana desmiente con crudeza tan feliz estado de cosas. En el caso salvadoreño, quizá el que más expectativas levantó por la amplia difusión que tuvo, la mayor parte del contenido de los acuerdos de paz ha sido incumplida sistemáticamente. Hay que tener en cuenta que los acuerdos, de haberse llevado lo estipulado en su firma, constituían un principio de arranque ciertamente positivo hacia una sociedad salvadoreña más justa, participativa y democrática. Es por esto mismo que la oligarquía, el gobierno y el Ejército los incumplieron por sistema, resultando paradójico el hecho de que la parte con mayor grado de ejecución de lo firmado, la entrega de tierras, es la que está sirviendo para que nada cambie en El Salvador, respecto a la brutalmente injusta distribución de la riqueza. Porque en efecto, han sido entregados bastantes lotes de tierra a excombatientes de ambos bandos y repobladores, pero la política posterior del gobierno, en connivencia con las instituciones de crédito, ha sido la de estrangular económicamente a los beneficiarios, amén de las inmensas trabas legales impuestas al movimiento cooperativo, a fin de frenar su expansión. A modo de colofón, recientemente fue vetada por la presidencia una ley parlamentaria que condonaba gran parte de la deuda agraria de estos beneficiados por la reforma. Esta política de ahogo financiero ha sido acompañada del accionar paralelo de la represión. Uno de los aspectos de más flagrante incumplimiento, por cuanto la PNC, Policía Nacional Civil, buque insignia de la nueva era de prosperidad democrática en la que entraba el país con la firma de la paz, hace aguas paramilitares por múltiples grietas abiertas en su casco. Según la Oficina de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, en el 96, la propia Policía Nacional Civil se ha visto envuelta en turbias operaciones de limpieza violatorias de los Derechos Humanos más elementales, como es el derecho a la vida, al más puro estilo de los "escuadrones de la muerte". Estas prácticas en teoría quedaban totalmente erradicadas con la firma de los acuerdos de Chapultepec, hace ya seis añitos largos. La misma oficina arzobispal mencionada saca la conclusión de que este accionar intimidatorio contra la población civil pretende inhibirla de su participación, electoral habida cuenta de la cercanía de los comicios legislativos y municipales del 97, y organizativa a más largo plazo. Organización y participación que se revelan de una necesidad perentoria, por cuanto los indicadores socioeconómicos de El Salvador continúan siendo pavorosos, como antes de la guerra. Sin que haya perspectivas de solución por la vía parlamentaria, en caso de hipotético gobierno de izquierdas, habida cuenta de lo manipulable del chiringuito electoral y de los mecanismos de bloqueo que posee una oligarquía con todo el poder económico en sus manos y en comandita con el capital transnacional, a la expectativa de jugosas privatizaciones. Un panorama harto diferente del "fin de la historia" color de rosa dibujado por la caja tonta y sus adláteres massmediáticos. De difícil coyuntura para el pueblo llano y las grandes mayorías, toda vez que lo que pudiera ser su representación política, el FMLN, parece haber optado por la vía electoral, a juzgar por el resultado obtenido en su último congreso nacional, del que emergió una dirección en principio más proclive al pragmatismo, en franco divorcio con las reivindicaciones del movimiento popular, al que no le hacen ninguna gracia cuestiones como la privatización de la telefonía, por poner el ejemplo más vistoso. Ahora aparecen en la línea del horizonte político las elecciones presidenciales de marzo de 1999:¿Retirará la derecha a su ya proclamado candidato de laboratorio?¿Por qué fórmula electoral presidencial se decidirá la izquierda?¿Quién ganará ARENA o el FMLN?¿Y qué será lo más constructivo para el futuro de El Salvador?Reivindicación popular y representación política parecen de nuevo ir en desfase en lo que se presenta como una travesía de incierto rumbo en la sociedad salvadoreña; aunque algunas luces parecen observarse al final del túnel. En el viraje hacia la izquierda del cuerpo electoral, lo que indica cierto hastío y reacción frente a la brutalidad neoliberal, pese al férreo control de los medios de comunicación, y en el incipiente repunte del movimiento popular. En todo caso, transcendiendo el caso concreto de El Salvador, lo que sí es seguro es que la afirmación de que el "fin de la historia" llegó con la caída del muro de Berlín es "más falsa que un duro de madera" por decirlo en castizo. No hay como darse una vuelta, física o virtual, por la realidad salvadoreña para comprobarlo.


Volver al Quilombo nº14