Encuentros en las fronteras de la esperanza y la desolación

Hay que reconocer que ir a Colombia era como un reto, como ir al encuentro de la violencia, como ir a sumergirse en una especie de realidad del caos.


Puede parecer algo tópico comentar la proverbial hospitalidad de la gente en América, la del Sur, la del Centro, pero en este país resultó una especial bienvenida que nos acompañó por todo el recorrido geográfico y humano.


Desde el Sur, en Nariño, departamento fronterizo con Ecuador, donde tuvimos la ocasión de conocer, compartir con comunidades indígenas, y donde encontramos realidades distintas a las que tenemos acostumbradas nuestras visiones occidentales, y distintas entre las diversas comunidades, las cuales han sufrido y, aún hoy, sufren vicisitudes que les imponen un defensivo recelo, aunque les declaremos buenas intenciones en nuestras bienintencionadas visitas.


Pasando por el Valle del Cauca, en Cali y Tuluá, y en el Norte en la región caribeña, en Cartagena y en Barranquilla, donde nos encontramos con desplazados por la psicótica violencia paramilitar. Nos transmitieron su pesadilla, como se llega a sentir el terror; como tratan de ir reconstruyendo una vida destrozada sin ningún tipo de ayuda oficial y, en la mayoría de los casos, en el más ignominioso de los olvidos; cuando no continúan amenazados para que no relaten su experiencia, la crueldad sufrida.


En el departamento de Santander, en Bucaramanga visitamos comunidades campesinas; nos relataron los problemas esenciales en la supervivencia ante la presión del terrorismo impuesto por el Estado a través de las bandas paramilitares.


En el departamento del Meta, en Uribe, en San Vicente del Caguán (en la zona de despeje), donde pudimos conversar, hacer un recorrido por las vivencias cotidianas, de la guerrilla más poderosa y numerosa de Colombia, las FARC. Pudimos constatar su firme decisión de continuar la lucha mientras se mantenga el sistema actual; su propósito de seguir siendo un agente efectivo y constante en el desarrollo del proceso revolucionario que se está tratando de construir.


En todo este recorrido, un constante sentimiento nos acompañaba: la admiración que sentíamos por todas esas personas que realizan su trabajo, su compromiso, enfrentándose permanentemente a la pena de muerte dictada por los oligarcas, los militares, los poderosos, y que son ejecutadas por sus sicarios; aún así, siguen infatigablemente en la lucha por la reivindicación de los derechos más elementales.


Campesinos, representantes de comunidades indígenas, sindicalistas, trabajadores de organizaciones de DDHH, desplazados por la violencia paramilitar, miembros del PC..., todas aquellas personas con las estuvimos, conversamos, con las que compartimos su angustia, y que han sido declaradas objetivo militar por los "paras" por considerarlos contrarios a la paz... la paz del silencio, del olvido, de la indignidad; aquella paz que reclaman quienes quieren que se acallen las armas, de la guerrilla; que cesen los secuestros; que acabe la violencia, la de la guerrilla y la paramilitar,... y que al fin y al cabo todo siga igual. No más injusticia claman unos; más ayuda militar estadounidense aclaman los otros.


Colombia, el lugar donde se va instalando la muerte ante la perspectiva de un aumento de la violencia paramilitar, por el reinicio de los operativos del Ejército, por el incremento de la intervención militar gringa, por la intensificación de las medidas de ajuste neoliberales, por la falta de voluntad política del gobierno para buscar una salida negociada al conflicto.


Colombia, el lugar donde aún quedan los anhelos por acabar con toda una estructura secular de injusticia; de finalizar con un sistema político corrupto, antidemocrático, asesino; de ir construyendo un futuro de paz con justicia social.


Vayan pues estos apuntes colombianos, modesto aporte o testimonio de un magnífico viaje acompañados de gentes magníficas.


Ojalá sirvan para pergeñar horizontes de esperanza, al menos para rescatar del Olvido a comunidades y organizaciones. Para incitar al conocimiento y a la rabia. Para que os dirijáis a nuestras autoridades y a sus autoridades para Reclamar la Justicia Social que permita servir de base a la construcción de la Paz.