EL MIEDO COMO ESTRATEGIA.

 

La comunidad indígena Embera-Katío, seguramente no sepa cuánto cuesta un kilovatio/hora en el estado español ni en los estados unidos de Norteamérica. Es muy probable que los indígenas Quillasingas de Nariño, del suroccidente colombiano, al igual que la comunidad Mapuche del alto Bio-Bio chileno, ignoren la importancia que la energía eléctrica representa para la vida diaria del llamado primer mundo. Pero, desde luego, lo que saben a ciencia cierta es el alto coste que ellos tienen que pagar para que las multinacionales se lucren de la inmensa rentabilidad que producen las represas construidas en estos territorios, y para que nosotros, por qué negarlo, paguemos menos en nuestro recibo de la luz a costa, en muchas ocasiones, demasiadas ya, de su propia vida, y a beneficio de jugosos dividendos bursátiles para sus asesinos.

Cuando desde aquí mantenemos que la energía debe ser limpia no sólo en el lugar en el que se consume, sino que principalmente ha de serlo en el que se produce, puede parecer que hablemos en términos cuasi románticos para los representantes de las grandes empresas energéticas; quizá, para la ilustre opinión del señor Alvarez Cascos seamos tan sólo unos ecolojetas los que así pensamos. Mas, ¿ cómo ocultar lo evidente? Situaciones como las que viven estas comunidades son lo suficientemente preocupantes para que estos ilustres señores, con nombres sociales como ENDESA, BANCO DE SANTANDER, SHELL, REPSOL, CAMPSA O TELEFÓNICA, desayunen sapos todas las mañanas, y se les arrojen los muertos encima de la mesa a la hora de sus almuerzos.

Los Emberá-Katío mantienen una larga pelea con la administración estatal colombiana y la empresa Urrá por la construcción de una represa en su territorio, porque tanto una como otra se han negado sistemáticamente a cumplir no sólo con lo que es de justicia, sino lo que la Corte Constitucional colombiana ha declarado ser de estricta legalidad: que se vayan de su territorio y resarzan integralmente a esta comunidad por el daño medioambiental sufrido en la pesca y en el hábitat natural, del que depende este pueblo. Esto no es una premonición catastrofista de la trágica situación de los indígenas, sino la constatación de un hecho.

En abril, Lucindo Domicó, delegado de este pueblo por los ríos Sinú y Verde fue asesinado impunemente. No fue el primero, ni desgraciadamente será el único. Las negociaciones han fracasado por el empecinamiento de la administración y de esta empresa de capital norteamericano que controla la electrificación desde Venezuela hasta la costa del pacífico colombiano. No obstante, el daño ya está hecho, la construcción se ha terminado y con ello se ha liquidado una forma de vida ancestral.

El pueblo U’WA vive una situación similar a la de los Embera-Katío. El 27 de septiembre pasado se conoció el otorgamiento de licencia por parte del Ministerio de Medioambiente colombiano a la multinacional Occidental de Colombia Oxicol, para realizar actividades de perforación exploratorias en el pozo Gibraltar, situado en el municipio de Toledo, norte de Santander, territorio en el que se asienta esta comunidad. La promesa del gobierno y de la multinacional de que respetarían la autoridad U’WA, de que concertarían con este pueblo indígena cualquier determinación, quedó rota al producirse la autorización de exploración sin consultarles, y sin darles siquiera a conocer el texto de la resolución. Los U’WAS, conocidos por su forma de vida ancestral y los rasgos de su peculiar cultura tales como eliminar a los gemelos, acudir al suicidio colectivo como defensa de sus tradiciones o considerarse hijos de la tierra, consideran que la licencia otorgada lesiona sus derechos históricos y ya han anunciado que acudirán a la solidaridad internacional para defender su causa, la cual no es muy diferente al resto de las comunidades indígenas, ni siquiera al resto de la población colombiana, porque, al fin y al cabo, todo se reduce a un problema de soberanía nacional frente a los intereses de las multinacionales depredadoras. Las acciones contra dicha autorización las realizarán llevando a cabo foros, demostraciones de protesta e intentarán trasladarlas a nivel mundial dando a conocer su situación y promoviendo un boicot a la venta de crudo colombiano. También emprenderán acciones jurídicas contra esta decisión. Y la primera, por curiosa que parezca, ha sido la entrega de los diferentes documentos de su litigio al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, el cual en su visita durante el mes de septiembre a Colombia manifestó que << En el récord colombiano de agresión a los Derechos Humanos, figura en uno de los primeros lugares la agresión a los pueblos indígenas>>

La situación de la comunidad Quillasinga no es muy diferente de las dos anteriores. Esta comunidad, amable y acogedora donde las haya, está en pleno proceso de reconstrucción cultural, de reafirmación de su modo de vida y es, precisamente ahora, cuando los intereses económicos de las multinacionales pretenden destruir su hermosa laguna. La laguna Lacocha es un lugar privilegiado, cuenta con un microclima característico y con especies de flora y fauna endémicas, especies que por ser únicas en el mundo han merecido la promoción de este lugar a nivel internacional para alcanzar el reconocimiento de Reserva Mundial de la Biosfera. Curiosamente, lejos de que esto hubiera servido para motivar a la clase dirigente a promocionar su protección, el gobierno colombiano, en perfecta comunión con el internacionalismo destructivo de las multinacionales, pretende construir en ella otra represa más, acabando así con toda su riqueza natural y con la forma de vida tradicional de esta etnia que lo único que pretende es vivir en paz en su hábitat natural, conservándolo de depredaciones absurdas y aniquiladoras de toda forma de existencia.

Todo en la vida tiene una explicación, aunque ésta no se nos presente como demasiado racional.¿ Cómo van a aceptar las comunidades indígenas el nombramiento de José Alfredo Escobar Araújo como Director General de Asuntos Indígenas, cuando, según sus propias palabras, los pueblos indígenas no son más que un atajo de terroristas y secuestradores? Lo del ministro de Medioambiente colombiano es otra vaina; el señor Mayr Maldonado pasó en poco tiempo de ángel a demonio como protector de la forma de vida de los pueblos indígenas. Desde que fue galardonado en Estados Unidos con el premio " Parker Centry Award" del Field Museum of Chicago está empezando a devolver ciertos favores a los intereses gringos en Colombia.

Todo encaja como las piezas de un rompecabezas. La concepción neoliberalista de la inmensa aldea global que pretenden imponernos, es, además de caníbal con el resto de las culturas y de los pueblos que a ellas se aferran, absolutamente uniformadora del pensamiento, de la forma de vivir. Ése es el nuevo internacionalismo; el internacionalismo de los capitales que no respetan ni un palmo de terreno hostil a sus intereses.

En Colombia, los indígenas, los campesinos, la gente comprometida con la defensa de los valores más íntimos de la persona, son asesinados impune y salvajemente por los sicarios del poder capitalista del que, a la par, son víctimas. Y después nos hablan de Derechos Humanos, aunque parece ser que no de todos los humanos. Se les llena la boca con declaraciones institucionales que alaban la inmensa valía de la libertad como el gran bien a proteger. Desde aquí les animamos a defender la libertad. Libertad sí afirmamos, pero, para quién y para qué. La libertad ha de ser base de convivencia entre iguales, para vivir libres en un mundo libre de opresores y de oprimidos. Por eso mismo no queremos su libertad liberalista, que tan sólo sirve para que los grandes empresarios sigan acumulando poder, sigan exterminando toda forma de vida que se oponga a esta debacle mundial que tan sólo beneficia a unos pocos, mientras la inmensa mayoría ve reducida a ceniza su propia esperanza de vivir tranquilos, respetando su hábitat natural. A esos defensores de los Derechos Humanos a conveniencia, vocacionalmente ignorantes de otro Derecho Fundamental, al que niegan cualquier peso del otro lado de la balanza les preguntamos: ¿donde situamos del derecho a la igualdad?, o es que, acaso, cuando defendemos los DD.HH., lo hacemos fraccionariamente y sólo debemos defender aquellos afines a nuestros intereses y negar los que nos comprometan.

Puede que tengamos mucho miedo dentro del cuerpo, sin embargo, no es menos cierto que el miedo puede esconderse tan sólo durante un tiempo. Siguiendo por este camino de destrucción, de genocidio del pensamiento, forzándonos, en definitiva, a aguantar esta política neoliberal van a conseguir que lleguemos a tener un miedo tan grande que ya no exista lugar en el mundo dónde esconderlo y, cualquier día, al despertarnos, nos estallará delante de las narices. Ese día, de puro pánico que nos dará el miedo que escondimos durante siglos saldremos todos corriendo enfrente de quien nos lo infunde. Quizá, cuando ese momento llegue, estaremos tan acojonados de miedo que no nos importe cagarnos un poquito más y, entonces, los mandaremos a todos a la mierda.